"el brexit no nos va a detener"

Los europeístas contraatacan ante el nacionalismo (pero aún llevan las de perder)

El presidente de la Comisión Europea Jean Claude-Juncker desveló ayer un ambicioso proyecto de reforma de la UE que, para salir adelante, requerirá de grandes compromisos entre sus miembros

Foto: Un manifestante agita una bandera de la UE frente al Parlamento de Londres, el 13 de septiembre de 2017. (Reuters)
Un manifestante agita una bandera de la UE frente al Parlamento de Londres, el 13 de septiembre de 2017. (Reuters)

“Es el momento de pasar de las palabras a los hechos”. La advertencia la firma el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, un europeísta declarado que este miércoles ha desvelado en su Discurso del Estado de la Unión un ambicioso proyecto de reformas con las que pretende dar un impulso fundamental a la UE. Con la vista en dejar atrás una década de crisis, Juncker ha pedido aprovechar el momento. “El Brexit no nos va a detener”, ha garantizado. Ahora queda por ver si no son los nacionalismos los que, una vez más, ponen freno al europeísmo.

Juncker ha pronunciado un discurso potente, cargado de tintes federalistas, que rompe algunos de los tabúes europeos vigentes. Pero, ¿aceptarán Irlanda o Luxemburgo a perder el poder de parar cualquier propuesta fiscal que no les guste? ¿Confiarán los pequeños países bálticos en sus socios los suficiente como para abandonar la unanimidad hoy exigida para tomar decisiones de política exterior, que en la práctica les da poder de veto? La experiencia invita a ser prudentes.

Es cierto que las dos principales potencias europeas, que refuerzan su preeminencia con la salida de Reino Unido de la UE, se entienden. Y que cuando Berlín y París se alinean, la suerte se pone de cara para Europa. Pero sería ingenuo pensar que la victoria de Emmanuel Macron en Francia y la previsible reelección de Angela Merkel en Alemania hayan colocado a la UE ante un camino de rosas. Los intereses nacionales de ambas potencias -y sus visiones de Europa- divergen en puntos fundamentales. Y su empuje crea serios recelos entre muchos de sus socios.

Reino Unido se va, pero no se lleva consigo toda la oposición a una mayor integración europea. De un lado, países tradicionalmente liberales como Holanda, Dinamarca y Finlandia desconfían de sus vecinos de mayor tamaño y ven con malos ojos todo intento de Bruselas por imponer más “burocracia” europea. Una actitud que podría resumirse en un “juntos, pero no revueltos”.

Pero además, Grecia es la prueba de que la crisis sigue al acecho e Italia es una bomba de relojería. Y aunque el Gobierno de Paolo Gentiloni es un apoyo seguro para las ambiciones reformistas europeas, no está claro que “il popolo” lo secunde. Por su parte España, siempre la más federalista de la clase, aún no ha recuperado el terreno perdido durante la crisis y tiene poca tracción entre sus socios.

Jean-Claude Juncker preside el debate del Estado de la Unión en la Eurocámara en Estrasburgo (Francia), el 13 de septiembre de 2017. (EFE)
Jean-Claude Juncker preside el debate del Estado de la Unión en la Eurocámara en Estrasburgo (Francia), el 13 de septiembre de 2017. (EFE)

"Europa no puede funcionar sin compromiso"

Después de que la crisis del euro dividiera a los países entre deudores y adeudados, a la brecha norte-sur se ha sumado en los últimos dos años la este-oeste. Por evitar caer en valoraciones sobre las ampliaciones de la UE hacia el este, tampoco se puede ignorar que el nivel de convergencia de estos países con sus socios occidentales es insuficiente, lo que crea dificultades a la hora de poner en marcha políticas a Veintiocho o, pronto, a Veintisiete.

La experiencia reciente muestra que forzar a los países del este a aceptar unos estándares que los del oeste consideran elevados puede expandir el temor entre sus ciudadanos a que quieran arrebatarles su cultura propia. Pero también es peligroso caer en el laxismo que ha permitido que Hungría y Polonia resuciten el autoritarismo en pleno corazón de la Unión Europea.

¿Qué hacer? En su discurso, Juncker ha puesto sobre la mesa palos y zanahorias para todos. “Una Unión más unida necesita ver el compromiso no como algo negativo, sino como el arte de superar las diferencias. La democracia no puede funcionar sin compromiso, Europa no puede funcionar sin compromiso”, ha advertido Juncker.

Sobre este espíritu, el presidente de la Comisión Europea no renuncia al sueño federalista: una Unión Europea más democrática, que avance a un mismo ritmo, pese a sus diferencias. Para ello, quiere a todos los países en el euro y la zona de libre circulación Schengen. París y Berlín, en cambio, se muestran preparados para dejar atrás a los rezagados y poner en marcha la “Europa a varias velocidades”.

Hará falta que la política dé lo mejor de sí para que Juncker consiga sacar adelante todas las propuestas que pretende ver en pie en apenas un año y medio, que incluyen acuerdos comerciales con Australia y Nueva Zelanda, un ministro de Economía comunitario, un Fondo Monetario europeo, una agencia que controle que el mercado laboral funciona en la UE y evite el dumping social, entre muchas otras. Juncker ha pedido aprovechar los vientos de cola para desplegar al fin las velas de la UE, pero corre el riesgo de que el viento se lleva, también, sus palabras si no logra que éstas no se concretan en hechos.

Juncker abandona el estrado tras dirigirse a la Eurocámara. (Reuters)
Juncker abandona el estrado tras dirigirse a la Eurocámara. (Reuters)

Las claves del proyecto de Juncker

Juncker quiere que las cosas cambien de verdad en la Unión Europea. Y que cambien ya: para el próximo año o año y medio, Juncker ha propuesto una batería de medidas que impulsen el proyecto europeo. Las elecciones alemanas serán el pistoletazo de salida para que la Unión se ponga en marcha tras una década de crisis y pese al Brexit. Aquí las principales propuestas que ha desvelado en su discurso.

Economía y Finanzas

- Quiere que todos los países de la UE se unan al euro. “Es la moneda de Europa, no de unos países elegidos”, dice. Para ello, propone crear un “mecanismo de pre-adhesión al euro”, en línea con los procesos de candidatura a entrar en la Unión Europea. Se niega, además, a crear un presupuesto para la zona del euro.

- Que todos los países, tanto los que están ya en el euro como los que no, se unan a la Unión Bancaria, proyecto creado sobre la eurozona. Para lo que, explica, es necesario que se reduzcan los riesgos que aún acumula el sector financiero en varios países. Es necesario “reducir y compartir riesgos”, dice Juncker.

- Crear un ministro de Economía y Finanzas de la Unión Europea, un cargo hasta ahora inédito, que sería además el vicepresidente del Eurogrupo. Juncker no quiere crear un cargo más, sino que lo ocupe un vicepresidente de la Comisión Europea. Hoy, hay dos vicepresidentes económicos: Valdis Dombrovskis (para el Euro) y Jyrki Katainen (para Empleo, Crecimiento e Inversiones). Sin embargo, el actual comisario de Economía y Finanzas, Pierre Moscovici, es el gran defensor de crear un puesto para el que se ve candidato. Y puede argumentar que su predecesor, Olli Rehn, fue ascendido a vicepresidente de la Comisión Europea durante su mandato, en plena crisis económica.

- Romper el tabú que rodea a la fiscalidad para poder pasos a nivel europeo en este territorio. Hasta ahora es casi imposible, ya que toda decisión se tiene que tomar por unanimidad, por lo que Juncker quiere que se elimine este poder de veto nacional. 

Comercio

- Quiere abrir las negociaciones comerciales con Nueva Zelanda y Australia.

- Promete más transparencia durante las negociaciones de tratados de libre comercio.

- Plantea crear un sistema que analizará las inversiones internacionales en Europa, para controlar la entrada de capital extranjero en proyectos o empresas europeas clave. “No somos unos ingenuos defensores del libre comercio, la UE defiende sus intereses estratégicos”, ha asegurado Juncker. 

Democracia, instituciones

- Pide reforzar la defensa de los valores europeos y una Unión Europea que tenga presente que se fundamenta en la “libertad, igualdad y Estado de Derecho”. Avisa de que quien no cumpla con esto, no debe estar en la Unión. “El Estado de Derecho no es una opción en la Unión Europea, es obligatorio”, dice, en un claro recado a Hungría y Polonia.

- Rechaza la idea de crear un parlamento para la zona del euro.

- Plantea fusionar la presidencia del Consejo Europeo y la de la Comisión Europea, es decir, poner bajo el liderazgo de una sola persona a la institución que reúne a los líderes nacionales y al Ejecutivo comunitario. Tener “un solo capitán” facilitaría, bajo su punto de vista, el manejo del “navío” europeo.

- Aboga por el proceso por el que él mismo fue elegido como presidente de la Comisión Europea, el conocido como “spitzenkandidaten”. Consiste en que cada grupo político presente a su candidato a presidir la Comisión en las elecciones europeas, y que aquel más votado acceda al cargo. Es uno de los escasos -y modestos- pasos para democratizar la UE que se ha dado durante la crisis. 

- Propone más transparencia y un nuevo código de conducta para los comisarios europeos.

- Para "reforzar la democracia europea”, Juncker apoya que se presenten listas trasnacionales en las elecciones europeas, en lugar de listas nacionales como hasta ahora. La idea es que las elecciones europeas sean de verdad europeas, no que se vote en función de la situación nacional.

Interior, terrorismo, migración

- Exige que Rumanía y Bulgaria entren en Schengen, tal y como vienen exigiendo ambos países desde hace años, pese a las reticencias de países como Francia.

-Anuncia la creación de una agencia centrada en la ciber seguridad, para luchar contra las amenazas digitales.

Exteriores

- Dice que la candidatura de Turquía a entrar en la UE está en un estado de muerte clínica.

- Pretende facilitar la toma de decisiones en materia de política exterior, dejando de lado la exigencia de lograr unanimidad para adoptarlas por mayoría cualificada. Como en propone para la fiscalidad, esto evitaría que un solo país pudiera vetar un consenso generalizado.

Pilar social, Consumo

- Quiere evitar el dumping social dentro de la propia Unión Europea, por ejemplo con casos como los controvertidos “trabajadores desplazados”. Plantea para ello crear una agencia europea dedicada a controlar el mercado laboral y que se cumplen las reglas. "Si Europa quiere tener éxito, no puede darle la espalda a los trabajadores”, dice.

- En un guiño al este, exige que se evite que haya alimentos que se comercialicen con peor calidad en algunos países europeos, respecto a otros.

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