¿Por qué quería quito una valla en la frontera?

El muro que ha 'resucitado' el último conflicto armado entre Perú y Ecuador

El muro de Trump no es el único que suscita polémica en América. 20 años después de la guerra del Cenepa, una valla ha provocado un conflicto diplomático. ¿Por qué quería Quito construirla?

Foto: Trabajadores ecuatorianos durante la construcción del muro fronterizo entre Ecuador y Perú, en Aguas Verdes. (Reuters)
Trabajadores ecuatorianos durante la construcción del muro fronterizo entre Ecuador y Perú, en Aguas Verdes. (Reuters)
El canal de Zarumilla es una apestosa y pequeña acequia por la que corre un sospechoso reguero de agua ennegrecida. Nadie repararía en ella de no ser porque separa dos países que estuvieron en guerra hace apenas 22 años. En su orilla norte se alza la localidad ecuatoriana de Huaquillas. Su linde sur es parte del municipio peruano de Aguas Verdes. Ambas localidades forman ‘de facto’ una única ciudad. Sus habitantes llevan décadas explotando las ventajas de vivir entre dos Estados.

Pequeños puentes improvisados compuestos por tablas de madera de distintos tamaños salpican el recorrido del canal. Sobre ellos transitan a diario cientos de personas. Muchas han hecho del contrabando su oficio. Los ecuatorianos transportan bidones de petróleo y gas, subvencionado en su país, hacia la zona peruana. Los peruanos, a su vez, introducen en Ecuador electrodomésticos, frutas y verduras, más baratas en su territorio por razones cambiarias y tributarias. A ambos lados de la frontera se erige un bullicioso mercado. Tanto dólares ecuatorianos como soles peruanos son aceptados por los tenderos.

¿Por qué un muro de 4,4 millones?

Un terremoto político ha sacudido la zona en las últimas semanas. El muro de Donald Trump en la frontera entre EEUU y México ya no es el único que suscita polémica en América. Ecuador inició hace unas semanas y a toda prisa la construcción de un paredón paralelo al recorrido de la acequia. Medio centenar de operarios han dejado el trabajo casi finiquitado en cuestión de días.

La alarma saltó cuando Lima mentó los Acuerdos de Brasilia. Ese tratado selló el final del último conflicto armado entre dos países latinoamericanosLa estructura tiene entre uno y cuatro metros de alto. Su longitud ronda el kilómetro y el valor total de la obra asciende a 4,4 millones de dólares. Quito la describe como un “muro de hormigón armado que dará soporte a la plataforma de relleno destinada a nivelar el terreno” donde se asentarán un futuro “parque lineal”, un centro comercial y un mercado popular. El Gobierno ecuatoriano cree que contribuirá a frenar el contrabando y obligará a los comerciantes a formalizarse.

“El flujo de bienes y personas entre Huaquillas y Aguas Verdes es muy dinámico. Los controles aduaneros físicos, ya de por sí bastante vulnerables, no se encuentran en la misma línea de frontera, sino en localidades intermedias o no muy cercanas”, explica Nicolás Zevallos, investigador de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

Perú no ha ‘comprado’ el argumento de que el muro sirva para acabar con el contrabando. El Gobierno de Pedro Pablo Kuczynski reaccionó duramente a la construcción del muro fronterizo. Lima exigió la paralización de las obras el pasado 5 de junio mediante una carta de protesta. “Impacta negativamente en la integración fronteriza”, recalcaba la misiva. A los diplomáticos peruanos les molestó especialmente que Quito no consultase el proyecto antes de iniciar su construcción.

Trabajadores ecuatorianos construyen un muro en la frontera con Perú, en Aguas Verdes. (Reuters)
Trabajadores ecuatorianos construyen un muro en la frontera con Perú, en Aguas Verdes. (Reuters)

Ecuador intentó excusarse. Los diplomáticos del país dirigido desde el pasado mayo por Lenín Moreno, heredero del expresidente Rafael Correa, intentaron convencer al vecino sureño exponiendo alguna de las bondades de su idea, como el cambio de los improvisados puentes por estructuras seguras. El “parque”, además, solo cubriría un kilómetro de una frontera de más de 1.500 kilómetros de extensión. “La construcción no debe ser considerada como divisoria. Las principales quejas se dieron sobre todo por parte de los comerciantes de la zona que comenzaron a sentir un impacto en sus negocios”, señala Cristian Bravo, profesor de la Universidad Internacional del Ecuador.

Quito aludió también a la posibilidad de prevenir inundaciones. El lugar fue asolado por el fenómeno conocido como El Niño Costero durante la temporada de lluvias de principio de año. Los expertos peruanos creen que efectivamente el “muro” serviría para reducir los riesgos en la zona ecuatoriana. El peligro de inundación, en cambio, aumentaría exponencialmente en su territorio, según sus cálculos.

Conflicto entre dos países con una guerra reciente

Ecuador no cedió, en un primer momento. Rechazó parar las obras pero, eso sí, invitó a los diplomáticos peruanos a una reunión para darle una respuesta al asunto. Perú reaccionó a la negativa el pasado 10 de julio, llamando a consultas a su embajador en Quito.

La alarma saltó cuando Lima mentó los Acuerdos de Brasilia de 1998. Palabras mayores. Ese tratado selló el final del último conflicto armado entre dos países latinoamericanos: la Guerra del Cenepa, que enfrentó en 1995 a Perú y Ecuador por cuenta, precisamente, de la demarcación de la frontera común entre los dos Estados. Las constantes batallas dejaron decenas de muertos.

“La construcción constituye un incumplimiento del numeral 21 del Acuerdo de Bases (…) mediante el cual Ecuador se obligó a dejar una franja de 10 metros al lado derecho del Canal, para que amos países pudieran realizar su mantenimiento y limpieza”, reza el comunicado peruano. Desde la acequia al muro hay apenas cuatro metros, critican. Ecuador niega tal extremo.

"Un muro solo favorecería al crimen organizado"

La tensión se redujo el jueves 13 de julio, durante una reunión entre los ministros de Exteriores de ambos países. Quito dio marcha atrás y aceptó paralizar las obras, a pesar de estar muy avanzadas: “Pensamos que es un tema técnico que se puede resolver de la manera más adecuada para ambos países. Estamos seguros de que vamos a encontrar una salida, porque un parque lineal o un muro no pueden desconocer veinte años de paz permanente y duradera en beneficio de la población fronteriza”, señaló la ministra de Exteriores de Ecuador, María Fernanda Espinosa.

Los dos Estados parecen ahora dispuestos a encontrar una solución conjunta a la crisis. Podría ser el momento, según los expertos, de afrontar otro de los grandes problemas de la frontera, como es el tránsito irregular de personas, especialmente de haitianos con destino Brasil.

Quien conoce el paso fronterizo no cree que un muro vaya a solucionar el flujo ilícito de bienes y personas, sino todo lo contrario: “Las investigaciones en otras latitudes sugieren que el endurecimiento arbitrario de los controles solo favorece al crimen organizado, pues hace más rentable el negocio del traslado de personas y productos. Es posible que una medida así derive en prácticas de corrupción y de violencia organizada, en un lugar de por sí bastante complejo”, reflexiona Zevallos.

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