KIM JONG-UN REVIENTA LA CUMBRE DE LOS BRICS

El chantaje 'atómico' de Corea del Norte: quiere que China le haga el trabajo sucio

A Pekín le aterroriza la posibilidad de que la crisis norcoreana quede fuera de control. Pyongyang lo sabe y trata de sacarle partido, pero podría haberse equivocado al elegir el momento

Foto: El presidente chino Xi Jinping, a su llegada al banquete de bienvenida de la cumbre de los BRICS en Xiamen, el 4 de septiembre de 2017. (Reuters)
El presidente chino Xi Jinping, a su llegada al banquete de bienvenida de la cumbre de los BRICS en Xiamen, el 4 de septiembre de 2017. (Reuters)

Para China, la celebración de la cumbre de los líderes de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), en la ciudad costera de Xiamen, suponía una nueva oportunidad para dar al mundo una imagen de potencia emergente responsable, capaz de promover la cooperación entre los países en vías de desarrollo. Sin embargo, el Gobierno chino no podía prever que el domingo pasado, el día que comenzaba el encuentro, un terremoto a más de 2.500 kilómetros de distancia cambiaría por completo el guion de la reunión. Poco después del temblor, el Gobierno norcoreano anunció que había llevado a cabo su sexta prueba nuclear y que había conseguido desarrollar una bomba de hidrógeno capaz de ser transportada por los misiles intercontinentales del país.

El anuncio puso el foco sobre el Gobierno chino, considerado el único aliado internacional del régimen norcoreano, y frustró los planes de un encuentro sin sobresaltos. Se trata de la tercera ocasión este año que Pyongyang consigue entorpecer los planes de Pekín, después de haber conducido pruebas balísticas justo antes del primer encuentro entre el presidente chino, Xi Jinping, y su homólogo norteamericano, Donald Trump, y durante una reunión para promover distintas inversiones internacionales a lo largo de la histórica Ruta de la Seda, según recogía el 'South China Morning Post'. “Parece que Corea del Norte lleva a cabo una acción arriesgada cada vez que se produce un gran evento político en China”, admitía a ese periódico Zhang Liangui, profesor de relaciones internacionales en la Escuela Central del Partido Comunista de China (PCC).

Algunos analistas sugieren que la elección de estos momentos no es casual, y que Corea del Norte espera lanzar un mensaje claro al Partido Comunista de China (PCC) con ellos. “Está presionando [Kim] a China para que le diga a Trump: 'Debes sentarte con Kim Jong-un”, aseguraba a 'The New York Times' el analista Peter Hayes, director del Nautilus Institute, un centro de investigación especializado en Corea del Norte.

China se ha opuesto tradicionalmente al programa nuclear norcoreano, pero su principal temor es la caída del régimen, que podría provocar la llegada de centenares de miles de refugiados de Corea del Norte a China. Además, una península coreana unificada quedaría bajo el control de Seúl, un aliado militar de Estados Unidos, que podría estacionar sus tropas a las puertas del gigante asiático.

Estos cálculos han hecho que, en el pasado, el régimen chino se opusiera a algunas de las sanciones del Consejo de Seguridad de la ONU, o impusiera unos suministros mínimos para garantizar la supervivencia de Pyongyang. Aprovechando este temor, según Hayes, el dictador norcoreano Kim Jong-un quiere forzar a China a negociar una salida dialogada del conflicto con Washington, hasta que acepte a Corea del Norte como potencia nuclear.

Kim Jong-un, en una instalación secreta del ejército norcoreano, antes de una prueba de lanzamiento de un misil, en marzo de 2016. (Reuters)
Kim Jong-un, en una instalación secreta del ejército norcoreano, antes de una prueba de lanzamiento de un misil, en marzo de 2016. (Reuters)

Las burlas del 'joven Kim'

Por el contrario, otros expertos rechazan esta teoría, y apuntan a que Corea del Norte sencillamente busca con la nueva prueba atómica consolidar su poder de disuasión ante una posible ofensiva norteamericana. “Kim Jong-un, a diferencia de su padre, no ha tenido experiencias diplomáticas, y no usa las armas nucleares como monedas de cambio para las negociaciones”, explica a El Confidencial Nicola Leveringhaus, experta en Relaciones Internacionales en Asia del King’s College de Londres. “El objetivo final del test es demostrar que Corea del Norte es un Estado nuclear plenamente operativo”, asegura.

“Corea del Norte ya cuenta con un importante poder disuasorio, por lo tanto, la única explicación viable es que el ‘joven Kim’ disfruta burlándose de los americanos, ¿qué otra razón posible existe?”, comenta Steve Tsang, director del Instituto de China de la Universidad de Estudios Orientales y Africanos (SOAS) de Londres. Tsang recuerda que, en el pasado, “incluso Trump” se ha ofrecido a negociar con el país rebelde, sin éxito alguno.

En cualquier caso, los analistas dudan de que, pese a las nuevas provocaciones de Pyongyang, Pekín tomé ninguna decisión arriesgada respecto a su vecino. El Gobierno chino ya ha condenado la nueva prueba nuclear, y ha instado al país a evitar un posible nuevo test balístico. El PCC también anunció a mediados de agosto que había decidido prohibir las importaciones de hierro, carbón y marisco norcoreano, en cumplimiento con la última ronda de sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, recogía Reuters.

A su vez, China y Rusia han planteado una posible solución diplomática, que incluye la congelación de los ejercicios militares de Estados Unidos en la región, con el objetivo de rebajar la tensión. “No existe ningún tipo de apoyo internacional, y sin la aprobación de Washington no se conseguirá avanzar”, argumenta Leveringhaus.

Además, la nueva prueba nuclear se ha producido pocas semanas antes del próximo congreso del PCC, donde se anunciarán los elegidos para dirigir la formación durante los próximos cinco años. El actual presidente chino, Xi Jinping, busca reafirmar su poder en el cónclave, y quiere evitar cualquier tipo de sorpresas en las semanas previas al encuentro.

“Es posible que Corea del Norte buscara forzar a China a impulsar nuevas negociaciones, pero si es así, Kim Jong-un ha elegido un mal momento, ya que Xi no realizará ningún cambio importante”, comenta Elizabeth Wishnick, experta en política exterior china de la Universidad de Columbia, en Nueva York. “Y tampoco puede esperar que Trump recompense su mal comportamiento con un encuentro”, dice.

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