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"Casa gratis para seis personas": así digiere Alemania más de 11.000 refugiados al día
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"Casa gratis para seis personas": así digiere Alemania más de 11.000 refugiados al día

Miles de refugiados de la guerra de Ucrania llegan cada día a la Estación Central de trenes de Berlín, donde un ejército de voluntarios les ayuda a buscar casa particular o cómo seguir su trayecto hacia otros países de Europa

Foto: Voluntarios reciben a refugiados ucranianos en Berlín. (Reuters/Filip Singer)
Voluntarios reciben a refugiados ucranianos en Berlín. (Reuters/Filip Singer)
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Andén 14!", grita un hombre megáfono en mano.

Son casi las 19:30 de la noche del domingo y a Hauptbahnhof, la principal terminal ferroviaria de Berlín, acaba de entrar uno de la docena de trenes que llegan a diario de la vecina Polonia cargados de ucranianos que huyen de la guerra. Decenas de hombres y mujeres vestidos con chalecos naranjas se ponen en movimiento por los atestados pasillos de la Estación Central de trenes de la capital alemana. Algunos corren para llegar cuanto antes. Poco después, entre el griterío, empiezan a bajar por las escaleras del andén decenas de refugiados, hombres, mujeres y niños, cargados con sus maletas y los rostros cansados. Los voluntarios arropan de inmediato a los recién llegados y les ayudan a orientarse y entenderse si no hablan inglés. Una estampa que muestra cómo la invasión de Vladímir Putin está cambiando Europa.

No hay lugar en Alemania donde el drama ucraniano sea tan palpable como entre estas vías. Por el drama que traen los que llegan, pero también por la solidaridad de los que los reciben. Una acogida similar a la de 2015, cuando decenas de ciudadanos se agolparon en las estaciones para dar la bienvenida a los refugiados sirios con carteles de 'Refugees Welcome' —una crisis migratoria que luego favorecería el auge de la ultraderecha alemana—. Pero el simbolismo de esos cálidos gestos es particularmente potente en Alemania, un país marcado como ninguno por su pasado bélico y sus culpas colectivas. En el país desde el que se deportaba a los judíos a campos de exterminio nazi en los años cuarenta, mucha gente espera ahora al pie de los trenes para ofrecer su ayuda.

Foto: El ex primer ministro finlandés Alexander Stubb. (Reuters/Vincent Kessier)

Un ejército de voluntarios

En la Estación Central, eso se traduce en una ruidosa maquinaria de voluntarios funcionando a todo vapor, un despliegue anárquico que convive con las formas a menudo flemáticas de la burocracia germana. En una de las plantas de la estación, hay puestos con donaciones de ropa, otros con alimentos y artículos de primera necesidad. También espacios para niños y mesas con bebidas calientes para los recién llegados. Unos carteles traducidos al ucraniano explican dónde se puede obtener un test gratis de coronavirus. Si no fuera por algún viajero extraviado entre la multitud de cooperantes y refugiados, uno podría pensar, por un momento, que está en un improvisado centro de ayuda en Lviv u otra ciudad ucraniana lejos del frente.

Los voluntarios se pegan en la solapa esparadrapos con su nombre y siglas especificando qué idiomas hablan eng, rus, ukr y los trabajadores de los ferrocarriles alemanes, Deutsche Bahn, expiden billetes sin coste alguno para aquellos ucranianos interesados en continuar su viaje a otras ciudades alemanas u otros países europeos. A pocos metros de una carpa de la Cruz Roja alemana, decenas de ciudadanos ofrecen con cartones pintados a mano habitaciones en sus propias casas.

placeholder Escenas de la estación. (I. R.)
Escenas de la estación. (I. R.)

—¿Tienes espacio para diez personas? —pregunta frenético un voluntario a un hombre que ofrece alojamiento para seis personas en una localidad a las afueras de Berlín.

—Déjame que consulte con otros amigos —responde el hombre, y saca rápido su teléfono.

—Es solo por una noche.

—Puedo llevarlos hasta allá, pero tengo que ver aún cómo traerlos de regreso mañana.

—Vale, no te preocupes. Déjame que pregunte entonces a otros —dice el voluntario antes de sumergirse rápidamente de nuevo en la multitud.

placeholder Una mujer ofrece alojamiento para una mujer y su hijo. (I. R.)
Una mujer ofrece alojamiento para una mujer y su hijo. (I. R.)

Llevo siete días llorando

"Hemos podido ayudar a unas 19 personas", explica Matthias Blaschzik, de 32 años, quien se ha encargado en los últimos días de organizar alojamientos en casa de familiares y amigos, como el que ofrece para seis personas en Bronkow, una localidad ubicada una hora en coche al sur de Berlín. "Hemos ayudado a familias, también a varias personas que llegaban solas, entre ellas un estudiante africano", explica. Matthias lleva tres días acudiendo a la estación de trenes, cada jornada durante unas 10 horas. "Todo es provisional y un poco caótico, pero hemos podido ayudar a que no haya gente durmiendo en la calle. Ahora es tarea de las autoridades crear estructuras para que esto esté mejor organizado en los últimos días", considera.

"La ayuda directa y personal, acoger a alguien en casa, es mejor que donar dinero", cree también Andreas Handt, quien está en la estación con su mujer y su hijo pequeño para ofrecer una habitación para una madre con un niño o una niña.

"Crecí en el este de Alemania y sé cómo es la propaganda rusa", explica Steffi, una berlinesa de 50 años, que quiere acoger también a una madre ucraniana.

"Llevo siete días llorando y enfadado", cuenta por su parte Peter, un inmigrante eslovaco de 30 años que creció cerca de la frontera entre su país y Ucrania. "Quiero ayudar, aunque sea cargando las maletas de una señora mayor".

Miles de refugiados aguardan en la frontera polaca a ser evacuados

Berlín, al límite

El ejército de voluntarios contribuye a aligerar la carga de las autoridades, porque Berlín es en estos días una de las principales puertas de entrada para ucranianos en el que ya es el más vertiginoso desplazamiento de refugiados en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. La ONU estimaba que hasta el lunes 1,7 millones de personas habían salido de Ucrania. Un millón de ellos han cruzado la frontera hacia Polonia, desde donde muchos continúan su viaje hacia Alemania. Y el flujo hacia el oeste es constante.

"De momento, llega a la Estación Central cada dos horas un tren Eurocity de Polonia. En cada uno van entre 500 y 600 personas, así que podemos sumar una cifra de 3.000 o 4.000 personas", dice a El Confidencial el portavoz de Deutsche Bahn, Achim Stauß. "Y aparte tenemos trenes lanzadera que hacen el recorrido trayendo gente desde la frontera, desde la ciudad de Fráncfort del Oder, con unas 300 personas por tren", continúa sumando. "Esos 'shuttle' hacen seis viajes al día desde Fráncfort del Oder".

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Foto: I. R.

La Administración para Integración, Trabajo y Asuntos Sociales de la administración regional de Berlín informó de la llegada de unas 11.000 personas el sábado y otras tantas el domingo. "Estamos llegando al límite de nuestras capacidades", señaló la jefa de Gobierno de la ciudad, Franziska Giffey, en una entrevista con la cadena pública ZDF. El 'Land' de Berlín ha organizado un servicio de traslado a otros estados federales germanos para distribuir a los refugiados. El Ejecutivo central de Olaf Scholz y las autoridades regionales han prometido la ayuda de un país con suficiente músculo económico, y también con experiencia en la llegada de inmigrantes.

Mujeres y niños solos

Tatiana Zhukovskaya es una de las recién llegadas que aún no saben qué les deparará el destino. Esta ucraniana de 47 años ha encontrado refugio provisional con sus tres hijos menores de edad, tras una travesía de dos días relativamente sencilla en comparación con el infierno que están pasando otros desplazados. "He vivido toda mi vida en Kiev. Era una buena vida para mí, pero después empezó el caos", cuenta. "Entonces tomamos uno de los últimos autobuses que había en dirección a Europa".

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Foto: I. R.

Los cuatro pasaron una noche en Varsovia antes de embarcarse en un tren hacia Alemania, donde los recibió un compatriota instalado desde hace unos años en Berlín. Tuvieron que salir de su apartamento porque no había suficiente espacio, sin embargo, y trasladarse a un centro para refugiados. Ahora vuelven a menudo a la Estación Central para recoger donaciones. "No sabemos qué haremos ahora", lamenta, pero luego sonríe, quizá tras ver un gesto de preocupación en el rostro de este reportero: "Todo va a estar bien", dice. Entre todos los voluntarios, por un momento parece ser ella la que quiere infundir ánimo a los demás.

Andén 14!", grita un hombre megáfono en mano.

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