2.000 españoles estaban en la isla durante 'irma'

El otro desastre de los huracanes: la herida fatal a la industria turística de Cuba

A pocos meses del inicio de la temporada alta, estos fenómenos naturales amenazan con hundir el turismo en el Caribe, y con él la economía de estas islas, empezando por la mayor de las Antillas

Foto: Dos turistas británicos caminan entre palmeras caídas en un hotel de Varadero tras el paso del huracán Irma, el 10 de septiembre de 2017. (Reuters)
Dos turistas británicos caminan entre palmeras caídas en un hotel de Varadero tras el paso del huracán Irma, el 10 de septiembre de 2017. (Reuters)

Desde que a principios de la semana pasada se reiniciaron las operaciones en el aeropuerto José Martí de La Habana, miles de turistas extranjeros han copado los vuelos que parten de Cuba. Más de dos mil eran españoles que no abandonaron la isla antes de la llegada del huracán Irma y se vieron atrapados durante el temporal. En la decisión de quedarse influyeron muchas variables, desde el desconocimiento del riesgo al que se exponían hasta la atípica trayectoria del fenómeno natural (que en principio se pensó no afectaría la zona occidental de la isla). En definitiva, su giro de última hora hacia La Habana y Varadero, los dos principales polos turísticos, colocó en su zona de influencia a los viajeros que allí se alojaban, y a los más de diez mil que habían sido evacuados desde las islas balneario de la costa norte.

Unos cincuenta mil turistas extranjeros se encontraban en el país cuando Irma comenzó a afectarlo, según ha reconocido el Ministro de Turismo cubano, Manuel Marrero Cruz. De ellos, cerca de tres mil eran españoles. Muchas de sus historias personales se difunden en Internet, otras pueden conocerse solo con visitar la Embajada de España en La Habana, donde según han declarado el propio embajador, Juan José Buitrago, “cientos han pasado cada día, desde que reabrimos nuestras puertas en la noche del lunes”. Para la inmensa mayoría se ha tratado de una experiencia terrible, sobre todo en los casos de aquellos que pernoctaban en casas de alquiler, quienes debieron compartir las mismas vicisitudes que sus hosteleros cubanos.

Una declaración emitida hace pocos días por la cadena Iberostar confirmó que ya “los hoteles tanto de Varadero como de La Habana se encuentran abiertos y están operando con total normalidad”. También han ido desapareciendo algunos de los efectos más visibles en zonas urbanas y rurales de toda Cuba.

Pero nadie se engaña pensando que todo ha pasado. Aunque la devastación causada en Cuba por Irma no derivó en saqueos masivos y protestas como en otras islas del Caribe, la tensión social y el cansancio se respiran en muchas de las zonas más afectadas. Un precedente que complica el asunto, es la “tradición” mantenida durante años por el gobierno, de reponer gratuitamente a los damnificados muchos de los bienes que perdían o incluso entregarles nuevas viviendas, algo que ya resulta imposible.

Además está la amenaza del huracán María, que sigue una trayectoria muy parecida a la que la que hace un par de semanas cumplió Irma. La posibilidad cierta de que al menos sus grandes áreas de lluvias afecten a la isla ha motivado que se mantengan activadas las alarmas.

Varias personas hacen cola para recibir agua potable delante de unas banderas cubanas puestas a secar tras el paso del Irma, en La Habana, el 11 de septiembre de 2017. (Reuters)
Varias personas hacen cola para recibir agua potable delante de unas banderas cubanas puestas a secar tras el paso del Irma, en La Habana, el 11 de septiembre de 2017. (Reuters)

Paisajes de guerra

La preocupación es mayor para quienes, como Osvaldo Orozco, todavía comienzan a recuperarse de la furia de los elementos. Sentado a la puerta de su casa, mientras espera porque baje el sol intenso del mediodía, para seguir desmontando las tejas que puedan reutilizarse de unos de los cuartos derruidos de su vivienda, se toma algún tiempo antes de responder a la pregunta de “qué hará ahora”. “No nos queda más remedio que resolver con lo que tengamos. Esto ha pasado en todo el país y va a demorar antes de que nos puedan ayudar”, dice como para sí.

Jaronú, el pueblo donde vive, era hasta hace muy poco una pintoresca comunidad que conservaba cuidadosamente sus aires de principios del siglo pasado. En el futuro inmediato alentaba la esperanza de que su barrio más antiguo, declarado Patrimonio Nacional, se convirtiera en punto de destino para los turistas que visitan la cercana cayería. Hoy parece haber sufrido una guerra.

Irma ha azotado a Cuba en el peor momento posible, a dos meses del comienzo de la temporada alta (que coincide con el otoño y el invierno del hemisferio norte). Durante la misma se esperaba completar por primera vez los cinco millones de turistas en un año, logro que consagraría a la llamada “industria sin humo” como uno de los motores económicos de la isla, junto a los servicios que brindan sus profesionales en el exterior y las remesas de los emigrados. La apuesta por el sector, que ha crecido a un 15% anual en el último lustro, ha llevado al Gobierno a emprender un gigantesco programa de inversiones, en el que una decena de los principales proyectos están en manos de empresas españolas.

La pretensión era duplicar el número actual de habitaciones antes de 2025. Un lustro más tarde deberían haber entrado en funcionamiento 224 nuevos hoteles, 24 campos de golf y 23 náuticas y marinas, con sus correspondientes facilidades de alojamiento, anticipó a mediados de año un alto directivo del Ministerio de Turismo. Solo en Cayo Santa María, la isla de la central provincia de Villa Clara donde Irma se detuvo durante doce horas antes de cambiar de rumbo, ya funcionaba una docena de hoteles de alto standing. Otros ocho se encontraban en diversas fases de ejecución, con la proyección de iniciar sus operaciones entre finales de este año y 2019.

Doscientos kilómetros al este, en Cayo Cruz, no se tuvo siquiera la posibilidad de recibir a los primeros huéspedes. Casi a punto de ser terminadas, las primeras de las 20.000 habitaciones proyectadas para ese islote fueron barridas por olas de siete metros de altura y rachas de viento que superaron los 200 kilómetros por hora. La misma suerte corrieron varios puentes de la carretera que se extiende hasta la isla mayor del archipiélago. Aunque en la primera reunión del Consejo de Ministros en La Habana tras el huracán se resaltó que “todos los vacacionistas foráneos habían permanecido protegidos”, se evitó dar datos específicos acerca de la devastación sufrida por la infraestructura hotelera.

Tierra adentro los vientos y las inundaciones dejaron fuera de servicio a cinco de las siete principales plantas eléctricas, a todas las fábricas de cemento salvo una, y a la práctica totalidad de las redes de telefonía y distribución eléctrica. La magnitud de los daños es tal, que todavía se cuantificanen las once provincias (del total de quince) que fueron afectadas de forma directa. Los primeros reportes oficiales incluso evitaron dar cifras definitivas de destrozos en las viviendas –uno de los problemas más sensibles en el país-, pues algunas estimaciones hablan de alrededor de la mitad de los edificios habitados de los municipios alcanzados directamente por Irma.

Un grupo de hamacas dañadas tras el paso de Irma en Varadero, el 10 de septiembre de 2017. (Reuters)
Un grupo de hamacas dañadas tras el paso de Irma en Varadero, el 10 de septiembre de 2017. (Reuters)

Duro golpe a la economía

A ese escenario se suma el tema de la deuda exterior. La Habana está obligada a mantener al día los pagos de sus compromisos financieros, renegociados a finales de 2015 con los miembros del Club de París. Seguir cumpliéndolos religiosamente resulta esencial para el buen crédito fuera de fronteras, pero también supone un esfuerzo tremendo debido al desastre natural de los últimos días.

“Para las aspiraciones de crecimiento a corto plazo de Cuba el huracán Irma es, sin duda, un duro golpe, difícil de cuantificar. Así el crecimiento del uno por ciento del Producto Interno Bruto al que se aspiraba en este 2017, reconociendo que sin Irma ya estaba muy comprometido, será ahora una meta casi imposible de alcanzar”, considera el profesor universitario Juan Triana Cordoví, una de las voces más autorizadas en el contexto local en cuanto al análisis de temas económicos.

Cerradas las puertas a posibles aportes de la agricultura o la industria azucarera (que venían de afrontar la sequía y ahora han quedado virtualmente devastadas), y con Venezuela hundida en una interminable crisis de liquidez que sigue haciendo decrecer los ingresos por “colaboración” (que ya entre 2014 y 2016 cayeron más de un 70%), el Gobierno tiene pocas opciones para mantener en orden sus finanzas. De ahí la atención privilegiada que brinda a la recuperación de la infraestructura turística, tarea para cual ha movilizado a miles de hombres, incluidos efectivos de las fuerzas armadas.

Aunque en circunstancias normales el acceso a las zonas de los cayos se regula estrechamente para los cubanos, y su administración está en manos de diversas compañías encuadradas dentro del Grupo de Administración Empresarial (Gaesa), controlado por los militares, tras el paso de Irma esa supervisión se ha hecho más rígida. Un ingeniero entrevistado por El Confidencial, residente en la provincia de Ciego de Ávila, donde se ubican los conocidos “Jardines del Rey”, confirmó que “muchos especialistas de construcción ya están trabajando allá, y al resto se nos ha avisado para que nos preparemos, pues puede que estemos movilizados por mucho más tiempo del habitual”. Grandes contingentes de equipos pesados se trasladan hacia los cayos Coco, Guillermo y Cruz a través de la carretera sobre las aguas que comienza en la ciudad de Morón, el único cuyos puentes no fueron cortados por el mar, mientras hasta el puerto de Casasa, en la primera de esas islas, llegan barcazas con materiales, y alimentos y agua potable como para cientos de personas.

Se trata de una carrera contra el tiempo, que abarca prácticamente todas las áreas de cada destino. Una primera evaluación del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, por ejemplo, concluyó que todos los balnearios cubanos afectados por Irma muestran diversos grados de erosión, pues el mar lanzó las dunas de arena a decenas o hasta cientos de metros de sus ubicaciones originales. Solo en las islas de la costa norte se estima que casi ochenta kilómetros de playa se encuentran en esa situación.

“Pero a nadie le deben quedar dudas de que vamos a salir adelante, el país cuenta con suficientes recursos para superar esta y otras situaciones peores”, resaltó durante una visita al Cayo Santa María el general de Cuerpo de Ejército Joaquín Quintas Solá, jefe de la llamada Región Estratégica Central. La centralización de las decisiones favorece la concentración de hombres y medios, que para el común de los ciudadanos ahora mismo se dedican a la recogida de escombros y basura, y el restablecimiento de los servicios de agua y electricidad. Mientras, más allá de la Cuba “de todos los días”, en los polos turísticos, los esfuerzos se encaminan a llegar al 15 de noviembre con la mayor cantidad posibles de hoteles funcionando. De ello depende la economía del país, o lo que es lo mismo, su estabilidad.

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