Negociará con australia y nueva zelanda

Ante los desplantes de Trump, la UE mira a Oceanía: "Europa, abierta a hacer negocios"

Siguen los esfuerzos de la UE para abrirse a nuevos mercados, ante el empuje proteccionista emprendido por Donald Trump en EEUU a lomos de su “America First”

Foto: El presidente de la Comisión Europea ya advirtió a Trump de que no negociaría bajo una espada de Damocles (Reuters)
El presidente de la Comisión Europea ya advirtió a Trump de que no negociaría bajo una "espada de Damocles" (Reuters)

“El mensaje es claro: Europa está abierta a hacer negocios”. Lo dice el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, y lo han confirmado hoy los (aún) Veintiocho países que forman parte de la Unión Europea, al dar su visto bueno al inicio de las negociaciones con Australia y Nueva Zelanda para cerrar sendos acuerdos de libre comercio. El próximo mes, la comisaría europea de Comercio, Cecilia Malmström, viajará a Camberra y Wellington, con el objetivo de comenzar la primera ronda de conversaciones en julio.

Bruselas propuso el pasado mes e septiembre dar este paso, dentro de los esfuerzos reforzados que de la UE para abrirse a nuevos mercados, ante el empuje proteccionista emprendido por Donald Trump en EEUU a lomos de su “America First”. Tras su llegada a la Casa Blanca, el presidente estadounidense optó por dejar morir el tratado comercial librecambista entre la UE y EEUU, el conocido como TTIP, pese a que había quedado prácticamente sellado bajo la presidencia de su predecesor, Barack Obama.

En su reunión en Bruselas, los ministros europeos encargados de Comercio han analizado hoy las tensas relaciones entre la UE y EEUU. La UE se ha mostrado dispuesta a sentarse a negociar con EEUU cuestiones que preocupan a Washington, pero no lo harán mientras persista el ultimátum en forma de exenciones temporales de los aranceles del 25% al acero y del 10% al aluminio aprobados por EEUU. La última exención expira el 1 de junio, pero la UE quiere que la exención sea permanente. “No negociaremos bajo la espada de Damocles”, en palabras de Juncker.

A cambio, la UE está dispuesta a entrar en cuestiones que le resultan especialmente delicadas, como los aranceles que aplican a los vehículos estadounidenses importados a Europa. “Necesitamos un entendimiento entre la UE y EEUU. Tenemos que evitar una guerra comercial. Por eso tenemos que abordar conversaciones con EEUU sobre los temas en los que hay conflictos de intereses como los estándares industriales o la industria automovilística", ha defendido hoy el ministro alemán de Exteriores, Peter Altmaier.

Peter Altmaier junto a la canciller alemana, Angela Merkel (EFE)
Peter Altmaier junto a la canciller alemana, Angela Merkel (EFE)

Proteger al sector agrícola

La UE ya tiene varios acuerdos bilaterales y sendos acuerdos de asociación tanto con Australia, desde 2008, como con Nueva Zelanda, estrenado hace un año. Y, pese a que ambos países se encuentran en las antípodas del viejo continente, la UE es el tercer mayor socio comercial de Australia, con un volumen de comercio de 47.700 millones de euros en 2017, y el segundo en el caso de Nueva Zelanda, con intercambios por valor de 8.700 millones en el pasado ejercicio.

El objetivo es ir ahora más allá, con dos acuerdos de libre comercio que, sin embargo, no afectará al sector agrícola, por ser considerado más vulnerable. “No se contempla la plena liberalización del comercio de productos agrícolas, que se prevé que cuenten con un tratamiento específico”, ha explicado el Consejo de la UE en un comunicado. La cuestión no es menor, dado que la mayoría de las exportaciones de ambos países a territorio europeo a día de hoy son productos agrícolas.

Bruselas prevé que la apertura de mercados tendrá unos ganadores claros: los sectores “con más posibilidades de beneficiarse de los acuerdos” serán los de equipamiento para vehículos de motor, maquinaria, productos químicos, alimentos procesados y servicios.

Ponerse la venda antes de la herida

De cara a posibles polémicas, Bruselas ya ha prometido que durante las negociaciones, defenderá los “niveles de exigencia más elevados en materia de trabajo, seguridad, medio ambiente, clima y protección de los consumidores”. Estas cuestiones que siempre causan polémica entre los críticos de los acuerdos de libre comercio, al considerar que la UE cuenta con un mayor nivel de protección en estos asuntos y que es un error abrir las puertas a otras áreas menos exigentes en estos frentes.

La negociación, sin embargo, no está libre de riesgos. No solo será necesario acordar los minuciosos detalles que hagan posible la apertura recíproca de mercados que no comparten regulaciones, ni estándares, sino que además será necesario que todos los países europeos den su visto bueno a los acuerdos. El precedente del CETA, que la región belga de Valonia estuvo cerca de tumbar, no es halagüeño. Y menos aún con la inminente llegada del Movimiento Cinco Estrellas y La Lega al gobierno italiano, dos fuerzas que son contrarias a este tipo de acuerdos.

De lograrlo, los exportadores europeos podrán frotarse las manos. El año pasado, la UE acumuló un salgo comercial positivo de 21.000 millones con Australia, que el caso de Nueva Zelanda se elevó a 1.900 millones de euros. Las exportaciones de la UE a ambos países se centran, especialmente, en productos manufacturados y, en el caso de la economía “kiwi”, también industriales.

Además de una apuesta estratégica por el libre comercio, el gesto es una declaración de intenciones de los europeos. “Queremos reforzar los vínculos existentes. La decisión sirve también para recordar al mundo el compromiso de la UE con la apertura, el libre comercio y la cooperación mundial”, ha asegurado Emil Karanikolov, ministro de Economía de Bulgaria, quien ha presidido la reunión del Consejo de Comercio celebrada hoy en Bruselas.

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