de monumento desconocido a icono de roma

El dolor de la arqueóloga: "Es difícil admirar el Coliseo con tanto baño para turistas"

La arqueóloga jefa del Coliseo nos habla cómo el monumento pasó de ser una joya desconocida a ser el más visitado de Roma. Una máquina de atraer turistas y hacer dinero

Foto: El Coliseo al anochecer. (Reuters)
El Coliseo al anochecer. (Reuters)

El monumento, agujereado y perfecto, parece habitado por miles de pequeñísimas hormigas. A escasos metros del arco de Constantino, escáneres de rayos X le dan a la escena un aire de aeropuerto. A la izquierda, bajo el sol, una cola larga y espesa de turistas aguarda entre chillidos infantiles y sombreros de paja. Tras pasar la taquilla, el punto de información, los baños y los puestos de comida, se alza el majestuoso Coliseo, el monumento más visitado de Roma y uno de los más célebres del mundo.

En una pequeña oficina oculta en las entrañas del histórico lugar, una mujer de cabellos plateados, ropa suelta con un aire bohemio y un amable acento napolitano es la memoria reciente del lugar. Es la arqueóloga Rossella Rea, quien lleva aquí 34 de sus 65 años dedicada en cuerpo y alma al Coliseo. Hasta el año que viene, que es la fecha prevista de su jubilación. Rea dice que salir de la que ha sido su casa por más de tres décadas se le hará "extraño", pero asegura que “difícilmente lo añorará” porque, días como hoy -cuando hacemos esta entrevista- el sitio está tomado por la fiebre del turismo de masas.

Cuando la profesora Rea pisó por primera vez el Anfiteatro Flavio —nombre original del Coliseo—, un 7 de enero de 1985, tenía 31 años y un poco de experiencia como arqueóloga en su región natal, la sureña Campania. “Fue un día en el que excepcionalmente había nevado en Roma y el Coliseo estaba cerrado al público por motivos de seguridad. Recuerdo que miré a mi alrededor y pensé: ¿Y, ahora, por dónde comienzo?”, recuerda.

Una joya desconocida

La arqueóloga jefa del Coliseo,  Rossella Rea. (Irene Savio)
La arqueóloga jefa del Coliseo, Rossella Rea. (Irene Savio)

En los años 80, el Coliseo, como muchos otros monumentos clásicos, no gozaba del favor del público como hoy en día. “En esa época, lo común para el Coliseo era no recibir más de 100 turistas al día. Y el público era mayoritariamente de estudiosos e intelectuales y de vez en cuando alguna pareja de recién casados", rememora la arqueóloga jefa del Coliseo, quien en esa época trabajaba sola en una gélida oficina. "Era entonces un edificio casi desconocido en el mundo”, añade, con aire melancólico sobre estos tiempos lejanos que hoy viven en sus recuerdos.

- "Me da pena pero el Coliseo ya no es lo que era. Y la culpa es también mía".

- ¿En qué sentido es culpa suya?

- "Hoy es una industria que produce dinero. Si vienes a Roma, tienes que ver el Coliseo. Eso es así. El Coliseo alimenta un gran sistema de economía legal e ilegal que vive alrededor de este monumento. El problema es que este debería ser un sitio de cultura, de Historia".

-¿Entonces, después de todo lo que ha hecho y lo que ha trabajado, se arrepiente?

- "No sé si esa es la palabra correcta. Pero sin dudas, no es lo que me esperaba. Quiero decir, me alegra que haya crecido el interés, pero no veo justo que esté tan abarrotado de personas, que haya recorridos obligados y todos esos baños… Hay una cantidad espantosa de baños. Así es difícil admirar, entender el Coliseo. Y, sin embargo, no existe otra alternativa; todos esos servicios sirven para garantizar la seguridad de quien lo visita y hacer que la visita no sea demasiado incómoda".

Turistas visitando el Coliseo. (EFE)
Turistas visitando el Coliseo. (EFE)

Efecto 'Gladiator'

El punto de no retorno fue la película Gladiator (El Gladiador), dirigida por Ridley Scott y estrenada en el año 2000, revela Rea. Después de eso, el Coliseo empezó a morir de éxito. Con los turistas y los ingresos vinieron más proyectos, más hallazgos y más personal. Tanto que actualmente, además de los empleados del Ministerio de Bienes Culturales destinados al recinto del Parque Arqueológico del Coliseo, también trabajan en su interior una galaxia de cooperativas y empresas externas que alimentan la gestión del monumento.

“Somos muchos”, reflexiona Rea, al quejarse también que la gestión administrativa del lugar se ha vuelto tan compleja que los arqueólogos a cargo rara vez participan en las excavaciones.

Año tras año, el monumento pulveriza el récords de visitas con unas estadísticas que solo conocen el camino alcista: en 2008, 4,7 millones de turistas; en 2011: 5,3 millones; en 2015, 6,5 millones y en 2018, 7,6 millones. En total, 60 millones de personas en la última década —el equivalente a la población de Italia y al 0,8% de las personas que viven en nuestro planeta— han pisado este lugar.

El resultado ha sido un éxito que no ha conocido la crisis y que se materializa en cifras que regocijarían a cualquier magnate. “Cerramos el último balance anual con unos ingresos brutos de más de 53 millones de euros provenientes exclusivamente de la venta de los boletos, souvenirs y libros. A eso hay que sumar todo lo demás, por ejemplo, las exposiciones temporales y otras actividades específicas”, cuenta la profesora Rea. “Eso sí, sólo alrededor del 50% de esa cifra se queda en el Coliseo. El resto se destina a otros monumentos de Roma y del país. Del Coliseo viven muchos”, afirma.

Drones, garabatos y navajas

El Coliseo ha conocido todo tipo de usos desde que el emperador Vespasiano lo empezó a construir en torno al año 71 d.C. (las obras se terminaron en el 82 d.C.). La arena comenzó usándose para espectáculos como luchas de los gladiadores, caza de animales exóticos y eventos religiosos. En la Edad Media se convirtió en la cantera de Roma y sus piedras fueron usadas incluso para construir partes de la Basílica de San Pedro. Posterioremente fue utilizado como centro de laboratorios artesanales y residencias, antes de pasar a manos del Vaticano y finalmente al patrimonio del Estado italiano.

Ahora es una de las enseñas turísticas de Roma, en permanente baño de masas. Vivir al lado un monumento que es una fiesta continua, sin embargo, también constituye un gran dolor de cabeza para los responsables de su salvaguardia.

“Los comportamientos de muchos turistas ya son previsibles. Lamentablemente existe esta mala costumbre de dejar garabatos en las piedras del monumento. Ahora los descubrimos casi siempre y luego llamamos a la jefatura de policía. Escriben sobre todo en los ladrillos, quizá también porque ven otras inscripciones, las cuales, sin embargo, son de hace décadas, incluso siglos. Pocos lo saben, pero hay una en un pilar de travertino que es del pintor renacentista Hubert Robert (1733-1808)”, cuenta.

“Y no, no es el único comportamiento absurdo que se repite. No son pocos los que ponen en riesgo su vida y la de sus hijos, por ejemplo, subiéndose a los muros de los anillos superiores del Coliseo para hacerse una fotografía bonita”, explica. “Por no hablar de los objetos que encontramos durante los controles. ¿Sabe que es alucinante la cantidad de cuchillos que encontramos? Incluso hemos incautado kits para armar drones. Ahí, ¿lo ve? Es un dron que encontramos hace dos semanas y que probablemente tumbó una gaviota”, dice. De fondo, se escucha una voz resonar desde megafonía. Es la cuarta vez en la última hora.

Turistas se hacen un selfie en el Coliseo.
Turistas se hacen un selfie en el Coliseo.

Turistas hasta media noche

“Es el altavoz que avisa que hemos llegado al límite de capacidad, que hemos fijado en 3.000 personas”, explica Rea. Por eso, la profesora recomienda visitar el Coliseo por la tarde. "En las mañanas están los llamados 'grandes clientes'. Es decir, los que desembarcan de los cruceros del puerto de Civitavecchia”, añade.

“Ni el calor los frena. En un día cualquiera de verano, con más de 40 grados, es posible ver octogenarios paseándose a las dos de la tarde. Por eso siempre hay ambulancias, porque todos los días, tres o cuatro personas sufren algún problema de salud”, precisa. “La novedad de ahora son los turistas chinos, que están empezando a llegar”, añade Rea.

Tan lleno está que ni el cine puede con los turistas. “¿Las películas? La verdad que hoy día el Coliseo no es muy requerido. Lo fue, en el período dorado del cine italiano, en los 50 y en los 60, por ejemplo, en la época de Vacaciones Romanas (de 1953, con Gregory Peck y Audrey Hepburn), o Ben-hur (de 1959, dirigida por William Wyler)”, afirma. “Hoy no sería posible porque el acceso a los turistas está permitido de las ocho de la mañana hasta la medianoche”, cuenta Rea.

Secretos por descubrir

A la arqueóloga le brillan los ojos cuando pasamos de hablar de turistas a los misterios desvelados en el Coliseo durante su vida profesional. "Hasta hace poco, casi nada se sabía de su etapa medieval, que se abre en VIII siglo y termina en el XIV siglo. En esa época hubo una especie de ciudad dentro del Coliseo donde convivía la clase aristocrática con una especie de burguesía y personas más humildes aún. Eso lo descubrimos con unas excavaciones que empezaron en 2006 y que hicimos públicas hace dos años", explica.

Rea sale de su oficina para mostrarnos otro de los hallazgos arqueológicos más recientes del Coliseo, que es también uno de sus favoritos. “Es un contrapeso de la época de Antonino Pío (86-161 d. C-), que se usó para subir y bajar animales de pequeña y mediana talla. Un descubrimiento increíble, no existe otro”, resume.

Insiste en que no extrañará caminar por los pasillos del increíble lugar, que cambiará por las frías calles de Berlín, donde retomará sus estudios y se dedicará a escribir. “No, la muchedumbre… es demasiado. Extrañaré a una persona, pero que ha fallecido ya. El antiguo director, Claudio Mocchegiani Carpano. Fue él que empezó con las excavaciones en el alcantarillado".

"Ojalá haya más como él”, reflexiona Rea con tono esperanzado mientras se abre paso en el tumulto de visitantes del mediodía. Ella, mejor que nadie, sabe que queda mucho por descubrir. "La primera planta aún alberga muchos secretos. Si las excavaciones continuarán, y ojalá que sí, más material saldrá a la luz".

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