apunta a la presidencia de la comisión europea

¿Será el Brexit la última montaña que escale Michel Barnier?

Su carrera parecía terminada en 2014. Pero el hombre que lleva la negociación del Brexit, conocido por su sangre fría al abordar problemas complejos, se perfila como presidente de la CE

Foto: Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea. (Reuters)
Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea. (Reuters)

La carrera de Michel Barnier (La Tronche, 1951) parecía terminada en 2014, cuando Jean-Claude Juncker, actual presidente de la Comisión Europea, le ganó el pulso de las primarias para ser el candidato del Partido Popular Europeo (PPE) para la presidencia del Ejecutivo comunitario. Todo apuntaba a que a partir de entonces se tendría que dedicar a su gran pasión: escalar montañas de su Saboya natal.

La posibilidad de pelear por el puesto era el capítulo final del francés, el último tomo de una larga carrera política. Barnier llegó a diputado con solo 27 años y mantuvo el escaño hasta que pasó a ser senador en el 1995. Vinculó mucho su carrera a la Unión Europea, desempeñando distintos cargos en las instituciones. Entre 1999 y 2004 fue comisario de Política Regional, y después entre 2010 y 2014 ocupó la cartera de Mercado Interior.

Pero en la política nacional también fue relevante. Ministro de Medio Ambiente entre 1993 y 1995, secretario de Estado para Asuntos Europeos entre el 1995 y 1997, ministro de Exteriores entre 2004 y 2004 y ministro de Agricultura entre 2007 y 2009, Barnier tuvo un papel destacado en la familia popular gala.

Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea. (Reuters)
Michel Barnier, negociador jefe de la Comisión Europea. (Reuters)

Cuando perdió su pelea con Juncker en 2014 el francés pareció perder su último tren: ya no tenía sitio en la política francesa y tampoco tenía mucho que hacer en Europa. El presidente de la Comisión Europea le nombró asesor especial en asuntos de defensa y seguridad para susurrar al oído de Federica Mogherini, Alta Representante de Exteriores de la UE.

La sorpresa llegó cuando en julio de 2016, pocos días después del referéndum del Brexit, Juncker nombró a Barnier como negociador jefe de la Comisión Europea para la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Eso ocurrió mientras en Bruselas el Ejecutivo comunitario mantenía un pulso con el Consejo sobre quién debía negociar la salida británica. Acabó ganando la Comisión y Barnier recibió el mandato por parte de los líderes.

El negociador jefe de Bruselas, un hombre calmado y con sangre fría a la hora de abordar problemas complejos, ha mantenido durante toda la negociación el mismo estilo: declaraciones cortas y directas, insistiendo siempre en la unidad de la Unión Europea. Barnier, además de negociador jefe de la Comisión Europea, es una persona educada y que a sus 68 años sigue estando en forma, siempre perfectamente trajeado, amable aunque muy serio.

Pero el francés no era la persona más apreciada en Londres cuando se le nombró negociador jefe. De hecho, muchos pensaron en la capital británica que en su elección había pesado los dolores de cabeza que Barnier había provocado en el pasado. Durante su etapa como comisario de Mercado Interior, Barnier apretó las tuercas a la City y los choques con las autoridades británicas eran más que conocidas.

En la prensa británica se tomó su elección como un castigo. Barnier ni siquiera hablaba inglés cuando durante un encuentro con el gobernador del Banco de Inglaterra sacó de sus casillas a Mervyn King, que acabó dando un puñetazo sobre la mesa. El francés, como es costumbre, no modificó el tono de su voz. Pero durante sus años como comisario de Mercado Interior a Barnier le dio tiempo a sacar de quicio también al Gobierno francés y al alemán.

Con él fue nombrado David Davis como ministro del Brexit. Otro político que llegaba a un cargo de relevancia en un momento ya muy bajo de su carrera política. Algunos rápidamente le situaron en la línea de sucesión de Theresa May. Parecía que el veterano Davis había resucitado. Pero acabó hastiado de las negociaciones, con un Barnier impasible que le hacía pasarlo realmente mal en cada rueda de prensa, y optó al final por dimitir y borrarse del mapa después de que la primera ministra le hubiera arrebatado el control de las negociaciones para dárselo al alto funcionario Olly Robbins.

Michel Barnier con su antiguo homólogo británico, David Davis. (Reuters)
Michel Barnier con su antiguo homólogo británico, David Davis. (Reuters)

Pero la carrera política de Barnier ha vivido una segunda juventud bajo el manto del Brexit. El francés ha jugado un rol central en las conversaciones y su estilo ha gustado a las capitales: serio, sobrio, sin entrar en las provocaciones a las que a veces ha intentado arrastrarlo el lado británico. Barnier ha mostrado ser un político disciplinado que ha seguido a pies puntillas lo que las capitales iban marcando, manteniendo un diálogo bastante continuo con los gobiernos de los Veintisiete.

El francés ha visitado todos los países, ha tenido numerosas reuniones bilaterales con primeros ministros y sus gabinetes, ha participado en el Consejo Europeo para informar a los líderes del estado de las negociaciones y, en general, ha sobrevivido muy entero a dos años de negociaciones. Solo ha sufrido un traspiés, solo ha habido una capital que le haya criticado: Madrid.

La crisis de Gibraltar hizo que el Gobierno español se quejara del trabajo de Barnier, pero el francés, siempre con un estilo casi germánico, aguantó el chaparrón, reparó los vínculos con Madrid y hoy el Ejecutivo español vuelve a hablar bien de Barnier, que vuelve a contar con el apoyo de Pedro Sánchez.

Su perfil, que ha ido ganando con el paso de los meses, se ha vuelto muy popular en todas las capitales. Es conservador, lo que gusta a los miembros de la familia popular, pero a la vez es muy popular entre los socialistas, y también entre los liberales. Ha sido la cara visible de una UE bastante unida e inédita ante un Reino Unido con una descomposición política interna que ha hecho que las negociaciones sigan pendiendo de un hilo a solo unos días del Brexit. Y no ha podido haber escaparate mejor.

¿Hacia la presidencia de la Comisión?

Cuando en 2014 Barnier perdió ante Juncker lo hizo para ocupar un puesto que en España no es muy familiar: el de spitzenkandidat, es decir, cabeza de lista. Fue un sistema que impuso el Parlamento Europeo con el objetivo de arrancar a las capitales la capacidad de elegir al siguiente presidente de la Comisión Europea.

¿En qué consiste? El Consejo, es decir, los países, eligen a un candidato para ser el presidente del Ejecutivo comunitario, pero este nombramiento tiene que ser ratificado por el Parlamento Europeo. En 2014 la Eurocámara acordó que votaría en contra de cualquier candidato propuesto por las capitales que no hubiera participado en el sistema del spitzenkandidat, es decir, que no hubiera concurrido a los comicios europeos como cabeza de una de las familias europeas.

Las capitales acabaron aceptando a regañadientes que Juncker fuera presidente de la Comisión, en contra de lo que deseaban Alemania y el Reino Unido. El Parlamento jugó muy bien sus cartas. Pero cinco años después vuelven las dudas de si este sistema funcionará.

Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión y candidato socialista, charla con Barnier. (EFE)
Frans Timmermans, vicepresidente de la Comisión y candidato socialista, charla con Barnier. (EFE)

Hoy los principales spitzenkandidaten son Manfred Weber por el Partido Popular Europeo (PPE) y Frans Timmermans por los Socialdemócratas. Barnier no está en esa lista, y sin embargo en Bruselas todos aseguran que el francés está en campaña para ser el próximo presidente de la Comisión Europea.

Como en 2014, las capitales quieren acabar con el sistema de spitzenkandidat y Barnier entra en la ecuación de muchas para ello. El francés cuenta con la confianza total de la mayoría de los Estados miembros, a la vez que es una persona muy respetada en la Eurocámara. Si alguien puede lograr romper un eventual bloqueo del Parlamento Europeo ese podría ser el negociador del Brexit, o al menos eso creen.

Barnier tenía entre sus planes presentarse como candidato para liderar al PPE en las elecciones europeas. Pero el Brexit se fue complicando y el francés prefirió no apuntarse a la carrera. Sin embargo el creciente ambiente en la capital comunitaria en contra del sistema del spitzenkandidat, que recuerda al de 2014, hace recuperar opciones para el negociador, que desde que ocupó su actual cargo siempre ha estado entre los favoritos para sustituir a Juncker.

En plena recta final de las negociaciones del Brexit Barnier no para su gira por todas las capitales de la UE, y con el paso del tiempo ha ido ganando popularidad en determinados países. En ninguna capital se le apoya más que en Dublín, ya que Barnier ha defendido con uñas y dientes los intereses irlandeses ante el Brexit.

El domingo 10 de marzo Barnier, casado y con tres hijos, aterrizó en Dublín. No para actualizar al primer ministro Leo Vardkar sobre nada relacionado con la negociación. Sino para caminar por las calles de la capital irlandesa junto a la plana mayor del Gobierno y junto a sus hijos de camino al partido de rugby entre la selección nacional irlandesa y la francesa.

Barnier mantendrán el tono tranquilo y la elegancia hasta que termine el proceso del Brexit, aunque todavía es incierto cuándo ocurrirá eso. El francés se centra ahora mismo en garantizar que el Reino Unido abandona el bloque con un acuerdo. Eso sí, su entorno y casi cualquier persona en la capital comunitaria da por hecho que si la UE pide un último servicio al negociador jefe, pidiéndole que se haga cargo de la Comisión Europea, él querrá responder a la llamada.

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