EL PSOE SERÁ EL PRINCIPAL PARTIDO SOCIALISTA

Cómo Sánchez se convirtió en el principal líder socialista de la UE y por qué importa

La socialdemocracia europea continúa con su travesía por el desierto, pero en España encuentra un pequeño oasis que da al PSOE peso dentro de la UE

Foto: Pedro Sánchez charla con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. (Reuters)
Pedro Sánchez charla con Jean-Claude Juncker, presidente de la Comisión Europea. (Reuters)

Pedro Sánchez era la perfecta imagen de la socialdemocracia hace muy poco tiempo. Con unos pésimos resultados electorales, defenestrado por su propio partido y llevando al PSOE a una crisis existencial. Era el reflejo de una situación que se vivía en muchos otros lugares de Europa.

Los socialistas españoles no estaban solos. En Francia, tras el gobierno de François Hollande, el socialismo prácticamente ha desaparecido después de que Emmanuel Macron reventara el sistema de partidos tradicional. En Alemania, el SPD, una de las principales formaciones socialdemócratas de Europa, continúa en caída li re por sus coaliciones con la derecha alemana. Y en Italia, el PD sufría en marzo de 2018 una dolorosísima derrota que sacudió la política del país y llevó a la xenófoba Lega al Gobierno.

Todo pintaba mal para la socialdemocracia europea. Pero llegó junio de 2018. Con la moción de censura y la llegada de Sánchez al poder España se convertía en el principal país europeo gobernado por los socialistas. La familia política que en un pasado había controlado Alemania, Italia, Francia o el Reino Unido, además de España, aguantaba ya solo en un par de reductos: Portugal, donde gobierna con la extrema izquierda; Rumanía, donde su gobierno ataca el Estado de derecho; y Suecia, donde aguanta a duras penas tras las últimas elecciones. La llegada de Sánchez a Moncloa era un respiro.

España en este contexto era el único de los big four (los demás son Italia, Alemania, Francia, al descontar ya a un Reino Unido de salida) controlado por un Gobierno socialista. Y en la familia socialdemócrata europea se ha vivido con emoción la subida en las encuestas del PSOE desde que irrumpió en La Moncloa con la moción de censura.

No es casualidad que Frans Timmermans, vicepresidente primero de la Comisión Europea y que se presenta como candidato de los socialistas europeos para presidir la institución, haya elegido España como uno de los principales países que visitar y en los que participar en mítines. El holandés sabe que el votante español será clave.

Las encuestas para el próximo Parlamento Europeo ya situaban al PSOE como la principal fuerza dentro de la familia europea sin contar con el Partido Laborista, que finalmente participará en los comicios europeos por el retraso del Brexit.

Sánchez durante la celebración de la victoria electoral. (Reuters)
Sánchez durante la celebración de la victoria electoral. (Reuters)

Ser la principal delegación nacional dentro de un partido europeo tiene ventajas importantes: cuando en la Eurocámara se eligen cargos, como la presidencia del Parlamento, el portavoz del grupo o las presidencias de las comisiones, ser la principal delegación es clave a la hora de poner candidatos. De hecho el PSOE habría tenido opciones de liderar ya la bancada socialista europea en esta legislatura si no hubiera sido por las rencillas internas de la formación en Bruselas entre “sanchistas” y “susanistas”. El PSOE no será el único partido español con la oportunidad de liderar su grupo político: sin contar con los de Macron, que por ahora no se han decidido por ningún grupo, Ciudadanos puede ser la principal fuerza de los liberales europeos.

La elección de este domingo ha dado una mayoría holgada, aunque lejos de absoluta, al PSOE, y es la mejor noticia para la socialdemocracia europea en mucho tiempo: en Suecia solo han reeditado el gobierno con mucho esfuerzo, mientras en Portugal no atraviesan sus mejores horas y en Italia pelean por alcanzar el 20% de los votos en una crisis interna que les está llevando hacia una refundación.

Esto, más allá de la Eurocámara, importa sobre todo en otra institución: el Consejo Europeo. En él se sientan todos los líderes y es clave para elegir los principales puestos de la cúpula de la UE. En concreto proponen al Parlamento Europeo un nombre para la presidencia de la Comisión Europea, eligen los comisarios que conformarán el Ejecutivo comunitario y también escogen al propio presidente del Consejo.

En ese baile de sillas se tienen en cuenta dos cosas: nacionalidad y familia política. No se pueden acumular nombramientos de un mismo país y tiene que haber una proporción respecto a los partidos políticos. Que España sea el país socialista más grande dentro del Consejo le convierte en la voz cantante de su familia política, y moviendo bien los hilos puede permitirle al Gobierno conseguir una cartera importante para el comisario español.

Una oportunidad para el protagonismo

España tiende a esconderse en muchas ocasiones. Sigue las posturas defendidas por Alemania o Francia, pero no tiende a desmarcarse, tampoco ha mostrar un liderazgo destacado. Sánchez cuenta ahora con una importante oportunidad para liderar a la familia socialista y para aprovechar el peso que España tendrá en ella, pero la experiencia muestra que en muchas ocasiones estas oportunidades se pierden.

Sánchez a su llegada al Consejo Europeo. (Reuters)
Sánchez a su llegada al Consejo Europeo. (Reuters)

Por el momento el PSOE lo tiene todo a favor, pero es fácil que se escape el tren, porque los socialistas europeos son especialistas en ello. En 2014, tras unas elecciones europeas en las que la diferencia frente a los democristianos no fue demasiado amplia, los socialistas se conformaron únicamente con la presidencia del Parlamento Europeo, y ni siquiera para toda la legislatura, sino solamente hasta la mitad.

El aumento de importancia del PSOE dentro de los socialdemócratas europeos no servirá de gran cosa si España no asume el rol que le corresponde en estos momentos: con el Reino Unido en la rampa de salida e Italia paralizada por un terremoto político interno, a España le toca dar un paso adelante y participar de forma activa en una conversación europea que hoy está monopolizada por el eje franco-alemán y que tiene nuevos actores de peso, como los países nórdicos coordinados por Países Bajos, un grupo de pequeños Estados miembros que están logrando ser más influyentes que España.

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