el espíritu escandinavo

La Ley de Jante: por qué los suecos nunca hablan de dinero

Si te acercas al barrio más opulento de Estocolmo es probable que no consigas sacarles cuánto ganan. Esto se debe a un código moral arraigado en las sociedades nórdicas

Foto: Foto: iStock.
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Aunque todos pertenezcamos a ese gran y antiguo continente llamado Europa, lo cierto es que los nórdicos son a ojos de los países mediterráneos poco menos que extraterrestres. Imaginamos gente rubia y puntual, deprimida, que pasa frío, escucha metal, lee mucho y se baña en fiordos. Y si nos centramos en Suecia, probablemente la palabra que en letras grandes vendrá a nuestra cabeza será 'IKEA', pero, ¿realmente son tan diferentes a nosotros?

En algo sí. Más allá de la picaresca española o las costumbres de cada país, que pueden descolocarnos en algunas ocasiones, hay una manera de ser, intrínseca en los suecos, que sin duda nos llama la atención: si eres rico jamás podrás alardear sobre ello. Es prácticamente un tabú, algo que sin duda a nosotros nos sorprende sobremanera.

Una ley arraigada

Suecia se encuentra entre los diez países con mayor renta 'per cápita' del mundo y su economía es la 33ª, influenciado este hecho por su neutralidad durante las dos Guerras Mundiales del siglo XX, la cual ayudó a mejorar su calidad de vida. A día de hoy tiene numerosas empresas globales (además de la mencionada IKEA otras que contribuyen a su alto nivel económico son Ericsson, Volvo o Nobel), un excelente sistema de telecomunicaciones interno y mano de obra bien instruida. Sin embargo, si te acercas a alguno de los barrios más ricos de Estocolmo o Gotemburgo, será difícil que te hablen de su opulencia.

La Ley de Jante apela a un comportamiento típicamente escandinavo donde se piensa más en el grupo y se retrata negativamente la vanidad

"No sé por qué tendría que decírtelo", "no me parece apropiado", "de todas formas no gano mucho, tengo un trabajo normal", son algunas de las respuestas que sus ciudadanos podrían darte. Mientras que en muchos otros países del mundo es algo más que natural preguntar cuánto ganas en tu trabajo, quejarte o alardear (cuando hay motivos) de tu nivel de vida, lo cierto es que en Suecia es bastante diferente, y se debe a un código cultural nórdico bien arraigado en la sociedad que se conoce como Jantelagen (Ley de Jante, en español).

Esta Ley de Jante se entiende como un patrón de comportamiento de grupo dentro de las comunidades escandinavas donde se piensa más en el propio grupo o colectivo que en la individualidad, retratando negativamente la vanidad, criticando el éxito y logro personal como algo inadecuado propiciando así, la humildad social. "Por supuesto que le contaré a mis amigos si he hecho un viaje y subiré fotos a las redes sociales, pero no es algo que contaría a un extraño", explica un interrogado.

Se trata de una ley ficticia acuñada por el autor danés Aksel Sandemose en su novela 'Un refugiado sobre sus límites' (1933), donde describía la sociedad de esa época basada en el bienestar colectivo y la igualdad social. Como si se tratase de dogmas religiosos, tiene unas cuantas normas a seguir para no caer en el esnobismo de creerte superior: 'du skall inte tro att är något' (no debes pensar que eres especial), 'du skall inte tro att du är förmer än vi' (no debes pensar que eres más importante) o 'du skall inte tro att du är klokare än vi' (no debes pensar que eres más listo que los otros).

Me encantaría que la Ley de Jante desapareciese. Si trabajas más que el resto deberías tener reconocimiento por ello

"Me parece bastante interesante que la mayoría de los suecos se sientan más cómodos hablando sobre sexo que sobre su nivel de vida", indica Lola Akinmade (autora especializada en cultura sueca) en 'BBC'. "Se intenta mantener el balance en la sociedad, que nadie se sienta incómodo y que, en general, todo sea más homogéneo". Muchos defensores de la Ley de Jante aseguran que esta puede verse también en cómo las viviendas están pintadas en el mismo color (rojo de falún) o en el uso de algunas vestimentas.

Sin embargo, otros están rechazando el concepto en un mundo cada vez más globalizado y digitalizado. Las nuevas generaciones ven esta forma de vida como algo absurdo con lo que no se sienten identificados, pues forman parte de una sociedad más y más consumista, como cuenta la influencer de 22 años Nicole Falciani, nacida en Estocolmo: "Gano unos 20.000 euros por cada campaña que hago y no me importa reconocerlo. Me encantaría que la Ley de Jante desapareciese. No me malinterpretes, pensar que todo el mundo debería ser igual es genial, pero no funciona, porque si trabajas más que el resto deberías tener reconocimiento por ello". Una muestra del capitalismo imperante en una sociedad que cada día es más diversa y acoge a más gente de fuera, por lo que, según los expertos, no es raro que esa idea de modestia obligada acabe desapareciendo más pronto que tarde.

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