Sigue la recta final de las elecciones de EEUU con la 'newsletter' diaria América, 'all-in'
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ELECCIONES PRESIDENCIALES DEL 3 DE NOVIEMBRE

Sigue la recta final de las elecciones de EEUU con la 'newsletter' diaria América, 'all-in'

El Confidencial ha estrenado América, 'all-in', una newsletter diaria enviada desde Washington D.C con un análisis sobre los temas que pueden marcar las elecciones

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Sigue la recta final de las elecciones de EEUU con la 'newsletter' diaria América, 'all-in'

Quedan apenas 11 días para las "elecciones más importantes de la historia" de Estados Unidos, según sus protagonistas. En medio de una pandemia devastadora que ha causado ya más de 220.000 muertes y su consecuente crisis económica, el país se dirige a unos comicios marcados por una polarización y división sin precedentes. Los demócratas advierten de que un segundo mandato de Donald Trump podría ser la puntilla de la democracia estadounidense; los republicanos, con el presidente a la cabeza, aseguran que los demócratas arruinarán el país y lo convertirán en una Venezuela mucho más grande.

Para tratar de descifrar el rumbo del país, El Confidencial ha estrenado América, 'all-in', una 'newsletter' diaria enviada desde Washington D.C con un análisis sobre los temas que pueden marcar las elecciones. Suscríbete de forma gratuita escribiendo tu 'e-mail' en el siguiente formulario para leer, de un vistazo, todas las claves de unos comicios que no solo decidirán el rumbo de EEU, sino del mundo entero.

Aquí puedes leer las historias ya enviadas y, debajo, la última edición enviada a los suscriptores.

-El poder de los hispanos en Estados Unidos (jueves, 22 de octubre)

-Una foto con Donald Trump por 150.000 dólares (miércoles, 21 de octubre)

-En busca del trumpista perdido en Washington D.C (martes, 20 de octubre)

-El presidente y las mujeres (lunes, 19 de octubre)

-Mi viaje a la Casa Blanca (viernes, 16 de octubre)

-Uncle Joe, el candidato fantasma (jueves, 15 de octubre)

-El día que fui a comprarme un arma (miércoles, 14 de octubre)

-El Tribunal Supremo, antes y ahora (martes, 13 de octubre)

-Un país en el diván (lunes 12 de octubre)

-Los Estados Desunidos de América (viernes, 9 de octubre)

-¿Quién va a ganar las elecciones? (jueves, 8 de octubre)

-Bienvenidos a las elecciones más importantes de la historia (miércoles, 7 de octubre)

Dos calvos peleando por un peine

En varios momentos del debate me acordé de la definición de Borges de la guerra de las Malvinas: dos hombres calvos peleando por un peine. Sí, este asalto entre Trump y Biden fue mejor que el anterior; sí, pudimos escuchar las ideas de los dos candidatos; y sí, ninguno cometió un error garrafal. Pero voy seguir una línea argumental distinta al resto de crónicas políticas que vais a leer hoy y me voy a preguntar: ¿De verdad esto es a lo que ha quedado reducido Estados Unidos? ¿No tienen más que ofrecer?

Al final, os dejo una lectura para este fin de semana de un especial que hemos preparado sobre las consecuencias de las elecciones para el resto DEL mundo. Y un recordatorio útil y deprimente: este sábado cambian la hora. Buenos días, soy Carlos Barragán y esta es la decimotercera edición de América, ‘all-in’.

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Silenciar el micrófono de Trump cuando no es su turno fue la mejor idea de la noche. Gracias a eso, pude escuchar a ambos candidatos hablar, desarrollar sus ideas reposadamente y darme cuenta de que, si quería llegar hasta el final, tenía que abrirme una cerveza.

Empezaron por el covid. Trump volvió a pintarse como el líder que, al contrario que su rival, no puede quedarse en el sótano de su casa mientras arrecia la pandemia. También dijo que el virus estaba desapareciendo del país (es mentira. Al igual que en Europa está subiendo en muchos estados). Y Biden empezó contraatacando: “Cualquier persona que sea responsable de 221.000 muertes no puede seguir siendo presidente de los Estados Unidos”.

Por un lado, Trump fue Trump. El presidente, que necesitaba un urgente golpe de efecto, hizo caso a sus asesores y dejó hablar a su rival y no le interrumpió. Pero le volví a ver menos fresco que hace cuatro años. Sus ataques al ‘establishment’ han dejado de tener sentido. ¿Acaso hay alguien más ‘establishment’ que el hombre más poderoso del mundo? Además, saltaba de un tema a otro y hablaba de la supuesta corrupción de la familia Biden de una forma que solo sus seguidores más acérrimos podían seguir. Pero la peor noticia para el presidente fue que, aunque su rival no lo hizo muy bien, tampoco lo hizo mal. Y necesitaba que lo hiciera realmente mal para dar un vuelco a las encuestas.

Quizá el gran error de la campaña de Trump estos meses haya sido pintar a su rival como un hombre senil incapaz de recordar dónde vive. Es cierto que Biden está mayor, ha perdido agilidad mental y cada vez que acaba una frase su equipo respira aliviado. Pero también ha dejado claro que, aunque no sea muy brillante, demente no está. Todavía puede devolver algunos buenos golpes.

Trump: "Asumo todas las responsabilidades. No es mi culpa"

Los mejores momentos del candidato demócrata llegaron del enfado. “Angry Joe is the best Joe”, tuiteaba un periodista. Conforme avanzó el debate, se fue creciendo y cerró algunas ideas con un sonoro “C’mon man!”. Eso sí, a veces dio la impresión de que Biden solo tiene una cosa que ofrecerle al país: ser la antítesis de Donald Trump. Aunque quizá le valga para ganar.

La lucha por el peine llegó a su máximo esplendor en la sección de “seguridad nacional”, justo un día después de que el Departamento de Inteligencia y el FBI aseguraran que Irán y Rusia estaban interfiriendo en sus elecciones. Pues bien, se habló de todo menos de eso. Ambos se acusaron de corrupción y de estar vendidos a potencias extranjeras. Trump habló del hijo de Biden. Y el candidato demócrata de los impuestos del magnate y de su cuenta en China.

Tampoco se discutió sobre política exterior Ni Europa, ni China ni por supuesto Afganistán, Irak o Siria. Y me diréis: ¿Pero cómo van a hablar de política exterior con la que tienen allí montada? ¡Buen punto! Pero tradicionalmente este tercer debate se dedicaba a discutir sobre eso. Es una buena metáfora de la crisis interna que experimenta la mayor potencia del mundo.

Después, Biden le reprochó a Trump ser amigo de Kim Jong Un, el dictador de Corea del Norte. “Tener una buena relación con los líderes de otros países es una buena idea”, contestó Trump. Y Biden replicó: “Teníamos una buena relación con Hitler antes de que invadiera toda Europa”. Redutio ad Hitlerum. O la ley de Godwin de los debates presidenciales: si dejas a Trump y Biden discutir el suficiente tiempo alguno acabará mencionando a Hitler.

Pero, ¿sabéis qué? Quizá este debate no haya importado nada. Ya han votado 50 millones de personas (casi el 40% del electorado de 2016). Y si las encuestas no fallan como en 2016, Trump necesitaría que este debate hubiera cambiado de opinión a cinco millones de estadounidenses, según G. Elliot Morris, analista de datos de The Economist.

“Sabéis quién soy yo. Y sabéis quién es él”, dijo Joe Biden al final del debate, tratando de convencer a los votantes indecisos.

Efectivamente Joe, lo sabemos.

Lo que no sabemos es por cuál de las opciones se decantará la mayoría de votantes de EEUU. Trump repite una y otra vez que Biden, al contrario que él, es un hombre muy aburrido que adormecerá al resto del país. Él promete acción, ruido y emociones fuertes. Los demócratas justo lo contrario. Imaginaos, le dijo Obama el otro día a los ciudadanos de Pensilvania, qué bien se viviría en un país sin Trump como presidente, sin tener que verle todo el día en la televisión.

De eso van a estas elecciones, nada más. Ni nada menos. De si EEUU quiere seguir este show, cambiar de canal o apagar la televisión. ¿Queréis saber mi pronóstico? Me voy a abrir otra cerveza.

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