España le sigue de cerca con un 7,2%

Italia no tiene la tasa de letalidad al 10%. Lo que tiene son 500.000 infectados

La tasa de letalidad del coronavirus en Italia ha ido aumentando sostenidamente desde que inició la epidemia y ya oscila en torno al 10%

Foto: La UCI del Hospital San Giovanni Bosco en Turín, Italia. (Reuters)
La UCI del Hospital San Giovanni Bosco en Turín, Italia. (Reuters)

La tasa de letalidad del coronavirus en Italia ha ido aumentando sostenidamente desde que inició la epidemia y ya oscila en torno al 10%, un dato que tiene a la población sin aliento y a los científicos perplejos. De ser correcta, la cifra significaría que de cada diez personas que enferman de Covid-19, una acaba falleciendo. Esto ubica a Italia líder en un macabro 'ranking' en el que España la sigue de cerca (con 7,2%), con China en posiciones centrales (4%) y países como Alemania, a la cola (0,5%).

Esta tasa ha inspirado decenas de hipótesis y teorías sobre lo que podría estar detrás del insólito diferencial entre países. Se ha achacado la culpa al sistema sanitario, desbordado en varias provincias del norte del país; a una eventual mutación genética del virus; a razones demográficas —poblaciones envejecidas—; a asuntos relacionados con la humedad y la temperatura de la región... Incluso se han barajado elementos culturales que hablan de la manera de socializar de los países mediterráneos, muy diferente a los nórdicos y asiáticos, donde las cercanas relaciones intergeneracionales (abuelos-nietos) hacen más probable que los ancianos se contagien.

Un ensayo del 'Instituo per gli studi de politica internazionale' sale al paso de las especulaciones y ofrece una explicación convincente y mucho más sencilla. El estudio analiza la evolución de la tasa de letalidad aparente, que comenzó en torno al 3% en los primeros compases de la epidemia (25 de febrero) y que llego a bajar hasta el 2% a comienzos de marzo. Desde ahí inició una cabalgada sostenida en ascenso hasta el 9,9 por ciento actual. Una evolución casi idéntica a la de España —que suele ir una semana por detrás del caso italiano—.

¿Qué sucedió entre medias? Hasta finales de febrero, las regiones estaban haciendo pruebas masivas a la población, incluso a personas asintomáticas o con casos leves. Sin embargo, cuando la epidemia entró en fase de crecimiento exponencial, el Gobierno central pidió a las autoridades locales evitar sobrecargar a los laboratorios autorizados y concentró los recursos a combatir los focos más graves de infección. (ver gráfico) Resultado: menos infectados confirmados y mayor tasa de letalidad aparente.

Letalidad plausible: 1,4%

Quédense con esta definición —"letalidad aparente"— porque será importante para entender las cifras en las semanas por venir. Se trata del número de muertos sobre el total de infectados confirmados y los investigadores italianos la utilizan en contraposición a la "letalidad plausible", que utiliza brotes controlados y modelos matemáticos para estimar un número más realista. Diferentes trabajos estiman que la letalidad plausible del Covid en China se sitúa en el 0,66%. Los límites del margen de error del cálculo se situarían según estos trabajos entre el 0,38% y el 1,33%. En el caso italiano, el ISPI se atreve a estimar una letalidad plausible adaptada a la realidad del brote del 1,4%, superior a la calculada en China, pero no alarmantemente fuera de rango.

La tasa de letalidad aparente no solo es mucho más alta en Italia que en Alemania, también lo es entre las diferentes provincias italianas. Oscila entre el 13,6% de Lombardía —región con el mejor sistema sanitario del país— y el 1,1% de Basilicata —una de las menos preparadas en este sentido—. Lo cual lleva a los investigadores a reforzar otra de las hipótesis centrales de su trabajo: la letalidad aparente de Italia es tan alta frente a la de países como Alemania porque la epidemia está en una fase mucho, mucho más avanzada.

La distancia entre la letalidad plausible y la letalidad aparente le sirve también al ISPI para hacer una estimación del número de contagios reales en un momento en que la propagación del virus ha escapado cualquier control. En el caso del país trasalpino, estiman, la cifra real se situaría muy lejos de los cerca de 80.000 contagios confirmados actualmente por las cifras oficiales. Según sus cálculos la cifra se sitúa más bien en los 530.000, con un mínimo de 350.000 y un máximo de 1.200.000 personas. Es decir: entre el 0,6% y el 2% de la población italiana.

A tenor de nuestra tasa de letalidad plausible, la situación de España puede ser similar. Nuestro país podría tener unos 638.000 casos de Covid-19, frente a los 42.000 confirmados a fecha 25 de marzo, según un modelo matemático de la Universidad de Oxford que da a Italia un estimado de 1,0 millón de infectados.

Las buenas noticias

La primera es que en el brote italiano —y por extensión en el español— no está muriendo una cantidad de gente desproporcionadamente alta respecto a otros países. Tampoco parece que estemos ante una cepa más letal, como se ha especulado. Los datos del ministerio de Sanidad trasalpino, además, tranquilizan sobre las personas que no tienen patologías previas: solo el 2% de los fallecidos no sufre hipertensión, diabetes, cardiopatías o insuficiencia renal. El 21,3% tenía al menos una de las anteriores, el 25,9% tenía dos y el 50,7 por ciento, tres o más.

Las malas noticias

La mala noticia es que si la cifra de una tasa de letalidad real es del 1,4% en Italia (y no el 9,9% de letalidad aparente) implicaría que en el país hay unos 530.000 infectados frente a los 86.500 positivos confirmados. Una cifra que confirma que las autoridades sanitarias italianas están muy lejos de conocer la distribución real de los contagios en el país. Las implicaciones de esto son serias. Esto implica —según el estudio— que aunque las medidas de confinamiento son clave para ralentizar el avance de la epidemia y evitar que las UCI se desborden, si no se rastrea e identifica a los potenciales infectados pueden surgir rebrotes en el corto plazo.

El otro aspecto negativo es que incluso si el virus ha infectado hasta el 2% de los 60 millones de italianos, esta tasa todavía queda muy lejos de la necesaria para lograr la "inmunidad de rebaño" —donde aquellos que han pasado la enfermedad sirven de cortafuegos para evitar contagios descontrolados—.

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