UNA EXPOSICIÓN DIFERENTE

La última cena: qué pide un condenado a muerte antes de morir

Hamburguesas, pollo frito, frijoles, pepinillos o una manzana. Esos son los alimentos que encargaron algunos presos antes de ser ejecutados y que una fotógrafa ha reunido ahora

Foto: Un condenado solo pidió un tarro lleno de pepinillos (Foto: Instagram/Parrish Art Museum)
Un condenado solo pidió un tarro lleno de pepinillos (Foto: Instagram/Parrish Art Museum)
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¿Qué pediría una persona para cenar sabiendo que es lo último que comerá en su vida? Es la pregunta que, un día, se hizo la fotógrafa Jackie Black y que le llevó a indagar en un mundo hasta entonces desconocido: el de las últimas cenas. El deseo que la mayoría de prisiones de los Estados Unidos conceden a los presos en las horas anteriores a su muerte.

Black ha estrenado una exposición en el Parrish Art Museum de Nueva York en el que expone las comidas que eligieron algunos de los condenados a la pena de muerte que fueron ejecutados a finales del siglo XX en Estados Unidos. Unas fotografías que van unidas a sus últimas palabras, que en algunos casos fueron de reconocimiento de la culpa y, en otros, de última declaración de inocencia.

David Wayne Stoker fue ejecutado el 16 de junio de 1997. Trabajaba como carpintero y operador de maquinaria pesada y aseguró antes de morir que él no había matado a nadie. Como última cena pidió algo muy americano: dos hamburguesas con queso, patatas fritas y helado.

¿Inocentes o culpables?

Anthony Ray Westley era un obrero que fue ejecutado el 13 de mayo de 1997. Sus últimas palabras antes de morir también fueron un alegato de su inocencia: "Quiero que sepan que yo no maté a nadie. Los quiero a todos". Para su última cena pidió pollo frito, patatas fritas y una rebanada de pan de molde.

Hamburguesas y pollo frito fueron algunos de los alimentos más demandados por muchos condenados a muerte para su última cena

Thomas Andy Barefoot murió ejecutado el 30 de octubre de 1984. Antes había trabajado en la perforación de pozos petrolíferos y aprovechó sus últimas palabras para pedir perdón: "Siento todo lo que le haya hecho a cualquier persona. Espero que me perdonen". Para su última cena pidió un plato con frijoles, arroz blanco y maíz dulce, además de galletas para acompañar la comida y un refresco.

William Prince Davis fue ejecutado el 14 de septiembre de 1999 tras cenar pollo frito, unas bolsas de aperitivos, pan y frijoles, regado todo con varias latas de Coca-Cola. Después, pidió perdón: "Me gustaría decirle a la familia lo mucho que siento en mi alma y en el fondo de mi corazón el dolor y la miseria que he causado con mis acciones".

Jeffrey Allen Barney fue ejecutado el 16 de abril de 1986. Antes de morir reconoció sus crímenes y pidió perdón: "Siento lo que hice. Me merezco esto. Jesús, perdóname". Antes, había pedido algo sencillo para su última cena: un brick de leche y una caja de cereales. Otros, como James Russel, también fueron frugales. Murió ejecutado el 19 de septiembre de 1991 después de pedir una única cosa para cenar: una manzana.

Jackie Black reconoce a la BBC que "si nos ponemos frente a esa comida, quizás podamos sentir cómo es esa experiencia". La fotógrafa cree que "tal vez podamos sentir empatía por la persona condenada" o, incluso, "podamos cuestionar nuestros propios motivos y complicidad con el sistema judicial".

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