POSIBLE ESCALADA MILITAR

Aliados, grupos 'proxy' y redes de influencia: cómo se puede vengar Irán de EEUU

Irán cuenta con una vasta red de aliados, células y grupos 'proxy' en todo el mundo capaces de llevar a cabo complejas operaciones de inteligencia, sabotaje e incluso terrorismo

Foto: Protesta contra Estados Unidos por el asesinato de Soleimani. (EFE)
Protesta contra Estados Unidos por el asesinato de Soleimani. (EFE)
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"Nos complace saber que su reino de terror ha terminado", se jactaba el presidente estadounidense Donald Trump tras la eliminación del comandante iraní Qasem Soleimani en el aeropuerto de Bagdad el pasado jueves. En EEUU, políticos, expertos y meros ciudadanos debaten enconadamente si la muerte del legendario líder de la Fuerza Quds —la rama del Cuerpo de la Guardia Islámica Revolucionaria encargada de las operaciones en el extranjero— supone un éxito de la Administración Trump o es una operación imprudente que amenaza con desatar un nuevo conflicto de gran alcance en Oriente Medio.

Trump, tal vez alarmado 'a posteriori' por las posibles consecuencias, ha tratado de rebajar el tono. "Actuamos anoche para detener una guerra. No actuamos para empezar una guerra", dijo el viernes, asegurando que no busca un cambio de régimen en Irán. Mientras tanto, los funerales de Soleimani se convertían en grandes actos de protesta que prometían represalias contra EEUU, y la hija del comandante asesinado le preguntaba entre lágrimas al presidente iraní Hasán Rohaní: "¿Quién vengará la sangre de mi padre?".

En una de las principales mezquitas de la ciudad santa de Qom ondea una bandera roja, que en la tradición chií simboliza tanto la sangre inocente derramada de forma injusta como un llamamiento a la venganza, algo que varios observadores consideran un indicio de que Irán se prepara para la guerra. El sábado por la tarde, los primeros cohetes caían cerca de la Embajada de EEUU en Bagdad y en la base aérea de Balad, que aloja tropas estadounidenses, hiriendo a varios soldados iraquíes.

Habrá respuesta, ¿pero cuál?

Según las fuentes de la reportera del 'New York Times', Rukmini Callimachi, las conversaciones entre altos cargos de la seguridad iraní interceptadas por los servicios de inteligencia estadounidenses muestran que los propios iraníes no saben muy bien qué hacer. Entre las opciones que se barajan están los ciberataques, las agresiones contra instalaciones petrolíferas y el personal y las legaciones diplomáticas estadounidenses, no solo en Irak, Líbano y Siria, sino también en Bahréin y Emiratos, así como el secuestro y la ejecución de ciudadanos estadounidenses. Lo único que está claro es que habrá una respuesta.

Por lo pronto, EEUU ha ordenado la evacuación de todos sus ciudadanos de Irak excepto el personal militar, así como el envío de 3.500 soldados adicionales a Oriente Medio. De acuerdo con la agencia Associated Press, el Pentágono se dispone a mandar una brigada del ejército al Líbano para proteger la Embajada. El Departamento de Estado también ha emitido una alerta de seguridad para los ciudadanos estadounidenses en Bahréin, Kuwait y Nigeria.

Las precauciones no son vanas: Irán cuenta con una vasta red de aliados, células y grupos 'proxy' en todo el mundo capaces de llevar a cabo complejas operaciones de inteligencia, sabotaje e incluso terrorismo. La guerra, de hecho, puede llevar algún tiempo en marcha: en mayo de este año, oficiales de inteligencia estadounidense ya advirtieron de que Teherán había dado luz verde a sus socios en Oriente Medio para que atacasen objetivos norteamericanos. "Los EEUU pueden destruir la armada iraní en un día, pero se encontrarán atacados por las redes 'proxy' en seis países", explicó entonces Michael Knights, analista de seguridad en el Washington Institute.

El teatro de Oriente Medio

Estos grupos respaldados por Irán en su entorno cercano son la opción más lógica para orquestar una represalia: están armados, bien motivados y dependen más o menos directamente de Teherán, a través de la Fuerza Quds. Irán cuenta con una decena de fuerzas 'proxy' en Oriente Medio: además de Hizbullah en Líbano, las fuerzas de seguridad iraníes han ayudado a crear la Fuerza de Defensa Nacional en Siria, un grupo modelado a partir de la milicia Basij del propio Irán. También son responsables del establecimiento de cuatro milicias en Irak (Harakat al-Nujaba, Asaib Ahl al-Haq, Kataib Hezbollah y la Organización Badr), una en Bahréin (las Brigadas Al Ashtar), otra en Afganistán (Liwa Fatemiyoun) y otra en Pakistán (Liwa Zaynebiyoun). Las dos últimas, formadas por chiíes marginalizados en sus países, han sido desplegadas en Siria.

Las razones para trabajar con estos grupos son claras: "Es relativamente barato equipar a las milicias, muchas de las cuales ya creen en la causa y están dispuestas a luchar y a morir", explica el analista Behnam Ben Taleblu del 'think tank' conservador Fundación para la Defensa de las Democracias. "La estrategia supone un bajo coste con un alto retorno de la inversión", asegura. Los beneficios quedaron claros tras la invasión de Irak, cuando Irán empezó a respaldar activamente a los insurgentes para hostigar a las fuerzas estadounidenses: según el Pentágono, los grupos apoyados por Teherán son responsables de la muerte de al menos 608 soldados estadounidenses entre 2003 y 2011. De acuerdo con un reciente estudio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales de Washington, el número de estos combatientes 'proxy' creció de 110.000 en 2011 a 180.000 en 2018.

Pero pese a la confusión respecto a las "milicias chiíes", no todos los grupos que forman parte de las llamadas Fuerzas de Movilización Popular —creadas en 2014 por una fetua del Ayatolá Alí Sistani para luchar contra el Estado Islámico tras la caída de Mosul— son leales a Irán. Muchas de estas agrupaciones tienen sus propios intereses y vínculos. Pero aquellas que sí dependen de Teherán poseen una fuerte motivación para luchar en sus guerras. Sus miembros viajan clandestinamente para recibir formación militar en secreto en Irán, que se ocupa de su bienestar y de sus familias, tal y como describe un extenso reportaje del periodista Borzou Daragahi. "Irán es nuestra madre", decía uno de estos combatientes en el citado artículo.

También se suele citar a los rebeldes huthíes de Yemen como una fuerza 'proxy' de Irán, si bien estos insurgentes son un grupo esencialmente local formado de manera autónoma al calor de la guerra civil. Lo que parece demostrado es que asesores iraníes y miembros de Hezbollah han proporcionado misiles y armamento avanzado a los combatientes yemeníes, y han ejercido su influencia para convertir una insurgencia tribal en una eficaz fuerza de combate, cada vez más sectaria y con un mayor peso político. Algo similar cabe decir de Hamás, que si bien ha sido financiada por Irán durante años —algunos estudios cifran este apoyo en hasta 300 millones de dólares anuales—, es una organización independiente que no recibe órdenes iraníes. Además, la guerra civil en Siria, en la que los islamistas palestinos se alinearon con los rebeldes anti-Assad, supuso una fractura con Teherán que no se cerró hasta finales de 2017.

El largo brazo de Hezbollah

En su historia interna del movimiento Hezbollah, el 'número 2' de la organización, Naim Qassem, afirma que la relación con Irán "se forjó a través de los esfuerzos del Partido de hacer uso de su innovadora experiencia en la región y para asegurar un campeón de la causa de hacer frente a la ocupación israelí". Pese a que el grupo trata de presentarse como independiente, la realidad es que Irán estuvo implicada desde el principio en su creación, estableciendo campos de entrenamiento en el Valle de la Bekaa durante la guerra del Líbano para formar a sus primeros combatientes. Según el Departamento del Tesoro de EEUU, Irán ha estado aportando 700 millones de dólares anuales a Hezbollah hasta que la presión de las sanciones ha obligado a Teherán a reducir su contribución.

La organización, en todo caso, cuenta con una potente red de apoyo entre la amplísima diáspora libanesa, dispersa por todo el mundo, que tiene como fin la financiación del grupo por medios tanto lícitos como ilícitos. Una gran parte de sus actividades tiene lugar en América Latina, como demuestra la detención de Assad Ahmad Barakat, el tesorero de Hezbollah, en Brasil en 2018. Según Edward Luttwak, del Grupo de Estudio de Seguridad Nacional del Pentágono, la Triple Frontera entre Brasil, Paraguay y Argentina supone la base más importante de Hezbollah fuera del Líbano.

Lo mismo ocurre en los Balcanes, donde Hezbollah tiene cierta implantación en Bosnia y, especialmente, Bulgaria, cuyas tres principales ciudades cuentan con células de la organización, de acuerdo con los analistas Kiril Avramov y Ruslan Trad. Sus integrantes han sido detectados identificando posibles objetivos israelíes en otros países, como Serbia. El riesgo se extiende también a Europa Occidental: un informe de los servicios de inteligencia de Alemania de 2017 aseguró que 950 miembros de Hezbollah operan en el país. Muchos expertos temen que, en caso de un conflicto con Irán, estas redes internacionales lejos de Oriente Medio puedan ser utilizadas como apoyo logístico para perpetrar atentados y acciones armadas.

Cooperar con "los oprimidos del mundo"

La Constitución promulgada tras la Revolución Iraní establece el compromiso de defender los derechos de los musulmanes y apoyar a los oprimidos "en cada rincón del planeta". Estas cláusulas, consideradas una justificación para la exportación de la revolución, son la base para la creación de la Fuerza Quds, la rama de la Guardia Revolucionaria encargada de las acciones en el exterior. "La clave es que la Fuerza Quds no actúa como una unidad militar normal. Hace de enlace con fuerzas militares o paramilitares en otros países para estimular su determinación, más que luchar en el frente", explica Michael Axworthy, director del Centro de Estudios Persas e Iraníes de la Universidad de Exter y autor del libro 'El Irán revolucionario'.

Pero además de enlazar con los grupos 'proxy', la Fuerza Quds también lleva a cabo atentados: tras una serie de asesinatos contra científicos nucleares iraníes, operativos de este grupo prepararon en 2012 atentados contra diplomáticos israelíes en lugares tan dispares como Nueva Delhi, Tiblisi y Bangkok. Tan solo el primero tuvo éxito, pero los otros fracasos se debieron más a la eficaz acción de varios servicios de inteligencia que a la falta de pericia de los iraníes.

Irán lleva décadas trabajando la creación de una extensa telaraña de influencias a través de sus embajadas, centros culturales y mezquitas en todo el mundo, desde Europa hasta Latinoamérica, el Sudeste Asiático o África Oriental, que a menudo funcionan como santuarios para sus operativos de inteligencia o como oficinas de reclutamiento de simpatizantes y agentes. Cultiva, además, la relación con minorías religiosas susceptibles de ser cooptadas —como los alauíes de Bulgaria, que suponen un pequeño porcentaje de los musulmanes de aquel país—, así como con la amplia diáspora iraní, no siempre compuesta por exiliados políticos.

El consultor de seguridad Douglas Farah ha documentado decenas de casos de ciudadanos de El Salvador, que tras haber participado en talleres "revolucionarios" en Venezuela, fueron seleccionados para asistir de forma secreta en Irán a cursos de formación en inteligencia, teología y retórica antiestadounidense. La cadena Univision desveló mediante cámara oculta en 2011 un programa similar para estudiantes mexicanos. "¿Cuál es la amenaza potencial? Que Irán esté creando un pequeño grupo de células durmientes a lo largo de la región con entrenamiento especializado que no son ciudadanos iraníes y por lo tanto sujetos a un escrutinio mucho menor por sus gobiernos y por EEUU antes de viajar aquí", declaró Farah ante el Comité de Seguridad Interior del Congreso en 2013. Algunos expertos, sin embargo, han restado importancia a esta amenaza.

En 2013, el fiscal argentino Alberto Nisman, —fallecido en extrañas circunstancias, que muchos relacionan con este asunto— publicó un informe de 500 páginas en el que denunciaba la "penetración estratégica iraní" no solo en Argentina, sino también en Brasil, Uruguay, Chile, Guyana, Paraguay, Trinidad y Tobago y Surinam, utilizando mezquitas, ONG y sus propias embajadas para reclutar y radicalizar a terroristas. América Latina parece haberse convertido en una de las principales áreas de expansión iraní en tareas de logística e inteligencia.

Bancos de Ecuador y Venezuela le sirvieron durante años a Irán para evadir las sanciones, y se han sucedido los escándalos sobre pasaportes de diversos países latinoamericanos que han acabado en manos de operativos iraníes o de sus grupos afines, como Hezbollah. Y aunque Nicolás Maduro no siente el mismo entusiasmo por Teherán que su predecesor Hugo Chávez, y varios líderes latinoamericanos favorables a Irán han sido reemplazados por otros menos amistosos, tanto los vínculos como las redes informales en la región siguen siendo significativos.

Irán no bromea

Durante décadas, Sudán fue la principal base iraní en África, a raíz de la invitación de los líderes islamistas que tomaron el poder en un golpe de Estado en 1989. Irán entrenó a las tropas y la fuerza aérea sudanesa, y la armada iraní solía atracar en Port Sudan. Israel atacó en varias ocasiones en territorio sudanés presuntos convoyes iraníes de armamento dirigidos a Hamás. No obstante, la creciente influencia de Arabia Saudí y los demás países del Consejo de Cooperación del Golfo llevó a las autoridades sudanesas a cerrar todos los centros culturales iraníes y a expulsar al agregado cultural y otros diplomáticos. Desde entonces, el continente africano ha sido un teatro secundario para Teherán, aunque en caso de conflicto podría ser escenario de ataques contra intereses occidentales. Tanto en 2013 como en 2016, las autoridades de Kenia actuaron judicialmente contra operativos iraníes acusados de preparar atentados en el país. El grupo ha creado, incluso, milicias no armadas en Nigeria y otros países.

La amenaza asimétrica que representa Irán es una realidad. Irán ha atentado repetidamente en países occidentales, o lo ha intentado, en los últimos años, a menudo —pero no solo— contra exiliados o enemigos políticos iraníes: tan solo en 2018, las autoridades de Alemania, Albania, Bélgica, Francia, Austria y Dinamarca detuvieron a operativos de la Fuerza Quds que presuntamente planeaban atentados en esos países. También ha tratado de hacerlo en EEUU en al menos dos ocasiones.

En 2007, las autoridades estadounidenses consiguieron abortar un plan iraní para volar las tuberías bajo el aeropuerto JFK en Nueva York, a través de una célula local reclutada en Trinidad y Tobago. Cuatro años después, agentes iraníes trataron de contratar a un sicario de los cárteles mexicanos para que asesinase al embajador de Arabia Saudí en Washington poniendo una bomba en el restaurante que solía frecuentar. El plan fracasó debido a que uno de los contactos de los iraníes resultó ser un informante de la DEA.

Pero en otras ocasiones estas tentativas han sido más exitosas: en 1996, un camión bomba en las Torres Khobar en Arabia Saudí acabó con la vida de 19 soldados estadounidenses e hirió a medio millar de personas más, un atentado del que la justicia de EEUU consideró responsable a Irán y a una organización local llamada Hezbollah Al-Hejaz. Y muchos investigadores creen que la bomba contra el avión de la Pan Am en Lockerbie en 1988, que mató a 259 personas y de la que se culpó a Libia, era en realidad una venganza iraní por el derribo accidental de un avión de pasajeros por el destructor estadounidense USS Vincennes ese mismo año. Varios altos cargos iraníes están también imputados por los atentados contra la Embajada Israelí en Buenos Aires en 1992 y la Asociación Mutua Israelita Argentina en 1994.

Algunas voces aseguran que Irán no tiene la capacidad para suponer una verdadera amenaza para EEUU. Quienes dicen eso no han estado prestando atención.

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