La política exterior de Trump: "We are America, bitch!"
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este lunes se reúne con putin

La política exterior de Trump: "We are America, bitch!"

El presidente rediseña las alianzas internacionales de Estados Unidos con una visión mercantil en la que se siente más cómodo con líderes autoritarios

Foto: El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a la primera dama, Melania Trump. (Reuters)
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto a la primera dama, Melania Trump. (Reuters)

Si la campaña de Donald Trump a las presidenciales encontró una muletilla imbatible, 'Make America great again', el desarrollo de la acción exterior de su Gobierno se puede condensar en otro eslogan: 'We are America, bitch!'. Quizás existan ya camisetas con esa frase en el mercado (seguramente 'made in China'), pero la frase procede de un oficial de la Casa Blanca que, ante las dudas de un periodista de la revista 'The Atlantic' sobre la existencia de una doctrina Trump en materia de política internacional, resumió en qué consiste con esa expresiva y arrogante frase (no es necesario traducir, ¿verdad?).

¿En qué se fundamenta ese 'We are America, bitch!'? ¿Cómo se traslada a los hechos? Al fin y al cabo, desde el derrumbe de los imperios europeos, Estados Unidos es el país más poderoso del mundo, el imperio de nuestras vidas, y todos y cada uno de los presidentes han influido, cuando no decidido, en la remodelación del mundo tal y como lo conocemos. Sin ir más atrás en el tiempo, los Bush, con sus respectivas guerras de Irak como germen de la violencia y las guerras en Oriente Medio; u Obama, con el uso de drones para ejecuciones extrajudiciales, entre otros muchos ejemplos. Tal y como se expresó en su día un asesor de Bush Jr., "somos un imperio y, cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad". Pero la que está modelando Donald Trump se parece poco o nada a la de sus antecesores. Al menos en las formas.

Cuando Trump rompe con un tuit el acuerdo firmado en la cumbre del G7 de Quebec, está rompiendo un acuerdo con países aliados. Cuando califica de "débil" y "deshonesto" a Justin Trudeau, el primer ministro canadiense, descalifica a su apacible vecino del norte (donde hay quien promueve el cierre de fronteras para estadounidenses que quieran huir de Trump). Cuando dice que Alemania es "prisionera de Rusia", está generando una tensión gratuita con una socia en la OTAN, la misma organización creada para marcarle los límites a Rusia. Cuando desacredita a Theresa May, primera ministra del Reino Unido, pone en duda un nuevo tratado comercial entre ambos países si no opta por el Brexit duro y además le aconseja que "debería demandar a la Unión Europea", según explicó May, está no solo minando al ya de por sí frágil Gobierno británico, sino que además le propone una acción punitiva contra Europa, principal aliado norteamericano. Como han señalado varios diplomáticos estadounidenses, difícilmente alguno de los socios movería hoy un dedo en defensa de un aliado al que, como ha hecho Trump este domingo con Europa, ha calificado del "mayor enemigo global".

¿Dónde ve grandes oportunidades Trump? En Corea del Norte, donde Little Rocket Man, tal y como descalificaba en mítines y tuits al dictador Kin Jong-un, pasa de la noche a la mañana a ser un "presidente", alguien a quien con el tratamiento homologa a cualquier otro dirigente elegido democráticamente. Un tipo "duro" y "muy inteligente" al que el presidente del autoproclamado faro democrático del mundo reconoce el mérito de ponerse al frente de su país con tan solo 27 años, ignorando por completo por qué está al frente del país y en qué se traduce la dureza de su presidencia. A pesar de que de su encuentro en Singapur se trajera un vago documento de buenas intenciones, Trump se ha felicitado una y otra vez (este domingo volvía a hacerlo) por que "Corea del Norte ya no sea una amenaza nuclear". Todo, por supuesto, "gracias a mí". De momento, no constan grandes avances en el objetivo de una desnuclearización, pero en la política de Trump, tanto nacional como internacional, los hechos se amoldan a su deseo, no a la realidad. Como señalaba en un artículo el crítico literario de 'The Washington Post', Carlos Lozada, "Bush quería rehacer el mundo. Por el contrario, el presidente Trump solo quiere inventárselo sobre la marcha". Y ahí quizá radica la diferencia con el imperialismo tal y como lo conocíamos hasta ahora.

placeholder El histórico encuentro entre los dos líderes en Singapur. (EFE)
El histórico encuentro entre los dos líderes en Singapur. (EFE)

Una invención del mundo en la que tiene mucho que ver la economía. Tal y como el propio Trump subrayó en el vídeo propagandístico con el que trató de seducir al dictador norcoreano, y como él mismo ha repetido en más de una ocasión, ve en Corea del Norte un enorme potencial para la inversión, incluidas las playas desde las que se disparaban (en esto habrá que concederle el crédito del verbo en pasado) los misiles del régimen. Quizá Trump sueña con una Torre Trump en Pionyang, pero de momento ya es un sueño para Kim Jong-un que Trump eliminara las pruebas militares conjuntas con Corea del Sur, a las que no solo consideró "muy caras", sino una "provocación" para el régimen norcoreano. En Irán ironizaban sobre el acuerdo y le advertían al dictador asiático de que no se fiara de Estados Unidos, que dejó en papel mojado el acuerdo nuclear que el régimen iraní había cumplido a rajatabla. Pero Corea del Norte le queda muy lejos a Israel.

En el encuentro previsto este lunes entre Donald Trump y Vladimir Putin, el mandatario ruso podría agradecerle al estadounidense el trato dispensado a sus socios en la OTAN, incluida la velada amenaza de desvincularse de la organización. Nada alegraría más a Putin que derribar ese muro de contención. Una amenaza que tiene que ver con la afición favorita del presidente —desarrollada en años de todopoderoso magnate—, que son los negocios. Por un lado, solicita una mayor aportación de los miembros de la OTAN, pero a su vez mantiene una guerra comercial con muchos de ellos (Europa y Canadá incluidos) a base de tarifas a los productos de importación. Como señaló Anders Fogh Rasmussen, anterior secretario general de la OTAN, "Trump es un aislacionista y esta es una clara alteración de lo que creó el presidente Truman inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial". En esa clave se debería leer su desprecio por los socios históricos de Estados Unidos, a quienes le interesa someter comercialmente para devolver a su país una grandeza propia de tiempos anteriores a la globalización.

Puede ser que Trump se sienta más cómodo con líderes autoritarios con los que puede exhibir su músculo de empresario sin escrúpulos

Lo que no está muy claro es qué pretende Trump ni qué puede sacar del encuentro de este lunes con Putin, que diversas voces en Estados Unidos le han pedido que suspenda tras la imputación de 12 oficiales rusos anunciada el viernes por el 'hackeo' de los sistemas informáticos del Partido Demócrata. Por primera vez, los imputados en la investigación que está llevando a cabo el fiscal especial Robert Mueller sobre la posible injerencia rusa en las elecciones estadounidenses de 2016, y su relación con la campaña de Donald Trump, apuntan a cargos oficiales rusos. ¿Cómo ha reaccionado Trump? Señalando que son hechos que incumben a Obama, presidente mientras se desarrollaba la campaña. Una actitud de desdén que contrasta con las medidas tomadas desde el Departamento de Estado contra Rusia y las sanciones que aprobó el Congreso estadounidense por, entre otras cuestiones, la anexión rusa de Crimea, de lo que Trump igualmente culpó a Obama.

Tal y como anunció antes de partir de viaje a Europa, Donald Trump piensa que el encuentro con Putin va a ser "el más fácil de todos". Quizá porque Trump se siente más cómodo con contrapartes totalitarias, con líderes autoritarios con los que puede exhibir su músculo de empresario sin escrúpulos, dejando de lado la diplomacia que tanto aborrece. Al fin y al cabo, quizá deba agradecerle a Putin los servicios prestados. Aunque todavía no haya conseguido construir una Torre Trump en Moscú.

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