EL PAÍS DE LA CONFLICTIVIDAD SOCIAL PERMANENTE

Sindicatos franceses: sin afiliados, dirigidos por corruptos y comprados por la patronal

Francia vive un verano caliente en el terreno social. El país con menor tasa de afiliación es el campeón en la protesta social. Por ello, toca analizar sus sindicatos

Foto: Protesta sindical ante el Senado en París. Un hombre sostiene una pancarta que reza: Escuchad la ira del pueblo, en una imagen de archivo (Reuters).
Protesta sindical ante el Senado en París. Un hombre sostiene una pancarta que reza: "Escuchad la ira del pueblo", en una imagen de archivo (Reuters).

Francia vive un principio de verano asfixiante en el terreno social: un país semiparalizado por la huelga de trenes durante dos semanas, el tráfico aéreo del Sur de Europa perturbado por los controladores, Córcega aislada por una huelga en la compañía marítima estatal, los festivales de verano en el aire por el conflicto de los “intermitentes del espectáculo”, diez mil exámenes para la obtención del permiso de conducir aplazados por la protesta de los profesores de autoescuela

El país con menor tasa de afiliación sindical en el mundo y con el mayor número de sindicatos se ha hecho conocido internacionalmente por ser el campeón de la protesta social. Apenas un 4% de los asalariados franceses se adhiere a una organización sindical. En Suecia la cifra llega al 70%, en España, al 16% y en EEUU, a 13%. Además, la competencia sindical es ruda: existen ocho fuerzas sindicales, lo que hace al movimiento más débil frente a la patronal y merma su fuerza en las negociaciones con la dirección de las empresas.

Débiles, luego conflictivos

‘Francia ha vivido varias rupturas constitucionales: el Imperio, la Monarquía, la Revolución, cinco repúblicas…Ese culto a la ruptura explica que, desde hace 200 años, en una situación de conflicto, primero se instaure una relación de fuerza contra el Estado, antes de iniciar cualquier negociación’, explica Olivier IhlLo que podría parecer una contradicción, responde en realidad a la lógica: cuanto más débil es el sindicalismo en un país, más conflictos se producen. En Francia, al contrario que en Alemania, por ejemplo, primero se protesta y después se negocia. Pero esa flaqueza de los sindicatos franceses no es la única explicación a la conflictividad social casi permanente. La cultura protestataria de este país tiene sus raíces en su propia historia. Como explica a El Confidencial Olivier Ihl, Profesor de Ciencia Política y Director Honorario de Sciences-Po en Grenoble, “Francia ha vivido varias rupturas constitucionales: el Imperio, la Monarquía, la Revolución, cinco repúblicas…Ese culto a la ruptura explica que, desde hace ya más de 200 años, en una situación de conflicto, primero se instaure una relación de fuerza contra el Estado, antes de iniciar cualquier negociación”. 

En muchos países, se alimenta una falsa idea sobre el conflicto social francés, vehiculado a través de las imágenes de televisión. Se cree que los neumáticos humeantes a la puerta de las fábricas, el secuestro de dirigentes de empresa, el destrozo de camiones con productos extranjeros o la quema de algún edificio son acciones que darán los frutos deseados por los activistas sindicales. Muchos, ingenuos ciudadanos de otros países, envidian este tipo de acciones y consideran que los sindicatos de su país deberían imitarlas. La realidad es bien diferente.

Según el profesor Ihl, “se trata de una simple teatralización de la violencia. El Estado, la patronal y los sindicatos saben que esa supuesta violencia no es tal, y que se trata nada más que del primer acto de la obra representada que acabará con un acuerdo. De hecho, la conflictividad laboral no es tan elevada. Los días de huelga en el sector de la construcción en 2010 fueron 11; en el del comercio, 13, pero en el de los transportes públicos, el más fácilmente mediatizable, esas cifras pueden triplicarse.

Miembros del sindicato SNCF del Ferrocarril protestan en París contra los planes de reforma del sector (Reuters).
Miembros del sindicato SNCF del Ferrocarril protestan en París contra los planes de reforma del sector (Reuters).

El dinero negro de los sindicatos”

La ínfima afiliación y ese pluralismo sindical favorecen a sus enemigos, ya sea el Estado, el gobierno (de cualquier ideología) o las organizaciones patronales. Esa debilidad provoca además algo también muy grave. Escasos de dinero por falta de afiliados, los estados mayores de los sindicatos franceses recurren a prácticas que les conducen directamente a la corrupción y a la negación de sus principios.

En Francia las mariscadas no se llevan entre los sindicalistas. Los comités de empresa prefieren gastarse el dinero en viajes de placer a exóticas playas de las antiguas colonias. Es sólo un pequeño ejemplo de las monstruosidades constatadas y denunciadas por dos sindicalistas y un periodista de investigación en dos libros cuyo título no necesita traducción: L’Argent noir des syndicats (Fayard, 2008) y Syndicats, corruption, dérives, trahisons (First, 2013). Jean-Luc Touly, Christoph, Roger Mongermont y Roger Lenglet denuncian en sus dos obras, con pruebas irrefutables, las malversaciones, desvíos de fondos, financiación oscura, enriquecimiento personal de los apparatchiks y docilidad de los líderes sindicales. Para ellos, el sindicalismo francés sufre la enfermedad de la corrupción y se ha sometido a quienes le financian: la patronal y el Estado.

Escasos de dinero por falta de adherentes, los estados mayores de los sindicatos franceses recurren a prácticas que les conducen directamente a la corrupción y a la negación de sus principiosEn 2009 estalló uno de los escándalos sociales más reveladores sobre este asunto. La organización patronal Unión de las Industrias y Oficios de la Metalurgia (UIMM, en su acrónimo francés), untó con 19 millones de euros (en metálico y sin pasar por el fisco) a los cinco principales sindicatos del país, entre 2000 y 2007. Muchos descubrían una práctica que tenía como fin, según el responsable de la UIMM “dar fluidez al diálogo social”. Es decir, por si alguno no lo ve todavía claro, pagar para evitar protestas y huelgas.

Ese caso concreto estalló y ha pasado por los juzgados, pero los popes sindicales, los patronos y el Estado, tienen otras vías para asegurar la tesorería A, o B, de los defensores de los derechos de los trabajadores.

Comités de empresa millonarios

Los comités de empresa de las compañías francesas no están sometidos a ningún control contable. En el caso de las grandes compañías públicas o semipúblicas, como la SNCF (Ferrocarril), la RATP (autobús y metro), la EDF-GDF (gas y electricidad) o Air France las cantidades que manejan los comités de empresa se mueven entre 200 y 500 millones de euros al año. Son verdaderas empresas que contratan a sus propios empleados y negocian directamente con sus proveedores. El problema es que alguno, como en el caso del Comité de Empresa de EFD, controlado por la mayoritaria CGT, la central aparentemente más combativa, se desvía parte del dinero hacia el Partido Comunista, los intermitentes del espectáculo u operaciones como Un barco para Gaza, actividades que tienen poco que ver con el gas o la electricidad.

Una mujer simula que se suicida durante una protesta de los 'intermitentes del espectáculo' en París (Reuters).
Una mujer simula que se suicida durante una protesta de los 'intermitentes del espectáculo' en París (Reuters).

Los comités de empresa son auténticos chollos para muchos de los familiares de líderes sindicales. Así por ejemplo, el exsecretario general de la CGT, Bernard Thibault, que ocupó el cargo entre 2000 y 2013, enchufó en la SNCF a su mujer y a sus dos hijos. Cuando una contable contratada por el propio sindicato descubrió los manejos ilegales, fue despedida sin miramiento por la mujer del jefe. Thibault, antiguo ferroviario, pasará a la historia por haber intentado lavar la imagen de la CGT como correa de transmisión del PCF y como gran protector y amante de su familia.

El comité de empresa de la compañía de gas y electricidad EDF-GDF está también bajo investigación judicial por sobrefacturación, falsas facturas y otros delitos. Como no está obligado a presentarse a concurso público, concedió el aprovisionamiento de sus 270 restaurantes de trabajo a una empresa, Qualitrace, que le facturaba a precios entre un 5 y un 30% por encima del mercado. Casualmente, esta empresa estaba dirigida por el hijo de un diputado comunista. El Comité de Empresa de EDF emplea a 3.700 personas, y se ocupa no sólo de los restaurantes, sino también, por ejemplo, de las 400 colonias de vacaciones para los hijos de los empleados, con todo lo que ello comporta. Maneja 480 millones de euros al año, sin auditoría alguna.

Estado, patronal y burócratas sindicales se sienten cómodos con un sistema del que cada uno saca partido, mientras las empresas siguen cerrando y el paro aumentando. Como señala el frustrado diputado Perruchot, cuyo informe fue congelado, ‘es más fácil comprar la paz social que obtener el progreso social’Hay que subrayar que las actividades supuestamente delictivas o no de los comités de empresa deben tener el visto bueno de la dirección de la empresa. Es decir, tanto en las públicas como en las privadas, es el presidente o el director general de la compañía quien preside el comité de empresa.

Otro ejemplo de financiación de los sindicatos muy utilizada es la inyección de dinero proveniente de las grandes empresas que se anuncian en las páginas de los boletines de información sindicales. Que La Vie Ouvrière facture una página de publicidad a Vivendi por 130.000 euros, es decir  a un precio mucho más elevado de lo que cobraría Paris-Match, no parece muy serio, como dice el periodista Erwan Seznec, autor del libro Syndicats, grands discours, petites combines (Sindicatos, grandes discursos y pequeñas artimañas), Hachette, 2006. Hay que recalcar que la última ley sobre la financiación de los sindicatos data de 1884.

Las fuentes de líquido de los sindicatos no se agotan con el dinero desviado de los comités de empresa o la financiación pública de los contribuyentes, 4.000 millones al año. También son corresponsables de las organizaciones paritarias o tripartitas que gestionan organismos como la Seguridad Social, el 1% de la patronal para la ayuda a compra de vivienda, o, y esto puede que suene familiar en oídos españoles, la Formación Profesional. La F.P. es uno de los auténticos chollos para el ingreso de líquido en los sindicatos. Y para ello utilizan vías administrativamente conocidas: facturación de formaciones no dispensadas, alumnos fantasmas, horas extra hinchadas…

Una pasajera espera el tren en una estación de París durante la reciente huelga (Reuters).
Una pasajera espera el tren en una estación de París durante la reciente huelga (Reuters).

Informe censurado y secreto 25 años

Quien así lo dice y demuestra no es ya un periodista de investigación o un sindicalista ávido de transparencia, sino un informe de la Asamblea Nacional dirigido por el diputado del Nuevo Centro, Nicolas Perruchot. El informe Perruchot es una bomba de tal magnitud contra las operaciones oscuras de los sindicatos y sus tejemanejes con la patronal y el Estado que todos los grupos parlamentarios, desde la izquierda de la izquierda a la sarkozista Unión por un Movimiento Popular, pasando por los socialistas, decidieron enterrarlo vivo.

El informe Perruchot es una bomba de tal magnitud contra las operaciones oscuras de los sindicatos y sus tejemanejes con la patronal y el Estado que todos los grupos parlamentarios decidieron enterrarlo vivoComo si de los documentos de la matanza de Katyn o el asesinato de J.F. Kennedy se tratara, los representantes del pueblo ordenaron que el Rapport Perrouchet pudiera ser desvelado sólo dentro de 25 años. Sus señorías diputados no sólo pecaban de censores, sino también de estúpidos. El informe tardó pocas horas en saltar a las redes sociales.

La colusión entre los líderes sindicales y la dirección de empresas es un hecho denunciado por los propios miembros de las centrales. Etienne Deschamps, abogado del sindicato CNT no se esconde: “La corrupción de los sindicalistas es una práctica que se ha desarrollado desde hace 20 años. Es un sindicalismo de sumisión y afecta a todos los sindicatos”. No es extraño comprobar que en una empresa donde existe la tan cacareada “paz social”, los delegados de personal y los sindicalistas accedan fácilmente a la jefatura de servicio, a los coches de empresa, material informático o móvil gratuito….Por otra parte, en los últimos 25 años, el número de afiliados a organizaciones sindicales se ha dividido por cinco, mientras el de liberados se multiplicaba por la misma cifra.

Los sindicatos son pobres, en teoría, y por lo tanto débiles, pero según los especialistas, no tienen mucho interés en luchar por aumentar sus afiliados. En la situación actual, a los responsables de las centrales y a los cabecillas sindicales en las empresas privadas y públicas les va bien. A los trabajadores que dice representar, no tanto. Estado, patronal y burócratas sindicales se sienten cómodos con un sistema del que cada uno saca partido, mientras las empresas siguen cerrando y el paro aumentando. Como señala el frustrado diputado Perruchot, cuyo trabajo fue congelado, “es más fácil comprar la paz social que obtener el progreso social”.

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