ENTREVISTA

Cómo va a ser el futuro pospandémico según Jordi Vaquer, el pensador de la Open Society

Vaquer confía en que las democracias y el concepto de la sociedad abierta, que tanto ha reivindicado siempre Soros, el fundador de la Open Society, salga reforzado después de esta crisis

Foto: Jordi Vaquer. (EFE)
Jordi Vaquer. (EFE)

En épocas de crisis, poca gente se puede permitir el lujo de pensar en el futuro. En el caso de Jordi Vaquer, sin embargo, es obligatorio, porque como director de análisis y prospectiva global en la Open Society Foundations tiene que descifrar los posibles escenarios a los que nos enfrentaremos cuando pase la pandemia. Y sus revelaciones son sorprendentemente optimistas.

En conversación con El Confidencial, el analista catalán confía en que las democracias y el concepto de la sociedad abierta que tanto ha reivindicado siempre George Soros, el fundador de la Open Society, salga reforzado después de esta crisis. Al mismo tiempo, Vaquer advierte de salidas en falso que dejen a grupos o minorías al margen. Porque si algo ha demostrado la pandemia, asegura, es que estamos todos a bordo del mismo barco.

PREGUNTA. ¿Cómo se ve el futuro pospandémico desde la Open Society?

RESPUESTA. Para simplificar, nosotros pensamos en dos escenarios. El mundo con covid y el mundo pos covid. No es lo mismo. Ahora estamos saliendo del confinamiento, pero eso no quiere decir que estemos saliendo de la pandemia. El mundo con covid durará un tiempo. Lo que está pasando a nivel epidemiológico, político, económico y social es muy grande y no podemos seguir como si no hubiera pasado nada. Una vez pase este periodo, que será largo, quizá de un par de años, tendremos que ver cómo de transformado ha salido este mundo.

P. ¿Considera que hay motivos para el optimismo?

R. Si algo demuestra la pandemia es que estamos todos juntos en esto. Hay que tener claro que la pandemia volverá si se genera un modelo de salida en el cual el acceso a una vacuna se limita por razones de desigualdad económica o del estatus migratorio. El virus no entiende de si uno tiene papeles o no. No solo es una oportunidad de reconstruir la sociedad de forma más igualitaria y justa. Es también de poner el foco en todos los grupos sociales y en todos los países del mundo. Si no, nunca acabaremos con los puntos de contagio y de transmisión social. Por lo tanto, no creo que sea una cuestión de pesimismo u optimismo. Si dejamos a alguien atrás, la pandemia entrará por esa puerta.

P. ¿Cómo evalúan desde la Open Society las teorías de la conspiración que están emergiendo en España sobre el papel de su organización y de George Soros?

R. Estamos muy preocupados por la cuestión de la desinformación, de las teorías de la conspiración y de los rumores. Lo estamos, sobre todo, porque puede suponer muertes. Las personas se puedan llegar a inyectar sustancias desinfectantes, quererse contagiar del virus, etc. Respecto al efecto que tiene en nosotros, nos preocupa menos. Nuestro cometido no es defendernos constantemente o convencer a la opinión pública. En Europa y otras partes del mundo hemos visto que las teorías de la conspiración sobre el trabajo de Open Society se usan a veces para atacar a defensores de derechos humanos, personas incómodas al poder. Es decir, la desinformación nos preocupa cuando resulta en una mayor opresión a las personas que defienden las causas de la sociedad abierta.

P. Vox menciona de forma repetida a Soros en sus ataques al Gobierno de Pedro Sánchez. ¿A qué cree que se debe?

R. Sí, surge en paralelo a lo que pasa en toda Europa. Nos preocupan las distorsiones de los espacios comunicativos porque pueden generar oleadas de odio contra ciertos grupos. En el caso de algunos bulos que han corrido por España contra la población gitana e inmigrante. Sí que es verdad que en España vemos que ha habido una subida en paralelo [de los ataques a Soros] al ascenso de la extrema derecha, pero yo creo que la relación causa efecto va en los dos sentidos.

Un autobús en Sudáfrica. (Reuters)
Un autobús en Sudáfrica. (Reuters)

P. ¿Cree que el coronavirus acentúa aún más la debilidad de la democracia? ¿Qué amenaza es la que más le preocupa?

R. La democracia es frágil, sobre todo en tiempos de crisis. De todas las amenazas que has mencionado la que más nos preocupa es la amenaza de quien desde el poder, en situación de pandemia y crisis económica, aprovecha para desnaturalizar las instituciones democráticas, reducir derechos y libertades, distorsionar procesos electorales, etc. En Europa lo vemos en la Hungría de Orbán. Es una amenaza a la que se pone poca atención. Hablamos poco de la progresiva reducción del espacio democrático en Hungría, pero también en Polonia y en otros países europeos que no están en la UE, como Serbia.

En todos los casos coincide con gobiernos de un signo ideológico parecido, que yo llamaría gobiernos autoritarios y semiautoritarios electos y de corte nacionalista. No es una excepción lo que está pasando en Europa, también ocurre en Brasil, India o El Salvador. Sí que es un cáncer dentro del proyecto europeo que nos preocupa. Las tensiones entre norte y sur, centro y periferia, se resuelven dentro de marcos democráticos. Se encarrilaron en 2008, se encarrilarán en 2020.

P. ¿Cómo evalúan la decisión del Tribunal Constitucional alemán de cargar contra la compra de bonos del Banco Central Europeo? ¿Cree que puede ser aprovechada por países como Hungría o Polonia para superponer la soberanía nacional a la europea?

R. La sentencia del tribunal alemán tiene una potencial repercusión a largo plazo de complicar mucho el proceso de integración europea. Pero el peligro que conlleva para este proyecto me parece que está controlado en una Alemania en la que ha habido muchísimas voces que han dicho 'esta no es una buena decisión'. Muchos políticos alemanes, empezando por la presidenta de la Comisión Europea, lo han cuestionado. Por otro lado, hay un par de regímenes oportunistas de intención autoritaria que aprovechan cualquier excusa para seguir justificando cada vez más su proyecto autoritario. Yo no querría cargarle este oportunismo autoritario a las decisiones alemanas. Este oportunismo lleva muchos años acogiéndose a ejemplos de un lugar y otro para justificar su cada vez menos naturaleza plural y democrática.

P. ¿La pandemia pone de relieve la fragilidad del proyecto europeo?

R. Las amenazas al proceso de integración europeo son grandes. Y van a ser mayores, porque esta crisis económica no va a durar poco ni parece que se vaya a acabar. Pero también es cierto que si algo demuestra es que el marco europeo es imprescindible para afrontar juntos lo que se nos viene encima. Respecto al mundo del trabajo, del crecimiento económico, volver a poner en marcha la movilidad internacional, etc. Vemos la UE con preocupación, sí. Pero como un espacio de esperanza también.

P. Al principio de la pandemia, algunos analistas decían que los regímenes autoritarios saldrían reforzados. Hoy parece lo contrario.

R. Hay diferencias en esta crisis y otras. Una es que, precisamente por el crecimiento de regímenes híbridos que ha habido en los últimos años, muchos ahora están en el poder. Por lo tanto, estos líderes que llegaron al poder diciendo 'todo es un desastre. todos lo hacen mal, yo voy a hacerlo bien', ahora tendrán que demostrarlo. No está tan claro que, a la larga, las democracias más plenas vayan a salir peor que los países autoritarios. Estamos muy al principio de un círculo de crisis que va a durar un cierto tiempo. Nosotros vemos en este momento una oportunidad importantísima de poner en valor los derechos laborales, la importancia de trabajadores esenciales, de que todos los públicos formen parte de la estrategia de salud pública.

P. Una de las ideas detrás del concepto "sociedad abierta" que promueve su fundación es la idea de que las democracias resisten mejor a las crisis porque permiten la libre circulación de información. Pero algunos países como China llevan años poniendo en duda esa resiliencia democrática. ¿Cómo ven esta contradicción y cómo creen que progresará?

R. Nosotros estamos en China desde 1989. No hemos podido tener una oficina en el interior y no tenemos un análisis de terreno. Estamos en muchos otros países, algunos con gobiernos de corte autoritario y otros directamente autoritarios. Nuestra percepción no es que haya una prueba irrefutable de que todo se haga mejor en países autoritarios o peor en democracias. A veces se ha presentado a la deliberación democrática como un obstáculo para la resolución de conflictos, pero hemos visto que Taiwán, que ha utilizado sus mecanismos de participación ciudadana online para gestionar la crisis, lo ha hecho muy bien. Ha resuelto los primeros golpes muy bien.

Otros autoritarios como Irán no parece que lo hayan hecho tan bien. Hay que evitar caer en simplificaciones. Si uno mira solo el número de casos diría que España lo ha hecho mucho peor que Turkmenistán, que ha prohibido buscar la palabra coronavirus. Pero esas conclusiones apresuradas no reflejarían la realidad. A largo plazo y no en una crisis particular, las sociedades democráticas no solo son mejores a la hora de resolver problemas sino que suelen no olvidarse a partes muy importantes de la sociedad. Las falsas salidas, en las que una parte de la sociedad se queda atrás, pueden engañar y parecer que algunos regímenes autoritarios lo han hecho mejor.

Viktor Orbán. (Reuters)
Viktor Orbán. (Reuters)

P. Las tensiones ya no son una cuestión de gobiernos locales ni de áreas de integración, sino de organizaciones internacionales. La OMS ha jugado un papel relevante y polémico sujeto a muchas críticas. Hay países hablando de la necesidad de refundar la OMS y, quizá, revisar la gobernanza global ante una amenaza sanitaria como esta. ¿Cómo ven esta lucha entre las grandes potencias por redefinir el espacio multilateral?

R. Nosotros tenemos bastante experiencia en enfermedades infecciosas. Hemos estado en las últimas décadas implicados en el ViH, en tuberculosis, con el ébola y ahora con el covid-19. En todas estas crisis lo que hemos visto es que hay una serie de patrones recurrentes. Uno es que hay ciclos de politización y de despolitización. Cuando la pandemia está más fuerte es evidente que el ciclo es muy alto. Es legítimo, pero hay un peligro de que la evidencia científica pase a un segundo plano. Bien sea por la política doméstica, por geopolítica o por las dos. Y es lo que está pasando en un momento como el actual. Al final se piden responsabilidades y respuestas de una gran dimensión a las organizaciones internacionales aunque estas, paradójicamente, no se las haya dotado de los instrumentos necesarios. La OMS es de las organizaciones más pequeñas comparadas con otras. Y con muy pocos recursos a la hora de imponer nada a ningún país. Puede lanzar avisos, pero si los países deciden que no son importantes, poco puede hacer.

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