"argelia no es una monarquía"

El régimen de Argelia se resquebraja ante la ola de protestas contra Bouteflika

Probablemente no es su final, pero sí el desafío más serio desde la guerra civil: el país del Magreb vive las manifestaciones más multitudinarias desde la independencia, que piden un cambio

Foto: Policías montan guardia mientras una mujer agita una bandera argelina durante una protesta en Argel, el 8 de marzo de 2019. (Reuters)
Policías montan guardia mientras una mujer agita una bandera argelina durante una protesta en Argel, el 8 de marzo de 2019. (Reuters)
Autor
Tiempo de lectura5 min

“La manifestación de los 20 millones”, la mitad de la población argelina. “Ellos tienen los millones, nosotros somos millones”. “Régimen asesino”. “Bouteflika lárgate”. “Argelia es una república, no una monarquía”. Con pancartas con estos eslóganes escritos o coreándolos, millones de argelinos, entre ellos numerosas mujeres, se echaron a las calles de las principales ciudades del país para exigir no solo la renuncia de su presidente, sino la caída del régimen.

“La calle ha zanjado: el sistema Bouteflika está acabado y la transición empieza ahora”, titulaba al caer la noche en su web TSA, el principal diario digital francófono argelino haciendo un balance de la jornada “histórica” de protesta. El régimen no parece aún del todo agotado, pero sí se está resquebrajando. Prueba de ello es que siete parlamentarios y miembros del Comité Central del Frente de Liberación Nacional (FLN), el antiguo partido único cuyo candidato presidencial es Bouteflika, presentaron ayer su dimisión. El alcalde de Constantina, la tercera ciudad del país, se incorporó incluso al cortejo de manifestantes.

Un puñado de imanes, todos ellos nombrados y remunerados por el Ministerio de Asuntos Islámicos, no pidieron ayer a los fieles en las mezquitas que rezasen por el presidente como suelen hacerlo cada viernes. A mediados de semana la poderosa Organización Nacional de los Muyahidines, que reagrupa a los excombatientes de la guerra de la independencia contra Francia, se alineó también con las reivindicaciones de la calle.

Desde hace casi tres semanas las protestas son constantes y los viernes son masivas. Las de ayer fueron, probablemente, por el número estimado de manifestantes, las mayores de la historia de Argelia desde la independencia, más numerosas que las de la efímera “primavera árabe” argelina en 2011 y que las de 1988 que marcaron el inicio en un corto paréntesis democrático. Lo cerró el golpe de Estado militar de 1992 y la consiguiente guerra civil larvada que opuso al Ejército y a las milicias islamistas.

Policías antidisturbios y manifestantes se enfrentan en Argel, el 8 de marzo de 2019. (Reuters)
Policías antidisturbios y manifestantes se enfrentan en Argel, el 8 de marzo de 2019. (Reuters)

Convocatoria por internet

La marea humana concentrada en la plaza de Correos de Argel y sus alrededores fue de nuevo convocada por desconocidos a través de las redes sociales que demostraron una impresionante capacidad de organización. Provistos de brazaletes verdes cientos de estudiantes ejercieron como un servicio de orden, otros jóvenes, con estudios de medicina o enfermería, atendían a los que se mareaban. Cuando las concentraciones se disolvían grupos de voluntarios limpiaban la calzada, según se observaba en retransmisiones en "streaming" efectuadas por los manifestantes.

Hubo también otros voluntarios para acercar al centro de Argel, en sus vehículos particulares, a manifestantes. Por razones no aclaradas, quizás simplemente porque estaba saturado, el transporte público en Argel, el metro y los trenes de cercanías, sufrieron ayer interrupciones que dificultaron el acceso al centro. De ahí que sea aún más llamativa la enorme multitud que finalmente se congregó allí.

Las manifestaciones fueron a grandes rasgos pacíficas en las capitales de provincias, pero en Argel grupos de jóvenes intentaron acercarse al palacio presidencial. Los antidisturbios se lo impidieron disparando granadas lacrimógenas y cargando. Un balance provisional señalaba dos heridos graves y decenas de contusionados.

Las movilizaciones del viernes son la respuesta popular a Bouteflika que presentó el domingo pasado su candidatura a un quinto mandato, es presidente desde veinte años, pese a estar gravemente enfermo desde que en 2013 sufrió un derrame cerebral. Está ingresado desde el 24 de febrero en la planta de privados del Hospital Universitario de Ginebra para someterse a un “control rutinario”, según la versión oficial, que se prologa desde hace doce días. Le acompañan en Suiza sus dos hermanos, Said y Nacer, a los que se atribuye una gran influencia sobre las decisiones que toma en jefe del Estado. La prensa suiza afirma que su estado de salud es muy delicado.

Unas protestas sin líderes

Para tratar de desactivar el enorme rechazo que inspira su candidatura, Bouteflika o su entorno acompañaron la presentación con una carta en la que promete no agotar su nuevo mandato presidencial y poner en marcha reformas. No surtió efecto. Abogados, médicos y, por supuesto, estudiantes, protagonizaron a lo largo de la semana sonadas manifestaciones. Cuatro días después, el presidente recurrió entonces a la amenaza en un comunicado en el que denuncia “elementos insidiosos, en el interior y en el exterior” del país que aspiran a provocar el “caos”.

Anticipándose a Bouteflika el jefe del Estado Mayor, el general Ahmed Said Salah, pronunció el martes un discurso en el que señalaba, sin precisar quiénes eran, a los que buscan “que Argelia vuelva” a los años de la guerra civil, pero recordó que el Ejército es “el garante” de la estabilidad. Hasta ahora la represión de las manifestaciones, llevada a cabo con cautela, ha corrido exclusivamente a cargo de las fuerzas del orden.

A diferencia de lo que sucedió, por ejemplo, cuando en el otoño de 2016 el Rif marroquí se rebeló y surgió un líder, en Argelia nadie capitanea las protestas. Los numerosos partidos de la oposición a Bouteflika apenas tienen arraigo porque el sistema político está diseñado para marginalizarles. Una treintena de formaciones opositoras legales, desde los islamistas moderados del Movimiento para la Sociedad y la Paz, hasta los laicos del Partido del Tabajo, se reunieron el jueves para intentar tomar iniciativas comunes más allá de publicar comunicados de respaldo a las protestas. A ellos se unieron algunas figuras independientes de reconocido prestigio como el abogado Mustafa Bouchachi, gran defensor de los derechos humanos. Por ahora, no se han puesto de acuerdo sobre un mínimo denominador común.

El Consejo Constitucional, el órgano que registró las candidaturas de los aspirantes a presidente –aunque la manipulación de las elecciones garantiza que Bouteflika será elegido- deberá pronunciarse el 14 de marzo sobre la validez de las solicitudes recibidas. Esa es la siguiente puerta de socorro por la que el régimen podría encontrar una salida a la crisis. Con cualquier pretexto el Consejo podría declarar no valida la candidatura de Bouteflika. Aun así las masas que recorren las calles de Argel probablemente no se conformarían. No solo exigen que el presidente de vaya sino que el sistema autoritario que encabeza se desmantele.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
6 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios