su partido, el likud, obtiene 29 escaños

Netanyahu gana las elecciones de Israel por un gran margen y hace añicos los sondeos

El primer ministro conservador israelí informó de que tiene la intención de formar gobierno en el plazo máximo de dos o tres semanas

El partido nacionalista Likud, que preside el primer ministro Benjamín Netanyahu, ganó las elecciones celebradas este martes en Israel, por un claro margen de diferencia sobre la coalición de centro izquierda Campo Sionista, que encabeza el laborista Isaac Herzog, pese a los agoreros sondeos que predecían en las últimas semanas que el Likud solo conseguiría 20 escaños.

Nadie, ni siquiera el propio Netanyahu, podía imaginar hace menos de doce horas el dramático cambio de brisa que ha inclinado el escrutinio a su favor, y que hoy deja boquiabierto a ciudadanos de a pie y a comentaristas.

Por su habilidad para superar situaciones políticas adversas, sus seguidores no dudaron en corear anoche el famoso "¡Es un mago, es un mago!", cualidad de la que ya hizo gala cuando revirtió los sondeos que en 1996 daban la victoria al veterano Simón Peres en unas elecciones que se celebraron varios meses después del traumático asesinato de Isaac Rabín por un ultranacionalista judío.

Según los resultados oficiales difundidos esta madrugada por la Comisión Electoral, al terminar el escrutinio de casi el 100% de los votos emitidos, el Likud obtiene 29 escaños, y el Campo Sionista 24, resultado que revalidará a Netanyahu al frente del gobierno israelí por tercera vez consecutiva y cuarta en su carrera política.

Netanyahu dijo tener la intención de formar gobierno en el plazo máximo de dos o tres semanas. Así lo afirma esta mañana un comunicado del Likud en el que este partido precisa que Netanyahu "ya ha hablado con todos los partidos con representación parlamentaria que ve como socios para su nuevo gobierno", su tercero consecutivo y el cuarto de su carrera.

Según la nota, se trata de los dirigentes de la formación Hogar Judío, Naftalí Bennet; el de Kulanu, Moshé Kahlón; de Israel Beitenu, Avigdor Lieberman; del Shas, Arie Deri; y los del Judaísmo Unido de la Torá, Moshé Gafni y Yaacov Litzman.

Con ellos, el primer ministro israelí podría alcanzar una mayoría parlamentaria de 67 de los 120 escaños del Parlamento, y con una coalición exclusivamente de derechas y de ultraortodoxos, es decir, de las más homogéneas que ha tenido el país en las últimas dos décadas.

Kahlón, que con sus diez escaños se ha convertido en pieza clave de las negociaciones, se negó hoy nuevamente a revelar sus cartas y si recomendará a Netanyahu ante el jefe del Estado, Reuvén Rivlin, encargado de entregar el mandato para la formación de gobierno.

"Estamos muy, muy satisfechos", declaró Kahlón a una televisión local, ante la que aseguró que defenderá sus ideales sociales. El partido "Kulanu ha enarbolado la bandera social y en las negociaciones exigiremos soluciones al problema de la vivienda y a la carestía de la vida", precisó.

Escindido del Likud hace dos años por divergencias con el primer ministro, Kahlón insistió en que su formación "seguirá su camino en defensa de la clase media y baja". "Netanyahu me llamó y me dijo que era serio en sus intenciones de (lanzar) una política social", concluyó.

Seguridad versus economía

“Debe concluir su trabajo. Y es el único político capaz de liderar antes de que llegue el Mesías”. Habla Raquel Lieberman, una israelí oriunda de Buenos Aires que cubre su cabello con un pañuelo de colores. Con un español ya oxidado, justifica así su apoyo al actual primer ministro. Como ella, millones de israelíes acudieron este martes a las urnas en unos comicios que han dividido a la opinión pública entre seguridad o economía, defensa o concesiones sociales.

Bibi, que centró su campaña electoral en la amenaza nuclear iraní y la propagación del islamismo militante, podría convertirse en el líder de Israel con más tiempo de servicio. Nada más depositar su voto, Netanyahu declaró que, si los resultados de los comicios eran los esperados, llamaría de inmediato al líder del partido ultranacionalista "La Casa Judía", Naftali Bennett, para ofrecerle la formación de un gobierno de unidad.

Herzog vota junto a su esposa en un colegio electoral de Tel Aviv (Reuters).
Herzog vota junto a su esposa en un colegio electoral de Tel Aviv (Reuters).

Horas después, en una rueda de prensa difundida por Internet, Netanyahu aseguró que “de ninguna manera” pactará con Unión Sionista. “No hay ningún puente que nos una”, subrayó el primer ministro. Unión Sionista puede quedarse fuera del gobierno, si, como es previsible, el Likud cierra un acuerdo con el resto de las fuerzas de derecha con el apoyo de los tres partidos ultraortodoxos, que obtendrían suficientes diputados como para mantener a Netanyahu en el poder. “Esta es una batalla crucial por el futuro del Estado. La (sensación de) pánico de Netanyahu es de vergüenza”, criticó ayer Herzog tras la rueda de prensa del premier difundida por Internet.

“Los árabes acuden a votar en manada”

Para el premier israelí, la jornada no estuvo exenta de polémica. Un controvertido comentario en su perfil de Facebook con el que animaba a sus seguidores a contrarrestar el creciente peso electoral de la minoría árabe provocó una furibunda reacción de la izquierda. “Ningún líder occidental osaría hacer semejante comentario racista. Imaginaos a un primer minisro en cualquier democracia que advierta de que su gobierno está en peligro porque los votantes negros acuden en masa a las urnas”, dijo la diputada y exdirigente laborista Shelly Yachimovich.

En el centro de esta polémica se encuentra la plataforma V15, que desde hace meses desarrolla una campaña destinada a apartar a Netanyahu del poder. V15 fue acusada ayer por miembros del Likud de organizar el transporte de “los votantes árabes que están acudiendo en manada a las urnas”, según rezaba el comentario de Netanyahu. La derecha israelí aseguró en enero que esta plataforma recibe financiación ilegal de gobiernos extranjeros. Incluso se abrió una investigación, que no logró conclusiones al respecto.

El comentario se suma a las declaraciones que Netanyahu realizó el lunes y en las que aseguró que “no habrá un Estado palestino mientras sea primer ministro” durante una visita al asentamiento de Har Homá, en Jerusalén Este. Fue su gran apuesta del último día de campaña. “Creo que cualquiera que dé pasos para establecer un Estado palestino y evacuar territorios (en alusión a los asentamientos judíos en Cisjordania) abona el terreno a los ataques de los islamistas radicales contra Israel”, dijo el primer ministro al periódico conservador NRG.

Margallo: “Es una pésima noticia para Occidente”

Desde el pasado diciembre, el líder del Likud se ha manifestado en varias ocasiones contra la creación de un Estado palestino, aunque esta es la primera vez que se compromete públicamente en tal sentido. Según la edición digital del diario Haaretz, las declaraciones de Netanyahu fueron un "intento de última hora" de arrebatarle votantes al partido "La Casa Judía", que representa a los colonos establecidos en Cisjordania.

Sus palabras suponen “una pésima noticia para todo Occidente” en opinión del ministro español de Exteriores, José Manuel García-Margallo. Según las coaliciones que se formen, “habrá o no habrá modificaciones en el proceso de paz de Oriente Medio y, en concreto, en la creación del Estado palestino”, declaró ayer el ministro.

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