"hablamos del destino de todo el continente"

Bruselas, cada vez más cerca de pulsar el “botón nuclear” ante la deriva de Polonia

Por primera vez en la historia europea, un país está al filo de sufrir el máximo castigo que sus socios le pueden infringir. Pulsar el "botón" supondría despojar a Polonia de sus derechos de voto

Foto: Mujeres durante una protesta contra los planes contra el aborto del Gobierno polaco, en Varsovia. (Reuters)
Mujeres durante una protesta contra los planes contra el aborto del Gobierno polaco, en Varsovia. (Reuters)

“Estoy es muy serio (…) Cuando hablamos de la situación del Estado de Derecho en Polonia, hablamos del destino de todo el continente”. No exagera Frans Timmermans, vicepresidente primero de la Comisión Europea cuando advierte de la importancia de hacer que se respeten los valores democráticos -“lo que nos define como europeos”, en sus propias palabras- dentro de la propia UE. Una difícil tarea en un momento en que las aguas de la crisis económica al fin se están retirando, para dejar al descubierto los graves daños que han causado sobre los pilares más básicos del viejo continente.

Enclavada en el corazón de la Unión Europea, Polonia ha emprendido una deriva que le aleja de la democracia y la acerca a un régimen autoritario. Y, aunque el Gobierno liderado por Beata Szydło y tutelado entre bambalinas por Jarosław Kaczyński, perdió en julio la batalla de su polémica reforma judicial con la que pretendía nombrar directamente a los miembros del Tribunal Supremo, está preparado para ir a la guerra. Y el mes que le dio Bruselas para recapacitar está a punto de agotarse.

Un castigo contra los caballos de Troya

"Respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos". Estas son las bases sobre las que se ha construido la Unión Europea, según sus tratados. Todos los países que son miembros del club comunitario han aceptado estos principios, pero si alguno los contraviene, se le puede aplicar el llamado "botón nuclear", el artículo 7 del Tratado. Un modo de evitar caballos de Troya.

En la UE, la máxima “dialogar antes que pelear” es ley. Pero dos no pueden hablar si uno no quiere. Y por primera vez en la historia europea, un país está al filo de sufrir el máximo castigo que sus socios le pueden infringir. Pulsar el "botón" supondría despojar a Polonia de sus derechos de voto -es decir, de su voz- en Bruselas. Su aplicación formal necesita la unanimidad del resto de socios, y Hungría asegura que lo bloquearía, pero no podría evitar que se abra el proceso contra el país.

Varsovia, contra (casi) todos

En la UE crece la sensación de que es necesario pararle los pies al Gobierno polaco. Lo dejó claro Emmanuel Macron nada más acceder a la presidencia francesa, pero ahora Angela Merkel ha llamado ya al orden a Varsovia. “Por mucho que quiera tener buenas relaciones con Polonia, no podemos simplemente mantener la boca cerrada y no decir nada, por mantener la paz y la calma”, avisa Merkel.

Frente a la mayoría de sus socios, Polonia puede contar con Viktor Orbán como su aliado. Pero su posición es delicada: por una parte no quiere apoyar un castigo que sus críticos querrían también que se le aplicara a Hungría, que tiene abiertos varios expedientes por contravenir los principios democráticos. Pero por otra parte, Orban nunca ha terminado de dar la espalda a sus socios, que le han permitido mantenerse como miembro en el Partido Popular Europeo. Si la tensión llega al extremo y tiene que elegir bandos, la presión será muy fuerte para que no bloquee la retirada de voto a Polonia.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

La lista de agravios es larga, e incluye reducir las pensiones de las mujeres respecto a las de los hombres alegando que viven más tiempo y cuestan más. También talar un bosque centenario protegido pese a que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea le ha exigido que se detengan. Tratar de pasar una ley que permitía al ministro de Justicia destituir a cualquier juez a su antojo, minando la separación de poderes. Reducir drásticamente los derechos reproductivos de las mujeres. Ignorar las llamadas al diálogo de Bruselas, entre otras cuestiones.

Pero además, Kaczyński es un viejo enemigo político de Donald Tusk, el actual presidente del Consejo Europeo, cuya reelección Varsovia trató de boicotear en un movimiento en el que se quedo sola frente al resto de los 27 países miembro. En cambio, el Gobierno polaco se apresuró a dar la bienvenida a Donald Trump en su segundo viaje a Europa pese a, o precisamente por, su hostilidad hacia la UE.

Y después, ¿qué?

Polonia ha agotado la paciencia de muchos, pero si no se ha dado todavía el paso adelante es en buena medida por el temor a que la situación se enquiste. La integración de Polonia en la Unión Europea era presentada como un modelo a seguir por otros de los nuevos socios y perder al mayor de los países de las ampliaciones recientes puede ahondar en la fractura entre el este y el oeste europeo.

Además, el artículo 7 está concebido como un instrumento de último recurso. Si con su activación no se logra que Polonia reaccione, la UE no tendrá muchas más herramientas a mano. Una petición recurrente es que la Comisión golpee en lo financiero, además de lo político, congelando los fondos estructurales que recibe el país hasta que recapacite.

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