considera aceptables niveles que duplican los de la oms

Lo que no debe copiar Madrid: así lucha Bangkok contra su contaminación

La metrópoli asiática lleva días totalmente cubierta de 'smog'. Las autoridades están probando diferentes métodos para combatirlo... ninguno de los cuales está surtiendo efecto

Foto: Vista general de Bangkok cubierta por la contaminación, el 15 de enero de 2019. (Reuters)
Vista general de Bangkok cubierta por la contaminación, el 15 de enero de 2019. (Reuters)

Todas las mañanas, los monjes budistas en Bangkok, como en el resto de Tailandia, salen con las primeras luces del sol a hacer su ‘ronda de dádivas’ en la que normalmente reciben comida y bebidas de los fieles que encuentran por el camino para poder alimentarse ese día. Sin embargo, estos días los feligreses añaden un objeto poco habitual: máscaras para protegerse de la niebla de polución que se ha instalado en la ciudad desde hace varias semanas.

La capital tailandesa lleva varios días en alerta roja y la semana pasada se coló entre las 10 ciudades con peor calidad del aire del mundo. Como Madrid, Bangkok también se asfixia, como ha denunciado la ONG ecologista Greenpeace en ambas ciudades, y el gobierno tailandés busca medidas desesperadas para intentar reducir la cantidad de partículas peligrosas en el ambiente.

A principios de semana, el Departamento de Control de Polución anunció que intentaría provocar lluvia para aligerar la contaminación por partículas finas de menos de 2.5 micrometros (PM 2,5). La ciudad ha estado en niveles cercanos a 200 microgramos de estas partículas por metro cúbico durante varios de los últimos días debido a la concentración de vehículos contaminantes, la actividad de fábricas cercanas, las obras de construcción y la ausencia de viento y lluvia.

Tailandia tiene una larga historia con la lluvia artificial. En 1955, el entonces rey Bhumibol Adulyadej lanzó el Proyecto Real de Lluvia Artificial con el objetivo de aliviar las dificultades de algunos de los campesinos del país que sufrían las periódicas sequías en el país. El sistema, que fue patentado por el propio rey, se basaba en tres etapas; primero se forman nubes con químicos, después se aumenta el tamaño de las nubes y se desplazan, y luego se “ataca”, según el término utilizado por Bhumibol, también con químicos para provocar la lluvia. “La lluvia artificial es como un barco de guerra: primero lanzas el misil lejos, y después más cerca para alcanzar de forma apropiada tu objetivo”, aseguró Bhumibol en 1986.

Sin embargo, algunos expertos han denunciado que los esfuerzos para provocar lluvia en las condiciones climatológicas actuales son “inútiles”, porque el ambiente está demasiado seco. “Están intentando crear lluvia pero no funciona porque la metereología no es la adecuada”, asegura Sonthi Kotchawat, un experto independiente en salud medioambiental. Tailandia se encuentra actualmente durante la época seca del año, que va de noviembre de a mayo, en la que las lluvias son escasas, lo que ayuda a la acumulación de este tipo de partículas. El ambiente suele estar más limpio durante la época de monzones, ya que las lluvias diarias arrastran la polución.

Un dron dispersa químicos para luchar contra la contaminación en Bangkok, el 22 de enero de 2019. (Reuters)
Un dron dispersa químicos para luchar contra la contaminación en Bangkok, el 22 de enero de 2019. (Reuters)

Un problema cotidiano

En otro intento desesperado, el Gobierno está también dispersando agua en el ambiente para reducir la concentración de partículas, con camiones cisternas e incluso con drones. “Es casi imposible [que funcione], ya que el tamaño de las gotas es demasiado grande para capturar el PM2.5”, asegura Somnuck Jongmeewasin, un especialista en medio ambiente de la Universidad tailandesa de Silpakorn. “Y necesitarían al menos 10.000 difusores que trabajaran todos al mismo tiempo en Bangkok. Sólo la lluvia natural puede ayudar, pero no hay en este periodo del año”, continúa.

Además, mientras que en Madrid se ha puesto en marcha el plan ‘Madrid Central’ para mejorar la calidad del aire, el gobierno tailandés no ha anunciado de momento ninguna medida similar para reducir el número de vehículos contaminantes, denuncia Somnuck. Además, el académico pide que se regulen mejor los grandes proyectos de construcción para que no haya demasiados en marcha al mismo tiempo. En los últimos años la junta militar que gobierna Tailandia desde 2014 ha lanzado un programa de infraestructuras para modernizar el país y en la actualidad hay varios proyectos de trenes elevados y subterráneos que se están construyendo en Bangkok.

La contaminación no es algo nuevo en la ciudad asiática pero se ha incrementado durante los últimos dos años debido al crecimiento económico del país, con picos durante los meses de diciembre a febrero. “Hay problemas a lo largo de todo el año y cerca de las carreteras siempre hay niveles por encima de los considerados como peligrosos por la OMS”, asegura Witsanu Attavanich, profesor en economía de la universidad de Kasetsart que lleva años investigando este fenómeno.

La Organización Mundial de la Salud considera que el nivel seguro de PM2,5 debe situarse por debajo de 25 microgramos por metro cúbico. Sin embargo, Tailandia considera que niveles por debajo de 50 son seguros, mientras que por encima de 150 son dañinos para la salud para la población en general. “Es normal que en los países en desarrollo se aumenten los niveles”, asegura Witsanu. “Tomar las medidas necesarias para reducirlo es costoso y afecta a la competitividad. Se pone el beneficio económico por delante”, continúa.

Para Somnuck, el gobierno debería repartir máscaras a toda la población e instruirles sobre cómo utilizarlas de forma correcta. “El PM2.5 es peligroso para la salud humana. Causa efectos crónicos y agudos en los sistemas respiratorios y cardiovaculares tanto a corto como a largo plazo”, asegura Somnuck. Al menos dos escuelas que se encuentran cercanas a grandes avenidas con mucha circulación cerraron durante esta semana, ya que algunos de sus alumnos estaban presentando síntomas de enfermedades relacionadas con la polución, como fiebres, dolores de cabeza y de garganta. Según la Organización Mundial de la Salud, la polución causa 8 millones de muertes prematuras cada año.

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