La agitada vida sexual del presidente Zuma
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La agitada vida sexual del presidente Zuma

Al presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, hay que reconocerle un envidiable estado físico para sus 68 años. El mandatario volverá a ser padre de su vástago

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La agitada vida sexual del presidente Zuma

Al presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma, hay que reconocerle un envidiable estado físico para sus 68 años. El mandatario volverá a ser padre de su vástago número 20 y, quizá, del número 21. El primero será fruto de una relación extramatrimonial con la hija de un amigo y el segundo fruto de su tormentosa relación son su segunda esposa, de la que se ha sabido que está embarazada.

 

La vida sentimental del presidente se ha convertido casi en tema de estado. Los periódicos copan las portadas esta semana con su posible separación de MaNtuli (la segunda), que cansada de la agitada vida sexual de su partenier habría decidido pagarle con la misma moneda. El culebrón tiene cada día nuevo capítulo: que si ella ha hecho las maletas y ya no le acompaña a los viajes, que si ella le ha sido infiel y ha tenido un lío con uno de sus guardaespaldas, que sí éste podría ser hasta el padre del niño…

Sin embargo, la vida privada del presidente tiene una segunda lectura, un poco más amarga que sus idas y venidas conyugales. Sudáfrica, el país con más contagios de sida del planeta (se calcula que hay más de cinco millones de personas con la dolencia y que mueren al día cerca de mil), ve en él un peligroso reflejo. La propia ANCYL (Liga juvenil de su partido) hizo un comunicado (es cierto que en pleno proceso de lucha interna por el poder) en el que decía que “el ejemplo de la vida personal del presidente no es bueno para la lucha contra el sida”. Muchas organizaciones sociales, que están trabajando duro aquí para controlar el desenfrenado contagio, comparten crítica con los cachorros del ANC.

Y es que la trayectoria de Zuma en este aspecto tiene algunos nubarrones que amenazan tormenta tropical. Cuando era vicepresidente, en 2006, declaró, tras conocerse que había tenido una relación sexual de alto riesgo, que “no tengo miedo al contagio del sida porque me duché tras el acto”. No ha mejorado mucho en este aspecto, ya que aunque hizo público este año los resultados negativos de sus pruebas médicas sobre el posible contagio y animó a sus compatriotas a hacer lo mismo, luego, en una entrevista en Nueva York dijo haberse circuncidado como medida de prevención ante el contagio. Animó también a los varones a seguir su ejemplo sin, parece, entender muy bien lo que son medidas higiénicas y lo que es una enfermedad que se propaga, especialmente, por mantener relaciones sexuales sin protección.

Una familia que cuesta 1,5 millones de euros

Además, la interminable familia del presidente tiene también un elevado coste para las arcas del Estado. El presidente tiene tres esposas (está separado de una de sus mujeres y otra ha fallecido) y una amplia familia que mantienen todos los sudafricanos. En marzo se supo que el presupuesto gubernamental asignado para la “troupe” se ha doblado. En tiempos del anterior mandatario, Mbeki, era del entorno de los 8 millones de rands (800.000 euros) y ahora supera los 15,5 millones (1,5 millones de euros).

El propio ministro encargado de supervisar el gasto público, Collin Chabane, explicaba que  “se paga al personal doméstico, teléfonos móviles, ordenadores personales, coches, impresoras, secretarias y gastos de viajes domésticos e internacionales. El estado proporciona a sus esposas todo el apoyo razonable para permitir conjugar sus responsabilidades oficiales y seguir sus propias carreras”. Lo curioso es que en el papel de primera dama se van rotando sus tres esposas, que no tienen reconocido ningún papel de representación, pero que acompañan por turnos y, a veces todas juntas, a su marido en sus viajes oficiales.

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