el objetivo es proteger los sectores estratégicos

Berlín trata de poner coto a las compras chinas de empresas alemanas

Deutsche Bank, Bosch, Kuka y hasta un aeropuerto entre las empresas afectadas

Foto: Billetes de renminbi (RMB) en un local de cambio de divisas. (Reuters)
Billetes de renminbi (RMB) en un local de cambio de divisas. (Reuters)

China aprovechó la crisis de la deuda para salir de compras por Europa. Especialmente por la atribulada periferia. Pero no se ha quedado allí. Ahora ha centrado su atención en la locomotora económica del continente. En los últimos meses se han multiplicado las adquisiciones totales y parciales de empresas alemanas. Entre ellas, Deutsche Bank, Bosch y hasta un aeropuerto. Berlín trata de proteger los sectores más estratégicos -e incluso ha llegado a bloquear alguna operación- pero tiene las manos atadas con el volumen de inversiones que mantienen sus empresas en el gigante asiático.

La última acaba de culminarse. El estado federado de Renania-Palatinado anunció el 9 de agosto que había finalmente cerrado los últimos flecos de su acuerdo con el conglomerado chino HNA para venderle por 15,1 millones de euros el 82,5 por ciento del aeropuerto de Hahn, deficitario crónico pero a 120 kilómetros de Fráncfort. El nuevo propietario, con intereses en los sectores inmobiliario, aviario, turístico, financiero y logístico, es accionista mayoritario de la cuarta aerolínea china (Hainan Airlines) y posee el 25 por ciento de Hilton Worldwide y casi el 30 por ciento de NH Hoteles. Este gigante ocupa el puesto 353 de la lista Global 500 que elabora la revista Fortune sobre las mayores empresas del mundo.

Pero no es en absoluto una pica en Flandes. Sino el último ejemplo de una tendencia ya consolidada y creciente. Para bien o para mal. Porque en el Gobierno alemán se ven con recelo, incertidumbre y cierta impotencia los avances que están realizando en distintas ramas de su sector privado las empresas chinas.

La operación que más sigue dando que hablar es la adquisición del 10 por ciento del Deutsche Bank, el mayor instituto financiero de Alemania y el decimosexto del mundo por activos. Y detrás vuelve a estar la china HNA, que se ha convertido en el mayor accionista de la entidad y ha puesto un consejero en la junta directiva. La compra se fraguó en otoño del año pasado, cuando a raíz de la serie de escándalos en los que se ha visto envuelto, el Deutsche Bank necesitaba un importante aporte de capital. Se llegó a especular entonces con un rescate público. Pero HNA sacó la cartera.

La IED china en la UE se multiplica

Desde que se formalizó la entrada de HNA en Deutsche Bank, el conglomerado chino ha tratado en varias ocasiones de tranquilizar al resto de accionistas, a otras entidades bancarias y al Gobierno alemán sobre sus intenciones. "HNA está muy satisfecho con su cuota del 9,9 por ciento. No hay planes de incrementar esta participación", explicó en una entrevista a Der Spiegel el directivo que ha puesto HNA en el consejo de vigilancia del banco, Alexander Schütz, "Nuestra influencia está siendo sobrevalorada", agregó.

Pero se han registrado más compras en los últimos meses. Las empresas chinas, privadas y públicas, invirtieron en 2016 un total de 11.000 millones de euros, según un estudio de las consultoras Merics y Rhodium. Esta cantidad supone cerca de un tercio de los 35.000 millones de euros que China invirtió ese año en la UE, con lo que Alemania se convirtió en el principal destino europeo de la inversión extranjera directa (IED) del gigante asiático. Con el empuje de los últimos años, Alemania se ha convertido en el segundo país europeo más atractivo para China en lo que va de siglo. Entre 2000 y 2016, la primera economía europea se ha hecho con el 18,8 por ciento de la IED china, tan sólo por detrás de Reino Unido.

Entre las decenas de compras, ha habido otras sonadas. Por ejemplo, la adquisición de la división de motores de arranque de Bosch. El grupo de maquinaria minera de Zhengzhou y la inversora China Renaissance Capital Investment se hicieron con esta unidad de negocio, que cuenta con unos 7.000 trabajadores de 16 fábricas en 14 países, por una cantidad que no ha trascendido. Asimismo, la alemana Kuka, uno de los mayores fabricantes de robots industriales del mundo, fue adquirida por el fabricante de electrodomésticos Midea por unos 4.600 millones de euros el año pasado.

La inversión china en activos fijos ha crecido un 8,6% entre enero y junio de 2017. (Efe)
La inversión china en activos fijos ha crecido un 8,6% entre enero y junio de 2017. (Efe)

Una estrategia bien definida

Otra que suscitó una gran controversia, y que finalmente fracasó, fue la adquisición de Aixtron, una tecnológica que produce de LED azul a transistores de grafeno. El Gobierno alemán paró a última hora la operación, enfureciendo a Pekín, después de que Washington impidiese la compra de la filial estadounidense de la empresa alegando "riesgos para la seguridad nacional". Berlín entonces detuvo completamente la transacción, en la que el Fujian Grand Chip Investment Fund (FGC), un vehículo de un gobierno regional chino, ofrecía 676 millones de euros por la alemana, con presencia en 14 países y una facturación de 196 millones de euros.

Las razones tras esta avalancha inversora china son varias, como explican Philippe Le Corre y Alain Sepulchre en su libro "La ofensiva de China en Europa". Apuntan, por ejemplo, que las cotizaciones de muchas empresas europeas se quedaron a precios muy competitivos tras la crisis. Asimismo, destacan que algunas empresas alemanas combinan tamaños asequibles con tecnología puntera. Además, explican que en las relaciones políticas y económicas de China con Europa se percibe menos confrontación que en las del gigante asiático con Estados Unidos, lo que facilita los negocios.

Pero hay más. Este flujo de inversiones no es en absoluto arbitrario, a juicio de Le Corre y Sepulchre. Sigue una estrategia perfilada por Pekín. El informe "Actividades de los inversores chinos en Alemania", publicado este año por Christian Rusche, del Instituto de Investigación Económica (IW) de Colonia, también inciden en este punto y asegura que tiene sistema. "El objetivo de la política de inversiones de China es, a través de adquisiciones específicas, asegurarse know-how, modernizar su propia industria y posibilitarse un camino hacia un escalón de alto valor añadido", indica el estudio.

El Gobierno alemán también parece de esta opinión. Y por eso está tratando de reaccionar. Manteniendo siempre alzada la bandera del libre comercio, trabaja para proteger lo que considera sectores estratégicos y tecnologías de futuro. Empezando por exigir juego limpio a Pekín -que apoya financieramente muchas inversiones- y por pedir reciprocidad. "No está bien que Alemania ofrezca sus empresas en el altar del libre mercado mientras que nuestras compañías tienen enormes problemas invirtiendo en China", argumentaba recientemente el ahora ministro de Exteriores Sigmar Gabriel, y entonces ministro de Economía.

Pero no sólo son palabras. El Gobierno alemán acaba de aprobar este julio una normativa que facilitará que el Ministerio de Economía vete ciertas operaciones de empresas extranjeras si éstas pueden afectar "infraestructuras críticas". Como sucedió en el caso de Aixtron. Además, Berlín está trabajando en Bruselas para que avance el acuerdo bilateral de inversiones entre la UE y China, en busca de un terreno de juego equilibrado y justo.

Berlín tiene además un problema añadido. China es un socio internacional cada vez más importante, especialmente en los tiempos del impredecible Trump. Y las grandes empresas alemanas mantienen enormes inversiones en China. Mucho mayores que las que fluyen en sentido contrario. Cualquier revés que contraríe a Pekín puede tener graves consecuencias.

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