RESPUESTA A LA ACUSACIÓN ISRAELÍ

¿Por qué los "terroristas" de Hamás casi nunca aparecen en mis crónicas de Gaza?

Israel acusa a los enviados especiales de estar al servicio de Hamás. Estos son los motivos por los que los milicianos aparecen tan poco en las crónicas

Foto: Militantes de Hamás rodean a supuestos colaboracionistas antes de ejecutarlos en Ciudad de Gaza (Reuters).
Militantes de Hamás rodean a supuestos colaboracionistas antes de ejecutarlos en Ciudad de Gaza (Reuters).

La frustración del primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, por la atención que los medios de comunicación de todo el mundo le han dado a las víctimas palestinas quedó plasmada en una entrevista con la CNN, en pleno calor de los bombardeos. “Hamás”, dijo el mandatario israelí, “utiliza palestinos telegénicamente muertos para su causa”. El periodista estadounidense Benjamin Wallace-Wells le respondía así al día siguiente: “Si a Netanyahu le molesta tanto cómo se ven los palestinos muertos en televisión, entonces debería de dejar de matar a tantos”.

Hamás estaría ganando la guerra mediática, insisten algunos analistas, porque ha logrado "desaparecer" de las coberturas de los enviados especiales a Gaza. El efecto de la última guerra propagandística se ha dejado notar incluso en EEUU, donde el apoyo a Israel ha dejado de ser unánime, sobre todo entre la gente más joven. Sondeos como éste muestran que “sólo” un 40% de la población considera que Hamás es el único responsable de lo que ocurre. Casi la mitad, el 20%, creen que la culpa es del Gobierno de Israel, mientras que un 15% piensa que las responsabilidades están repartidas. 

Hamás estaría ganando la guerra mediática, insisten algunos analistas, porque ha logrado 'desaparecer' de las coberturas de los enviados especiales a GazaPreocupados por su imagen internacional, a principios de agosto, Israel cambió de estrategia. Si no se podía contrarrestar la información que salía de Gaza (las imágenes de niños mutilados y mujeres calcinadas) entonces había que desacreditarla. Hamás tiene aterrorizados a los periodistas, decían los portavoces, y esto les impide informar correctamente. Otros reporteros, insistían, eran además antisemitas y cómplices de la milicia islamista.

Para fundamentar sus argumentos, se apoyaban en un hecho evidente: abundan las imágenes de las víctimas, pero casi no hay fotos de combatientes de Hamás ni de sus lanzaderas de cohetes. Esto sólo se podía explicar, dice la propaganda israelí, porque los periodistas no pueden hacer bien su trabajo y, al aceptar esas condiciones, se prestaban a colaborar con las mentiras de Hamás.

Pero, ¿por qué no aparecen los militantes de Hamás en las crónicas y las imágenes? ¿por qué nunca se intercalan sus rostros, sus cohetes y sus armas con las imágenes de cadáveres?

Para entenderlo nos remontamos a lo que ocurrió en los días más duros de los bombardeos. Al caer la noche, los periodistas en Gaza doblábamos precauciones. El zumbido perenne de los drones, los aviones no tripulados, recordaban el peligro inminente: había que ajustarse los chalecos antibalas. Serían inútiles, en todo caso, ante un cohete, pero esperábamos que los letreros que decían “PRENSA” fueran visibles para el operador del avión remoto, un chaval en alguna oficina en Israel, sentado frente a la pantalla y con el dedo sobre el botón de disparo.

Abundan las imágenes de las víctimas, pero casi no hay fotos de combatientes de Hamás ni de sus lanzaderas de cohetes

El problema para retratar a Hamás es precisamente ese. En Gaza, siempre vigilada desde el aire, los miembros de esta milicia y de otras facciones palestinas, los policías, las personas relacionadas con la seguridad, los empleados públicos y la gente que convive con ellos, están en peligro de ser detectados y atacados en cualquier instante. Israel, destrozando todo convenio internacional sobre protección a civiles, considera que todos ellos son blancos legítimos, así como sus casas. No importa que en un edificio habiten 100 personas: si se sabe, cree o sospecha que ahí hay o hubo algún enemigo, será destruido.

No sólo se vive mirando de reojo hacia el cielo, sino también a la esquina, a la casa de enfrente, a la ventana indiscreta. Israel está muy orgulloso de sus servicios de inteligencia. El 25 de julio, Mickey Rosenfeld, portavoz de la policía israelí, reconoció ante un reportero de la NBC que su gobierno siempre supo que la dirección  de Hamás no había ordenado el secuestro de tres adolescentes israelíes, y presumió que, si lo hubiera planeado Hamás, “lo hubiéramos sabido con anticipación”.

El ahogamiento de la economía palestina le ha brindado a Israel la oportunidad de crear una extensa red de informantes, reclutándolos entre familias sin empleo. Se paga por los datos que puedan brindar sobre quiénes son miembros de Hamás y dónde viven, o si ayudan a localizar lanzaderas de cohetes, escondites de proyectiles o túneles. Esto crea un importante incentivo para ganar dinero aunque sea con reportes no verificados, e incluso facilita que se señale a alguien por interés o venganza.

Palestinos observan la ejecución de supuestos colaboracionistas en Gaza (Reuters).
Palestinos observan la ejecución de supuestos colaboracionistas en Gaza (Reuters).

Los drones y los informantes son los grandes enemigos de Hamás, que para escapar de su mirada se ha refugiado en cuarteles subterráneos. El resultado es que los periodistas nunca ven a sus combatientes. Israel aprovecha que en otros conflictos, como en Libia o Siria, los rebeldes están encantados de aparecer ante las cámaras y que a muchos televidentes, acostumbrados a ver guerrilleros en lucha, les resulta extraño que en Gaza ahora sea distinto.

Gaza contrasta con otros países árabes en conflicto porque no hay ni una persona armada en las calles

Y sí, faltan esas imágenes, pero es que en otras guerras no hay que temer constantemente por el castigo que viene del cielo. Las ciudades de Gaza contrastan con las de otros países árabes en conflicto porque no hay ni una persona armada en las calles. Y si las hubiese, los fulminarían de inmediato.

Ha habido excepciones, casos fortuitos. Incluso a domicilio. El 5 de agosto, un equipo de la televisora india NDTV ocupaba el departamento 16 del quinto piso del edificio Abu Ghalion, orientado hacia el norte. Este reportero estaba en el número 15, mirando al sur. Al despertar, esa mañana, los periodistas indios detectaron una extraña tienda de color azul en un terreno baldío vecino, justo frente a su balcón. Pudieron filmar el proceso de preparación y lanzamiento de un cohete. Fue un evento excepcional. Lo sabían y por ello de inmediato se fueron a Israel. Esa misma tarde, lo sacaron en antena.

Hamás no es ningún partido democrático, ni está interesado en la libertad de expresión. Aunque ha aprendido a respetar a los periodistas extranjeros después de muchos conflictos con ellos, eso no significa que vaya a permitir que trascienda la información que considera de seguridad. Los reporteros de NDTV sabían que los obligarían a borrar su video si alguien se enteraba de lo que habían conseguido. Conocían algunos casos de colegas a los que se les ha pedido marcharse de Gaza por intentar fotografiar eventos parecidos. Son relativamente pocos y, comparativamente, nada muy grave para periodistas endurecidos bajo la presión de los militares egipcios y de los yihadistas de Estado Islámico.

Dentro de Gaza, los fotógrafos comparten sus ansias de sacar esas fotos casi imposibles: combatientes de Hamás en lucha o en un centro de mando bajo la tierra

Y de Israel: para que permita el paso de un reportero a Gaza, le exige obtener una acreditación en la Oficina de Prensa del Gobierno, en Jerusalén. Ahí, uno debe presentar cierta documentación, incluido lo que llaman “cédula de censura”, un documento disponible en esta página web de la administración israelí. Hay que bajarlo, firmarlo y entregarlo, comprometiéndose así a someter a la aprobación del censor militar la información relacionada con seguridad nacional (es decir, lo que tenga que ver con la guerra y los palestinos). Carecen de la capacidad para obligar a todos los reporteros a cumplir, por lo que se enfocan en hostigar a ciertos grandes medios internacionales.

Dentro de Gaza, los fotógrafos comparten sus ansias de sacar esas fotos casi imposibles: combatientes de Hamás en lucha o en un centro de mando bajo la tierra. En tiempos de paz, la burocracia local se hace presente y controla el ingreso a la franja, tal como lo hacen los israelíes. Pero en la guerra, raramente se deja ver. Una mañana, un funcionario le pidió la documentación a este reportero, pues, dijo, nunca habían tenido a periodistas mexicanos en Gaza y le parecía sospechoso. Pero no fue agresivo y al final lo invitó a practicar con su equipo de fútbol, pues por una extraña razón cree que Maradona es mexicano.

En realidad, la queja de los periodistas es que no hay cómo acercarse a Hamas: para solicitar entrevistas o acompañarlos a alguna operación. El problema no es que Hamas los tenga amenazados: es que no se deja ver.

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