LA CIUDAD MÁS BELLA DEL MUNDO EN CRISIS

Postales invisibles de Roma: la crisis existencial italiana retratada en su basura

Inmigrantes sin papeles y asociaciones civiles limpian las calles de una ciudad que, según te alejas de los barrios turísticos, está asolada por la basura y falta de servicios

Foto: Dos postales de Roma
Dos postales de Roma
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Rebecca Spitzmiller y Mike tienen dos cosas significativas en común: son extranjeros que viven en Roma y ambos limpian las calles para sobrevivir.

Hasta ahí sus más notables coincidencias que tiene algunos matices. Rebecca, estadounidense, profesora de derecho en la universidad y casada con un médico italiano con el que vive en Roma desde hace más de tres décadas, limpia las calles para sobrevivir a la ciudad. "Era frágil. Estaba en juego mi dignidad. Llegaba a casa llorando de ver cómo la gente maltrata esta ciudad tan bella. Necesitaba hacer algo para poder seguir viviendo aquí", explica ella.

Mike es nigeriano, vivió en Libia dos años, salió huyendo por la guerra en un barco y llegó a esta Roma donde encontró una forma de ganarse la vida. "Barro las calles y algunas personas me dan dinero por hacerlo". ¿Por qué lo haces? "Otros compañeros lo hacen. Hay mucha suciedad en el suelo y la gente te da dinero por retirarla", explica Mike, que no habla casi una palabra de italiano.

Sus historias se cruzan en un lugar común: la basura de Roma esparcida por las calles sin que nadie la recoja. El pasado enero, la situación llegó a un grado tan extremo que los colegios amenazaron con no abrir las puertas por los riesgos para la salud. Italia está en una crisis económica y de identidad. Su capital es un perfecto ejemplo de algunos de esos males que evocan un pasado que parece que siempre fue mejor.

Miles de turistas llegan cada día a ver lo que muchos romanos presumen que es "la città più bella del mondo" (la ciudad más bella del mundo). Puede que lo sea, pero la ciudad de las postales las tiene de dos tipos: la que ven los turistas embriagados por la historia y belleza del Coliseo, la Fontana de Trevi y el Vaticano; y la que viven los vecinos de barrios donde nadie recoge la basura, no se barren las aceras, el transporte público no funciona y la vegetación se abre paso sobre el cemento sin que nadie la corte.

África barre Occidente

La historia del africano Mike es común a muchos de sus compatriotas, de país o de continente, que han encontrado en la falta de limpieza de la ciudad un modo de ganarse la vida. En realidad, todo es casi una perfecta e irónica metáfora de la actualidad italiana: los perseguidos inmigrantes africanos se ganan la vida barriendo la capital. "Es simbólico que deban venir de África para limpiar la capital de Occidente", dice la combativa Rebecca cuando opina del tema de los inmigrantes que barren las calles.

El nigeriano Mike con su escoba. (J. B.)
El nigeriano Mike con su escoba. (J. B.)

¿La gente os ayuda o le molesta lo que hacéis? "La mayor parte de la gente le parece bien", dice un senegalés que limpia en el barrio de Prati y que decide ponerse de espaldas en la foto por miedo a las autoridades. ¿Sabes quién es Salvini -vicepresidente, ministro del Interior y líder del partido La Lega-? "Sí, un racista que quiere echarnos", contesta él. Otros africanos no saben quién es. La mayoría no hablan italiano y algunos, en todo caso, están aquí con intenciones de ir a otra parte. "Yo quiero ir a un país en el que se hable inglés", dice un nigeriano, quien ha colocado su escoba y cubos cerca del Vaticano.

¿Cuánto sacas cada día barriendo? "Depende, pero entre 10 y 20 euros", señala Mike, defendiendo su trabajo de las críticas de algunos vecinos que dicen que no recogen lo que barren y que todo es un teatro. "Hacen los montones de basura para enseñar que barren pero luego los dejan ahí cuando se van y el viento vuelve a esparcir todo", denuncia Paola, una romana. "Yo sí lo llevo hasta los cubos de allí", asegura Mike, mientras señala unos contenedores. Da igual, la imagen de que inmigrantes ilegales hayan encontrado en barrer la calle un sustento es poderosa para escenificar el drama de Roma.

La Mary Poppins de Trevi

Rebecca encontró otra forma "revolucionaria" de revertir la situación: implicar a la sociedad civil en recuperar Roma. El 10 de diciembre de 2009, once estadounidenses que vivían en la ciudad decidieron montar la asociación Retake Roma. "La primera cosa que hice fue limpiar todas las pintadas de nuestra urbanización junto a mi hijo de 16 años. Busqué en internet como limpiar grafitis y en cinco días habíamos limpiado todos". Cuando anunció su intención a sus vecinos, ellos solo preguntaron una cosa: ¿Quién va a pagar eso? Pagó ella.

Años después, Retake Roma es una asociación ya formal que actúa en 85 barrios de la ciudad con voluntarios, un joven presidente italiano y una fuerza renovada por reconquistar los espacios públicos. "Yo llego como Mary Poppins, con mis cubos, y muchos piensan que estoy loca. Cuando se enteran que soy una profesora universitaria se quedan descolocados".

"Yo llego como Mary Poppins, con mis cubos, y muchos piensan que estoy loca. Cuando se enteran que soy una profesora se quedan descolocados"

Eso le ha costado broncas y agresiones. "Hace unos días un comerciante del barrio quería quitarme el móvil porque hice una foto de su fachada en la que tiene pintado un enorme pene. No lo limpia y yo lo denuncio en redes sociales". Otra veces la han insultado o amenazado por borrar algunos grafitis. "Yo creo en el arte, no en el vandalismo. Parte de nuestras actuaciones es hacer buenos grafitis, decorativos, bien hechos", señala ella.

Algunas calles de Roma, inundadas de basura. (J. B.)
Algunas calles de Roma, inundadas de basura. (J. B.)

Su labor por la ciudad le ha valido el pasado diciembre ser condecorada con la Orden del Mérito de la República, máxima distinción italiana que le entregó el presidente Sergio Mattarella. "Estoy por encima de ser Cavaliere por limpiar basura", se ríe ella. ¿Cómo está hoy Roma? "Peor que cuando yo vine aquí hace 34 años. Y no lo está aún más gracias a Retake", responde.

La invasión de las gaviotas

Es endémico. La basura en Roma es algo que lleva sucediendo años pero que nadie, tampoco la nueva alcaldesa del Movimiento 5 Estrellas, Virginia Raggi, ha conseguido resolver. Siempre empeora.

"Llevo 30 años viniendo a Roma. Uno se acostumbra a que cada año es peor, pero ahora es una vergüenza la basura y falta de servicios", dice Antonio, un jubilado de Sicilia que lleva exactamente una hora de reloj esperando a que pase el autobús 492. El metro es otro problema: las tres paradas del centro histórico (Repubblica, Spagna y Barberini), llevan meses cerradas por obras y por un accidente en Repubblica en el que hubo heridos graves por culpa del hundimiento de una escalera mecánica. Acaban de abrir solo una.

"Basta ya con que somos la ciudad más bella del mundo. Estoy harto de presumir de Caravaggio. Menos Caravaggios y más metro

Todo en medio de una zozobra en la que las quejas de los vecinos se han vuelto costumbre. "Roma es Roma. Esta es la ciudad más bella", señala Luigi, un romano tipo acostumbrado al desorden y suciedad de la ciudad eterna. "Afecta a los barrios colindantes del centro histórico. Es ahí donde la situación es invivible", advierte Rebecca.

"Basta ya con que somos la ciudad más bella del mundo. Yo estoy harto de presumir de Caravaggio. Menos Caravaggios y más metro y una ciudad en la que poder vivir", dice Alberto, un romano de 52 años que mira perplejo, como todos, la escena de una gaviota enorme haciendo pedazos a una paloma sobre el capó de un coche en el barrio hebreo. Hay plumas y sangre por todas partes.

Las palomas antes eran un problema en Roma. Ahora son las enormes gaviotas que han tomado las calles al encontrar abundante comida en las bolsas de basura que afloran por toda la ciudad. Todo parece eterno aquí, hasta la suciedad.

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