“Con Felipe y Aznar, España tenía peso en la comunidad internacional. Nos escuchaban”
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JORGE DEZCALLAR, autor de 'el anticuario de teherán'

“Con Felipe y Aznar, España tenía peso en la comunidad internacional. Nos escuchaban”

Uno de los diplomáticos españoles de mayor prestigio repasa en un libro su larga carrera, desde la embajada en Washington o Rabat hasta la dirección del CNI. Así ve el contexto geopolítico actual

placeholder Foto: Jorge Dezcallar. (Foto: Silvia Varela)
Jorge Dezcallar. (Foto: Silvia Varela)

Resumir una carrera diplomática tan extensa no debe ser tarea fácil. Embajador en Washington (2008-2012), Marruecos y Roma, director general para África y Oriente Medio y primer civil en dirigir el Centro Nacional de Inteligencia (entre 2001 y 2004), Jorge Dezcallar, uno de los diplomáticos españoles de mayor prestigio, pasa ahora revista a cientos de experiencias y recuerdos de los reyes y presidentes con los que compartió negociaciones. Con motivo de la publicación de 'El anticuario de Teherán. Historias de una vida diplomática' (Ediciones Península), Dezcallar analiza en esta entrevista cuestiones como el fin del dominio global de Occidente, la pérdida de peso en la comunidad internacional que atraviesa España o la integración de los inmigrantes musulmanes en Europa.

PREGUNTA. Asistimos al auge de los populismos en Occidente, a la crisis del proyecto europeo tras el Brexit, al nuevo terrorismo de Daesh y al momento más tenso en las relaciones con Rusia desde la caída de la URSS. Tras una larga carrera diplomática, ¿cómo ve el mundo hoy en día? ¿Cómo debemos afrontar los nuevos retos?

RESPUESTA. Estamos en un momento de cambio de ciclo. Los elementos determinantes son tres: primero, el proceso de introspección norteamericano, que ha dejado un vacío que están llenado otros; segundo, la crisis de Europa, y tercero, la aparición de nuevos actores en el mundo con vocación protagonista que ponen en duda las estructuras heredadas de la II Guerra Mundial, en el sentido de que consideran que el Consejo de Seguridad (de la ONU), el Banco Mundial o el FMI, por ejemplo, no son representativos ni plenamente democráticos.

Sobre estos tres grandes problemas nos encontramos con dos que son, a mi juicio, más importantes: la globalización y la revolución informática y tecnológica. Como consecuencia de todo esto, asistimos al fin del dominio occidental del mundo y del multipolarismo eficaz tal como se ha entendido desde 1945. Vamos hacia un mundo multipolar, proteccionista, con tensión entre los diferentes polos y en el que los países que sean capaces de coger el tren de la revolución tecnológica tendrán gran ventaja sobre los demás.

"Asistimos al fin del dominio occidental del mundo, al fin del multipolarismo eficaz tal como se ha entendido desde la II Guerra Mundial"

Junto a esto, hay otro elemento importante: la crisis del Estado nacional. Los gobiernos ya no son capaces de controlar ni los flujos monetarios ni el caudal de la información, y eso debilita extraordinariamente al gobierno nacional y provoca una insatisfacción en sectores de población perjudicados por la crisis que no encuentran soluciones en esos gobiernos porque dichos gobiernos no controlan los medios. Esa es la gran crisis de la socialdemocracia hoy en día y por ahí es por donde salen los partidos populistas.

P. Cuándo habla de nuevos actores, ¿a quién se refiere?

R. Hablo sobre todo de China, pero también de Rusia, que está jugando claramente por encima de su peso. El PIB ruso es similar al de España; y es potencia nuclear y tiene asiento en el Consejo de Seguridad con derecho de veto, pero su economía es la misma, tiene una población envejecida, solo vende materias primas... Pero juega por encima.

También hablo de países emergentes como la India y comprendo que tiene razón, ¿por qué Francia está en el Consejo de Seguridad con asiento permanente y derecho de veto cuando la India, que también es potencia nuclear y tiene 1.300 millones de habitantes, no está? Aquí hay algo que se debe cambiar y creo que o lo cambiamos o lo cambiarán otros.

P. Cuenta en el libro que cuando Aznar le puso al frente del CNI, la buena relación que tenían se enfrió por la guerra de Irak y acabó encallando en el 11-M… ¿Por qué afirma que Moncloa le dejó fuera de juego tras los atentados?

R. No, yo no afirmo que Moncloa me dejó fuera de juego, lo que digo es que a raíz de los atentados efectivamente el CNI no fue invitado a ninguna reunión entre los días 11 y 16 de marzo de 2004. Y eso es un dato objetivo. ¿Por qué? No lo sé; no soy yo el que debe decir por qué no me invitan, es el que no me invita quien debe saber por qué lo hizo. Pero ese dato es objetivo: el CNI no participó. ¿Por qué? Lo ignoro, pero no participó.

P. También afirma que incluso en los peores momentos de las relaciones con Marruecos la cooperación en materia antiterrorista siempre ha sido muy fluida y trascendental. En el contexto de la amenaza de Daesh, ¿hasta que punto ha sido importante dicha colaboración?

R. Ya no tengo responsabilidades en temas de Inteligencia e ignoro lo que está pasando ahora. Lo que puedo decir es que durante la época en la que estuve, y en alguna época posterior también, la colaboración entre los servicios de Inteligencia de España y Marruecos ha sido siempre excelente, incluso en los momentos de divergencias políticas serias. Ocurre algo similar con los servicios de Inteligencia de Marruecos y Argelia, que mantienen un diálogo permanente y sin embargo la frontera entre los dos países está cerrada.

placeholder 'El anticuario de Teherán'.
'El anticuario de Teherán'.

Creo que eso es muy bueno, sobre todo, cuantos más problemas hay es bueno que haya canales de comunicación fiables, y los servicios dan canales de comunicación fiables. Los políticos hacen muy bien en utilizar dichos canales siempre, pero particularmente en momentos de crisis. Estoy seguro de que Daesh es en este momento un peligro tan grande para Marruecos como lo es para España.

P. Volviendo a la época de Aznar y a la etapa posterior a su Gobierno, ¿qué peso tenía entonces España en la comunidad internacional y qué peso tiene en la actualidad?

R. En esta cuestión soy bastante crítico. Creo que España jugó por encima de su peso en la época de Felipe González y en la etapa de Aznar, con políticas exteriores muy diferentes la una de la otra porque Felipe se apoyaba más en Alemania y Francia y Aznar lo hizo buscando al Reino Unido y a EEUU. Pero teníamos peso, nos escuchaban y nuestra opinión influía.

"Los que estábamos en la política exterior con Aznar y con Felipe queríamos que España estuviera entre los países que influyen en la toma de decisiones sobre la marcha del mundo"

Creo que la gente se equivoca muchísimo cuando piensa que la política exterior es algo que no le afecta. Lo que pasa en el mundo te afecta siempre, desde las crisis económicas hasta decisiones políticas. El mundo no va como va por casualidad, sino porque unos cuantos países hacen que vaya de determinada manera. Y la vocación de España, y lo que queríamos los que estábamos en aquella época en la política exterior, tanto con Aznar como con Felipe, era que España estuviera entre esos países que influyen en la toma de decisiones sobre la marcha del mundo.

Después llegó la crisis en la época de Rodríguez Zapatero más el problema catalán en la época de Rajoy, y como consecuencia la política exterior ha pasado claramente a un segundo plano. Me parece malo, porque además estamos desaprovechando un momento muy bueno para España porque, con la salida de Reino Unido, España se convierte en la cuarta economía de la eurozona, y con la crisis italiana se convierte en la tercera.

En un momento en que Francia y Alemania se aproximan para intentar sentar las bases de lo que puede ser la Europa del futuro, la entrada de España, su apoyo y la sugerencia de ideas por parte de España sería, primero, muy bien recibida y, además, tendríamos capacidad para influir en el diseño que se pueda estar haciendo. Creo que es un error, porque se hará un diseño que no tenga en cuenta nuestros intereses. Cuando Alemania ha tenido que decidir una política de austeridad a ultranza, nos ha hecho mucho daño. Creo que España debe tener capacidad para decidir qué tipo de políticas se adoptan en Europa, las que nos beneficien, no las que nos hagan daño.

P. ¿Cómo puede influir España en el proceso de toma de decisiones? ¿Cuáles deben ser las estrategias?

R. España necesita cuatro cosas para poder influir en el mundo. La primera, tener una situación institucional sólida; la segunda, tener una economía que respalde; la tercera, tener voluntad política, y la cuarta, saber qué queremos. Y mucho me temo que en este momento no reunimos ninguna de esas cuatro condiciones.

P. Su experiencia vital le ha enseñado que “por encima de religiones y lenguas, los seres humanos somos esencialmente iguales y buscamos las mismas cosas”. Usted ha trabajado en países islámicos; dada su experiencia, y ahora que la integración de los inmigrantes musulmanes está bajo el foco, ¿puede integrarse el islam suní en la sociedad europea? ¿Puede convivir con nuestros valores?

R. Hay opiniones para todos los gustos. Recuerdo haberle escuchado decir al rey Husein de Jordania, cuando ya estaba muy enfermo y hablando muy en confianza con un pequeño grupo de gente, que el islam es incompatible con la modernidad. El intelectual Tariq Ramadan defiende que, como consecuencia de vivir en Europa, los musulmanes que viven en sociedades europeas van captando, por ósmosis, valores que acabarán aceptando e integrándose. Mi impresión es que es un ejercicio que tiene límites, entre otras cosas porque el Corán dice lo que dice, y cuando dice lo que dice no lo puede cambiar nadie porque no hay una interpretación, hay una lectura literal que obliga a la 'yihad', y la 'yihad' puede interpretarse como una reforma personal o de lucha en el sentido más literal o que una mujer hereda la mitad que un hombre o que su testimonio en un juicio vale la mitad... Hay cosas muy difíciles o imposibles de cambiar.

Vivimos en una sociedad hoy en día que está moldeada por los patrones de la filosofía griega, de la religión cristiana, del derecho romano… No son únicos, hemos impuesto esos patrones en el mundo durante muchos años en los que Occidente ha dominado, pero estamos, como decía al principio, en el final del dominio occidental. En Asia, por ejemplo, la colectividad está por encima del individuo, porque ellos no han tenido un Renacimiento que haya puesto al hombre en el centro de la creación.

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