reformas tras un referéndum clave

El arquitecto Putin y la transición del 'Gatopardo': pistas de la Rusia que viene

Nadie espera que el sucesor de Putin sea un liberal que abogue por acercarse a Occidente. El objetivo es lograr una transición del 'Gatopardo': que todo cambie para que nada cambie

Foto: Desfile del Día de la Victoria en Moscú. (Reuters)
Desfile del Día de la Victoria en Moscú. (Reuters)

No hizo falta que corriera mucho 2020 para que el año se perfilara como histórico para la Federación Rusa. Ya en enero, el Gobierno presidido por Dimitri Medvédev se hacía a un lado y era sustituido por un nuevo Ejecutivo que reestructuraba el equilibrio de fuerzas entre las élites del país. Un nuevo equilibrio en el que, por cierto, el claro perdedor era el sector más liberal. Inmediatamente después, Putin anunció el referéndum sobre un amplio paquete de reforma de la Constitución, disparando así las especulaciones sobre un hipotético comienzo del fin de la era Putin y una sucesión controlada. ¿Sería el nuevo jefe del Ejecutivo el futuro sucesor del presidente?

El nombramiento como primer ministro del exdirector del Servicio Federal de Impuestos Mikhail Mishustin (una figura poco conocida y sin carisma) confirmó sin embargo que, si la decisión sobre la sucesión se había tomado ya, se tardará quizás años en descubrir su identidad. Para bien o para mal, nada es nunca tan simple y directo en el Kremlin, cuyo hermetismo informativo poco tiene que envidiar al de otros países como China. Pero la celebración casi protocolaria —pero clave— de este referéndum, en medio de la pandemia de coronavirus y con la oposición desaparecida, puede dar algunas pistas de la Rusia que vendrá, con Putin como gran arquitecto de la reforma 'a lo Gatopardo'.

Se cree que el enorme paquete de propuestas que se votó y aprobó en referéndum el pasado 1 de julio fue redactado por un círculo cercano al presidente, en el más absoluto secretismo. Este incluye medidas sociales como indexar las pensiones al menos una vez al año, pero también ideológicas y de reforma institucional. Quizás el punto más sorprendente sea el de la inclusión de Dios en la Carta Magna como factor de unión del pueblo ruso. Si bien simbólica, su inclusión confirma el buen estado de las relaciones entre el Kremlin y la Iglesia ortodoxa, 30 años después de la caída de la Unión Soviética.

Pero además, el Consejo de Estado, un órgano meramente consultativo, verá su estatus recogido en la Constitución y tendrá voz en cuestiones de política exterior, un ámbito reservado tradicionalmente al presidente. La Duma (Cámara Baja del legislativo) también sale fortalecida, en gran medida a expensas de la figura del presidente, una medida que choca con la tan pregonada posibilidad de que Putin se mantenga en el cargo hasta 2036. Si Putin pretendiera mantenerse en el cargo, ¿qué necesidad tenía de debilitar su posición?

En una entrevista concedida a escasos días de la votación en la televisión pública rusa, el presidente afirmó que, de no reiniciar la cuenta de sus mandatos (permitiéndole presentarse a las elecciones en dos ocasiones más), en unos dos años, en muchos niveles del Gobierno todos estarían buscando sucesores en lugar de trabajar. "Tenemos que trabajar, no buscar sucesores", aseveró Putin.

La legitimidad del putinismo, en juego

Lo cierto es que la agitación que produjo la posible marcha de Putin empezaba a ser reminiscente del conflicto entre las élites rusas que se había producido hacía una década. De acuerdo con Pavel Salin, director del Centro de Investigaciones Políticas de la Universidad Financiera del Gobierno ruso, a comienzos de 2020, “una parte significativa de las élites rusas empezaba a percibir a Putin como un ‘pato cojo’”.

No, Salin no ha perdido los papeles, y esta expresión no es un descalificativo. El concepto de pato cojo (‘lame duck’, en inglés) se aplica en el análisis político a un presidente o primer ministro que se aproxima al final de su último mandato, y que, en consecuencia, es percibido como una figura con menor autoridad por las élites, que empiezan a implementar sus propias estrategias sin considerar la reacción del líder saliente. “Putin necesitaba este plebiscito para demostrar a las élites que aún goza de gran apoyo popular y mantenerlas bajo control”, afirma Salin a El Confidencial.

Vladímir Putin. (Reuters)
Vladímir Putin. (Reuters)

Alexei Panin, director de Urus Advisory, considera que son pocos los que entre las élites rusas quieren que Putin continúe en el poder. Ni los sectores más pro occidentales o liberales, ni el sector privado, contemplarían tal posibilidad con buenos ojos, dado que “en primer lugar, no se espera un acercamiento a Occidente mientras Putin gobierne, y en segundo, el clima de inversión es malo y los riesgos virtualmente prohibitivos”.

Panin añade que el pequeño pero influyente sector que sí anhela a Putin en 2024 e incluso 2030, es el de aquellos “siloviki' [hombres fuertes en el sistema] que se benefician del 'statu quo', o los presidentes de las empresas que se llevan la mayoría de los contratos públicos”. El claro mensaje es “todos quietos o no me voy a ningún lado”, y es difícilmente interpretable como otra cosa que no sea “un quinto mandato como castigo”.

Con un índice de aprobación rozando el 70% a principios de año, Putin pretendía zanjar el asunto de la nueva Constitución lo antes posible. Sin embargo, como a tantos otros líderes, la gestión de la pandemia y, en especial, las dificultades de los pequeños negocios rusos para sobrevivir al cierre, han llevado la popularidad del jefe de estado hasta mínimos históricos. Un matiz muy importante es que, de acuerdo con estos sondeos, la menor aprobación de Putin no se tradujo en un aumento de su desaprobación —que se mantiene en torno al 33%—, sino de los encuestados que se decantaron por la opción NS/NC.

En el sistema superpresidencialista ruso, la tasa de aprobación del presidente es uno de los elementos más importantes de estabilidad política. Vladimir Putin ha gozado de un apoyo considerable entre buena parte de la población de mediana y avanzada edad; lo cual no es óbice para que se silencie cualquier conato de protesta en el país, considerado siempre elemento desestabilizador. Pese a todo, ese alto porcentaje de NS/NC demuestra que las fuerzas democráticas al margen del sistema no han sabido capitalizar el descontento.

Suspenso a la oposición

La oposición rusa no ha dado una respuesta clara al paquete de medidas propuesto por Putin. Por un lado, el coronavirus ha sido el aliado del Kremlin en este respecto, pues las grandes concentraciones de personas estaban prohibidas temporalmente, evitando así eventuales protestase en las calles y plazas. Por el otro, la exhaustividad del paquete y la falta de claridad del presidente sobre su futuro complicaba aún más dar una respuesta al unísono. ¿Protestar contra la perpetuación de Putin en el poder? No hay garantías de que esto vaya a ocurrir. Entonces, ¿contra una votación adulterada antes incluso de que se produjera? No parece serio.

El partido Yabloko (‘manzana’, en ruso) presentó una reforma alternativa a la propuesta por el presidente en los parlamentos regionales donde tiene representación. Esta decisión tuvo un impacto simbólico y fue unilateral en tanto en cuanto no produjo reacción en el Gobierno y no se consensuó con otras fuerzas de la oposición.

El líder opositor ruso, Alexéi Navalni. (EFE)
El líder opositor ruso, Alexéi Navalni. (EFE)

Con respecto a cómo actuar de cara al plebiscito, algunos de los políticos más críticos con el Kremlin, como Alexei Navalny, Ilya Yashin o Lyubov Sobol anunciaron que no participarían en el plebiscito. Sin embargo, muchos otros hicieron pública su intención de votar en contra. Alexei Panin opina que “Navalny en particular no ha estado a la altura de las expectativas”. Panin explica que “tras el éxito de la estrategia de 'la abstención inteligente' en la campaña de 2018, se esperaba mucho más de él, aunque hay que reconocer que tenía pocas opciones. (…) Quizás el miedo a evidenciar su capacidad de movilización real le ha llevado finalmente a no implicarse demasiado en esta ocasión”.

La catarsis de la oposición, que en gran medida ha observado con pasividad e impotencia cómo se desarrollaban los acontecimientos, dejó indecisa a buena parte de la población, allanado el terreno al Gobierno. Precisamente, las críticas más sonadas han sido las de figuras ajenas a la política, como la del periodista Yuri Dud en su cuenta de Instagram, donde se refirió a la consulta como "una vergüenza" y consiguió rápidamente más de un millón de ‘me gusta’.

Un resultado anunciado e incertidumbre

Según datos oficiales, el paquete de medidas fue aprobado por un 77,93% de los votantes, con una participación del 65% y más irregularidades de las habituales. El apoyo fue casi unánime en regiones del Cáucaso Norte como Chechenia o Ingusetia, tal y como viene siendo habitual. Gracias a la connivencia de la oposición, el Kremlin ha pasado el test sin apuros y puede centrarse en asuntos más acuciantes. En Rusia, siguen detectándose unos 6.000 casos de coronavirus al día, y la magnitud real del cierre de negocios de los últimos meses aún se desconoce.

Será importante observar qué individuos del nuevo Ejecutivo logran más influencia sobre las decisiones del Kremlin. Andrey Belousov, nuevo primer viceprimer ministro, es conocido por haber tratado de recaudar 513.616 millones de rublos adicionales (6.372 millones de euros al cambio actual) para el erario público de los gigantes rusos de la metalurgia en 2018. Enfrentarse a un 'lobby' como este en la Federación Rusa es, cuanto menos, osado. Belousov será un contrapeso ideológico al ministro de finanzas, Anton Siluanov, partidario de una política monetaria más estricta y de dar mayor poder al Banco Central Ruso. Siluanov, que pertenece al bloque liberal, se opuso a los planes de Belousov en 2018 y propuso en cambio recurrir al fondo soberano ruso para la financiación de los proyectos nacionales con problemas.

Las decisiones económicas que se tomen en Rusia en los próximos meses condicionarán la vida de los rusos los próximos años. Como en el caso de Siluanov y Belousov, los tándems de individuos con propuestas contrarias y pertenecientes a 'familias' distintas que deben coordinar su labor en el Ejecutivo, son habituales bajo la dirección de Putin. La tendencia a colocar a un ministro de una familia, y nombrar sus subordinados entre los candidatos de otras, es una receta eficaz con la que el presidente se asegura que ningún individuo adquiere demasiado poder, pues ellos mismos están controlándose constantemente. Al mismo tiempo, esta es la principal razón por la que es tan arriesgado aventurarse a anticipar la línea política a seguir en Moscú frente a cualquier eventualidad.

Un futuro inmediato agitado

A juicio de Salin, no tendremos que esperar más de un año —año y medio a lo sumo— para presenciar el siguiente paso en el gran plan que llevará a una transición de poder controlada en Rusia. En primer lugar, una vez aprobada la nueva Constitución deben formalizarse los nuevos poderes del Consejo de Estado. “Una vez tome forma, entenderemos mejor cuál va a ser la relación de poder entre todas las instituciones cuando Putin no sea presidente”, y si alguna parece muy reforzada, quizás podríamos estar ante el futuro rol de Putin en este nuevo sistema. “Además, no puede descartarse que se produzcan elecciones parlamentarias anticipadas. Esto podría acelerar el proceso de transición, adelantando a su vez las elecciones presidenciales”, opina Salin.

Sea como fuere, lo que ocurre en Rusia tiene un impacto enorme en Europa en términos económicos, políticos e incluso de seguridad y defensa. Por supuesto, nadie espera que el sucesor de Putin sea un liberal que abogue abiertamente por un acercamiento a Occidente, pues el objetivo principal de la operación es lograr una transición del Gatopardo; es decir, “que todo cambie, para que nada cambie” y mantener el 'statu quo'.

Se avecinan transformaciones claves en Rusia y el único agente con capacidad real de influir el proceso y evitar que el futuro del país lo decida una camarilla de hombres de Estado en un despacho, es una oposición que ha suspendido su primer gran test en este proceso y de la que se esperaba mucho más.

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