La brecha de vacunación: 2.000 millones de dosis que son insuficientes
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LA INMUNIDAD DE 92 PAÍSES DEPENDE DE COVAX

La brecha de vacunación: 2.000 millones de dosis que son insuficientes

Los países con menor capacidad adquisitiva y productiva no obtendrán las vacunas contra el covid que necesitan hasta 2023 y mientras solo podrán proteger a un 20% de sus habitantes

Foto: Administración de una vacuna experimental respaldada por India. (Reuters)
Administración de una vacuna experimental respaldada por India. (Reuters)

Margaret Keenan, de 90 años, se convertía el 9 de diciembre en la primera persona del mundo en recibir la vacuna Pfizer contra el covid-19: un pequeño paso contra el virus y un gran paso para la esperanza de Occidente, donde la Unión Europea planea comenzar su proceso de inmunización a partir del 27 de diciembre. Después de una carrera a contrarreloj, ya se vislumbra la meta, aunque en muchos lugares del planeta corren con desventaja.

No habrá suficientes vacunas para la población mundial hasta 2023-2024, según estima un estudio de la Universidad de Duke, que recoge cada una de las reservas y adquisiciones de vacunas a nivel global, que ya se cuentan por miles de millones sin que ninguna de ellas haya completado aún los ensayos clínicos necesarios para su aprobación.

A día de hoy, más de 9.800 millones de dosis tienen ya un destino, pero tan solo 2.000 millones de ellas forman parte de la iniciativa COVAX, un proyecto codirigido por la Coalición para la Innovación y Preparación para las Epidemias (CEPI, por sus siglas en inglés), Gavi, la Alianza para la Vacunación, y la Organización Mundial de la Salud (OMS) con el objetivo de proporcionar acceso a la vacunación contra el coronavirus a las economías más vulnerables del mundo.

Hay al menos 92 países de renta baja y media-baja que se verán beneficiados por este programa en el que participan la mayor parte de economías pertenecientes a las Naciones Unidas y, sin embargo, sigue sin ser suficiente.

COVAX aspira a vacunar al 20% de la población de los territorios elegibles, pero para poder detener la propagación del virus es necesario que entre el 70% y el 80% de las personas se vacunen en un corto periodo de tiempo, como explica a El Confidencial el doctor Kakon Nag, CEO de Globe Biotech Limited.

Nag, que dirige el único proyecto de investigación de la vacuna contra el covid que se desarrolla actualmente en Bangladés y uno de los pocos presentes en los países más pobres, insiste en la importancia de la vacunación en masa lo más rápido posible, porque si se emplea demasiado tiempo “existe la posibilidad de contagio para los vacunados debido a la inactivación de la vacunación anterior”.

"Si se emplea demasiado tiempo existe la posibilidad de contagio para los vacunados por la inactivación de la vacunación anterior"

Para poder alcanzar este nivel de inmunización sería necesaria la producción y distribución de entre 12.000 y 14.000 millones de dosis de vacunas en tan solo un año, según estiman desde Globe Biotech, y esta necesidad choca completamente con la realidad y nuestra limitada capacidad de fabricación a nivel mundial.

“Estamos limitados en la cantidad de dosis de vacunas que podemos producir en un año y no es suficiente. Nunca antes habíamos intentado fabricar una vacuna para todas las personas del mundo al mismo tiempo y nuestra infraestructura de fabricación no está preparada para tal desafío”, señala a El Confidencial Andrea Taylor, subdirectora del Centro de Innovación en Salud Global de la Universidad de Duke. “Se necesitarán de dos a tres años para producir dosis suficientes y eso significa que, durante el primer año o dos, las dosis serán limitadas y la demanda superará la oferta”.

Es en este punto en el que los países ricos aprovechan su ventaja y se hacen con la mayor tasa de producción de las dosis del primer año, debido a su capacidad para invertir enormes cantidades de dinero público en el desarrollo y la adquisición de las vacunas.

Primer ensayo clínico en humanos en Soweto, Sudáfrica. (Reuters)
Primer ensayo clínico en humanos en Soweto, Sudáfrica. (Reuters)

Sin embargo, hay otros países que han logrado colarse en la competición gracias a la importancia de la ubicación de la fabricación. “Algunos territorios de ingresos medios-bajos han aprovechado su capacidad productiva para asegurar sus compras y favorecer a su región”, explica Taylor. Es el caso de la India, donde el director del Serum Institute se ha comprometido a reservar la mitad de su producción de las vacunas de AstraZeneca y Novamax para uso doméstico en su país, que actualmente asegura la vacunación del 55% de sus habitantes.

La fabricación local es también un factor decisivo para Nag, quien asume la imposibilidad de satisfacer la demanda mundial y ve en la vacuna bangladesí, que utiliza una tecnología ARNm similar a la de Pfizer y Moderna, una manera de “brindar apoyo adicional a las comunidades locales a un precio más barato que el de otros fabricantes”.

Pero la realidad es que la mayoría de los territorios sin capacidad adquisitiva tampoco cuentan con grandes infraestructuras de producción, por lo que se encuentran con una nueva barrera: la distribución.

"Las vacunas Pfizer y Moderna no van a disminuir la brecha de equidad. Ambas vacunas están dando prioridad a los países de ingresos altos"

“Las vacunas Pfizer y Moderna no van a disminuir la brecha de equidad. Ambas vacunas están dando prioridad a los países de ingresos altos en su distribución y ambas son difíciles de distribuir en países de ingresos bajos y medios”, señala Taylor. El problema de estas dos vacunas se encuentra en su refrigeración, algo para lo que no están preparados los lugares con menos recursos.

La respuesta a este inconveniente podría estar más cerca de lo que parece. Actualmente se están desarrollando al menos dos vacunas termoestables, una de las cuales se está probando en forma de polvo y la otra en forma de aerosol nasal. Desde la Universidad de Duke afirman que las están observando muy de cerca porque, aunque todavía se encuentran en las primeras etapas de investigación, “si tienen éxito, cambiarán las reglas del juego para la distribución en los países de ingresos bajos y medios, en particular en climas cálidos y áreas remotas”.

Pero, de momento y como alternativa para sortear los obstáculos actuales, Sudáfrica e India han impulsado una propuesta en la Organización Mundial del Comercio (OMC) para que se suspendan las patentes de cualquier tratamiento o vacuna contra el covid mientras dure la pandemia para reducir los precios de estos, una petición a la que se han sumado la gran mayoría de países con ingresos bajos.

La propuesta cuenta con el apoyo de organizaciones como Oxfam, Amnistía Internacional y Médicos Sin Fronteras, y desde la última señalan que, además de ofrecer un acceso igualitario al tratamiento y la vacunación, los Gobiernos tienen la oportunidad de “anteponer la salud pública y la vida de las personas a los intereses comerciales de las corporaciones farmacéuticas”, por lo que solicitan que apoyen la petición.

Desde la Comisión Europea, a quienes Médicos Sin Fronteras se ha dirigido en una carta abierta, han declinado la propuesta e indican a El Confidencial que, desde su punto de vista, “el sistema de propiedad intelectual no es un obstáculo para la accesibilidad de las vacunas o tratamientos. De hecho, es parte de la solución al desafío del acceso universal y equitativo a las vacunas y tratamientos de covid-19”, y lo ejemplifican con la colaboración sin precedentes para el desarrollo de vacunas y tratamientos: “Gran parte de esta respuesta rápida, como por ejemplo las vacunas basadas en la tecnología de ARNm, se basa en los conocimientos y la capacidad de investigación desarrollada a lo largo de muchos años con el apoyo de incentivos de propiedad intelectual”, señalan.

Mientras tanto, la carrera continúa, y llevar la vacuna a los países con menos infraestructuras sigue siendo un desafío tan difícil como su investigación. Así que, por el momento, la clave está en "dar prioridad a las poblaciones vulnerables en todos los países con las primeras dosis, para garantizar que los ancianos y los trabajadores de primera línea estén cubiertos en todas partes", como indican desde la Universidad de Duke, porque solo esto ayudará a reducir las tasas de mortalidad.

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