VENCE EN LAS ELECCIONES POR UN CLARO MARGEN

¿Qué quieren los israelíes? Cinco cosas que exigen al ganador Netanyahu

Más seguridad, más protección de los derechos sociales, mejorar la economía... estas son algunas de las cuestiones que más preocupan a los ciudadanos y sus exigencias para el nuevo gobierno

Foto: Simpatizantes del Likud reaccionan en Tel Aviv tras conocer los primeros resultados de las elecciones (Reuters).
Simpatizantes del Likud reaccionan en Tel Aviv tras conocer los primeros resultados de las elecciones (Reuters).

Son las cuartas elecciones de la Knesset en diez años, convocadas tras discrepancias internas en el Gobierno de Netanyahu y que dan muestra de la inestabilidad de la política israelí. En la calle, muchos las han percibido como un referéndum para Bibi, una prueba que el primer ministro ha superado con nota tras destrozar los sondeos que le otorgaban sólo 20 escaños. Nadie, ni siquiera el propio Netanyahu, podría imaginar hace doce horas el drástico cambio de tornas (el Likud logra 29 escaños, frente a los 24 de la Unión Sionista). Otros israelíes las han visto como una oportunidad para el cambio. Partidos de reciente creación, como la propia Unión Sionista y la Joint List, una coalición de partidos árabes que participa, por primera vez, en el proceso electoral del país, han dado un vuelco al panorama político.

Netanyahu tiene la intención de formar gobierno en el plazo máximo de dos o tres semanas, según un comunicado del Likud en el que este partido precisa que el primer ministro "ya ha hablado con todos los partidos con representación parlamentaria que ve como socios para su nuevo gobierno", su tercero consecutivo y el cuarto de su carrera. Se trata de los dirigentes de la formación "La Casa Judía", Naftalí Bennet; el de Kulanu, Moshé Kahlón; de Israel Beitenu, Avigdor Lieberman; del Shas, Arie Deri; y los del Judaísmo Unido de la Torá, Moshé Gafni y Yaacov Litzman. Con ellos, el primer ministro israelí podría alcanzar una mayoría parlamentaria de 67 de los 120 escaños del Parlamento, y con una coalición exclusivamente de derechas y de ultraortodoxos, es decir, de las más homogéneas que ha tenido el país en las últimas dos décadas.

El espectro de partidos israelíes es muy variado -concurríeron un total de 25 para ocupar los 120 asientos de la Knesset-, pero diverso es también el conjunto de votantes que, a pie de urna, confesaban ayer sus preocupaciones. Estos son los asuntos que más inquietan a los ciudadanos y sus exigencias para el nuevo gobierno que regirá el país.

Más seguridad

“Voy a votar al hombre que mis enemigos no quieren en el gobierno. Y ese es Benjamin Netanyahu”, dice a El Confidencial Raphael Haar, miembro de la UJFA (Alianza por la libertad y por un Jerusalén Unido). Los votantes del Likud han expresado especial inquietud por la defensa nacional. “Tenemos varios frentes abiertos: ISIS en el Golán, Hezbollah en Siria y en Líbano, células de Al Qaeda en el Sinaí, Hamás en Gaza y a los Hermanos Musulmanes en Jordania”, explicó Raphael, un americano-israelí que acude a las urnas trajeado con banderas israelíes y una gorra que muestra el eslogan “No al Califato Islámico”. 

Israelíes a las puertas de un colegio electoral en Tel Aviv (Reuters).
Israelíes a las puertas de un colegio electoral en Tel Aviv (Reuters).

El fervor militar de este grupo les lleva a apostar por un líder fuerte. Es el miedo a la “amenaza nuclear de Irán” o al rearme de la Franja de Gaza lo que mantiene a estos votantes próximos al Likud. Y el todavía primer ministro ha explotado este temor para aunar más votos durante su campaña. En la cola de un colegio electoral de Jerusalén, Hana enseña la papeleta de Netanyahu. “Prefiero sacrificar los temas sociales por tener un primer ministro con más autoridad. Mi hijo está en el ejército, tengo miedo de nuestra relación con los demás países árabes de la región…”. Dice no confiar en otros candidatos “sin experiencia militar” que pueden llevar a Israel a adoptar políticas más laxas.

En la salida del colegio, una mujer francesa expresa abiertamente su entusiasmo por Netanyahu: “Aprecio cómo está apoyando a los judíos franceses después de lo de Charlie Hebdo. Netanyahu ha hecho de Israel un refugio para los judíos de Europa”.

Mejorar la economía individual

Pero es el altísimo coste de vida -Israel posee los precios más altos de toda la región- el verdadero problema que afecta a los israelíes. La imparable inflación en los bienes más básicos ha empobrecido a los ciudadanos. Y este ha sido el tema principal durante los días de campaña. Tanto la derecha como la izquierda exigen una vivienda más asequible y precios más razonables en el supermercado.

Los desorbitados precios de los alquileres suponen la mayor carga para los bolsillos. Un piso de dos habitaciones en Jerusalén cuesta 4.400 shekels (más de 1.000 euros) al mes. “Es imposible comprar una casa”, explica malhumorado un votante de Bennett, líder de la derecha radical. “La clase rica y extranjera ha reventado los precios de la vivienda para crear una burbuja y solo podemos pagar apartamentos minúsculos”, denuncia una joven bielorrusa judía, que asegura dar su confianza al líder de centro Yair Lapid.

Una pegatina de Herzog y Livni en la chaqueta de un niño cuya madre vota en Tel Aviv (Reuters).
Una pegatina de Herzog y Livni en la chaqueta de un niño cuya madre vota en Tel Aviv (Reuters).

Protección de Derechos Sociales

En el ámbito social, es el entorno universitario el más contestatario. En las cercanías a la Universidad de Jerusalén, varios grupos se confesaban votantes de Meretz, el partido de izquierda por excelencia, que ha obtenido pésimos resultados en los últimos años.  “Nuestro Gobierno destina todos nuestros impuestos a la seguridad, ya es hora de mejorar la calidad de vida de la clase media”, explica a El Confidencial un joven que trabaja a tiempo parcial como camarero.

Ellos reflejan las aspiraciones de los israelíes de izquierda, empeñados en obtener mejoras sociales, como una mayor cobertura sanitaria, una vivienda más asequible, una mejora en el nivel de la educación y aumentar los derechos de los trabajadores. En las escuelas públicas, “Israel destina demasiado dinero a incluir la religión lo que provoca una deficiencia científica”, explica Anuna, una joven que acaba de terminar el servicio militar.

Recuperar las relaciones con el exterior

La relación especial entre Israel y Estados Unidos se ha erosionado en los últimos años. El discurso de Netanyahu en el Congreso norteamericano provocó cierta crispación y alejó a muchos israelíes del primer ministro. Gran parte de los votantes ven necesario mantener los lazos con “Occidente”, especialmente con Estados Unidos, piedra angular del Estado de Israel. “Hemos perdido cualquier conexión con Estados Unidos y con Europa, Netanyahu quiere aislarnos”, comentan dos mujeres que entran en una escuela para votar. Esta vez van a optar por Unión Sionista, por “un líder más diplomático”.

Otro joven de Florida, que vino a Israel para hacer la Aliyah, cree que “el Gobierno ha tomado una dirección hacia la derecha algo alarmante. (…) Espero que con Herzog (Unión Sionista) en el poder podamos restablecer las relaciones con Estados Unidos y dirigirnos hacia esa visión sionista (más intermedia) de cuando este Estado fue creado”.

Un soldado deposita su voto en una urna móvil en Migdalim (Reuters).
Un soldado deposita su voto en una urna móvil en Migdalim (Reuters).

Más colonias vs. firmar la paz con Palestina

Unos y otros ven “la cuestión palestina” como el tema que les empuja a decidir entre las papeletas. En el primer caso, son los afines a los partidos más religiosos los que toman la palabra: “Nunca he votado en mi vida, pero hoy he venido aquí porque las encuestas dicen que va ganando la izquierda… si ganan los lunáticos de la izquierda, los árabes nos echarán de Jerusalén”, manifiesta Ruth, una anciana religiosa que apuesta por “ocupar toda la tierra de Samaria y Judea (Cisjordania)”, y expulsar de Israel a la población palestina. “Israel es sólo para los judíos”, sentencia. Como ella, una familia de “colonos sionistas” muestra su voto al partido religioso Yashad. “Mi principal preocupación es la supervivencia de nuestro Estado, nuestra tierra está en peligro”, argumenta.

En el otro extremo, están los israelíes seculares que, en minoría, apuestan por una renovación de las conversaciones de paz como un objetivo fundamental para el nuevo Gobierno. “Tenemos que encontrar una solución de una vez por todas”, exclama Hilla a la salida de su votación, “nuestros políticos no entienden que la paz es el fin de muchos de nuestros problemas. Hasta que no demos ciertos derechos a los palestinos, no dejaremos de vivir bajo amenaza terrorista”.

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