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A la cuenta de 10, entenderán por qué en Israel se toman tan en serio la hipnosis
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Licencia para hipnotizar

A la cuenta de 10, entenderán por qué en Israel se toman tan en serio la hipnosis

Según dicta la Ley de Uso de la Hipnosis, solo los dentistas, médicos y psicólogos clínicos licenciados pueden practicar la hipnosis en el territorio del país

Foto: Imagen de archivo de un reloj de bolsillo. (EFE/Iván Franco)
Imagen de archivo de un reloj de bolsillo. (EFE/Iván Franco)

En el país de Uri Geller, de la laxitud estética y de la cultura castrense, allá donde religión y Estado van de la mano y muchos creen en la reencarnación, la hipnosis es algo que se toma muy en serio.

El Ministerio de Sanidad de Israel considera que el hipnotismo produce "un estado único de conciencia que permite altos niveles de atención y concentración, además de una gran capacidad para filtrar estímulos irrelevantes”, de acuerdo con su página web oficial. La práctica, además de estar reconocida a nivel estatal, está estrictamente restringida. Según la Ley de Uso de la Hipnosis, solo los dentistas, médicos y psicólogos clínicos licenciados pueden hipnotizar. Quien viole esta ley es susceptible de ser multado, suspendido profesionalmente o, incluso, encarcelado.

Uno de los profesionales que ejercen la hipnosis es el psicólogo Shaul Navón, quien atiende en su clínica privada en el centro de Tel Aviv. El hipnoterapeuta se sienta en su buró, abre su agenda y describe sus citas de ese día: "En una hora viene una chica con tricotilomanía, que se arranca las pestañas. Usaré la hipnosis para mostrarle que sus manos pesan mucho, tanto que no puede levantarlas para arrancarse las pestañas. Seguramente baste con una sesión. Luego, viene una mujer que tiene fobia a las verduras, lacanofobia; hacemos ejercicios con esquirlas de verduras recubiertas de un queso crema, por ejemplo, y le enseño a dormir la boca para que a su lengua no le importe el sabor de la comida. Aún no va tan bien con ella, pero hay que seguir. Luego está la pareja que tuvo un accidente en coche, el niño que teme a la noche, la niña que no va al colegio… Nada de hablar. Nada de explicaciones psicológicas. Hipnosis".

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Shaul Navón. (Cedida)

Navón dice que la sugestión es una herramienta lo suficientemente potente como para tratar una enorme variedad de casos. Asegura que, por su eficacia, nunca ha hecho más de 12 sesiones con un paciente y considera que muy poca gente no es susceptible de ser hipnotizada. "De 15 pacientes solo hay uno al que no logro hipnotizar", asevera.

Por qué tanto misterio

Para ser una herramienta tan usada en Israel —y financiada por los fondos públicos de salud—, la hipnosis sigue estando envuelta en misterio. "Es porque la mayor parte de la gente recibe información sobre la hipnosis de películas y espectáculos", explica Udi Bonstein, reconocido terapeuta y psicólogo general del Centro Médico de la Galilea. "Según un estudio reciente de la industria cinematográfica, durante los últimos 70 años la hipnosis ha sido representada en un 75% de las ocasiones como un instrumento negativo y usado para cometer crímenes. En segundo lugar, aparece en comedias, en las que un adulto recibe sugestión hipnótica que lo devuelve a la infancia y no logra salir de ella, lo cual crea situaciones cómicas", indica el experto.

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Udi Bonstein. (Cedida)

Al tiempo que se legisló la hipnosis en Israel en 1984, se creó un comité que la regula y persigue tanto la negligencia profesional como su uso (ilegal) para el espectáculo. Los agentes de este cuerpo localizan a los infractores, entre los que se incluyen magos, médiums y otros a los que llaman "charlatanes" en sus documentos oficiales. Cuando identifican a sospechosos, informan a la policía y a la oficina del fiscal del Estado para detener la actividad y castigar a los responsables.

Esta actitud férrea suscita preguntas a algunos que desean ejercer la hipnosis sin contar con licencia israelí para practicarla —como psicólogos que aprendieron la práctica en el extranjero o enfermeros especializados, entre otros— y que entienden la legislación como una actitud más gremial que de verdadera protección al público. Sin embargo, tanto el comité como los profesionales entrevistados por El Confidencial señalan que la práctica negligente puede ser peligrosa. En sus directrices, la página web de Sanidad explicita que "la hipnosis no puede ser usada para controlar al paciente ni para obligarle a actuar en contra de su voluntad ni en violación de sus principios éticos".

El incidente

Durante los años setenta, un famoso ilusionista llamado Avshalom Drori —quien también era psicólogo— hacía espectáculos de hipnosis por todo el país. En la primavera de 1974, actuó en un colegio en la ciudad sureña de Dimona y allí hipnotizó a una adolescente llamada Yafa Suisa. La acostó sobre tres sillas y la indujo a un estado cataléptico. Retiró la silla del medio y ella permaneció tumbada. "Como un madero", explica Bonstein. "Para demostrar su éxito, Drori se sentó sobre ella. Imagina las connotaciones hoy en día, tras el MeToo, de un hombre sentado sobre una adolescente sin pedirle permiso. ¡¿Qué es eso?! Desagradable, humillante, ¿qué puede hacer ella, decirle en medio del espectáculo ‘oye, esto no me gusta’?", critica.

Una vez acabado el ',show', el ilusionista la despertó y ella regresó al público. Sin embargo, sus amigos dijeron que estaba rara y pidieron ayuda a Drori. Este la deshipnotizó de nuevo y aseguró que se le pasaría al día siguiente. Suisa se desmayó de camino a su casa y por la mañana ya no se comunicaba con nadie. Fue ingresada en estado de coma en el hospital Soroka. Y así permaneció durante una semana sin responder a ningún estímulo, hasta que los médicos recurrieron al psiquiatra Morris Kleinhause, presidente de la Asociación de Hipnosis, quien logró comunicarse con ella, hipnotizarla de nuevo y sacarla del trance.

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"Y así se usó el caso de Suisa para codificar la ley, para que nadie usase una herramienta así de fuerte con un individuo sin un contrato terapéutico para hacer de él o ella un espectáculo", indica Navón. Bonstein, por su parte, sugiere que la hipnosis en aquel caso probablemente reviviera traumas previos en la afectada de los que Drori no sabía nada, además de colocarla "en una situación muy incómoda con connotaciones sexuales que probablemente la hicieron entrar en una situación disociativa muy profunda, tanto así, que su vida estuvo en peligro". El psicólogo apoya la ley a pesar de sus imperfecciones, pero aboga por una ampliación de los profesionales que puedan usar la hipnosis, como enfermeros, matronas y trabajadores sociales.

Incluso el ilusionista más famoso de Israel, Uri Geller, se opone al uso de la práctica como espectáculo, a pesar de ser él mismo hipnotizador. El mago conocido por reparar relojes a distancia, doblar cucharas de metal y ser loado por la CIA por sus capacidades psíquicas, empezó a practicar la hipnosis cuando estaba en el Ejército y después estudió con el propio Drori. Sin embargo, el año pasado declaró en una entrevista al diario 'The Jerusalem Post' que la "hipnoterapia no debe ser usada como espectáculo (…) Pienso así porque he visto qué puedo hacer a la gente, y es increíble. Los pongo en trance y están a mi merced. Nadie debería estar a merced de nadie a través de la hipnosis".

La catalepsia en la que entró la joven Suisa es, a decir de Bonstein, el truco más sencillo. "La virtud de los magos es hacer creer al público que ellos crearon fenómenos que en realidad no crearon y trabajan dos pasos por delante, de modo que el público no puede relacionar los acontecimientos. Hay que tener en cuenta que no trabajan con cualquiera, sino solo con personas altamente hipnotizables y son expertos en distinguirlas de entre el público. Eligen a 10, invitan a subir al escenario a cinco y trabajan con dos. Esta adolescente era muy sugestionable", asegura el psicólogo, quien utiliza la catalepsia para ayudar a las personas con claustrofobia a entrar en aparatos de resonancias magnéticas o tomografías, por ejemplo.

Foto: Porvocar una catalepsia hipnótica a un sujeto, colocarlo entre dos sillas y subirse sobre él. Un clásico de los hipnotizadores de escenarios.

El psicólogo del centro de la Galilea cuenta que cuando empezó a aprender kárate hace 20 años y le pidieron hacer ‘squat’ (sentarse en el aire), él no conseguía hacerlo, dados sus casi 100 kilos de peso y lo mucho que le dolía. “Pero también era psicólogo y sabía de hipnosis; así que me coloqué en la postura e imaginé que los músculos de mis piernas eran como cemento y acero; cerré los ojos, me canté a mí mismo y sentí que mis piernas se endurecían. En un momento dado, abrí los ojos y vi que todo el 'dojo', las 30 personas que estaban, me miraba. Aparentemente estuve en la postura como 20 minutos, fue algo sobrehumano. Así me creé una catalepsia en las piernas", narra Bonstein.

Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis, empezó su vida profesional usado la hipnosis, pero la abandonó para centrarse en la transferencia —esto es, en el habla— cuando inventó su propio método terapéutico. Y si bien declaró públicamente que abandonaba la hipnosis, en realidad nunca lo hizo del todo.

En la actualidad, la mayor parte de los terapeutas no conocen de verdad la hipnosis, a decir de Bonstein. "Como hace 120 años Freud declaró que no se hace, eso se ha adoptado como axioma, pero creo que es más por ignorancia y prejuicio, y, consecuentemente, mis profesores trataron de disuadirme de seguir ese camino", indica. Pero si se tiene en cuenta que la hipnosis era el único medio anestésico hasta el primer cuarto del siglo XX, tal vez no habría que subestimarla.

¿O es 'temerla' el verbo correcto?

Descuidos y negligencias

Navón comparte el descuido de un colega quien hace no mucho tiempo se olvidó de deshipnotizar del todo a un paciente quien, al salir de la sesión, seguía con las piernas pesadas y casi no consiguió frenar su coche. "Si hubiera tenido un accidente, este colega va a la cárcel", asevera.

Por su parte, el doctor Alex Aviv, director del comité asesor del Ministerio de Sanidad, recuerda el caso de una paciente suya que requirió muchas sesiones tras intentar suicidarse metiendo la cabeza en el horno por una hipnosis que revivió un trauma sexual. "Porque hay charlatanes que hacen hipnosis con objetivo catártico y eso es grave y complicado", lamenta Aviv. El psicólogo dice que le llegan muchos casos con problemas provocados por hipnosis mal resueltas. "La reacción a una catarsis no es previsible sin buena dirección, por eso el tratamiento terapéutico es interpretativo, la relación de confianza con el terapeuta es imprescindible y la hipnosis es solo una herramienta para tratar el conflicto", agrega.

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Alex Aviv, director del comité asesor de hipnosis del Ministerio de Sanidad. (Cedida)

Aviv comparte otros casos, como el de una persona a quien devolvieron a través de la hipnosis a vidas anteriores y acabó encontrándose encerrada en un ataúd, lo cual le provocaba ataques de pánico: "Tuve que trabajar medio año para ayudarle. Fue a un hipnotista para intentar olvidar a su novia y el charlatán le dijo que en vidas anteriores tuvo un trauma similar y lo dejó atascado en un ataúd…". Y así, muchas más, asegura.

El cerebro hipnotizado

La experiencia que describen las personas que son hipnotizadas es que están dormidas sin estarlo. La imaginación se hiperactiva y los sentidos se agudizan. Y los estudios realizados a través de resonancias magnéticas funcionales (FMRI, por sus siglas en inglés), que escanean el cerebro al tiempo que se realizan acciones, indican que se activan diferentes puntos estando bajo hipnosis.

Uno de los experimentos más conocidos, según relata Bonstein, es mostrar una foto de un bolígrafo a los que entraban en el FMRI. Después, a través de audífonos, los hipnotizaban y les pedían que vieran en su mente un bolígrafo sin mostrarles ninguna imagen. "No había diferencia entre el bolígrafo que vieron realmente con el que imaginaron durante el estado hipnótico. Es decir, les crearon una alucinación", explica el psicólogo. Cuando les pidieron fuera del trance hipnótico imaginar el bolígrafo, se activaron puntos diferentes del cerebro.

"En el sueño no sabes que es un sueño, en la hipnosis sabes que no es verdad. Y eso me da un mar de posibilidades"

La conclusión es que el cerebro en situación hipnótica se comporta como si las cosas pasaran de verdad. “Desde el punto de vista de la experiencia, es como un sueño, pero no desde el punto de vista neurológico. En el sueño no sabes que es un sueño mientras lo tienes, en la hipnosis estás despierta del todo y sabes que no es verdad. Y eso, desde el punto de vista terapéutico, me da un mar de posibilidades. Si te sientas en el sillón de mi clínica, puedo trabajar tu fobia a volar como si estuvieras en el avión, pero no lo estás, porque te encuentras en un lugar seguro. Puedo devolver a la gente a situaciones duras que experimentaron en el pasado para intentar enfrentarlas nuevamente, pero de un modo mejor e incluso, y esto es increíble, te puedo trasladar a una situación futura, y esto es pura imaginación”, afirma Bonstein.

El psicólogo explica que ha tratado muchos casos de personas que tienen miedo al examen de conducción. El miedo, describe, es cometer un error, menor o mayor, y no poder continuar con el test porque una vez aparece la idea negativa en la cabeza, el cuerpo actúa en consecuencia, como si el peligro estuviera allí aunque no haya sucedido. Uno de los métodos que usa el profesional es recrear el examen en su consulta y cuando sucede un error, el examinador mira al paciente con una sonrisa y el examinado entiende que es un error que no lo hará suspender y puede continuar.

Pero la hipnosis de Bonstein no se queda ahí. "El examinado termina el examen y recibe un mensaje telefónico que le dice que ha aprobado. Entonces me escribe a mí un wasap y, en el trance, me lee lo que me escribe y también mi respuesta, un emoticono, una felicitación, lo que fuere. Y lo que sucede es que la experiencia impresa en el cerebro es como si eso hubiera pasado realmente. Creamos una memoria de algo que no pasó", describe.

Foto: La Torre Eiffel, iluminada con los colores del arcoíris. (EFE)

Lo cual puede ser muy problemático si no está reglado dentro de una terapia. E, incidentalmente, remite a los miedos más profundos de quien le teme a la hipnosis, aunque todos los expertos recuerdan que es solo posible activarla con la plena cooperación del hipnotizado. Es decir, no es posible que alguien con voz grave se siente a su lado en el autobús y finja estar contando un cuento a su hijo, por ejemplo, en el que se incluye una cuenta atrás y usted, con su bolsa de la compra, que lo está escuchando por casualidad, acabe hipnotizado.

La historia de Noam

La hipnosis es sugestión, un modo no intelectual de provocar un cambio en el comportamiento. Y eso fue lo que hizo un médico con Noam, un niño en el espectro del autismo, cuando tenía 10 años. "No era posible bañar ni duchar a mi hijo, si el agua le tocaba la cara empezaba a chillar como si le estuvieran matando”, explica Shai, de la ciudad sureña de Beersheva. “Tampoco podía caminar sobre la arena, solo comía espaguetis y otro montón de asuntos sensoriales. Un médico especialista en hipnosis me dijo que podría ayudar, pero solo si Noam cooperaba”, agrega.

El padre cuenta que le tomó una semana convencer a su hijo y que, cuando finalmente lo llevó a la consulta, el médico le pidió que se sentara cómodamente y subiera 10 escalones en su imaginación. “En el noveno tenía ya los ojos cerrados y no se movía”, relata Shai. “El médico le habló y le dijo que le había metido dentro del cuerpo un botón y le dio un nombre infantil, 'ton-ton'. Le indicó que cuando tuviera dificultades lo apretase. Así, el Noam niño podría hablar con el Noam adulto para averiguar cómo solucionar el problema”, añade. En ese momento el padre recuerda que el niño empezó a temblar y el médico dijo que parecía que el cuerpo no quería cooperar. Le indicó bajar las escaleras y lo deshipnotizó.

Así terminó su tratamiento, en una única visita. Shai cuenta que esa noche trató de bañarle, pero no lo logró, aunque sí al cabo de unos días. No solo eso, al poco tiempo lo apuntó a un curso de natación. Hoy en día, cuatro años más tarde, Noam sigue nadando, come mucho más que espaguetis, camina en la playa y su padre dice que es un niño nuevo. Sin embargo, cuando le habla del botón, no lo recuerda.

¿Miedo a las vacunas?

“Es interesante que las personas más inteligentes y con más imaginación son las más fáciles de hipnotizar, si bien se creía que cuanto más tontos más hipnotizables, pero no es así”, dice Alex Aviv,. Y los más fáciles de todos son los niños, según el doctor, quien tiene un trabajo pionero en verrugas virales. “El tratamiento es cruel para los niños, consiste en quemarlas y duele. Tuve un paciente niño con unas 160 de esas verrugas, y por medio de la hipnosis trabajamos con su imaginación y las hizo desaparecer”, asevera.

El método que usó fue contarle al menor que tenía en su cuerpo células malas y soldados que las pueden combatir y que él mismo era el comandante. Le instruyó en diferentes opciones para acabar con los malos —con láser, pistola congelante, etcétera— y el niño eligió su arma preferida. A la señal del doctor, el menor disparaba y así acabó con el agente invasor, según describe Aviv.

Foto: Una trabajadora médica recibe la cuarta dosis de la vacuna en Israel. (Reuters/Ronen Zvulun)

Por tratarse de un estado de concentración extrema, los terapeutas explican que los pacientes son muy receptivos a los nuevos estímulos. Y en estos tiempos pandémicos, la población con tripanofobia (fobia a las agujas), que es de hasta un 30% en los menores de 18, según la sanidad israelí, está en una situación particularmente vulnerable que la hipnosis puede solucionar, de acuerdo con sus partidarios. Aviv indica que el último caso que trató fue el de una joven que debía alistarse en el Ejército, pero no podía recibir las vacunas pertinentes y que cerca de una jeringuilla (incluso sin aguja) palidecía y tenía taquicardia. Pero esta joven, afirma el doctor, logró autohipnotizarse el día de la vacunación.

La autohipnosis, un chollo

Un violinista famoso, del que no sabremos el nombre por confidencialidad de su médico, siempre toca frente al público hipnotizado, un secreto que solo saben el doctor y el músico. Así lo relata Aviv, quien comenzó a tratarlo cuando el músico tenía 16 años y un miedo atroz al escenario, y quien hoy en día se autohipnotiza solo antes de actuar.

La dentista Ilana Eli ejerce hace 40 años y utiliza la hipnosis para relajar a los pacientes que lo necesitan o aquellos que no pueden o quieren recibir anestesia. “Es un proceso que requiere conocerse y confiar. En realidad, da mucho más trabajo que anestesiar. Por suerte, la mayor parte de la gente no se opone a la anestesia”, indica. El objetivo de Eli es que los pacientes se hipnoticen a sí mismos: “Les enseño a entrar y salir del trance, para que puedan ir a cualquier dentista del mundo. El poder lo tiene el paciente”.

La doctora describe cómo logra bajar la presión sanguínea con pura sugestión, por ejemplo, “porque el cuerpo sabe hacerlo si estimulamos de algún modo esos centros de control”, señala.

¿Descubre verdades?

Los expertos están de acuerdo en que se pueden descubrir cosas que ignorábamos a través de la hipnosis, sin embargo, “hay que tener en cuenta que en la hipnosis la imaginación juega un papel importante”, apunta Bonstein. “Yo haría una distinción entre el valor terapéutico del trabajo, que es muy eficaz, pero recordaría que es como un sueño. No vamos a discutir si un sueño es verdad o no. Es un sueño, contenido mental”, agrega. El psicólogo trabaja con ese contenido mental como metáfora. Sin embargo, a veces en la hipnosis existe la sensación de que lo alucinado es verdad porque el cerebro así lo siente, aunque no siempre lo sea.

La hipnosis tiene un valor metafórico, si crees que te quemaron en la Edad Media, no significa que de verdad pasó, pero significa algo

La reencarnación es una temática recurrente en el misticismo judío y también en interpretaciones populares actuales. Por tanto, también es un tema a tratar en las consultas de terapeutas e hipnotistas israelíes. “Y aunque no creo en reencarnaciones, puedo trabajar con ellas porque también son metáforas de algo”, explica Bonstein. Lo sospechoso de los muchos pacientes que ha tratado con respecto a este asunto es que, según él, cuentan las mismas historias con ligeras versiones. “Son los mismos arquetipos jungianos: estaban en el Holocausto, los quemaron y se acostaron con su hermana, son descendientes de Moisés y Abraham y se sientan al lado de Dios…”, enumera.

El psicólogo cuenta que, a pesar de los denominadores comunes y cierto narcisismo, si alguien dice que lo sacaron a la fuerza de su casa, o que fue Caperucita Roja sola en el bosque, “yo lo oigo como terapeuta, y entiendo la sensación de abandono. La hipnosis tiene un valor metafórico muy importante, si crees que te quemaron en la Edad Media, no significa que de verdad pasó, pero significa algo”.

La hipnosis se convierte en herramienta peligrosa, a decir de los expertos, porque puede modificar la memoria de los individuos, precisamente porque nuestra memoria es tan dinámica, se construye a sí misma; si algo no funciona, lo cambia, y si algo lo ignora, lo trata de suplir y nos lo acabamos creyendo. Y como decía George Constanza en 'Seinfeld', citado por Bonstein, “si crees lo suficiente en tu mentira, no es una mentira”.

En el país de Uri Geller, de la laxitud estética y de la cultura castrense, allá donde religión y Estado van de la mano y muchos creen en la reencarnación, la hipnosis es algo que se toma muy en serio.

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