tiene los días contados por el plan de syriza

Los últimos reductos de la sharía en Grecia: presión para acabar con la ley islámica

El sistema legal griego admite la ley islámica desde hace un siglo para disputas civiles pero, aunque no convence a nadie, ni siquiera a la minoría musulmana, acabar con ello es terreno minado

Foto: Un musulmán residente en Grecia lee el Corán antes de la oración del viernes en una mezquita no oficial en Atenas, en febrero de 2017. (Reuters)
Un musulmán residente en Grecia lee el Corán antes de la oración del viernes en una mezquita no oficial en Atenas, en febrero de 2017. (Reuters)

Grecia es uno de los pocos lugares de la Unión Europea donde la sharía se aplica de forma legal para resolver disputas civiles entre miembros de la minoría musulmana. Pero incluso aquí, la ley islámica tiene los días contados. El motivo, sin embargo, no es una movilización social o un acto de concienciación masivo, sino una herencia.

Chatijah Molla Salli, ahora cerca de los 70 años de edad, tuvo la desgracia de perder a su marido hace más de una década. Ambos eran musulmanes y residentes en la localidad de Komotiní, en Tracia Occidental, la región griega fronteriza con Turquía. El marido había establecido en su testamento que, en caso de muerte, sus posesiones fueran a parar a su esposa, como así se hizo. Las hermanas del finado, no obstante, montaron en cólera y echaron mano de la sharía, aplicada desde hacía casi un siglo para este tipo de derecho familiar en la región para litigantes musulmanes. Fueron a los tribunales y perdieron.

El juez de primera instancia falló en su contra, considerando que debía aplicarse el derecho civil griego, pero la apelación fue al Supremo, que dictaminó que la sharía sí se debía aplicar en este caso. La mujer, que había decidido junto a su esposo hacer testamento para evitar precisamente la ley islámica, recurrió al Tribunal Europeo de Derechos Humanos, en 2014, que tras una larga deliberación falló recientemente en contra de que fuera discriminada y en contra de la ley griega. “Grecia es el único país en Europa en el que se ha aplicado la sharía en contra de la voluntad de sus ciudadanos”, rezaba el duro alegato del tribunal.

La bofetada a Grecia era un poco tardía, ya que el Gobierno de Syriza aprobó a principios de 2018, precisamente tras el revuelo generado por este caso, una ley en la que abolía casi por completo la sharía, haciéndola aplicable solo si ambas partes estaban de acuerdo, como se hace en otros países con una importante minoría musulmana, como el Reino Unido. En Grecia, según muestran los datos, la mayor parte de los musulmanes decide acogerse a la ley civil, en gran parte porque la sharía es muy discriminatoria para con las mujeres, esposas e hijas especialmente.

A pesar de todo, la ley propulsada por el ejecutivo de Alexis Tsipras no elimina la sharía radicalmente, algo que le critican diputados musulmanes de su partido, como Mustafá Mustafá, que pide, como otros miembros de la izquierda de la comunidad musulmana, que se prohíba completamente su aplicación por ser claramente discriminatoria. Con esta legislación aprobada el año pasado los muftís ya no tienen la última palabra en este tipo de casos, aunque sí pueden aún intervenir en los procesos judiciales para tratar de decantarlos. Es paradójico, dicen los musulmanes anti-sharía en Grecia, que al otro lado de la frontera, en Turquía, un país mayoritariamente islámico, se haya erradicado este mismo sistema legal gracias al fundador de la República, Mustafá Kemal "Atatürk".

Pero ¿por qué esta prudencia? ¿Por qué en un país tan uniformemente cristiano ortodoxo, donde a pesar de la gran población musulmana ha habido siempre trabas para construir una mezquita en Atenas, y con las organizaciones proderechos humanos uniformemente presionando contra de ella, se anda con pies de plomo a la hora de eliminar la sharía? La respuesta, una vez más, es la geopolítica.

El presidente turco Recep Tayyip Erdogan se reúne con miembros de la comunidad musulmana de Grecia en Komotini, el 8 de diciembre de 2017. (Reuters)
El presidente turco Recep Tayyip Erdogan se reúne con miembros de la comunidad musulmana de Grecia en Komotini, el 8 de diciembre de 2017. (Reuters)

El peso de la minoría turca

Tras la Primera Guerra Mundial y después de la Guerra greco-turca (1919-1922) en la que venció el Imperio Otomano, se produjo un intercambio masivo de poblaciones entre los dos países, con más de un millón y medio de griegos anatolios expatriados en Grecia y casi un millón de musulmanes griegos desembarcando en Turquía. Un desastre y un drama en sí mismo ya que, al estar basado el intercambio en la religión, se daba que muchos de los considerados “griegos” solo hablaban turco, y muchos de los “turcos” sólo hablaban griego. De este intercambio se excluyó a los musulmanes de Tracia Occidental (ahora mismo unos 100-150.000) y a los cristianos de Estambul (que apenas son ya unos miles). Turquía se comprometía a respetar el patriarcado de Constantinopla (Estambul), cuya desaparición hubiera sido como la desaparición de Roma para los católicos, y Grecia a aplicar los usos y costumbres de los musulmanes, es decir, la aplicación de la sharía.

La minoría turca es un arma muy poderosa en manos de los políticos de Ankara, de todos los signos. Un gran elemento para meterle el dedo en el ojo a Atenas. Grecia, que quiere evitar la sensación de quinta columna, no la llama “minoría turca” sino “minoría musulmana” y, a pesar de las sentencias de los tribunales internacionales, se niega a legalizar asociaciones o partidos que lleven su nombre “turco” o “Turquía”.

En ese sentido el estado turco tiene en su página web ministerial una “lista de agravios” contra la comunidad turca en Grecia que incluye desde la falta de escuelas o guarderías bilingües a un recordatorio de la ley que hasta 1998 permitía quitarle la nacionalidad a los musulmanes que no tuvieran origen griego, una legislación que se aplicaba desde 1955. Turquía se queja habitualmente además de que los musulmanes de la región no pueden elegir según sus usos a los muftís: “No como se elige a los patriarcas de Estambul”, dice el Ministerio de Exteriores. A buen entendedor…

Aunque no es necesario volver a la lista, ya que el propio presidente Recep Tayyip Erdogan, en su visita a Grecia a finales de 2017 volvió a repetir los mismos argumentos: no pueden elegir a sus muftis, no pueden poner “turco”, no es una minoría “musulmana” sino turca… para posteriormente cuestionar la validez del Tratado de Lausana, que delimita las fronteras de ambos países, y que Ankara cuestiona porque tiene aspiraciones sobre varias de las islas griegas. Unos meses después, en las elecciones presidenciales, el candidato de la oposición Muharrem Ince (CHP) visitó Xanthi y Komotiní como respuesta a las visitas de corte imperialista de Erdogan a Bosnia y Alemania… aunque los turcos de Tracia Occidental no tienen derecho a voto en Turquía, sino en Grecia.

Desde el lado griego, que teme intenciones territoriales también en esta región fronteriza, se argumenta que la minoría es tan heterogénea que no se les puede llamar turcos: entre ellos hay muchos pomacos, de origen eslavo, religión musulmana que hablan búlgaro, por lo que para ellos la argumentación de Turquía es puro nacionalismo.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
3 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios