Biden pone el G-7 de su lado frente al desafío de China
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Cumbre celebrada en Cornualles

Biden pone el G-7 de su lado frente al desafío de China

El presidente norteamericano no solo quiere imponer aranceles en una guerra comercial, busca unir esfuerzos con Europa para crear una estrategia concreta contra China

placeholder Foto: El presidente de EEUU, Joe Biden, durante la cumbre del G-7. (Reuters)
El presidente de EEUU, Joe Biden, durante la cumbre del G-7. (Reuters)

La cumbre del G-7, que ha concluido este domingo en Cornualles (suroeste de Inglaterra), ha sido denominada la cumbre de la pandemia. Con todo lo que eso conlleva. El coronavirus no solo ha causado ya cerca de 128.000 muertes a ambos lados del Atlántico, sino que ha puesto de relevancia el peso cada vez más importante de China en el tablero global. Por lo tanto, el objetivo de las siete democracias más ricas del mundo era garantizar su capacidad de influencia, una misión especialmente importante para los Estados Unidos, con el que el gigante asiático compite por hacerse con la hegemonía mundial.

El gran dilema, sin embargo, era encontrar el equilibrio adecuado entre la competencia extrema y la coexistencia cooperativa necesaria con el régimen de Xi Jinping para los desafíos globales, como el cambio climático. Este es quizás uno de los paradigmas de coexistencia más complejos de la historia reciente.

Aunque la Conferencia de Seguridad de Múnich ha decidido aplazar su edición de 2021, este mes publicó un informe completo sobre cómo las democracias liberales pueden "competir donde deben y cooperar con competidores donde puedan".

Foto: Una protesta contra el G7 en Cornwall. (Reuters)

El hecho de que Boris Johnson, en su papel de anfitrión en el G-7, planteara un grupo de trabajo sobre la delicada cuestión demuestra su relevancia y, al mismo tiempo, lo difícil que es alcanzar un consenso. A diferencia de Rusia, que es visto como un Estado activamente hostil que necesita ser tratado como tal, el 'premier' considera que con China se necesita un enfoque híbrido de rivalidad y cooperación. Es una visión compartida por el presidente del Gobierno italiano, el tecnócrata Mario Draghi, antiguo responsable de Banco Central Europeo (BCE) y actual presidente de turno del G-20.

Joe Biden, sin embargo, apuesta por una línea más dura. En muchos aspectos, se podría decir que el actual presidente norteamericano no difiere mucho de la línea mantenida por su antecesor, Donald Trump. Ambos comparten la opinión de que China no solo busca convertirse en el "taller moderno" del mundo, sino también en una alternativa ideológica activa al orden liberal.

Eso sí, la respuesta de uno y otro a este desafío es muy diferente. La política de Biden no pasa solo por imponer sanciones o aranceles en una guerra comercial, sino también por unir esfuerzos con Europa para poder competir, haciendo de la unión de Occidente un ejemplo más convincente para los países atrapados entre China y los Estados Unidos.

Foto: Charles Michel, Joe Biden, Yosihide Suga, Boris Johnson y Mario Draghi. (EFE)

En definitiva, mientras que Trump estaba obsesionado con la competición comercial —lo que llevó a crear grandes tensiones con la UE—, Biden está protagonizando su primera gira europea tratando de proponer a sus aliados trasatlánticos una estrategia creíble con la que desafiar el nuevo modelo capitalista del Estado chino.

En este sentido, el presidente norteamericano estaba especialmente interesado en que los líderes del G-7 no solo denunciaran los abusos de Pekín contra los uigures y otras minorías en la provincia de Xinjiang, sino que aceptaran actuar de manera coordinada.

Y ha conseguido su propósito, porque el G-7 (Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón, Canadá, más la UE) ha acordado lanzar un gran plan de infraestructuras que contrarreste el avance del gigante asiático. Se trata de la iniciativa Build Back Better for the World (reconstruir mejor para el mundo), para "responder a las necesidades en los países de ingresos medios y bajos", según informó la Casa Blanca en un comunicado. En definitiva, una clara respuesta al proyecto chino One Belt, One Road (una ruta, un cinturón), que pretende revitalizar la conocida como Ruta de la Seda mediante la modernización de infraestructuras y telecomunicaciones para mejorar la conectividad entre Asia y Europa.

placeholder El presidente de EEUU, Joe Biden, en la cumbre del G-7. (Reuters)
El presidente de EEUU, Joe Biden, en la cumbre del G-7. (Reuters)

Los 'sherpas' de la Administración estadounidense señalaron que no se quiere “forzar a los países a que hagan una elección”. “Es más una especie de reconocimiento de que todavía hay una brecha enorme de infraestructuras a nivel global”, explicaron a la prensa. Pero el contraataque es más que evidente.

Para Pekín, los días en que las decisiones globales son dictadas por un pequeño grupo de países hace mucho tiempo que acabaron, ya que considera que los asuntos mundiales deben gestionarse a través de la consulta con todos los países, sean grandes o pequeños. A través de unas declaraciones del portavoz de la Embajada china en Londres colgadas en su página web, el gigante asiático reiteró que “solo hay un sistema y un orden internacional en el mundo, el que tiene a las Naciones Unidas en su núcleo”.

La imagen victoriosa de Biden en esta cumbre contrasta con la que ha dejado Johnson. Su objetivo para esta puesta de largo como anfitrión en la era pos Brexit era demostrar que el Reino Unido, pese haber salido de la UE, sigue siendo un actor principal. Quería dirigir el debate hacia la recuperación económica ante la pandemia y la campaña de vacunación, en la que el Reino Unido lleva la delantera, habiendo suministrado la primera dosis al 75% de la población adulta y los dos pinchazos al 54%.

Foto: El presidente de EEUU, Joe Biden (i), y el primer ministro británico, Boris Johnson, en la cumbre del G7 en Cornualles (Reino Unido). (EFE)

Sin embargo, la cumbre del G-7 ha estado dominada por la gran polémica entre Londres y Bruselas ante los nuevos controles que hay que imponer tras el histórico divorcio, la denominada 'guerra de las salchichas'. Las reuniones bilaterales con los mandatarios europeos han sido muy tensas, especialmente con el francés Emmanuel Macron.

En este sentido, aunque Johnson quería estrechar los lazos con Biden, los rotativos han sacado a la luz las "reprimendas diplomáticas" de la Casa Blanca a Downing Street, advirtiéndole de que si no cumple lo pactado con la UE, no habrá acuerdo de libre comercio entre el Reino Unido y los Estados Unidos.

En la rueda de prensa en la que Johnson anunció el domingo las conclusiones de la cumbre, recalcó que las tensiones referentes al Brexit tan solo fueron una "pequeña parte de las discusiones" de los líderes de las siete democracias más ricas del mundo. El 'premier' prefirió centrarse en la donación del G-7 en el próximo año a los países en desarrollo de 1.000 millones de dosis de vacunas. Con la que, por cierto, buscan también contrarrestar la 'diplomacia de las vacunas' de Pekín y Moscú. La cifra parece generosa, pero, según la Organización Mundial de la Salud, son 10.000 millones de dosis menos de lo que se necesita para vacunar al 70% del mundo.

Foto: María Jesús Montero, ministra de Hacienda. (EFE)

En cualquier caso, la polémica en torno al Protocolo de Irlanda ha sido el centro de atención. La táctica del Número 10 pasa ahora por culpar a la UE de los grandes problemas (tanto políticos como logísticos) que existen en Irlanda del Norte, acusándola de no entender que la provincia británica forma parte del Reino Unido.

Sin embargo, fue Johnson quien acordó dejar Irlanda del Norte con un estatus diferente al del resto del país tras el Brexit, al negarse a permanecer en la unión aduanera. Como consecuencia, los productos que pasan ahora de Gran Bretaña (Escocia, Inglaterra y Gales) a Irlanda del Norte deben pasar por una serie de controles. Pero el Gobierno británico amenaza con no llevarlos a cabo y Bruselas advierte de que está dispuesta a tomar acciones legales e imponer aranceles.

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