HERZOG, EL 'PRÍNCIPE' LABORISTA, GANA TERRENO

Seguridad vs. economía: las dos caras del futuro de Israel

Es el dilema que divide a los israelíes en una campaña dominada por la amenaza nuclear iraní, de la que Netanyahu ha hecho bandera, o el altísimo coste de vida, donde Herzog gana terreno

Foto: El líder laborista, Isaac Herzog, en una reciente visita al Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén (Reuters)
El líder laborista, Isaac Herzog, en una reciente visita al Muro de las Lamentaciones, en Jerusalén (Reuters)

“Buyi es el hombre de las elecciones, todos hablan de él”, comenta mientras conduce un taxista de Tel Aviv, en ocasiones los mejores encuestadores en período electoral. En los últimos días, el líder laborista, Isaac Herzog, al que todos conocen como “Buyi”, ha superado en intención de voto al invencible Benjamín Netanyahu. Según los últimos sondeos, la formación de Herzog y la exministra Tzipi Livni, Unión Sionista, se quedaría con 26 asientos, mientras que el Likud de `Bibi´, lo haría con 22.

“Personalmente, creo que (Herzog) no es lo suficientemente fuerte”, cuenta otro de los conductores, “Netanyahu es un ganador, Buyi es simplemente un político educado”. Y este es, también, el dictamen que ofrece la calle. Ambos líderes parecen las dos versiones del hombre israelí. “Herzog es, de algún modo, la antítesis de Netanyahu,” declaró Leslie Susser, editora política de la revista Jerusalem Report.

Seguridad frente a economía, defensa frente a concesiones sociales, autoridad frente a diálogo. Es el dilema que tiene divididos a los israelíes. Una campaña dominada por la amenaza nuclear iraní, de la que Netanyahu ha hecho bandera, o el altísimo coste de vida, donde Herzog ha ganado terreno. Y es precisamente la esperanza a un cambio el motor que ha llevado a “Buyi” a la cabeza de las encuestas.

El “príncipe laborista”

El nuevo rival de Netanyahu pertenece a una fornida estirpe de políticos, diplomáticos e intelectuales. Es hijo del sexto presidente israelí, Chaim Herzog, y nieto de un importante rabino askenazi en los primeros años tras la creación del Estado. En su árbol genealógico cuelgan consejeros de presidentes, representantes de la OMS, fundadoras de asociaciones contra el cáncer y analistas políticos, una familia solo comparable a la aristocracia.

Pasó su juventud en los mejores colegios e universidades de Nueva York, mientras su padre trabajaba como embajador israelí en Naciones Unidas. Su mujer, Michal, con la que tiene tres hijos, es abogada criminóloga. Jurista de profesión, Herzog se puso a la cabeza del partido laborista en el año 2013. Su verdadero nombre, Isaac, ha sido reemplazado por el apodo de infancia, Buyi, que quiere decir “muñeco”.

Es “diplomático”, “tímido” y “falto de carisma”, aseguran quienes le han entrevistado. Durante años ha mantenido un perfil bajo como miembro de la Knesset, donde ha servido como ministro de asuntos sociales y turismo. También ha sido líder de la oposición, puesto en el que fue acusado por sus contrincantes de no tener ninguna experiencia en materia de seguridad. Siempre ha querido airear la nobleza de su linaje: “Crecí en una casa donde el servicio al país era un modo de vida y no para conseguir ambiciones personales”, escribió en el diario Yediot Ahronoth.

Trabajadores colocan un cartel del primer ministro Netanyahu en Tel Aviv (Reuters).
Trabajadores colocan un cartel del primer ministro Netanyahu en Tel Aviv (Reuters).

La cara del cambio en Israel

"Mi objetivo más importante es reemplazar a Netanyahu”, afirmó Herzog en una de sus últimas ruedas de prensa. “La seguridad no sólo se consigue con las armas (…). La seguridad es algo mucho más amplio, tiene que ver con alianzas regionales, alianzas con nuestros vecinos como Jordania y Egipto, y con nuestro acuerdo estratégico con Estados Unidos”, declaró en una de las últimas entrevistas a CNN.

Aunque la cuestión palestina no ha ocupado un lugar central dentro de la campaña, Herzog apuesta por retomar las negociaciones con la Autoridad Palestina. Es de sobra conocida su postura ante la opción de dos estados como solución al conflicto. “Estoy deseando arrancar el proceso”, dijo, “plantearé una resolución internacional para conseguir la desmilitarización y la rehabilitación de Gaza, una especie de Plan Mini Marshall (…). Intento dirigirme al cambio y a la esperanza (…)”, concluyó.

También se ha mostrado contrario a la expansión de los asentamientos en Cisjordania, cuestión que, según dice, podría hacer de Israel un Estado apartheid que “terminaría con el sueño sionista”. Ante esto, Netanyahu lanzó un contraataque y dijo que el partido de Herzog y Livni era más bien una “unión anti-sionista”.

Herzog ha criticado, también, el reciente y sonado discurso de Netanyahu en el Congreso norteamericano. “Creo que debería haberlo hecho después de las elecciones”, dijo. También apuesta abiertamente por cuidar más las relaciones con el principal aliado del Estado judío, algo que le ha granjeado el respaldo de gran parte del electorado.

Un niño ultra-ortodoxo durante un acto de campaña de Tel Aviv (Reuters).
Un niño ultra-ortodoxo durante un acto de campaña de Tel Aviv (Reuters).

Partidos de centro: la llave del Gobierno

A pesar de la inquietud que están generando los recientes sondeos, las urnas israelíes no son de fiar. En una arena política tan fragmentada, no importa tanto quien consiga más votos sino quien tenga mayor capacidad para formar gobierno, quien reúna al menos 61 asientos de los 120 que componen la Knesset. Y ahí, el Likud es más fuerte. Fundamentalmente, porque Israel cuenta con más grandes partidos de derecha que formaciones con políticas de izquierda.

Así, esta ventaja estructural beneficia al partido de Netanyahu. “La Casa Judía”, el partido de Naftali Bennett, y el de Lieberman, “Israel, nuestra casa”, se unirían al Likud para sumar asientos. Los partidos ultra-ortodoxos como “Shas” o “Yahad” también entrarían en un gobierno con el actual primer ministro. Por su parte, las esperanzas para la formación de izquierda “Unión Sionista” están probablemente en “Joint List”, una coalición de partidos árabes, aunque podrían boicotear cualquier coalición debido a posibles discrepancias con otros grupos a la hora de formar gobierno. Otra opción frustrada dentro de la izquierda es “Meretz”, ya que las encuestas le han colocado entre los menos votados.

Es por esto que, probablemente, serán los grupos de centro los que tengan la llave del futuro gobierno. El partido del presentador de televisión Yair Lapid, también en tercera posición, apoyará presumiblemente a la izquierda porque en el pasado protagonizó varios desencuentros con el propio Netanyahu. Kulanu, de Moshe Kahlon, sería la clave definitiva. Según los analistas, el nuevo partido podría hacer acuerdos tanto con la derecha como con la izquierda. De hecho, Netanyahu ya le ha ofrecido públicamente el Ministerio de finanzas.

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