La Cámara Baja formaliza el 'impeachment'

"Luz y taquígrafos" en el 'impeachment' demócrata contra Donald Trump

La oposición demócrata ha subido su envite en el juicio político a Donald Trump. La Cámara Baja ha formalizado con una votación el proceso del 'impeachment'

Foto: Donald Trump. (Reuters)
Donald Trump. (Reuters)

La oposición demócrata ha subido su envite en el juicio político a Donald Trump. Lo ha hecho oficial, con su voto y su ceremonia, sus reglas, su hoja de ruta. A partir de ahora los testimonios podrán verse públicamente, igual que las transcripciones. Sabemos quiénes harán las preguntas, quién podrá presentar los cargos contra el presidente y qué derechos tendrán los abogados de este para montar la defensa.

"Lo que está en juego con todo esto no es otra cosa que nuestra democracia", ha declarado la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, antes del voto que ha formalizado el inicio del proceso de 'impeachment' contra Trump. Pelosi tuteló el acto, con la bandera americana al fondo, la estatua del águila calva y las 'fasces': símbolo, desde los antiguos etruscos, del poder político (y origen del término "fascista"). Una pompa destinada a subrayar el peso histórico del momento.

Los interrogatorios celebrados hasta ahora, que se habían dado a puerta cerrada y por conductos extraoficiales, han servido para convencer a los demócratas más dubitativos; aquellos que provienen de los estados clave del interior y que no tenían especial interés en poner todo el pellejo en juego contra el presidente. Al final se han sumado, como demuestra el voto: 232 papeletas a favor y 196 en contra. Una calcomanía casi perfecta de la distribución partidista en la cámara.

Poco antes de que se produjese el voto, los demócratas interrogaban, en las entrañas del Capitolio, al testigo número 16 del caso: Timothy Morrison, exdirector de asuntos rusos del Consejo de Seguridad Nacional. Morrison dimitió del puesto justo antes de comparecer a puerta cerrada. Según diversas informaciones, Morrison había expresado su preocupación acerca del comportamiento de Trump.

Casi todos los interrogados han corroborado las acusaciones contra Trump

De momento, todos los interrogados menos uno (Gordon Sondland, embajador de EEUU ante la Unión Europea, que estaría implicado) han corroborado las acusaciones: que Donald Trump, durante una llamada a su homólogo ucraniano, Volodímir Zelenski, el pasado 25 de julio, habría condicionado un paquete de ayuda al país a si este colaboraba en la búsqueda de trapos sucios de un ciudadano estadounidense, Joe Biden, rival de Trump y precandidato a la presidencia en 2020. Cuando Biden viajaba a Kiev durante la crisis de 2014, su hijo Hunter firmaba un contrato con una gasista local. Las acusaciones de corrupción vertidas por Trump al respecto no han sido probadas.

Uno de los testigos de la conversación entre Zelenski y Trump, el teniente coronel Alexander Vindman, veterano condecorado en la guerra de Irak y miembro del Consejo de Seguridad Nacional, declaró este martes que la Casa Blanca había eliminado partes importantes de la transcripción publicada. Vindman dijo que la llamada no le había parecido "correcta" y así lo hizo constar en los canales oficiales. Su impecable hoja de servicios hace de Vindman un objetivo más difícil de criticar por los republicanos, y podría ser llamado a comparecer, de nuevo, en público.

Las reglas aprobadas por los demócratas estipulan que el Comité de Inteligencia de la Cámara llevará a cabo la investigación y hará las preguntas; el Comité Judicial sería luego el encargado de imputar, si llega el momento, a Donald Trump. Luego el Senado, controlado por los republicanos, efectuaría el juicio político. La posible destitución del presidente requerriría al menos dos tercios de los votos; algo que, ahora mismo, resulta poco menos que imposible. Al mismo tiempo, los republicanos podrán llamar a sus propios testigos, que tienen que ser aprobados por los demócratas, y tanto Trump como sus abogados pueden estar presentes durante los interrogatorios.

Férrea defensa de los Republicanos

Los conservadores han montado una defensa con varios pilares. Por un lado tratan de desacreditar a los testigos, empezando por el informante original de la llamada. Por otro, acusan a los demócratas de saltarse los procedimientos oficiales y califican el proceso de "caza de brujas" para anular la justa victoria de Trump en 2016.

La hija y asesora del presidente, Ivanka Trump, citó a uno de los "padres fundadores" de EEUU, Thomas Jefferson, en una de sus cartas privadas. "... Rodeado de enemigos y espías que atrapan y pervierten cada palabra que cae de mis labios o fluye de mi pluma, e inventando allí donde les eluden los hechos". "¡Algunas cosas nunca cambian, papá!", apostilló, en Twitter, la hija del actual presidente.

Los republicanos tienen un fundamento en el que apoyarse. De acuerdo a una encuesta del New York Times y Siena College publicada este miércoles, el clima de opinión en cinco estados clave (Florida, Michigan, Carolina del Norte, Pensilvania y Wisconsin) está mayoritariamente en contra del impeachment a Trump. Aún así, la Casa Blanca ha formado un equipo dedicado evitar la posible, aunque de momento improbable, deserción de senadores republicanos. Son ellos quienes forman el muro de contención definitivo contra la posible destitución de Donald Trump.

Como 'hooligans'

El proceso refleja varias cuestiones de fondo. Una es la polarización de la opinión pública y de los partidos políticos que la representan. A diferencia, por ejemplo, del impeachment a Richard Nixon, donde, ante la gravedad de las acusaciones, una parte de su partido le dio la espalda, en este caso no parece que haya grandes dudas o posibles desafecciones: ambos bloques son como bandas de 'hooligans'.

Una segunda cuestión es el resquemor entre Donald Trump y las instituciones de su Gobierno. A la hora de la verdad, testigos como el teniente coronel Vindman o el asesor Timothy Morrison, además de los otros interrogados, se han quejado del presidente y han dado una visión que compromete su estatus dentro del Gobierno. Es decir, el recelo hacia Trump de los órganos de inteligencia es palpable.

La tercera cuestión son las ganas, o mejor dicho el apetito, el hambre voraz, canina, insaciable, que tienen los demócratas en este proceso. Lo indica la rapidez fulgurante con la que se está desarrollando. A modo de comparación: desde que The Washington Post destapó el escándalo del Watergate, en junio de 1972, hasta el inicio de la investigación en el Congreso, pasó más de un año y medio. Desde que conocimos la relación entre Bill Clinton y su becaria, Monica Lewinsky, hasta el comienzo del proceso, pasaron casi nueve meses. En el caso de Trump, 11 días bastaron para que la noticia de la llamada se transformase en un juicio político.

Es posible que la semana que viene sea llamado a comparecer John Bolton, exasesor de seguridad nacional de Donald Trump y testigo de la polémica llamada. La remesa de interrogatorios públicos, bajo las reglas recién aprobadas, comenzará a partir del 12 de noviembre. El resto del calendario queda por determinar.

Mundo
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios