LAS SITUACIONES QUE YA VIVEN LOS SANITARIOS

El colapso llega: "La UCI no es para el más grave, sino para el que más años puede vivir"

Los hospitales emplean técnicas de UCI en planta para ganar tiempo mientras se liberan camas. Los sanitarios afrontan situaciones de un solo respirador para dos pacientes críticos

Foto: Trabajadores de la sanidad con mascarillas caminan junto a la entrada del hospital La Paz de Madrid. (EFE)
Trabajadores de la sanidad con mascarillas caminan junto a la entrada del hospital La Paz de Madrid. (EFE)

Los hospitales de la Comunidad de Madrid llevan días constatando el inevitable colapso de las unidades de cuidados intensivos (UCI). En toda la región, los pacientes críticos ya superan la barrera de los 1.000 casos sobre un total de 12.352 confirmados. Mientras los centros hospitalarios denuncian la falta de material de protección —la situación ya está en los juzgados—, el personal sanitario se enfrenta ahora a practicar técnicas propias de la UCI en plantas regulares de distintos servicios para intentar “ganar tiempo” antes de que sea demasiado tarde para aquellos pacientes que ya no tienen sitio en cuidados intensivos.

Personal médico y de enfermería de distintos hospitales de la capital, como La Princesa y el Ramón y Cajal o el Severo Ochoa de Leganés, al sur de Madrid, reconocen que desde hace días los ingresos en la UCI están limitadísimos. No hay camas ni respiradores disponibles y temen el momento en que llega un paciente de menor edad y con más posibilidades de salir adelante que otra persona que esté siendo tratada. O un escenario aún más difícil, al que ya se están enfrentando: que lleguen dos pacientes a la vez para un mismo respirador y haya que decidir a quién atender encontrando un criterio válido.

“El lunes mismo, se desestimó a un paciente de 60 años porque quedaba un solo respirador en el hospital y se debía asignar a uno más joven, de 40 años”, aseguran en el hospital de La Princesa. Son situaciones que los sanitarios empiezan a sufrir a diario y que generan pánico entre el personal médico.

"Las camas de UCI no son de mi hospital. Son de la Comunidad de Madrid, y se van a asignar al paciente de la Comunidad de Madrid que más se beneficie de ello, no por gravedad sino por años de vida recuperables. Eso es drástico. Es horroroso. Ojalá no nos hubiera tocado vivirlo". Así se dirige un responsable médico a su equipo en un hospital público de Madrid. En el caso de la crisis sanitaria actual, causada por la pandemia del coronavirus, un respirador es como un órgano cuando se dona: se tienen en cuenta distintos factores para decidir quién accede finalmente a él.

En Madrid, no hay un protocolo específico sobre la gestión de los respiradores, y la presidenta autonómica, Isabel Díaz Ayuso, ha declarado insistentemente que la Sanidad pública atiende a todos. La Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (SEMICYUC) ha aprobado un documento de ética en el que dicta: “Es imprescindible establecer un triaje al ingreso, basado en privilegiar la 'mayor esperanza de vida' y unos criterios de ingreso claros y de descarga de la UCI, basados en un principio de proporcionalidad y de justicia distributiva, para maximizar el beneficio del mayor número posible de personas”.

El documento señala que el orden de llegada de los pacientes no es un criterio válido para la asignación de respiradores: “Esta situación excepcional, en la que podemos vernos obligados a aplicar sistemas de triaje en situaciones de emergencia, obliga a que la asignación de recursos deba tener en cuenta priorizar el máximo beneficio de todos los pacientes frente a su orden de llegada”.

Con las UCI ya en pleno colapso, la instrucción generalizada (aunque no sea oficial) pasa por tratar de emplear técnicas de cuidados intensivos en las plantas de los hospitales. “Estamos teniendo que pronar [ponerlos boca abajo] a pacientes en la planta” a pesar de que es algo impensable si no están ingresados en UCI. Tampoco tienen la formación para hacerlo. Colocar a los pacientes boca abajo (el término científico es en posición de decúbito prono) demuestra eficacia como medida terapéutica adicional en pacientes con infecciones respiratorias muy graves.

Es una técnica habitual para los intensivistas y anestesistas que trabajan en cuidados intensivos y en salas de reanimación, pero que requiere unos conocimientos previos que pocos especialistas tienen en los hospitales. “Hacemos la pronación para ganar tiempo y esperar a que se libere un espacio en la UCI”, explican. Liberarse es en el mejor de los casos un alta médica o que un paciente haya mejorado lo bastante como para salir de cuidados intensivos. En el peor es un fallecimiento, lo que también deja una cama libre para un nuevo crítico.

En otros hospitales como el del Henares (en Coslada), el propio personal de enfermería pide a los pacientes que hagan un esfuerzo para colocarse en esa posición y comprobar si la mejoría existe. La dificultad de las técnicas de UCI en plantas hospitalarias normales se une a los escasos recursos que la mayoría del personal tiene en estos momentos. Reciclan durante días las mascarillas recomendadas para tratar con pacientes Covid-19 (las tipo FPP2) al comprobar que el hospital ya no se las garantiza. Algunos centros están improvisando protocolos de protección en función del material del que disponen y bajan el listón: mascarillas quirúrgicas de uso común o batas que no son impermeables ya están siendo utilizadas por muchos sanitarios.

Médicos con mascarillas aplauden a las puertas de su hospital como cada día a las 20:00. (Reuters)
Médicos con mascarillas aplauden a las puertas de su hospital como cada día a las 20:00. (Reuters)

La tensión que vive el personal médico y de enfermería estos días enfrentándose a situaciones más propias de la medicina de guerra —a pesar de que la presidenta de la comunidad haya asegurado que estos escenarios no se viven en la región— empieza a tener secuelas en los centros hospitalarios. De ahí que la urgencia en Madrid —ya manifestada abiertamente por el ministro de Sanidad, Salvador Illa, este martes pidiendo al resto de las comunidades solidaridad con los recursos— pase ahora por que las camas de UCI previstas en Ifema empiecen a funcionar ya.

El centro levantado por la UME en tiempo récord en la Feria de Madrid está sirviendo para descargar los hospitales de la comunidad, pero, por ahora, solo acoge a los pacientes menos graves. La verdadera descongestión no llegará hasta que los centros hospitalarios madrileños puedan derivar ingresos de críticos a Ifema y los respiradores, que todavía no han llegado, se activen.

Madrid

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