El irreverente alcalde 'pirata' de Praga

Ricina, 'hackers' y una estatua: el presunto complot ruso para asesinar a un alcalde

Andrei Konchakov, empleado de la embajada rusa en República Checa, ha sido acusado de introducir ricina en el país para atentar contra el alcalde de la capital, el ‘pirata’ Zdenek Hrib

Foto: El alcalde de Praga, Zdenek Hrib, junto a la hija del opositor ruso Boris Nemtsov, durante la ceremonia de 'renombre' de la plaza. (EFE)
El alcalde de Praga, Zdenek Hrib, junto a la hija del opositor ruso Boris Nemtsov, durante la ceremonia de 'renombre' de la plaza. (EFE)

¿Cómo la retirada de un monumento de la Guerra Fría acaba en que el alcalde de Praga necesita protección contra envenenamientos? ¿Y cómo refleja eso la tensión en las relaciones entre la UE y el vecino ruso? Parece una novela de John LeCarré con una mala tarde, pero es el culebrón político que ha tenido en vilo a la prensa checa durante los últimos dos meses y que solo la pandemia de covid-19 ha conseguido relegar.

El pasado 4 de abril, en plena cuarentena, el Ayuntamiento de Praga retiraba el monumento homenaje al general soviético Ivan Konev, considerado un héroe de la Segunda Guerra Mundial en Rusia, pero de poco grato recuerdo fuera de ella al ser uno de los estrategas de la invasión de Hungría en 1956 o de las operaciones militares en Berlín durante la crisis del Muro de 1961. Para más inri, no solo se retiró la estatua sino que se rebautizaba la plaza homónima, situada en las inmediaciones de la mismísima embajada rusa, con el nombre de Boris Nemtsov, el opositor ruso asesinado en 2015 cerca del Kremlin.

El Ministerio de Exteriores ruso emitió una queja al Gobierno checo considerando un insulto la medida. El alcalde del distrito de Praga 6, el liberal Ondrej Kolar, denunciaba poco después haber recibido amenazas por parte de agentes rusos y temer por su vida. La policía checa acabó poniendo protección especial a este y al alcalde de Praga, Zdeněk Hřib, quien durante su primer periodo al frente de la capital checa ya ha pisado muchos callos diplomáticos, entre ellos chinos y ahora rusos.

El pasado 11 de mayo, el culebrón se complicaba. El semanario político checo 'Respekt' acusaba a un funcionario ruso Andrei Konchakov de haber introducido en el país ricina, un potente veneno, mediante valija diplomática. Su objetivo sería atentar contra la vida del regidor praguense y el resto de implicados en la decisión de retirar la estatua. La embajada rusa emitió un comunicado negando los hechos e incluso ha pedido protección policial para Konchakov, quien alegó en otro medio haber recibido amenazas por su parte y que su maleta solo contenía “desinfectantes y dulces”.

Según declaraciones de Hřib a la BBC en ruso, el propio alcalde había presentado una denuncia a las autoridades tras percatarse de que había sido seguido a su casa y ver a la misma persona "múltiples veces" cerca de su residencia. Aunque no quiso confirmar la existencia de dicho presunto complot para su asesinato, Hrib añadió que, en caso de que resultara muerto, "esto significaría que las agencias rusas han cruzado una línea roja".

La paranoia antirrusa en Europa Central

El primer ministro checo, el populista Andrej Babiš, dio una rueda de prensa para pedir a Moscú “que no interfiriese en los asuntos checos”. Durante la gestión del coronavirus y en su mandato, que comenzó en 2017, el líder checo se ha destacado por sus declaraciones euroescépticas y su apoyo en el Presidente de la República, el socialdemócrata Milos Zeman, considerado “prorruso” y “prochino” por sus detractores.

Sin embargo en esta ocasión el jefe de gobierno se desmarcó de esa línea para, al menos tímidamente, hacer frente al gigante ruso. A finales de abril, todavía en plena cuarentena y con los funcionarios praguenses ya con protección policial, las fuerzas de seguridad checas detectaron ciberataques a varios hospitales y equipamientos médicos, incluido el Hospital Universitario de Brno, el principal centro de investigación del país. La prensa los atribuyó a hackers rusos, con la consiguiente queja de la embajada.

Por otro lado, Chequia es uno de los pocos países del antiguo Pacto de Varsovia en el que el Partido Comunista sigue teniendo representación parlamentaria —15 escaños en un parlamento con un total 200 y 393.000 votos en 2017, un 7,7%—. Aunque no forman parte del Gobierno de coalición de Babiš, que conforman ANO —supuestamente de centro derecha— y los socialistas, sí que apoyaron su investidura.

El alcalde que desafía a Moscú y Pekín

Zdeněk Hřib, de 39 años, salió elegido en octubre de 2018 tras el pacto del Partido Pirata, de centro izquierda y al que pertenece, con varios partidos menores de nueva creación, como el liberal TOP09. En el año y medio que lleva en el cargo, se ha convertido en uno de los azotes del mencionado primer ministro, el populista Babiš, llamado ‘el Berlusconi checo’, apoyando las numerosas movilizaciones que piden su dimisión por escándalos de corrupción.

Al mismo tiempo, Hřib se las ha apañado para desafiar a China. El regidor praguense, médico de profesión, vivió en Taiwán cuando era estudiante y ha manifestado en numerosas ocasiones su apoyo a las aspiraciones del país asiático, violando la doctrina de 'una sola China'. El pasado 13 de enero, de hecho, recibía en Praga a su homólogo de la capital taiwanesa, el alcalde de Taipei, Ko Wen-je. También se ha reunido, en marzo de 2019, con el líder del Gobierno tibetano en el exilio, Lobsang Sangay, y ondeado la bandera de Tíbet en el ayuntamiento, una tradición que se remonta a la presidencia de Vaclav Havel y el fin de la Guerra Fría.

El alcalde Zdenek Hrib. (EFE)
El alcalde Zdenek Hrib. (EFE)

La estatua del general Konev

En cualquier caso, Hřib no es el denunciante de las supuestas amenazas, sino el alcalde del distrito de Praga 6, Ondrej Kolar, de TOP09. Según Kolar, todo comenzó tras el pasado 4 de abril, cuando en plena cuarentena se ejecutó la varias veces anunciada retirada de la estatua del general Konev. Situada en el barrio de Bubenec, este homenaje al militar ruso databa de 1980. En plana dictadura socialista de Checoslovaquia, se destacaba que Konev, al mando del Ejército Rojo, fue el primer militar aliado en entrar en la Praga liberada de los nazis el 9 de mayo de 1945. Pero también fue el estratega de la invasión soviética de Hungría en 1956 y el general que comandó los tanques rusos en la RDA durante la crisis de 1961 que llevó a la construcción del Muro. Desde 2018, una placa en el monumento recuerda estos últimos datos al visitante en checo, ruso e inglés.

La polémica por la retirada de la estatua se llevaba arrastrando desde que Kolar, en el mismo 2018, accediese al gobierno del distrito. El pasado 1 de noviembre, cuando el resto de República Checa y toda Europa Central y del Este celebraban los 30 años de la Caída del Muro de Berlín, el Partido Comunista checo llegó a organizar una manifestación junto a la estatua en defensa de su permanencia. La embajada rusa en Praga ya había emitido una queja ante el Gobierno checo por esas fechas cuando el Ayuntamiento aprobó la retirada del monumento.

Todo el barrio de Bubenec, por cierto, tiene calles y plazas dedicadas a personajes y eventos de la Segunda Guerra Mundial o la lucha contra el fascismo. La estatua de Konev se encontraba en la Plaza de las Brigadas Internacionales.

EEUU, UE y Rusia se vigilan por el rabillo del ojo

El pasado fin de semana del 24 de mayo los embajadores de la OTAN se reunían de urgencia ante el anuncio de EEUU de su salida del 'Tratado de Cielos Abiertos', que desde 2002 permite “promover la confianza y la previsibilidad” entre los movimientos militares de los países firmantes. Washington acusa a Moscú de saltarse el tratado con restricciones excesivas. Que afecten a la UE, particularmente, sobre el 'oblast' de Kaliningrado, encajonado entre las fronteras de Polonia y Lituania.

En los países del llamado Grupo de Visegrado, la preocupación por el nuevo imperialismo de Putin es una constante y un argumento político de peso

República Checa fue uno de los 10 países europeos miembros de la Alianza –España es otro de ellos– que firmó una declaración lamentando la decisión de EEUU pero asegurando “compartir sus preocupaciones” por los movimientos militares rusos. En los países del llamado Grupo de Visegrado —Polonia, Hungría, Chequia y Eslovaquia— la preocupación por el nuevo imperialismo de Putin es una constante y un argumento político de peso.

Frente al posibilismo del húngaro Orbán, que no tiene problemas en llamar a Putin su amigo y reunirse con él habitualmente, en Chequia y Polonia son habituales los ataques públicos a la antigua potencia ocupante, y la popularidad del mencionado presidente Zeman sigue sufriendo de las sospechas de 'rusofilia' que le atribuyen sus detractores.

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