Más de 40 muertos y 300 tiroteos en Suecia: ¿qué está pasando en el paraíso nórdico?
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dinamarca llegó a cerrar su frontera

Más de 40 muertos y 300 tiroteos en Suecia: ¿qué está pasando en el paraíso nórdico?

En 2019, Suecia registró 320 tiroteos, que se saldaron con 41 muertos y más de 100 heridos. El conflicto entre bandas vinculadas al narco está detrás de esta inédita escalada de la violencia

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Más de 40 muertos y 300 tiroteos en Suecia: ¿qué está pasando en el paraíso nórdico?

A mediados del pasado noviembre, Dinamarca suspendió temporalmente el sistema Schengen e implantó controles en su frontera con Suecia. No lo hizo por los mismos motivos por los que otros tantos países levantan vallas para frenar a los inmigrantes y refugiados, sino para impedir la entrada de bandas criminales y frenar un conflicto que ha dejado 129 muertos en los últimos tres años.

El Gobierno socialdemócrata danés tomó la decisión después de que una fuerte explosión destruyera en agosto parte de la sede de la agencia tributaria en Copenhague, hecho atribuido presuntamente a bandas criminales suecas. También se cree que son suecos los presuntos culpables de un doble asesinato en un suburbio de la capital danesa que la policía vinculó a una guerra entre bandas rivales del país vecino. "Son dos ejemplos de los graves delitos que pueden llegar a través de la frontera", argumentó entonces el ministro de Justicia danés, Nick Hekkerup.

Dinamarca, víctima colateral de esta atroz escalada de violencia entre bandas criminales vinculadas al narcotráfico, ha señalado directamente al Gobierno sueco como responsable de la situación. En 2019, Suecia registró 320 tiroteos, que se saldaron con 41 muertos y más de 100 heridos, unas cifras que se mantienen desde 2017. El último tiroteo mortal fue el mismo 31 de diciembre, cuando un joven de 20 años fue asesinado en un suburbio de Estocolmo. Según el periódico sueco 'Expressen', la víctima llevaba un chaleco antibalas —lo que indicaría que era consciente del peligro—, pero el tiro fue directo a la cabeza. El mismo diario detalló que los cinco detenidos forman parte de la misma banda que la víctima.

Y esta escalada de violencia tiene su explicación. "Muchos asesinatos son venganzas por otros asesinatos o cuestiones de honor, a veces entre miembros del mismo grupo; es una bola de nieve que nunca acaba", explica Ardavand Khoshnood, criminólogo de la Universidad de Malmö. El motivo es que en Suecia hay pocas bandas organizadas —grupos con nombre, símbolos y jerarquías, como las bandas de moteros—, pero abundan redes criminales, la mayoría simplemente basadas en localizaciones geográficas determinadas, como los suburbios de las grandes ciudades, pero sin estructuras internas definidas.

En Estocolmo, se han identificado 1.500 individuos activos en unas 50 redes criminales, y muchos de ellos se mueven de un grupo a otro, o incluso pueden formar parte de varios a la vez, algo que también ocurre en Malmö. “Las lealtades son muy superficiales y los miembros de estos grupos son muy jóvenes y muy violentos”, añade Khoshnood.

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Explosiones al alza

Los tiroteos no son el único problema asociado a los grupos criminales. En los últimos dos años (y especialmente durante 2019), las explosiones han crecido de forma considerable. Entre enero y noviembre del año pasado, se registraron más de 230 detonaciones, lo que supone un aumento de casi el 50% en comparación con las cifras de 2018, según datos de la Agencia Nacional sueca para la Prevención del Crimen.

Las explosiones son utilizadas como método de “intimidación y amenaza”, según Khoshnood. Es menos probable que produzcan víctimas mortales que los tiroteos, porque suelen suceder de noche y en comercios cerrados, pero se incrementa el riesgo de que terceras personas resulten heridas. Es lo que le ocurrió en septiembre a una estudiante de 22 años mientras caminaba por la calle más céntrica de la ciudad universitaria de Lund, cuando de repente explotó un artefacto que habían colocado en una tienda.

Esta oleada de explosiones solo se puede comparar, según varios expertos, con países en guerra. “He estado en contacto con muchas autoridades policiales tanto en Europa como en América del Norte, y nadie ha visto nada igual a lo que tenemos ahora en Suecia”, afirmaba el criminólogo Amir Rostami al periódico 'Dagens Nyheter'.

“Lamentablemente, solo podemos compararlo con zonas de guerra o países con una larga historia de terrorismo”, añade. Así lo confirma Ylva Ehrlin, analista en la unidad de protección contra bombas de la policía sueca, que ha observado la tendencia del uso de explosivos en Suecia desde 2013. “Ahora tenemos tantas explosiones en Malmö que se puede comparar con lo que ocurría en el País Vasco con ETA”, afirmó a la cadena pública SVT.

Expansión

Hasta hace poco, los tiroteos y explosiones se producían principalmente en grandes ciudades, como Estocolmo, Malmö y Göteborg. En el último año, sin embargo, se ha visto una cierta tendencia a la baja en grandes urbes, mientras que la violencia se ha extendido a lugares hasta ahora tranquilos. Es el caso del norte de Suecia, donde en 2017 hubo solo tres tiroteos mientras que el año pasado fueron 28, con dos víctimas mortales. Policía y criminólogos coinciden en que uno de los motivos es que cada vez resulta más fácil conseguir armas en el mercado negro, repleto de armamento y munición, que mayoritariamente procede de las guerras de los Balcanes de los años noventa.

Además de expandirse por Suecia, estas organizaciones han actuado en Dinamarca —Malmö y Copenhague están fácilmente conectadas a través del puente del estrecho de Öresund—, y sus tentáculos llegan hasta España, especialmente a la Costa del Sol. A finales de 2018, la policía arrestó a nueve miembros de la banda conocida como 'los suecos', procedente de Malmö, que pretendía asentarse en Málaga y estaba relacionada con varios asesinatos en el país nórdico.

Malmö, esperanza y preocupación

En 2019, apenas hubo 34 tiroteos en Malmö, la cifra más baja en seis años, después de haberse ganado en la última década el penoso título de la ciudad sueca con mayor índice de tiroteos por habitante. De hecho, antes de verano, la policía celebraba que no había muerto nadie por arma de fuego en la ciudad en ese año. Lo atribuían, en parte, al proyecto 'Sluta Skjut' (dejad de disparar), una prueba piloto iniciada en la ciudad sureña en otoño de 2018, que aunaba el trabajo de policía, ayuntamiento, servicios penitenciarios y sociedad civil para intentar sacar a los jóvenes de la espiral de violencia vinculada a las bandas.

Malmö parecía un ejemplo de esperanza. Sin embargo, varios hechos ocurridos en la segunda mitad del año desacreditaron todos los argumentos. Pese a que el número de víctimas mortales acabó siendo la mitad que en el año anterior (siete frente a 12), la brutalidad de algunos de los asesinatos hizo saltar las alarmas y suscitó la acción policial y política a nivel nacional.

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El caso más estremecedor fue el de Karolin Hakim, una médica de 31 años que acabó siendo una víctima colateral. El 26 de agosto paseaba con su marido —vinculado al crimen organizado— y su hijo de dos meses por la playa de Ribersborg, de Malmö. Eran alrededor de las 10 de la mañana cuando aparecieron tres hombres y se pusieron a disparar. Su marido consiguió escapar, pero ella recibió varios balazos con su bebé en brazos.

Este asesinato a sangre fría conmovió a la ciudad y al país y motivó una cumbre de líderes políticos para intentar pactar medidas contra esta violencia. Tras finalizar sin acuerdo, el Gobierno rojiverde, compuesto por socialdemócratas y verdes, acabó presentando un programa de 34 puntos que incluye, entre otras medidas, castigos más severos para los delincuentes, también los menores de edad.

Jóvenes, víctimas y verdugos

Los jóvenes son las principales víctimas, pero también los verdugos de esta guerra. Según explicaba recientemente el jefe de la policía sueca, Anders Thornberg, solo en Malmö han identificado a 80 menores de entre ocho y 14 años que forman parte de estas redes criminales y que se dedican a robar y a traficar con armas y drogas.

Y cada vez son más los jóvenes que acaban heridos o muertos. El último ejemplo trágico fue el asesinato de Jaafar Mohammad Ibrahim, un chico de 15 años que fue tiroteado en una céntrica plaza de Malmö a principios de noviembre. Iba acompañado de otro joven, de 18 años, que quedó gravemente herido. Dos días después, la policía lanzaba la denominada operación Rimfrost, con la que intensifica esfuerzos para reducir los tiroteos, principalmente incrementando la incautación de armas y explosivos, así como las detenciones.

El problema, como apuntaba Thornberg, es que “por cada asesinado, arrestado o sentenciado, hay 10 o 15 más que quieren entrar”.

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