el turismo sexual mancha la imagen de polonia

Sexo, colocón y ruina: la trampa para desplumar turistas sexuales en Polonia

Cientos de turistas europeos son estafados en Polonia con el cóctel de prostitución, drogas y datáfonos trucados. Los que se atreven a denunciar comprobarán que son uno más de la lista

Foto: Dos mujeres en un club de alterne. (Reuters)
Dos mujeres en un club de alterne. (Reuters)

Nadie lleva paraguas en este soleado día de julio. Nadie excepto Kasia (nombre supuesto), quien con su ropa ceñida y provocativa llama la atención de los turistas que inundan el centro de Cracovia. Son las seis de la tarde de un lunes, pero ya se puede ver a varios grupos de extranjeros —la mayoría de ellos británicos— con dos objetivos para sus vacaciones polacas: beber hasta el límite e intentar ligar con alguna belleza eslava. Bajo su paraguas, Kasia observa a uno de ellos y sonríe. Ya ha encontrado su presa.

—¡Hola! Os invito a un cabaret con espectáculo, la primera cerveza gratis— les dice en inglés. Los "angolu" (equivalente en polaco al "guiri" español) aceptan y se pierden dentro del club, cuyos amplios ventanales están cubiertos por cortinas de terciopelo rojo.

Es muy posible que alguno de ellos se despierte al día siguiente en su hotel, o incluso en la calle, aún bajo los efectos de algún narcótico y con la tarjeta de crédito tan vacía como sus recuerdos de las últimas horas. Si la vergüenza o las prisas no le impiden acudir a denunciar a la Policía, se encontrará con que es uno más de los cientos de hombres desplumados en uno de los tantos clubs de 'striptease' que han convertido a Polonia en una trampa para turistas sexuales.

Esto contrasta con la apuesta del país por el turismo como una de los puntales de su economía, una industria que facturó 26.900 millones de euros —la mitad proveniente de 18,3 millones de visitantes extranjeros— y supuso un 6% del PIB del país en 2017. Pero estos casos no parecen alertar a las conservadoras autoridades polacas, pese a que perpetúan la fama mundial del este de Europa como uno de los mayores destinos para el turismo sexual.

5.000 euros y un cigarro

Es el caso de John Deverall, un ingeniero de software neozelandés que aceptó la invitación de una "chica del paraguas". Terminó en una pequeña habitación enmoquetada en un sofá plegable con una "stripper" sentada en su regazo. La ropa en el suelo, una mesita con velas, una botella de champán y una cubitera con hielo enmarcado por un espejo cubriendo toda la pared.

La música del club se cuela a través de las paredes y su ritmo machacón hace que, con la ayuda de la sustancia que ha ingerido sin saberlo, John comience a sentirse aturdido. Cuando está a punto de intimar con su acompañante, ve como otra mujer, esta menos atractiva y complaciente, le dice que el pago que hizo con su tarjeta no ha sido aceptado. Debe repetir la operación.

John ofrece metálico pero le dicen que se lo guarde para las propinas, el pago debe ser hecho con tarjeta. La chica que estaba sentada en sus piernas se levanta y enciende un cigarrillo, dando a entender que sin pago por tarjeta no hay más caricias. El datáfono sigue rechazando los pagos. La 'madame' se enfada y le dice a John que su tarjeta "es problemática". Él pide ver los recibos de las operaciones no aceptadas y comprueba con el traductor de su teléfono que, efectivamente, dice algo así como "transacción no efectuada". Pide disculpas por su desconfianza, entrega de nuevo su tarjeta y las dos mujeres le abrazan. "No pasa nada, John".

En cuestión de un minuto, unos 5.000 euros se habrán evaporado de la cuenta corriente del señor Deverall. A la chica ni siquiera le ha dado tiempo a terminar su cigarrillo.

Un "fiestón" de 250.000 euros

Desde hace años, esta escena se repite cientos, quizás miles de veces, en decenas de clubs de alterne de las principales ciudades polacas. Los trucos se han ido perfeccionando: datáfonos trucados que imprimen recibos falsos, narcóticos en la bebida que apenas dejan rastro e incluso acuerdos con empresas de créditos rápidos que aceptan operaciones "exprés" y permiten que se concedan créditos de unos pocos miles de euros a nombre del "cliente" sin preguntas ni confirmación.

Las presas favoritas son los turistas extranjeros, pero también los polacos caen en este engaño. La prensa local aún habla del caso de un conocido industrial metalúrgico al que le fundieron unos 250.000 euros en una noche de sexo, vodka y colocón en Poznán, a 300 kilómetros de Varsovia.

Cuando este periodista se aproxima a una de las 'Kasias' con paraguas y pide hablar con el mánager, termina frente a una mujer de unos 60 años, pelo teñido de rubio platino y una sonrisa de dientes de oro que recuerda a la del gato de Alicia en el País de las Maravillas.

Al descubrir que en vez de un cliente se trata de un reportero, la pianística sonrisa desaparece y se niega a responder preguntas ("no necesitamos publicidad", "aquí no hay nada ilegal"), mientras abronca al paraguas por equivocarse de "angolu". El local en cuestión se llama Wild Nights (noches salvajes) pero funciona las 24 horas del día.

Solo en Varsovia se han denunciado más de 400 casos en los últimos tres años y más de 100 en Cracovia

A medio metro de su puerta, familias de turistas con niños prueban los típicos 'pierogi' (raviolis polacos) sin inmutarse ante el desfile de jubilados de Múnich, fontaneros de Manchester, mecánicos de Milán, dentistas de Dallas o ingenieros informáticos de Wellington. A esta gente poco les importan los monumentos, la historia, Auschwitz, la fábrica de Schindler, los premios Nobel de literatura o el castillo Wawel. Vienen atraídos por clubes como el Wild Nights, donde una noche de alcohol y sexo les costará una fracción de lo que pagarían en su país.

Uno más a la lista

En caso de ser estafados, comprobarán que la Policía podría completar su testimonio cambiando tan solo el nombre. La mitad de los casos denunciados ni siquiera son investigados y la otra mitad queda en nada por falta de pruebas o porque el denunciante debe regresar a su país, según un reportaje emitido por una cadena de televisión polaca.

Solo en Varsovia se han denunciado más de 400 casos en los últimos tres años y más de 100 en Cracovia. El fenómeno incluso alcanza ciudades menos turísticas, pero tan solo las autoridades de Gdansk, una ciudad portuaria en la que hace dos años una gran operación policial culminó con la detención de 22 personas.

El local que más denuncias acumulaba era "Cocomo", un nombre mítico en el mundo de los farolillos rojos polacos que da su nombre a una red de veintitantos clubes en todo el país. En Cracovia, donde se encuentra registrada esta sociedad, se cambió el nombre hace cinco años por el de Wild Nights.

No está claro quién está detrás de esta red, que se sospecha que puede traficar con mujeres de las vecinas Ucrania y Bielorrusia, pero el nombre de Jan S. aparece una y otra vez en las pesquisas de los periodistas e investigadores privados. En Cracovia, es habitual ver el Lamborghini pintado de color oro que dicen que pertenece a Jan S. haciendo ruedas en las calles del centro.

Todo el mundo paga

Un vistazo rápido a la ingente oferta de "stag parties" o fiestas para rebaños de juerguistas en internet muestra que, por unos 200 euros, se puede obtener alojamiento para dos noches, una visita guiada por el circuito nocturno de bares de Cracovia en limusina, una degustación de cervezas o vodkas, un filete de ternera para desayunar, una sesión de tiro con un fusil Kalashnikov o con hachas medievales. Por un plus tendrás barra libre, acompañante y espectáculo de lucha femenina en barro o aceite.

"Todo el mundo paga para tener sexo. Yo pago dinero por una noche, otros pagan con una parte de su sueldo a la esposa durante años", se justifica Norman, quien prefiere no dar sus apellidos.

Este londinense de 46 años, que regenta un pequeño negocio de lavandería en Inglaterra, con pocos reparos para confesar sus vicios es uno más de los dos millones y pico de británicos que viajan fuera de su isla en busca de una diversión que les saldría demasiado cara en casa.

"A las polacas les gusto, yo las trato mejor de lo que están acostumbradas, se portan bien conmigo y cada seis meses vengo aquí porque el viaje a Tailandia es más caro y porque prefiero las rubias", asegura sin pudor.

La 'Praga barata'

Cada año, Cracovia aparece en todas las listas de "mejores escapadas en Europa" y entre los destinos turísticos más recomendados. Considerada la más hermosa, interesante y amable de toda Polonia, incluso entre los propios polacos, esta ciudad recibe unos 10 millones de turistas al año, casi tantos como Madrid.

Los británicos son el mayor grupo por nacionalidad, pero también italianos, norteamericanos y españoles se acercan a conocer un lugar que, para muchos de estos visitantes, es la alternativa barata a Praga y una ciudad donde el centro se ha convertido en un parque temático para turistas.

Mientras otras ciudades europeas están empezando a reaccionar contra el deterioro que acarrea el turismo masivo y de baja calidad, las autoridades cracovianas se enorgullecen al ver engordar cada año el número de turistas que, como muestra el gran número de hostales y apartamentos clandestinos, buscan en su mayoría unas vacaciones lo más baratas y "divertidas" posible.

Un paseo por cualquier calle de la 'stare miasto' (ciudad vieja) sirve para comprobar cómo bloques enteros de viviendas se han convertido en colmenas de apartamentos alquiladas por noches que están despoblando de vecinos barrios enteros. En algunos casos ya no queda nadie viviendo en todo el edificio y las tiendas tradicionales se han convertido en establecimientos de "alcohol 24 horas", prostíbulos de poca monta, tiendas de conveniencia y locales de comida basura.

Cae el sol en un caluroso día de julio en el centro de Cracovia y un caballo de los que tiran las carrozas para turistas en la Plaza Mayor de Cracovia está tendido en el suelo. Las extenuantes jornadas a las que estos animales se ven sometidos unidas al estrés que les causa el tráfico han provocado accidentes parecidos en otras ocasiones.

Mientras el cochero intenta ayudar al caballo a levantarse, a su lado pasa un cochecito con música electrónica a toda mecha cargado de turistas británicos sin camiseta que escupen agua y muestran su trasero a quien quiera mirarlos.

"En Cracovia hay dos plagas de animales que lo llenan todo de mierda, comen y beben cualquier cosa y han invadido el centro de la ciudad: las palomas y las despedidas de soltero", reflexiona Małgosia, una creativa publicitaria que se mudó recientemente de Cracovia asqueada por el turismo sin control. "Las palomas al menos cumplen una función biológica".

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