Escándalo Pegasus: Francia tampoco alza la voz (públicamente) con Marruecos
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Escándalo Pegasus: Francia tampoco alza la voz (públicamente) con Marruecos

El Gobierno francés reacciona con timidez ante el caso Pegasus y el posible espionaje a Macron, varios ministros y figuras destacadas por parte de los servicios de seguridad marroquíes

placeholder Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al rey marroquí, Mohamed VI.
El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al rey marroquí, Mohamed VI.

“Si los hechos se confirma que son ciertos, son muy graves”. El Gobierno francés ha respondido con esta escueta frase al caso Pegasus. El colectivo Forbidden Stories y 17 medios internacionales revelaron la semana pasada este escándalo de espionaje a escala mundial, en el que Francia es uno de los países más afectados. El presidente, Emmanuel Macron, el ex primer ministro Édouard Philippe, varios de sus ministros, así como periodistas y activistas galos figuran entre las víctimas o afectados potenciales del programa israelí utilizado por los servicios de seguridad marroquíes. ¿Había cruzado Marruecos una línea roja en su relación con Francia? Ante estos hechos muy graves, París ha reaccionado con timidez.

Tras la revelación, el Ejecutivo macronista intentó hallar una respuesta equilibrada. Por un lado, quería mostrar que se tomaba en serio el asunto ante el riesgo de ser acusado de 'amateurismo' por haberse dejado espiar por una excolonia. Por el otro, apostó por una comunicación muy austera en la que se evitó señalar con el dedo a dos aliados tan estratégicos como controvertidos: Marruecos e Israel. Macron organizó el 22 de julio un consejo de defensa y seguridad nacional sobre el caso Pegasus. “Ninguna certeza ha aparecido por ahora, así que la prudencia debe prevalecer en los comentarios”, indicaron desde el Eliseo, aunque precisaron que el presidente había cambiado de teléfono y de número de móvil para algunas conversaciones.

Foto: Emmanuel Macron, en un discurso reciente. (EFE)

El dirigente centrista también conversó telefónicamente sobre el tema con el primer ministro israelí, Naftali Bennet. Aprovechando una visita a París prevista antes del escándalo, la ministra de Defensa, Florence Parly, pidió el miércoles “aclaraciones” a su homólogo Benny Gantz. Mientras que las autoridades francesas prefieren limpiar detrás de los focos mediáticos los trapos sucios con el Estado hebrero —Pegasus es desarrollado por la empresa israelí NSO y su venta a cualquier país extranjero depende de la aprobación del Ministerio de Defensa de Israel—, aún más significativo resulta su silencio respecto a la implicación de Marruecos.

Una reacción “muy tímida”

“Me parece que la respuesta francesa ha sido muy tímida, han reaccionado con lo mínimo”, asegura la politóloga Khadija Mohsen-Finan, profesora de la Sorbona en París y experta del Magreb, a El Confidencial. “Al menos deberían haber hecho un comunicado en que dijeran que se trataba de algo inadmisible”, añade esta integrante de la revista 'Orient XXI'.

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron, junto al rey marroquí Mohamed VI. (Reuters)

Aunque en el caso de Macron solo se conoce que su número figuró en una lista de potenciales objetivos de espionaje, los servicios técnicos de Amnistía Internacional confirmaron que sí que fue espiado durante meses el teléfono del conocido periodista francés Edwy Plenel, director del diario digital 'Mediapart', o que hubo una tentativa de intrusión a través de Pegasus en el móvil del exministro de Transición Ecológica François de Rugy, entre muchos otros casos verificados.

Sin embargo, “por parte de las autoridades francesas, hay cierta voluntad de hacer lo mínimo ante este escándalo e intentar arreglarlo entre amigos”, explica el historiador Pierre Vermeren, especialista sobre Marruecos. El espionaje del presidente por parte de un país 'amigo' no resulta ninguna novedad en Francia. Jacques Chirac, Nicolas Sarkozy y François Hollande ya habían sido escuchados por los servicios de Inteligencia estadounidenses. “Pero ahora la novedad es que se trata de un país del sur, de una excolonia como Marruecos, quien tiene la posibilidad de espiar”, destaca Vermeren, también profesor en la Universidad Sorbona I. México, Arabia Saudí, Emiratos Árabes o Hungría también se encuentran entre los principales países salpicados por este escándalo.

Foto: Mohammed VI, junto a Emmanuel Macron, en Tánger. (Reuters)

Después de la revelación del caso Pegasus, los focos mediáticos franceses se interesaron por la figura de Abdellatif Hammouchi, de 55 años. El llamado 'superpolicía de Mohamed VI' por la revista francesa 'Jeune Afrique' es el jefe de la Policía y de los servicios de Inteligencia marroquíes. Un todopoderoso alto cargo policial elogiado en Europa por la eficacia marroquí en la lucha contra el terrorismo —los servicios secretos de ese país permitieron en 2015 a Francia localizar a Abdelhamid Abaoud, responsable del comando del Bataclan—, pero al que se atribuye la política de vigilancia y persecución de periodistas y disidentes en el reino marroquí. “Es el artesano de la deriva autoritaria y de securitización de Marruecos, el verdadero rey”, aseguraba esta semana un diplomático francés a 'Mediapart'.

En Francia, de hecho, ya saben cómo se las gasta el bueno de Hammouchi. Él estuvo en el epicentro de la última gran crisis diplomática entre ambos países en 2014. Un tribunal francés abrió entonces una investigación sobre él por casos de tortura y los jueces intentaron interrogarlo durante un viaje del 'superpolicía' en París. Rabat reaccionó rompiendo con la cooperación judicial y en materia de seguridad con la Administración francesa durante un año. Una crisis que dejó huella en las élites francesas y que estas quieren evitar que se repita a cualquier precio, teniendo en cuenta el carácter estratégico en la lucha contra la inmigración y el terrorismo de su alianza con Marruecos.

El idilio entre París y Rabat, cosa del pasado

“Francia ya aceptó entonces las derivas de Marruecos”, lamenta Mohsen-Finan. Para resolver esa crisis diplomática, las autoridades galas hicieron concesiones significativas, por ejemplo, la firma de un polémico acuerdo de cooperación judicial en 2015, muy criticado por jueces y defensores de derechos humanos galos. También prometieron a Hammouchi que lo elevarían al rango de oficial de la Legión de Honor.

Foto: Activistas protestan en la India contra las presuntas escuchas telefónicas de periodistas y políticos mediante el 'software' Pegasus. (EFE)

Sin embargo, según Vermeren, esta crisis de 2014 marcó un punto de inflexión en los vínculos entre París y Rabat. “A principios de los años dos mil, Francia y Marruecos mantenían una relación muy estrecha. Pero esto cambió y cada uno de estos países dispone actualmente de mayor autonomía”, explica el autor del libro 'Le Maroc en 100 questions: un royaume de paradoxes'. Los tiempos del idilio entre Mohamed VI y Chirac, su “verdadero hermano mayor”, pasaron a la historia. Las élites marroquíes observaron con cierta desconfianza a Hollande y ahora a Macron, por haber erigido en una de sus prioridades la reconciliación con Argelia.

No obstante, Marruecos cuenta con una potente red de 'soft power' en las altas esferas de la sociedad civil gala para limpiar su imagen. Francia ya se mostró especialmente incómoda en la reciente crisis de Ceuta. A diferencia de lo que sucedió con el conflicto sobre Perejil en 2002, esta vez no se posicionó a favor de Rabat. Pero los franceses fueron de los representantes europeos más tímidos a la hora de condenar al reino marroquí por el chantaje migratorio al que sometió a España. Una prudencia que ahora se repite con Pegasus.

Foto: El presidente Emmanuel Macron y el rey Mohamed VI en 2018. (Reuters)

En cambio, Marruecos ha tenido una respuesta hiperactiva frente a este escándalo. Pese a la acusación de haber practicado un espionaje masivo, las autoridades marroquíes han dado una lección de cómo echar balones fuera. Incluso acusan a la Unesco de estar involucrada en la revelación del caso. “Marruecos ya desmintió la compra de este programa hace algunos meses”, dijo el embajador marroquí en París, Chakib Benmoussa, en una entrevista en el 'Journal du Dimanche'. “No se trata de periodismo, sino de un sabotaje a gran escala”, declaró el ministro de Exteriores, Nasser Bourita, a 'Jeune Afrique'. De hecho, Rabat ha denunciado por difamación en Francia a Amnistía Internacional, Forbidden Stories y a los medios 'Le Monde', 'Mediapart' y Radio France.

Ante esta ofensiva judicial contra algunos de los principales medios franceses, ¿cuál ha sido la respuesta de las autoridades galas? Ninguna. Un silencio atronador. París se muerde la lengua ante los comportamientos agresivos de Rabat. Con este aliado estratégico, su relación resulta cada vez más incómoda.

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