EL DESALOJO DE LAS FAVELAS DE BRASIL

El lado más oscuro del Mundial

Las cifras estremecen. Desde que empezaron las obras para el Mundial y los Juegos, 38.000 personas han sido desalojadas de varias favelas de Río

Foto: Vista general de una calle de la favela Manguinhos, en Brasil (Luiz Baltar).
Vista general de una calle de la favela Manguinhos, en Brasil (Luiz Baltar).

“¿Teleférico para quién?”, se preguntan desde hace dos años los habitantes del Morro da Providência, la primera favela creada en Río de Janeiro, en la zona portuaria, a finales del siglo XIX. La nueva infraestructura, que ha costado 25 millones de euros, fue inaugurada este miércoles a bombo y platillo por el alcalde Eduardo Paes, todo ello en medio de un Mundial de Fútbol que encandila cada vez con más fuerza a los 600.000 turistas extranjeros que visitan Brasil durante este mes.

La pregunta no es baladí. Esta favela, que en abril de 2010 recibió a la Policía Pacificadora, viene sufriendo desde hace cuatro años una serie de desalojos y demoliciones que, según muchos observadores, son sólo el primer paso en un largo camino especulativo, englobado dentro de las obras del ‘Porto Maravilha’, una senda que podría llevar esta comunidad a desaparecer por completo para dejar espacio a las elites ricas de la ciudad. Es lo que las voces críticas llaman “expulsión blanca”.

Los datos son estremecedores. Desde que empezaron las obras para los dos macroeventos que alberga Río de Janeiro –el Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016–, sólo en las favelas de la ciudad han sido desalojadas unas 38.000 personas, según datos de Ancop, la Articulación Nacional de los Comités Populares de la Copa, una organización con presencia en las doce ciudades sedes del Mundial. En total, Ancop calcula que se han llevado a cabo 248.000 desalojos forzosos en todo el país, muchas veces sin una indemnización justa y sin una real opción de reubicación.

Desde que empezaron las obras para los dos macroeventos que alberga Río de Janeiro -el Mundial y los Juegos Olímpicos de 2016-, sólo en las favelas de esta ciudad han sido desalojadas unas 38.000 personas“Comencé a documentar con mi cámara los desalojos del Morro da Providência en 2010”, cuenta Luiz Baltar, un fotógrafo miembro de la agencia Imagens do Povo, creada por la ONG Observatório de Favelas con el fin de desarrollar una voz crítica que denuncie con ahínco los problemas de Río de Janeiro. “Un día, durante una visita a la comunidad, me llamó la atención que en varias casas habían pintado tres letras: SMH. Pregunté a los habitantes qué significaba aquello y percibí que había mucha desinformación y miedo a un programa de desplazamientos promovido por la Secretaría municipal de Vivienda (en portugués ‘habitação, de ahí las siglas SMH)”.

Desde que fue aprobado el plan de revitalización de la zona portuaria de la Cidade Maravilhosa, más de 800 casas de esta favela, el 60% del total, han sido marcadas porque se encuentran en áreas consideradas “de riesgo” por el Ayuntamiento. Más de un centenar ya han sido demolidas, como muestran las fotos de Luiz Baltar publicadas en este reportaje.  

Viviendas demolidas en la favela Manguinhos (Luiz Baltar).
Viviendas demolidas en la favela Manguinhos (Luiz Baltar).

Chantajes e indemnizaciones irrisorias

“En un primer momento, cuando las casas son marcadas, sin ninguna explicación, los agentes municipales aprovechan que los residentes están desorganizados y desinformados para amedrentar, intimidar e chantajear con la intención de hacerles aceptar acuerdos e indemnizaciones irrisorias. Generalmente quien acaba cediendo a esta presión criminal son los más humildes, madres solteras y ancianos”, cuenta Luiz.

‘Los agentes municipales aprovechan que los residentes están desinformados para chantajearlos hasta que aceptan indemnizaciones irrisorias. Quienes acaban cediendo a esta presión son los más humildes, madres solteras y ancianos’, cuenta LuizHasta hoy, los habitantes del Morro da Providência desconocen el verdadero plan del Ayuntamiento para esta región, según este fotógrafo, que ha documentado este proceso de demoliciones en otras favelas como Manguinhos, Vila Sambodromo y Vila Autódromo. Con su trabajo, ha creado una plataforma en Facebook llamada ‘Tem Morador’, desde la que denuncia los abusos y atropellos de los derechos básicos de centenares de personas de clase baja y sin representación en los círculos del asfalto.

Las favelas y las zonas periféricas acaban entrando en algún momento en la esfera de interés de las grandes corporaciones internacionales y terminan pasando por un proceso de remociones, impulsado por las grandes obras. Es una situación absurda que tiene que cambiar. Para ello es necesario que más personas participen en la toma de decisiones”, indican los portavoces de Mídia Ninja, un colectivo de periodistas independientes y fotógrafos que nació con las protestas del año pasado y ha hecho una amplia cobertura de los desalojos en su web.

Por lo pronto, miles de turistas podrán subir al Morro da Providência para disfrutar de una vista privilegiada de la ciudad. El alcalde ha anunciado que el teleférico estará integrado al BRT Transbrasil, un sistema de transporte integrado que conectará la zona portuaria con la estación central, la zona olímpica y el centro. Aunque el diario O Globo, el más leído en Río, publicaba que “los residentes aprueban el teleférico”, la verdad es que hay mucha oposición en la favela a esta obra, considerada no prioritaria.

Unos niños juegan en una plaza de la favela Manguinhos (Luiz Baltar).
Unos niños juegan en una plaza de la favela Manguinhos (Luiz Baltar).

Alejar la pobreza del centro

“La realización de mega-eventos es la excusa perfecta para implantar un proyecto de ciudad globalizada y vencer las resistencias con el discurso de las inversiones necesarias en infraestructuras o de los legados que dejarán para la ciudad”, afirma Luiz Baltar. “Lo que estamos viviendo en Río de Janeiro es un proceso parecido al que ocurrió en la época del alcalde Pereira Passos, a principios del siglo XX. Una limpieza urbana”, añade. Se refiere a la reforma urbanística que sufrió la ciudad partir de 1903, inspirada en el París de Haussmann y que llevó a la desaparición de los más de 600 cortiços, las colmenas en las que se aglomeraban miles de personas en condiciones precarias de limpieza y seguridad. Fue la primera gran operación urbanística que consiguió alejar la pobreza del centro de la ciudad y esconderla.

Los mega-eventos deportivos no son los únicos factores responsables de esta situación. Estos desalojos se encuadran dentro de la coyuntura de la especulación urbanística, amparada por el modelo de seguridad pública de la mal llamada pacificación, que acontece en muchas favelas de Río de Janeiro. Todas pasan por un proceso de especulación inmobiliaria después de la entrada de la Policía Pacificadora. Estamos ante un nuevo modelo de ciudad, y los mega-eventos sólo contribuyen a poner esto de manifiesto”, afirman los portavoces de Mídia Ninja.

El caso del Morro da Providência no es una excepción en el Brasil de principios del siglo XXI. Un artículo publicado en la web de la plataforma ciudadana #VaiMudar, que intenta impulsar cambios políticos en Brasil a través del debate, muestra que la misma pauta está siendo seguido a lo largo de toda la geografía brasileña.

Agentes de las fuerzas de seguridad durante un desalojo en la favela Providencia (Luiz Baltar).
Agentes de las fuerzas de seguridad durante un desalojo en la favela Providencia (Luiz Baltar).

La ciudad con el mayor número de desalojos sería São Paulo. Allí, 89.200 personas habrían sido desahuciadas, según datos de Ancop. “Primero hicieron un acuerdo conmigo. Dijeron que no derribarían mi casa. Después regresaron en un momento en que había ido a trabajar. Esperaron a que la gente saliese para trabajar para empezar a demoler”, denuncia Karla Vaneide, que vive en la región de Itaquera, en São Paulo. Su comunidad fue removida para construir las vías de acceso al estadio Arena Corinthians.

En Porto Alegre se han contabilizado 32.000 desalojos forzosos; en Salvador de Bahía, 24.000. La piqueta hambrienta de terrenos edificables, accionada por las grandes constructoras del país, se ha cebado también en Curitiba, Cuiabá y Belo Horizonte. “La Copa y los Juegos aumentaron o aceleraron estos procesos de desalojos y gentrificación en las ciudades. ​Por lo general, todos los procesos que alteran significativamente el tejido urbano conllevan desalojos. Esto ocurre porque los espacios de la ciudad, sobre todo en las grandes metrópolis, están saturados. Después, existen otros casos de desalojos, independientes del Mundial. Los mega-eventos deportivos acentúan bastante esta tendencia porque prevén grandes cambios en el mapa urbano”, explican los autores del texto Não vai ter casa (No vas a tener casa).

La principal críticas que hacen en su texto se centra en el hecho de que los desalojos se realizan sin justas compensaciones. “Esto ocurre porque el poder político en Brasil está sometido al poder económico, especialmente de las grandes constructoras. Y éstas funcionan en base a la lógica del beneficio. Por esta razón, hay casos de desalojos en Río de Janeiro, por ejemplo, en los que no está claro qué va a ser construido en el lugar. En realidad, las favelas están siendo removidas en algunos sitios sólo porque aquella área se va a revalorizar mucho después de acabar la obra, y será disputada por el sector inmobiliario. Está claro que la mayor parte de las comunidades en la Barra da Tijuca para las Olimpíadas han sido desalojadas de un área que no está siendo usada. Están esperando a que se revalorice, para después construir grandes urbanizaciones de lujo. Éste es el gran crimen”, agregan los portavoces de la plataforma #VaiMudar.

Demolición de viviendas en la favela Providencia (Luiz Baltar).
Demolición de viviendas en la favela Providencia (Luiz Baltar).

Los desalojos forzosos de Rio de Janeiro han sido denunciados en varias ocasiones ante la ONU por diversos movimientos sociales, como Ancop y la ONG Justiça Global. Incluso grandes periódicos como The New York Times o The Guardian se han interesado por este tema.

En mayo de 2012, el Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas registró una recomendación a Brasil en el ámbito de la Revisión Periódica Universal. El documento instaba al país a “asegurar que la restructuración urbana que precede el Mundial de 2014 y las Olimpíadas de 2016 sea apropiadamente regulada para evitar desalojos forzados, y hacer cualquier tipo de esfuerzo para asegurar que los eventos futuros traigan beneficios duraderos para los habitantes urbanos más pobres”.

A día de hoy, no parece que estas recomendaciones hayan sido tomadas en serio. “El déficit de vivienda en las nueve principales capitales metropolitanas de Brasil creció un 10% entre 2011 y 2012. Actualmente hay más de 1,8 millones de familias sin domicilio adecuado. En el centro do Rio, principalmente en la región portuaria, hay muchos edificios públicos abandonados desde hace décadas. Una parte sirve como hogar, gracias a las ocupaciones organizadas por el movimiento de los sin techo. La lucha es garantizar la resistencia e el derecho a una vivienda”, afirma Luiz Baltar. “Creo que el progreso puede avanzar con respecto. Sin embargo, esto no está aconteciendo en Río de Janeiro, donde la excusa del progreso es usada para aumentar la exclusión social”, concluye.

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