El botón del pánico (constitucional) que ha puesto 'en pausa' la democracia en Túnez
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El presidente ha cesado al primer ministro

El botón del pánico (constitucional) que ha puesto 'en pausa' la democracia en Túnez

El presidente del país, Kais Said, toma el poder en Túnez, destituye al primer ministro y cesa al Parlamento

placeholder Foto: Manifestaciones en Túnez en favor del presidente Said. (Reuters)
Manifestaciones en Túnez en favor del presidente Said. (Reuters)

Casi fuera del ángulo de las cámaras, por la calle 8 de la piscina olímpica de Tokio se adelantaba el jovencísimo Ahmed Hafnaoui en la final de 400 estilos. Había conseguido clasificarse a los Juegos Olímpicos casi por los pelos, y pocos daban un duro por él frente a claros favoritos de Australia y EEUU. Entonces llegó la sorpresa, en los últimos 50 metros, y Hafnaoui se hizo con el oro, en una brillante historia de 'cenicienta' olímpica. "Es increíble. No me lo creía hasta que toqué la pared [de la piscina] y vi mi cara [en el marcador]". Sin apenas tiempo de disfrutar la celebración del imprevisto oro olímpico, el primero para Túnez en los Juegos Olímpicos de Tokio, apenas unas horas después el país entraba en 'shock' con el anuncio de la destitución de primer ministro y la suspensión del Parlamento. Y mientras el revulsivo de la celebración fue una medalla de oro, el del 'shock' ha sido un oscuro 'botón del pánico' en la Constitución tunecina que pone, al menos temporalmente, en 'pause' el único proceso democrático fruto de la conocida como primavera árabe.

El 7 de noviembre de 1987, el entonces primer ministro Zine el-Abidine Ben Ali depuso a Habib Bourguiba, padre de la patria tunecina y presidente eterno del país, en un hábil movimiento que se llamó "golpe constitucional". Casi cuatro décadas después, el actual presidente del país, Kais Said, ordenó por sorpresa la madrugada del domingo el cese del primer ministro, la suspensión del Parlamento, ha levantado la inmunidad a sus miembros y se ha arrogado todos los poderes. En los días siguientes ha cesado también a los ministros de Justicia, Defensa e Interior, y ha ordenado un toque de queda.

Ben Alí se apoyó en un informe médico que sostenía que el presidente era incapaz mentalmente de desempeñar sus funciones, como justificación para deponer a Bourguiba. En este caso, Said, experto constitucionalista, utiliza un polémico artículo de la Constitución tunecina de 2014 (pos primavera árabe), en un movimiento de complicada legalidad y que varios partidos del arco parlamentario —desde los islamistas de Ennahda a centristas o comunistas— han calificado como golpe de Estado. Varios partidos y elementos de la sociedad civil, como el mayor sindicato del país, han en cambio respaldado el movimiento para "salvar Túnez".

Foto: Protestas en Túnez, horas antes del cese del primer ministro. (Reuters)

El anuncio de Said juega en esa fina línea entre golpe y una amplia interpretación de un artículo de la Constitución, ya polémico desde que se introdujo en la carta magna, y que recoge que, "en caso de peligro inminente que amenace la nación, la seguridad o la independencia del país, el presidente de la república puede tomar las medidas necesarias por las circunstancias excepcionales tras consultar con el jefe de Gobierno y el presidente del Parlamento". El problema es que el artículo también requiere que el proceso sea revisado por el Tribunal Constitucional, que todavía ni siquiera existe.

En un ejercicio de funambulismo sobre los límites del texto del artículo, Said ha enarbolado la coyuntura de unas —violentas— protestas antigubernamentales este domingo como justificación de ese "peligro inminente" para la "existencia de la nación". Pero lo cierto es que el 'golpe de fuerza' de Said se veía venir desde hace meses, alimentado por tres frentes de crisis: el atasco político, la casi crónica crisis económica profundizada por una pobre gestión del covid-19 y tensiones geopolíticas regionales, apunta a este diario Haizam Amirah-Fernández, investigador principal de Mediterráneo y Mundo Árabe del Real Instituto Elcano.

Un 'golpe democrático' anunciado

La señal más clara de este 'golpe constitucional' anunciado fue la filtración, el pasado mayo al medio Middle East Eye, de un documento interno de la oficina del presidente en el que se estudiaba el escenario de una "dictadura constitucional" mediante, precisamente, el artículo 80 para "concentrar todos los poderes en manos del presidente de la república".

"[Desde hace meses] había indicios de pulsos entre el presidente y el poder ejecutivo y el legislativo, y que el presidente estaba adquiriendo una deriva de cada vez más hacia un régimen presidencialista con acumulación de poderes que no le otorga la Constitución de 2014", explica Amirah-Fernández. Hasta el momento, Said ha ordenado el cese de los ministros interinos de Defensa, Justicia e Interior, se han producido los primeros choques —aunque de momento de baja intensidad— entre partidarios del presidente y críticos frente al Parlamento, a donde se les ha prohibido el acceso a los diputados. Además, las fuerzas de seguridad tunecinas han entrado en la oficina local de la cadena catarí Al Jazeera y ordenado la evacuación de todos los periodistas.

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Tunecinos celebran el 'golpe de fuerza' de Kais Said en las calles de Túnez. (EFE)

"Túnez estaba alcanzando un punto de inflexión, de no retorno, de hartazgo. No estaba claro quién iba a tomar una iniciativa, pero algo iba a pasar", apunta por su parte Sergio Altuna, analista del mismo 'think tank' sobre la región y que ha residido casi una década en el país.

Desde principios de año, Túnez vive un bloqueo institucional después de que el propio presidente rechazara la formación de gobierno por lazos de algunos de los ministeriables con casos de corrupción. El primer ministro, el independiente Hichem Mechichi (elegido por el propio Said), tuvo que centralizar varios ministerios por no poder encontrar alternativas que recibieran el visto bueno del presidente. Paralelamente, Túnez se ve también afectado por las tensiones geopolíticas de potencias regionales, como Turquía (con el Gobierno proislamista de Erdogan), Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, añade Haizam Fernández.

La crisis política y económica, que ya arrastra casi 10 años y que se está cebando especialmente con el empleo y el turismo, se ha visto azuzada en los dos últimos meses la crisis del covid-19 en el país. La situación epidemiológica tunecina es "catastrófica", con una de las peores tasas de mortalidad del continente africano y una curva de contagios disparada. Un evento terminó por catalizar la ira de los tunecinos: en un ejercicio de amateurismo, hace poco más de una semana el Gobierno ofreció vacunación libre (sin turnos de edad y sin necesidad de cita previa) en centros del país el día del Eid al-Adha, fiesta del sacrificio, en la que las familias se reúnen en torno al sacrificio de un cordero. Se montó el pandemónium: colas kilométricas, aglomeraciones, disturbios, saqueos.

"Las declaraciones del presidente ya estaban previstas, iban a pasar con o sin manifestaciones"

La situación económica y del covid acabó provocando unas protestas el fin de semana pidiendo la dimisión del Gobierno y nuevas elecciones parlamentarias, y en las que se atacaron varias sedes del partido islamista y miembro mayoritario del Parlamento Ennahda, y que fueron la espita que Said ha esgrimido para sostener su movimiento. Sin embargo, apuntan los expertos consultados, ha sido la crisis política la que realmente ha empujado a Said: "Las declaraciones del presidente ya estaban previstas, iban a pasar con o sin manifestaciones, pero en cierta manera están más legitimados", señala Altuna.

¿Y ahora qué?

En las primeras horas desde el anuncio, centenares de partidarios del presidente salieron a las calles a celebrar la medida, entre la indignación de la mayoría de los partidos parte del Gobierno de coalición y del Parlamento. Un 'outsider' de la política tunecina y con una hoja de servicio hasta entonces "limpia" de corrupción, Said cuenta con cierta amplia popularidad, especialmente entre los jóvenes tunecinos (ganó la segunda ronda de las presidenciales con el 70% de los votos), por lo que este apoyo puede ser suficiente para aguantar los primeros embates tanto internos como presiones —de momento muy limitadas— internacionales.

"El presidente de la república concentra una de las visiones de cómo debe realizarse la transición posrevolucionaria, y también mucho apoyo, especialmente juvenil", explica Altuna. Por el momento, países como EEUU o Alemania han preferido o no pronunciarse ("estamos estudiándolo") o admitir que se trataría de una "amplia interpretación" de un artículo de la Constitución. La UE ha pedido que se regrese a "la normalidad" constitucional. La crisis económica, sin embargo, no va a desaparecer así como así se quede o no Said con el poder. Será clave en los próximos días el apoyo económico de actores como Arabia Saudí o Emiratos Árabes Unidos.

Por el momento, la coyuntura actual del coronavirus, con manifestaciones prohibidas y limitaciones del número de personas en espacios públicos parece favorecer una falta de reacción en las calles, aunque Said ya advertido que "se responderá con balas a cada bala". No parece que se vaya a llegar a tanto: el primer ministro suspendido ha aceptado el traspaso de poderes "pacífico" y el principal partido del Parlamento, Ennahda, ha asegurado este martes estar preparado para celebrar elecciones anticipadas con el fin de proteger la democracia y evitar un régimen autocrático. La pelota está en el tejado de Said: ¿celebrar nuevas elecciones o acaparar todo el poder en el tiempo?

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