Ricos en cobre pero aislados durante años: ¿puede esta isla convertirse en el país 196?
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Bougainville vota un 97% por la independencia

Ricos en cobre pero aislados durante años: ¿puede esta isla convertirse en el país 196?

Bougainville, bajo el control primero de Australia y luego de Papúa Nueva Guinea, ha votado abrumadoramente por la independencia y puede convertirse en el país más joven del mundo

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Ricos en cobre pero aislados durante años: ¿puede esta isla convertirse en el país 196?

Una pequeña isla, de apenas 9.300 kilómetros cuadrados en el archipiélago austral de Melanesia, con una población de menos de 300.000 personas (población aproximada de A Coruña), bajo el control primero de Australia durante la época colonial y ahora dependiente del Gobierno de Papúa Nueva Guinea, podría convertirse en el país más joven del mundo, el 196 de la lista de las Naciones Unidas. Se trata de Bougainville, que en un celebrado referéndum ha votado abrumadoramente por su independencia del Gobierno central de Papúa Nueva Guinea (PNG).

Con apenas un PIB per cápita estimado de 1.000 dólares (al nivel de Eritrea o Nepal), una economía renqueante con poco acceso a las nuevas tecnologías y una historia marcada por una violenta guerra civil que los ha mantenido aislados durante décadas, la pequeña Bougainville no parece la mejor candidata para comenzar un camino hacia la independencia. Sin embargo, la clave está en la mina de Panguna y sus enormes reservas probadas de cobre (y oro), con un valor estimado de mercado de 60 mil millones de dólares y que han atraído ya en interés de potencias como China, EEUU o Australia.

Según los resultados del referéndum, celebrado durante 14 días, el 97,7% de los electores ha votado por la secesión. Un total de 176.928 personas votó por el sí a la independencia y 3.043 (1,68 % del censo) se inclinaron por una mayor autonomía, ha anunciado este miércoles la Comisión Electoral de Bougainville en la ciudad de Buka. El resultado ha sido celebrado con alegría y cánticos en las calles de la capital de la región autónoma: "¡Por fin!" y "¡La revolución está aquí!" han sido algunas de las proclamas.

Pero aunque casi el 98% de los electores de Bougainville han votado por la independencia frente a la opción de una mayor autonomía que ofrecía Papúa Nueva Guinea, todavía queda un largo camino que recorrer. Este referéndum, requisito prometido de los acuerdos de paz que pusieron fin a una sangrienta guerra civil, no es vinculante, y será el parlamento de PNG en Puerto Moresby el que tenga la última palabra. En declaraciones al anuncio del resultado en Buka (capital de Bougainville), Puka Temu, ministro de PNG para la isla, dijo que el resultado era "valioso", pero recordó a la multitud que el referéndum no era vinculante y que el PNG tenía la "autoridad final" sobre el resultado.

Autonomía versus independencia

"Estamos llenos de expectación y esperanza", ha declarado el presidente de la región semiautónoma de Bougainville, John Momis, tras conocerse el resultado de referéndum. "Si trabajamos juntos el resultado será bueno y oficial... Y más importante, generará una paz duradera".

El Parlamento y Gobierno papú ya se han mostrado más inclinados hacia la opción de una mayor autonomía, opción incluida en la papeleta del referéndum pero que no ha recibido apenas apoyo de la población de la isla, dejando Bougainville como una provincia. El Gobierno de PNG teme también que, si se acepta la independencia de Bougainville, eso genere un "efecto contagio" en otras regiones e islas del archipiélago.

Una votante en Bougainville. (Reuters)
Una votante en Bougainville. (Reuters)

Según analistas en la región del Lowy Institute, tras este resultado tan contundente, si Bougainville y el Gobierno papú no logran llegar a un acuerdo, se podría precipitar una nueva crisis regional.

No será fácil que el Gobierno central de su brazo a torcer, pues hay mucho en juego en la pequeña isla, una vez el motor económico de PNG pero ahora tremendamente dependiente de los fondos del Gobierno de Puerto Moresby. La clave son los enormes depósitos de cobre que posee la isla y que podrían, en los próximos años, ofrecer grandes beneficios una vez empiecen a explotarse.

Nacionalización de las minas

El pasado septiembre, el Gobierno semiautónomo de Bougainville presentó un proyecto de ley para renacionalizar sus explotaciones mineras —principalmente cobre, pero también oro y otros minerales—. Según el texto, que ha sido paralizado temporalmente mientras se celebraba el referéndum y ante la previsión de las negociaciones posteriores con el Gobierno de PNG, Bougainville retendrá un 60% de todos los proyectos de explotación en la isla y mantendrá todas las licencias de minería, dejando el 40% restante a los inversores interesados.

Aunque todavía no ha sido aprobado, esta propuesta dibuja un camino muy claro que pretenden seguir las autoridades de la isla y ha levantado ampollas en Papúa Nueva Guinea, que hasta ahora, como Gobierno central, tenían control preponderante de las explotaciones mineras, especialmente de la mina de Panguna.

La vieja mina a cielo abierto de Panguna, que tiene unas reservas estimadas de 5,3 millones de toneladas métricas de cobre y algo más de 500 mil kilos de oro, ha sido históricamente el centro del conflicto. Tras su apertura en 1972, generaba algo más del 45% de los ingresos por exportaciones de Papúa Nueva Guinea, entonces bajo control colonial de Australia.

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Con la independencia de Papúa en 1975, y el comienzo de la guerra civil en la isla en 1988, entre el Ejército Revolucionario de Bougainville (BRA) y las fuerzas del Gobierno de PNG, la mina de Panguna, foco del conflicto, tuvo que permanecer cerrada y sin explotar desde 1989. El conflicto se prolongó durante 10 años, cobrándose las vidas de unas 20.000 personas (un 10% de la población).

Con la firma del acuerdo de paz de Bougainville y la negociación posterior hacia la independencia, las autoridades de Bougainville confían en reabrir en todo su potencial la explotación minera y los recursos monetarios que promete. Pero sin la tecnología necesaria, advierten los expertos, no será fácil hacer rentable la explotación de las reservas de cobre, y Bougainville podría caer bajo la conocida "maldición de los recursos", propia de países africanos ricos en recursos naturales pero que no logran obtener réditos monetarios de ellos.

En el ojo de China, Australia y EEUU

Si finalmente la isla logra convertirse en un nuevo país, hay algunas potencias internacionales dispuestas ya a comenzar la inversión. Según la prensa local y australiana, algunos de los potenciales candidatos a presidir la joven Bougainville independiente han mantenido ya conversaciones con empresas chinas para negociar préstamos y acuerdos de construcción para un puerto, puentes, carreteras e incluso un aeropuerto.

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La vecina Australia, que cuenta ya con participación en una de las empresas mineras de la isla, está también siguiendo con detenimiento los desarrollos tras el referéndum, que le podrían colocar en una posición de ventaja en el acceso a la explotación de las minas, por encima de las hasta entonces favorecidos empresas papúes.

Pero no es solo la industria minera o las jugosas inversiones para reconstruir la isla. Su localización, en el cruce entre el Pacífico y el sudeste asiático, a medio camino entre el puerto australiano de Brisbane y la base militar estadounidense en Guam, Bouganville tiene también un interés estratégico. En el marco de la lucha por influencia entre China y EEUU, en los mares del sur, ambas potencias podrían tener interés en el joven país.

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