LA ESCALERA DE MICHEL BARNIER

¿Qué quiere ser Reino Unido de mayor: Turquía, Canadá o Noruega?

El Reino Unido deberá, después del Brexit, decidir qué futuro quiere con la Unión Europea. Algunos modelos, como el de Noruega o el de Canadá, pueden darle pistas

Foto: La bandera británica, sobre el Big Ben, en Londres. (EFE)
La bandera británica, sobre el Big Ben, en Londres. (EFE)

A partir de la medianoche de este 31 de enero, el Reino Unido se habrá convertido en el primer Estado miembro en abandonar la Unión Europea. Londres, tras tres años de ceguera negociadora, tendrá que mirar al mundo y a Bruselas y decidir, de forma realista, dónde le conviene más situarse.

Lo que parece claro es que el Reino Unido, con unos recursos negociadores limitados, debe priorizar cualquier acuerdo comercial con la Unión antes que mirar hacia el que consideran su socio preferencial: Estados Unidos. No está claro que lo vaya a hacer, o al menos no que vaya a sentarse a hablar con la UE sin tener a Washington en el retrovisor.

En un intento desesperado por retroceder en la historia, Reino Unido ha situado a EEUU como faro del futuro fuera de la UE. Pero pese al voluntarismo británico, la Unión seguirá siendo el socio más importante para el Reino Unido, por mucho que su clase política quiera mover el foco a Norteamérica.

La realidad es que Londres tiene poco tiempo para decidirse por el tipo de relación futura que quiere mantener con la Unión Europea. Hay algunos modelos que pueden servir de ejemplo para el Reino Unido. ¿A qué lugares puede mirar Boris Johnson para encontrar inspiración?

Haremos un repaso a ellos, pero antes es interesante echarle un ojo a la diapositiva que el negociador jefe del Brexit, Michel Barnier, ha utilizado desde hace mucho tiempo para explicar las futuras relaciones. Hoy por hoy, el Reino Unido se encuentra en lo alto de la escalera. Sus propias líneas rojas le harán ir alejándose de la UE, escalón a escalón, hasta el único modelo que cumple con sus actuales exigencias: el más alejado de la membresía, uno que afectará negativamente a su economía.

Tipos de posibles relaciones UE-Reino Unido.
Tipos de posibles relaciones UE-Reino Unido.

Noruega

Uno de los modelos más mencionados es el ‘Modelo Noruega’. También es el menos probable, a pesar de que sería, a priori, el más beneficioso para los intereses económicos de Londres. ¿Por qué? Porque significa estar dentro del mercado único, con todos sus beneficios, y es el que menos shock económico generaría.

El problema es que el mercado único no solo ofrece beneficios, sino que también requiere obligaciones. En un primer momento los 'brexiters' mencionaron la opción de Noruega pensando que la UE acabaría cediendo y permitiéndoles amputar alguna de las obligaciones del mercado único, quedándose solo con los elementos beneficiosos. Pero rápidamente Bruselas dejó clara su posición: es indivisible.

El mercado único ofrecería a los bienes y servicios del Reino Unido acceso al resto de la UE, pero también le obligaría a aceptar la libertad de movimiento, y esta es una línea roja que ni Johnson ni su antecesora Theresa May, que consideran que el referéndum del Brexit fue fundamentalmente sobre inmigración, han estado dispuestos a cruzar.

No solo esto, sino que el Reino Unido, donde los euroescépticos siempre se han quejado de que estar dentro de la UE significa ser unos 'rule-takers', es decir, que otros les dicen lo que deben hacer, se convertirían efectivamente en 'rule-takers': tendrían que aceptar las normas del mercado único sin tener poder de decisión sobre el proceso al no seguir dentro de la UE.

Así que, echando un ojo a la diapositiva de Barnier, podemos ver que este modelo no le sirve al Reino Unido: tienen que cumplir con normas europeas, tienen que aceptar el rol del Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE), tienen que aceptar la libre circulación y, además, tienen que hacer contribuciones al presupuesto europeo. Así que es un “no”.

Otros modelos

Existe otra posibilidad, fuera de los modelos económicos como el mercado único o la unión aduanera, y ahora mismo es en esta dirección en la que está apuntando el Gobierno británico. Sin embargo, no es algo sencillo y hay distintos modelos de acuerdo comercial.

Suiza

Es una de las opciones favoritas de los círculos de pensamiento cercanas al núcleo de poder en el Reino Unido, y a la vez una de las más odiadas por la Unión Europea. Se basa en la relación entre Suiza y el bloque comunitario, que está sustentada por cientos de tratados bilaterales en las distintas áreas de interés.

Es un entramado muy enrevesado, que conlleva estar de forma continua negociando y renegociando. Es tan conflictivo que la UE dijo “basta” con el caso suizo y está intentando que el país helvético termine de firmar un tratado con Bruselas que simplifique su relación, por lo que las fuentes comunitarias siempre han descartado la posibilidad de que la Unión acepte lo mismo con el Reino Unido, quien, además, plantearía retos y complicaciones mucho más importantes que las que puede generar Suiza.

En cierto modo, Suiza tiene lo que tanto desea Londres: acceso a partes concretas del mercado único, en concreto en el sector servicios. Pero la república helvética acepta regulaciones europeas en esos sectores, y además tiene que tragar con algunas de las libertades recogidas en el paquete del mercado único, como es la libertad de movimiento. Por eso, cuando los 'brexiters' dicen que han podido ir a esquiar a Suiza en coche desde Francia sin tener que pasar fronteras ni controles, no es una comparación válida: ellos no lo saben, pero no les gusta Suiza.

Porque, aunque algunos ideólogos del Brexit crean que el modelo suizo puede servirles, lo cierto es que tampoco. Como muestra la escalera de Barnier, esta solución requeriría que el Reino Unido aceptase la libertad de movimiento, hiciera contribuciones al presupuesto comunitario y aceptara ciertas regulaciones europeas. Siguiente.

Ucrania

No es un modelo que se haya escuchado demasiado, pero algunos señalan que podría ser una solución: el acuerdo de asociación de Ucrania con la Unión Europea. Tiene bastantes cosas que podría querer Londres, como es tener un buen acceso a los mercados europeos, siguiendo algunas regulaciones y sin libertad de movimiento (en este caso por el interés de la UE).

Hay un pequeño problema: la lógica detrás de ese texto, que da un acceso muy ventajoso a Kiev al mercado de la UE, se considera un primer paso hacia un escenario, muy lejano todavía, de membresía ucraniana de la Unión. Y, evidentemente, esa no es la lógica detrás del Brexit.

Más allá de eso, este modelo tampoco le sirve a Londres. La escalera de Barnier nos muestra que esta solución cruza varias líneas rojas británicas: jurisdicción del TJUE y aceptar normativas llegadas desde Bruselas. Así que pasamos al siguiente escalón.

Turquía

Sería ciertamente poético que Reino Unido, que votó salir de la Unión Europea diciendo que Turquía iba a entrar en el bloque comunitario, acabara adoptando el modelo de relación que Ankara tiene con Bruselas: fuera del mercado único y la unión aduanera, pero creando una nueva unión aduanera con la UE, un modelo similar al defendido por los Laboristas de Jeremy Corbyn.

Los beneficios de este sistema es que facilitan el tránsito de algunos bienes, pero tiene muchos inconvenientes para el Reino Unido. Por ejemplo, Londres tendría que seguir la política europea de tarifas exteriores, lo que significa que le ataría a la hora de cerrar acuerdos comerciales con otros países. Además, ni mucho menos se eliminarían los controles en la frontera y las empresas tendrían que seguir rellenando un importante número de documentos para cada viaje.

Pero además es que no, tampoco el modelo turco sirve para los planes de Johnson. La diapositiva de Barnier muestra que esto obligaría al Reino Unido a seguir la política comercial de la Unión Europea, algo a lo que se niega completamente Londres. Así que bajamos otro escalón.

Canadá

Y por fin, Canadá. Es, de largo, el más mencionado por el Gobierno británico, aunque normalmente le añaden un apellido: 'Canadá +' o 'Canadá ++'. Se basa en el acuerdo comercial CETA que la Unión Europea cerró con Ottawa y que casi bloquea el pequeño parlamento regional de Valonia (Bélgica).

Esto permite el comercio de bienes industriales sin tarifas, así como algunos bienes agrícolas y un número limitado de servicios. El Reino Unido aspira a utilizar este acuerdo como su modelo, aunque mejorando algunos elementos (de ahí el '+' o '++'), como previsiblemente podría ser los servicios, ya que para la economía británica es crucial mantener acceso a la UE para sus servicios.

Lo más probable es que el Gobierno británico apueste por este modelo: no quieren participar en el mercado único ni en la unión aduanera, tampoco aceptar un rol del TJUE, ni seguir regulaciones europeas o contribuir al presupuesto, lo que elimina todas las opciones revisadas hasta ahora, pero la UE no está dispuesta a aceptar el modelo suizo, y el ucraniano parece tener poco futuro, por lo que el canadiense parece, en este momento, ser el favorito.

Aquí sí, la escalera de Barnier sitúa un ‘tic’ verde debajo de la bandera de Canadá, y también de la de Corea del Sur, que tiene un acuerdo comercial similar con la Unión Europea. Pero si miran hacia arriba hay muchos escalones y mucho impacto económico negativo para el Reino Unido.

La peor opción, la OMC

Si no hay acuerdo, o si el Reino Unido prefiere no firmar un acuerdo, y hay voces británicas que lo defienden, el resultado sería que las relaciones comerciales caerían directamente al nivel de la Organización Mundial del Comercio (OMC). Esta es, de largo, la peor opción que hay sobre la mesa.

En realidad, el 'escenario OMC' es un Brexit sin acuerdo. Las consecuencias serían brutales y el Reino Unido sufriría los efectos que se describieron en los documentos de preparación del Gobierno británico: problemas serios con el suministro de alimentos y fármacos, colas todavía más kilométricas para poder mover los bienes al continente… Y, sin embargo, se va a seguir aireando esta posibilidad.

Fuera y dentro del Gobierno se sigue defendiendo la tesis de que es necesario tener alguna amenaza para que la UE ceda y dé condiciones ventajosas. Una persona que siempre dijo que hacía falta amenazar para sacarle cosas a Bruselas fue Yannis Varoufakis, y no le fue demasiado bien.

Aunque la UE también saldría muy dañada de este escenario, la realidad es que la economía británica recibiría un revés brutal, y parece poco probable que el Gobierno británico, de manera voluntaria, se encamine hacia esta opción.

El próximo 1 de febrero el Reino Unido comenzará su andadura hacia el final de la escalera. Hay muchos peldaños y son muy empinados. En la UE se cruza los dedos para que todo salga bien. Y las expectativas son tan bajas que “que salga bien” significa que el Reino Unido no se despeñe escaleras abajo y todo termine en un Brexit por las bravas.

Europa

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