Los espíritus camboyanos vagan en busca de comida durante Pchum Ben

Jordi Calvet Phnom Penh, 10 sep (EFE).- Espíritus ancestrales vagan estos días por Camboya en busca de comida: en esto consiste Pchum Ben,

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    Jordi Calvet Phnom Penh, 10 sep (EFE).- Espíritus ancestrales vagan estos días por Camboya en busca de comida: en esto consiste Pchum Ben, la festividad en la que los camboyanos alimentan las almas de los antepasados que llevaron una mala vida para aliviar su sufrimiento.

    Durante dos semanas, los creyentes acuden a las pagodas a las cuatro de la madrugada todos los días para llevar sustento a las ánimas de sus familiares muertos.

    "Hay que hacerlo justo antes del amanecer porque la creencia es que los espíritus temen a la luz del día", explica Sok Ny, un joven que acaba de colgar los hábitos de monje.

    Tras unas plegarias, y con los cánticos adecuados de los bonzos, los peregrinos desfilan alrededor de la pagoda para depositar alimentos, bebida y dinero en cubos o para arrojar directamente el donativo en las tumbas que rodean el recinto.

    Otra creencia habla de que algunos espíritus tienen la boca muy pequeña como castigo por sus malos actos en vida.

    Por esta razón, la ofrenda principal consiste en pequeñas bolitas de arroz que acompañan con dulces, fruta, incienso, velas y una figura de papel blanco, y que es el principal símbolo funerario de los camboyanos.

    "Pchum Ben es un reflejo del sincretismo religioso que se practica en Camboya donde el animismo se mezcla con el brahmanismo, la religión del antiguo imperio de Angkor, y el budismo", explica a Efe Miech Ponn, consejero de la comisión de costumbres del Instituto Budista de Phnom Penh.

    Aunque el budismo prevé la reencarnación de los muertos, los camboyanos han creado una mitología propia a partir de su rica y variada herencia según la cual los espíritus de aquellos que cometieron malos actos en vida quedan atrapados en el mundo terrenal por el mal karma.

    Durante Pchum Ben, Yama, el Rey del Infierno libera las almas para que busquen a sus familiares y reciban comida: si lo consiguen, podrán optar a reencarnarse; en caso contrario, los familiares deberán temer las consecuencias.

    "Se piensa que si no se les da de comer, las ánimas se enfadarán y traerán desgracias a la familia, como pobreza o un accidente de tráfico", explica Sok Ny.

    El arraigo de esta tradición en la sociedad camboyana es tan fuerte que ni siquiera el Jemer Rojo, que abolió las iglesias durante su reinado de terror maoísta, se atrevió a erradicarla del todo.

    La celebración terminará el 19 de septiembre, el día en que las familias se reúnen en sus aldeas natales.

    "Es el momento del año en el que se reencuentran familiares que viven muy lejos. Deben estar todos juntos para hacer la ofrenda a los ancestros", explica Miech.

    La última jornada es la más importante y requiere que todo el mundo se concentre en las pagodas, donde los monjes se pasan la noche en vigilia cantando.

    Para los religiosos son unos días muy importantes porque, en calidad de mediadores entre familiares y difuntos, también reciben obsequios.

    "Al ser época de lluvias, los monjes se quedan en las pagodas a estudiar. Como no pueden ir a las aldeas a mendigar comida, la fiesta les permite recibir todo lo que necesitan", añade Miech.

    Los pedigüeños también aprovechan para hurgar en la mala conciencia de los creyentes instalándose en las puertas de los templos con la esperanza de arañar algún donativo.

    La caridad se convierte así en uno de los elementos indispensables de esta celebración porque creen que los donativos generan el buen karma del que carecen las almas errantes de sus ancestros. EFE jcp/zm/cat (foto)(audio)(vídeo)

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