LA CASA BLANCA NO VE A LA UE COMO ALIADA

Una guerra comercial, ¿el último intento de Trump de romper la UE?

Bruselas considera la imposición de aranceles a la importación de acero y aluminio como un ataque injustificado, motivado por la eterna hostilidad del presidente estadounidense hacia la Unión Europea

Foto: Donald Trump anuncia en rueda de prensa la introducción de aranceles a la importación de acero y aluminio, el pasado 1 de marzo de 2018. (Reuters)
Donald Trump anuncia en rueda de prensa la introducción de aranceles a la importación de acero y aluminio, el pasado 1 de marzo de 2018. (Reuters)

A Donald Trump le disgustan el librecambismo, la OTAN y la Unión Europea. Y no necesariamente en ese orden. Con su último anuncio, la imposición de aranceles a las importaciones de acero (25%) y aluminio (10%), el presidente estadounidense materializa su apuesta por el proteccionismo y por poner a "América primero", incluso a costa de sus socios. Pero el envite va más allá de lo comercial y busca también presionar y crear discordia en la UE.

La primera potencia mundial da muestras de estar dispuesta a ir a la guerra comercial. Trump alega que lo hace por "seguridad nacional", ya que el acero y el aluminio están en el corazón del motor industrial estadounidense. Es cierto que el sector, no solo en América del Norte, también en Europa, lleva años sufriendo la caída de la demanda y un exceso de oferta que han reducido drásticamente los precios y ahogado a los productores.

Pero no es ningún secreto que el problema tiene su epicentro en China. "En un mes, China produce más acero que Estados Unidos en un año", recalcó Trump. Y, sin embargo, los aranceles anunciados penden sobre la cabeza de toda la comunidad internacional, que ha reaccionado con profundo malestar al anuncio.

Trump está dispuesto a que México y Canadá se libren de ellos, siempre y cuando se avengan a cerrar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de una manera que le satisfaga a la Casa Blanca. "No hay duda de que estas acciones (…) son una motivación más para que Canadá y México lleguen a un acuerdo justo con Estados Unidos", ha dicho el secretario de Comercio, Wilbur Ross.

La UE no ha sido mencionada entre los posibles excluidos así que, por omisión, se interpreta que formará parte de los damnificados. Aunque Trump deslizó la opción de abrir la mano, si los europeos acceden a su exigencia de elevar su gasto en defensa para cumplir con sus compromisos en la OTAN. "Los aranceles no serán efectivos por al menos otros 15 días y vamos ver quién nos está tratando de manera justa y quién no", apuntó. Puro, puro chantaje.

Rollos de acero en una planta de Volkswagen en Emden, Alemania, el 9 de marzo de 2018. (Reuters)
Rollos de acero en una planta de Volkswagen en Emden, Alemania, el 9 de marzo de 2018. (Reuters)

Dividir para vencer (a la UE)

Antes ya de poner un pie en la Casa Blanca, la fijación de Trump con la Unión Europea era un hecho. Cuando mira al otro lado del Atlántico, el presidente norteamericano no ve a un club de aliados, sino a 28 competidores que, si se unen, ganan en fuerza. Y no ha ahorrado esfuerzos en escenificar desplantes y sembrar la discordia entre ellos.

Trump apoya el Brexit, anima a populistas euroescépticos como Marine Le Pen o Matteo Salvini, quien tiene opciones de convertirse en primer ministro de Italia. También dio un sonado espaldarazo al gobierno de Polonia en el momento de mayor aislamiento de sus socios por la deriva autoritaria que ha emprendido Varsovia, en línea también con las posturas adoptadas por Hungría y no muy alejada del euroescepticismo de la República Checa. Y ha dejado morir el acuerdo de libre comercio entre la UE y EEUU (TTIP) cuando estaba a punto de nacer.

Ahora, Washington vuelve a poner en bandeja a Londres un acercamiento bilateral, con los aranceles como excusa. Y el Gobierno británico, consciente de que las negociaciones del Brexit atraviesan un mal momento, no hace ascos a los cantos de sirena. Pese a que Reino Unido seguirá en la UE hasta marzo de 2019 y por tanto no puede negociar acuerdos comerciales al margen de Bruselas, el secretario de Comercio británico, Liam Fox, ha asegurado que buscarán obtener una exención a los aranceles.

La respuesta europea ha sido tajante: "Esperamos que toda la UE sea tratada como un bloque comercial, que es lo que somos (…) no podemos aceptar que la UE sea dividida en diferentes categorías", ha avisado el vicepresidente de la CE Jyrki Katainen.

Con todo, la UE ha intentado no quemar todos los puentes. Tras el anuncio de los aranceles, se ha mostrado firme, pero no inflexible. La responsable europea de comercio, Cecilia Malmström, se reúne este sábado con sus homólogos japonés, Hiroshige Seko, y estadounidense, Robert Lighthizer, de quien espera que aclare su posición. "Contamos con ser excluidos", ha dicho Malmström.

La comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, charla con sus delegados durante una reunión con representantes de la ASEAN en Singapur, el 2 de marzo de 2018. (EFE)
La comisaria europea de Comercio, Cecilia Malmström, charla con sus delegados durante una reunión con representantes de la ASEAN en Singapur, el 2 de marzo de 2018. (EFE)

Frenar los pies a Trump y su proteccionismo

A la espera de los acontecimientos, Bruselas prepara sus represalias: tarifas sobre las motos Harley-Davidson, el whisky Bourbon, la mantequilla de cacahuete, el zumo de naranja, el arroz, el maíz y los pantalones vaqueros Levi's, entre otros. A diferencia de los aranceles americanos, los europeos devuelven el golpe con una precisión quirúrgica: Buena parte de estos productos no solo son iconos estadounidenses, sino que además su producción se concentra en estados tradicionalmente republicanos.

Las medidas se aplicarían en menos de 90 días, según Malmström, y llegarían en un momento delicado para Trump. Su principal asesor económico, Gary Cohn, ha abandonado la Casa Blanca en protesta por una deriva proteccionista que ha sido abiertamente criticada por líderes republicanos. "Estoy en desacuerdo con esta acción y temo sus consecuencias no intencionales”, ha dicho presidente de la Cámara de Representantes del Congreso estadounidense, Paul Ryan.

La UE sí que ha pensado en todas las posibles consecuencias. Por ello, pondrá en marcha medidas de "salvaguarda", para evitar que todo el acero y el aluminio que no pueda exportarse a EEUU se desvíe a la UE y termine por hundir su industria propia. Y, además, está sondeando a otros afectados para presentar una demanda contra EEUU ante la Organización Mundial del Comercio. Este es el lugar donde, repiten una y otra vez los europeos, deben dirimirse las disputas comerciales. Pero el proceso es lento y la respuesta a Trump no puede esperar.

"La UE debe contraatacar de manera vigorosa y rápida para disuadir a la Administración estadounidense de su proteccionismo, incluso si la legalidad de estas medidas europeas fuera cuestionada por no respetar el procedimiento debido", explica el analista de Bruegel Uri Dadush. El economista calcula que los aranceles de Trump causarán un daño moderado en el sector —las exportaciones a EEUU no superaron en 2017 el 1% de la producción europea—, pero recalca la importancia de que la UE responda con dureza a los devaneos proteccionistas americanos.

La reacción europea no ha gustado a Trump, que ha amenazado con aplicar una "gran tasa del 25%" a los vehículos europeos. Esto supondría un gran varapalo, en especial para las dos grandes economías europeas, Alemania y Francia. Pero, cada vez más, la UE tiene claro que un enfrentamiento con los EEUU de Donald Trump es difícilmente eludible. Y si quiere guerra (comercial), tendrá guerra. O, en palabras del presidente de la CE, Jean-Claude Juncker: "Europa debe defenderse y se defenderá".

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