Italia cambia a su Fernando Simón por un general en la ofensiva final contra el covid-19
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Italia cambia a su Fernando Simón por un general en la ofensiva final contra el covid-19

El primer ministro, Draghi, ha buscado un perfil más bajo y resolutivo que el del cesado Arcuri, el Fernando Simón italiano, y sus extravagantes y fallidas ideas

placeholder Foto: El ministro de Defensa italiano, Lorenzo Guerini, junto a Francesco Paolo Figliuolo, el nuevo encargado de gestionar el proceso de vacunación. (EFE)
El ministro de Defensa italiano, Lorenzo Guerini, junto a Francesco Paolo Figliuolo, el nuevo encargado de gestionar el proceso de vacunación. (EFE)

Se esperaban cambios, un golpe de efecto, un mensaje de que con el nuevo Gobierno en Italia llegaba una estrategia diversa para enfrentar la pandemia. Y el primer ministro, Mario Draghi, ha optado por una vía sorprendente: colocar a un militar al frente de la batalla contra el coronavirus. El pasado 1 de marzo, el Consejo de Ministros de este flamante Ejecutivo multicolor anunciaba que el nuevo comisario extraordinario para la Emergencia Covid-19 pasaba a ser el general Francesco Paolo Figliuolo. Domenico Arcuri, el hasta entonces 'equivalente' al español Fernando Simón, era cesado de sus funciones dejando tras de sí una gestión cargada de polémicas. “Pondré todo mi esfuerzo y empeño para enfrentar esta pandemia. Trabajaré por nuestra patria y nuestros compatriotas”, ha dicho el general al recibir el cargo.

La salida del controvertido Arcuri por Figliuolo es el cambio de una 'estrella' nombrada por el Ejecutivo del ex primer ministro Giuseppe Conte, economista y gestor reconocido, por un perfil más comedido y, se espera, más resolutivo. Figliuolo, licenciado en Ciencias Políticas y militar alpino en sus orígenes, uno de los cuerpos más representativos y respetados del Ejército italiano, tiene una larga carrera militar que le ha llevado a Afganistán o Kosovo. Hasta este nombramiento, era el encargado de la logística militar italiana. Su hoja de servicios está además llena de medallas y condecoraciones. Pero, sobre todo, Figliuolo es un hombre de una virtud que parece cotizar al alza en este inicio del Gobierno Draghi: estar callado y dedicarse a trabajar.

Foto: Mario Draghi, cuando todavía era presidente del BCE, junto a Pedro Sánchez. (EFE)

Y, hasta la fecha, está cumpliendo a rajatabla ese cometido de no llamar la atención y dedicarse a meter orden en una estrategia salpicada de extravagantes ocurrencias ideadas por su predecesor. No hay entrevistas ni grandes anuncios por su parte, sino un plan que se centra en conseguir una vacunación masiva en todo el territorio —las diferencias hasta ahora entre regiones son llamativas— y una apuesta por hacer cumplir las restricciones. En este sentido, frente a los rumores que llegaban a principios de febrero desde el anterior Ejecutivo de un intento de vuelta a una cierta normalidad, el Ejecutivo Draghi parece inclinarse por endurecer los controles y Figliuolo es uno de los garantes de que eso ocurra.

Hay muy pocas entrevistas del nuevo 'capo' de la estrategia anticoronavirus italiana. Los militares están acostumbrados a tener un perfil bajo y él parece que lo mantendrá pese a que su cargo está lleno de focos. “Ser alpino hoy quiere decir ser portador de valores. Sacrificio, tenacidad, solidaridad, el amor al otro. (…) Saber mirar al otro como alguien que quizá necesita de nosotros… Podemos garantizar en esos países cosas que para nosotros damos por descontadas, como el acceso a la escuela o a un generador para tener corriente eléctrica”, decía en 2011 el militar sobre su participación en misiones internacionales. Todas esas palabras podría aplicarlas hoy a la situación que vive una Italia que ha pasado ya los 100.000 muertos por el virus.

Foto: Un doctor recibe una caja de vacunas de Pfizer-BioNTech en Turin. (Reuters)

No se han acabado ahí los cambios. El primer ministro también ha decidido cesar al jefe de Protección Civil, Angelo Borrelli, el que fuera de alguna manera cara y portavoz del covid con sus boletines diarios de contagios y muertes durante las peores semanas del primer confinamiento italiano. Su sustituto, Fabrizio Curcio, ya ocupó el cargo de jefe de Protección Civil entre 2015 y 2017, y tiene dos décadas de experiencia en materia de respuesta a desastres.

El extravagante Arcuri

También hay un giro evidente en la estrategia de comunicación. Con el covid, los gobiernos han aprendido que lo más importante es no equivocarse y luego, ya si se puede, acertar. En una población asediada por mil frentes simultáneos, lo que no se perdona son los desmanes. Este Ejecutivo ha cambiado el enorme protagonismo que tenía el anterior primer ministro, encargado de comunicar al país siempre las grandes decisiones referentes a la pandemia, por una imagen más coral donde son los ministros de cada ramo afectado los que ahora salen a anunciar las medidas.

placeholder Domenico Arcuri. (EFE)
Domenico Arcuri. (EFE)

Draghi no hará el papel de Conte, y eso puede tener un coste político. El dimitido Conte ha dejado el Gobierno con un nivel de aprobación ciudadana muy alto, de alrededor del 60%, entre otras cosas por la transparencia, liderazgo y empeño que mostró en los momentos más críticos. Ahora se busca otra imagen y fotos como la del pasado martes 9 de marzo, en la que se veía al presidente italiano, Sergio Mattarella, esperando su turno para vacunarse en una sala llena con otros pacientes 'normales'.

Sin embargo, esa buena imagen de Conte a la que nos referíamos, pese a algunos evidentes errores de gestión en sus últimos meses, se veía contrarrestada por la mala imagen de su fichaje estrella. El anterior comisario extraordinario, el economista Domenico Arcuri, tuvo casi poderes plenipotenciarios y su gestión ha dejado un reguero de polémicas que afectaron a organismos cercanos y hasta a colaboradores que se quejaron de un cierto estilo casi dictatorial. “Ni siquiera es capaz de ponerse bien la mascarilla”, le criticaron muchos cuando, el pasado octubre, el hombre que debía ser la cara de la lucha contra el virus se presentó ante los periodistas con la mascarilla por debajo de la nariz mientras anunciaba los peligros de la segunda ola.

Foto: Mario Draghi. (EFE)

Vacunas y no flores

Esa fue una anécdota que ha quedado en nada comparada con su fallido plan de reaperturas de escuelas con la masiva construcción de pupitres especiales que ha tirado a la basura cerca de 500 millones de euros, su mala gestión en la compra de mascarillas hace un año y un último proyecto —ya cancelado— que había levantado enormes críticas: la construcción de hasta 1.200 pabellones móviles pintados con enormes flores en las ciudades para la vacunación masiva.

Muchos calificaron el plan de descabellado, inservible, caro y ridículo. Pero el Gobierno estaba dispuesto a licitar en concurso público la construcción e instalación de estos pabellones —que en su versión más ambiciosa podrían llegar a los 500 millones de euros—. Eso suponía semanas de retraso ante una vacunación que necesitaba especialmente ser veloz. Además, el florido pabellón se podía sustituir por multitud de edificios e instalaciones ya existentes. Se está vacunando hoy en hospitales, aeropuertos, carpas…

Foto: Manifestación contra los planes del Gobierno sobre las escuelas. (EFE)

El problema es que todos esos puestos de vacunación ya disponibles no eran una genial ocurrencia de un gran comisario, ni tenían unas enormes e 'imprescindibles' flores para soportar el pinchazo. “La prímula [nombre oficioso que se dio a los pabellones] será el símbolo de la campaña de vacunación y un símbolo de renacimiento. La imagen fortísima de estas flores que están en nuestras plazas nos deja aún más convencidos de que se empieza a ver la luz al final del túnel”, dijo Arcuri cuando lanzó la estrambótica idea.

El comisario no entendió que Italia no necesitaba flores, como no necesitaba pupitres especiales, sino vacunas y colegios abiertos. Esa diferencia entre la obsesión por parecer que se hacen grandes cosas y hacer simplemente cosas es lo que Draghi ha pretendido con este cambio de timón al poner un militar al frente de la ofensiva final contra el coronavirus. Ahora le toca a Figliuolo liderar un equipo que sea capaz de hacerlo.

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