DE CARA A LA CUMBRE DEL 10 DE ABRIL

La UE encara su debate interno ante la fase crucial del Brexit

Bruselas tiene miedo a un boicot interno del Reino Unido si la extensión es demasiado larga. Las capitales difieren sobre qué estrategia seguir en los días clave

Foto: Juncker y May durante la cumbre informal de Salzburgo. (Reuters)
Juncker y May durante la cumbre informal de Salzburgo. (Reuters)

Horas de tensión en la capital comunitaria. En la mañana del viernes Theresa May envió una misiva a Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo, pidiendo una prórroga hasta el 30 de junio. Minutos después el secretario general del Consejo se reunía con los embajadores permanentes de los Estados miembros ante la UE: su apuesta es una prórroga larga, de un año, que pueda cortarse en el mismo momento en el que Reino Unido haya aprobado el acuerdo del Brexit.

El debate es crucial para la Unión Europea, pero lo más importante, aseguran fuentes diplomáticas, es esperar. “Es urgente esperar y ver qué ocurre” en el Reino Unido, asegura una fuente diplomática. Otra llama a la cautela: esperan que pasen cosas todavía de aquí al día en el que se celebrará la cumbre extraordinaria, el próximo 10 de abril. En concreto creen que May seguirá intentando obtener la luz verde del Parlamento británico.

En Bruselas se sigue con especial expectación las conversaciones entre la primera ministra y el jefe de la oposición, Jeremy Corbyn, y esperan que ese diálogo llegue a buen puerto. En cualquier caso fuentes diplomáticas muestran su preocupación con que May pueda aparecer el 10 de abril con las negociaciones con los Laboristas bloqueadas y sin alternativas a la vista.

Las fuentes señalan que la UE quiere evitar a toda costa un no acuerdo, aunque hay países, liderados por Francia, que consideran que no se puede entregar un cheque en blanco a Londres, dándole un año más para aprobar algo que hasta ahora no han sido capaces de sacar adelante.

Aunque el diálogo político establecido por May genera algo de esperanza en la capital comunitaria, en los pasillos de Bruselas están ya curados de espanto, y esperan que las próximas horas puedan ser cruciales por muchas razones. Una es que la primera ministra pueda llegar el próximo miércoles al Consejo Europeo con una propuesta sólida para demostrar que hay un plan a seguir, otra opción es que vuelva a llegar con las manos vacía, que no sería ni la primera ni la segunda vez.

Bandera europea frente a Westminster. (Reuters)
Bandera europea frente a Westminster. (Reuters)

Cómo abordar la presión

Uno de los debates principales en estas horas cruciales es cómo abordar el juego de presión. Una serie de países consideran que dando una extensión larga al Reino Unido los diputados más conservadores y euroescépticos tendrán demasiada presión encima y preferirán votar a favor del acuerdo. Eso quizás pueda funcionar con los eurófobos conservadores, pero la experiencia indica lo contrario con los unionistas norirlandeses del DUP, que han mantenido su posición contraria a este texto en todo momento.

Otra corriente de capitales apuestan por la estrategia contraria: la idea y la amenaza de un Brexit sin acuerdo facilitará que los diputados más responsables y proeuropeos giren hacia el acuerdo para evitar una salida desordenada.

En cualquier caso el debate está totalmente abierto. Aunque hay un diálogo continuo a un nivel técnico y diplomático, varias fuentes insisten en que la discusión debe ser política, y que estará en manos de los líderes el próximo 10 de abril.

La extensión larga siempre ha preocupado a muchos en Bruselas, especialmente a la Comisión Europea y a Michel Barnier, negociador jefe para el Brexit. “A Barnier le inquieta, pero entiende que ante una realidad objetiva, que es que salga Reino Unido sin acuerdo, los políticos tienen que proporcionar una solución”, asegura una fuente diplomática.

Cómo gestionar una prórroga larga

Uno de los problemas que presenta una prórroga de un año lo ha señalado el propio diputado eurófobo Jacob Rees-Mogg: que el Reino Unido boicotee desde dentro el proceso de decisión de la UE, que se dediquen a vetar y a poner trabas a todos los procesos.

Esta es una de las cosas que más preocupan a los diplomáticos: ¿existe alguna forma de evitar que el Reino Unido pueda actuar de mala fe si se queda en la Unión Europea? Técnicamente los Tratados consagran la necesidad de una colaboración leal de los miembros del club, pero no encuentran ningún hilo jurídico del que tirar.

Tusk charla con May durante una cumbre europea. (EFE)
Tusk charla con May durante una cumbre europea. (EFE)

Lo ideal, señalan fuentes diplomáticas, sería algo parecido a como ha funcionado la UE durante el proceso de negociación: un marco privilegiado para los Veintisiete. Pero de nuevo, eso jurídicamente parece complicado. “Qué es lo que podemos hacer para que garanticemos que no nos vayamos a hacer daño”, esa es la cuestión, asegura la fuente.

El mejor ejemplo de lo que podría ocurrir es lo que ha pasado con el eurodiputado británico Claude Moraes, que llevó el dossier del asunto de los visados donde se hacía referencia a Gibraltar como una colonia: bloqueó el proceso desde dentro afectando a la posición que en un futuro tuviera la UE respecto al Peñón cuando el Reino Unido ya no forme parte del club. Y esa es una muestra de lo que puede ocurrir.

Donald Tusk también es consciente de las implicaciones que puede tener una extensión larga. El polaco ha sido el que más ha potenciado la posibilidad de prórrogas largas e incluso la permanencia final del Reino Unido en la UE. Y si finalmente Tusk ha apostado por una prórroga solo de un año, aseguran fuentes diplomáticas, es porque sabe lo problemática que puede ser una colaboración muy larga.

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