GERRY ADAMS ARRESTADO POR EL ASESINATO del 72

Jean McConville, la viuda que marcó los peores años del conflicto del Ulster

Diciembre de 1972. Irlanda del Norte ya está inmersa en los Troubles. Católicos y protestantes se quitan la vida. Los unos luchando por una isla sin frontera

Foto: Jean McConville con tres hijos antes de su desaparición (Reuters)
Jean McConville con tres hijos antes de su desaparición (Reuters)

Diciembre de 1972. Irlanda del Norte ya está inmersa en los Troubles. Católicos y protestantes se quitan la vida. Los unos luchando por una isla sin fronteras con el sur, los otros defendiendo la corona británica. No era precisamente la mejor época para criar hijos, pero Jean McConville tenía diez a su cargo. Los cuidaba sola. Su marido Arthur había muerto tan sólo unos meses antes de cáncer. Estaba preparando la cena cuando cuatro mujeres y ocho hombres encapuchados irrumpieron en su casa. Le hicieron coger su bolso y su abrigo y la metieron en un coche. Fue la última vez que se la vio con vida.

Jean McConville fue la única mujer cuyo cuerpo hizo desaparecer el IRA de la faz de la tierra. Se convirtió en mártir. Nadie había sido nunca juzgado por el crimen… hasta ahora. Se ha detenido a siete personas. Entre ellas destaca Gerry Adams, líder del Sinn Fein. El arresto de un político que jugó un papel vital en el proceso de paz amenaza ahora con desestabilizar el acuerdo y podría impulsar el apoyo a las actividades violentas de grupos terroristas disidentes. El republicano admite su vinculación con el IRA, pero asegura que nada tiene que ver con el secuestro, asesinato y entierro del cadáver.

Sé que fue él. No quiero su dinero, no quiero nada. Sólo que diga la verdad. Y no pararé hasta conseguirlo”. La batalla de Helen McKendry empezó hace años, aunque no pudo alzar la voz hasta 1994, cuando el IRA declaró el alto el fuego. Entonces rompió su silencio y gritó el nombre de su madre.

McConville tenía diez hijos. Los cuidaba sola. Su marido Arthur había muerto tan sólo unos meses antes de cáncer. Estaba preparando la cena cuando cuatro mujeres y ocho hombres encapuchados irrumpieron en su casa. Fue la última vez que se la vio con vidaHelen sólo tenía 15 años cuando el grupo encapuchado entró aquella noche en su casa. Ella estaba en la tienda comprando. Cuando regresó se encontró a sus hermanos aterrados. “Se han llevado a mamá”. No se atrevieron a pedir ayuda. Pensaban que si decían algo a la policía o algún vecino sería peor. Pasó un día, y luego otro, y luego otro. Su hermano de 16 años no aguantó la presión y se fue a vivir con su abuela. Su otro hermano de 17 años estaba en prisión, arrestado simplemente por el hecho de ser católico. Su hermana mayor, de 19 años, estaba hospitalizada por problemas de salud mental. Así que Helen, con sólo 15, se quedó a cargo de la familia.

“Nos traían comida a escondidas”

“Por nada del mundo quería que nos separan. Durante cinco semanas sobrevivimos como pudimos completamente solos. Nuestros amigos nos traían comida a escondidas sin que se enteraran sus padres porque ningún adulto quería meterse en problemas”, cuenta.

El bloque de pisos Divis donde vivían, situado en el enclave católico de Falls Road, era un auténtico campo de batalla. El IRA desvalijaba los apartamentos a su antojo y los utilizaba como centro neurálgico de sus operaciones contra el Ejército británico. Todo lo que pasaba en aquellos pasillos llegaba de una forma u otra a oídos de la banda.

Los vecinos, por tanto, no podían arriesgarse a ayudar aquellos huérfanos. Además, Jean nunca gozó de buena reputación en el barrio. La gente desconfiaba de ella. Su pecado: nacer en una familia protestante y enamorarse de un católico. Arthur era soldado del Ejército británico, pero su fe pertenecía a la Iglesia de Roma. “Mi padre se metió en el Ejército por tradición familiar, no por convicciones políticas o religiosas”, explica Helen.

El entierro de Jean tras encontrar su cuerpo. Al fondo, sus hijos (Reuters)
El entierro de Jean tras encontrar su cuerpo. Al fondo, sus hijos (Reuters)

El matrimonio nunca fue aceptado en ninguna de las dos comunidades y durante años deambuló de un sitio a otro en busca de un hogar para sus hijos. En los pisos de Divis sólo llevaban viviendo unos meses cuando se produjo el secuestro.

Un tiro en la nuca

No fue hasta 2003 cuando los restos de McConville fueron descubiertos accidentalmente en la playa de Shelling Hill. Tenía los huesos rotos, los dedos amputados y un tiro en la nunca. El paraje donde fue enterrada pertenece al condado de Louth, el mismo donde Adams ganó en 2011 un escaño para el Dáil, la Cámara Baja de la República de Irlanda. Una vez que dejó al Sinn Féin gobernando en coalición con los unionistas en la Asamblea de Belfast, el político puso sus miras en el sur de isla para conseguir su gran objetivo: verla algún día sin fronteras.

Sé que fue él. No quiero su dinero, no quiero nada. Sólo que diga la verdad. Y no pararé hasta conseguirloBajo el Acuerdo de Viernes Santo de 1998, los presos de las organizaciones comprometidas con el alto el fuego quedaron en libertad bajo licencia, es decir, firmaron un papel por el que se comprometían a no participar en ningún acto terrorista. Si eran detenidos de nuevo, cumplirían la nueva sentencia y aquella por la que fueron juzgados la primera vez. 

El perdón, sin embargo, no fue extensible ni a los sospechosos de delitos cometidos durante los Troubles ni aquellos que habían huido de la justicia tras haber sido acusados o condenados.

Algunas personalidades de la región, entre ellos John Larkin –fiscal general de Irlanda del Norte– han pedido en las últimas semanas que no haya más investigaciones policiales o indagaciones sobre las matanzas que tuvieron lugar antes de la firma de 1998, lo que incluiría a paramilitares, Policía y Ejército. Pero la familia de McConville no quiere hablar de amnistía.

“El proceso de paz aún no es una realidad”

Séamus McKendry, marido de Helen, asegura que al IRA ya se le dio la oportunidad de ser perdonado si confesaba dónde había sido enterrado el cuerpo de la viuda. “Pero una vez más mintieron. Adams es otro mentiroso. El proceso de paz aún no es una realidad. Hay extorsión. Hay asesinatos. Y no se saben muchas verdades”, recalca. 

Belfast es una ciudad pequeña. Según Séamus, “todos nos conocemos y sabemos de dónde venimos y lo que hemos hecho”. Aunque nunca contaron con pruebas para culpar directamente al líder republicano, un libro que en marzo de 2010 acaparó las portadas les vino a dar la razón. El reputado periodista Ed Moloney sacó a la luz Voces desde la tumba, que recoge las confesiones de Brendan Hughes. Apodado como el Oscuro, el que fuera un alto cargo del IRA durante la época del conflicto, concedió las entrevistas con la condición de que sólo salieran a la luz cuando él muriera.

Sus palabras textuales fueron: “Sólo hay un hombre que ordenó ejecutar a esa mujer, y ese hombre es hoy el líder del Sinn Féin. (…) Yo nunca llevaba a cabo una operación sin el OK de Gerry. Para él, sentarse en su oficina de Westminster o Stormont o donde quiera que sea y negarlo, es como si Hitler negara el Holocausto”.

El libro fue pilar fundamental para la investigación que la Universidad de Boston de Estados Unidos estaba preparando sobre el conflicto. Las entrevistas a los protagonistas de ambos bandos se tenían que guardar bajo llave hasta que todos murieran, pero un juez de Irlanda de Norte alteró los planes al abrir la investigación de McConville.

“Si hubiera sido una espía, habrían dejado su cuerpo en la calle”

Durante 27 años el IRA mantuvo que no tenía nada que ver con su asesinato. Cuando finalmente confesó, alegó que Jean era una espía. “Mi madre era inocente. Si hubiera sido una espía, habrían dejado su cuerpo en la calle a modo de advertencia, como hacían con otras mujeres. Pero ella no era una espía. A mi madre la asesinaron por ayudar a un soldado que cayó herido delante de mi casa. Eso fue lo que le costó la vida”, asegura su hija.

Helen recuerda bien aquel día. El militar estaba malherido y Jean salió a socorrerle. Uno de sus hijos le advirtió que no hiciera nada, que aquello estaba prohibido. Ella le respondió: “No se puede juzgar o dejar morir a una persona por su uniforme”. Aquellas palabras se le quedaron grabadas.

Algunas personalidades de la región, entre ellos el fiscal general de Irlanda del Norte, han pedido en las últimas semanas que no haya más investigaciones sobre las matanzas que tuvieron lugar antes de 1998Pasaron tres semanas desde la desaparición de su madre cuando un hombre llamó a la puerta. Le devolvió su bolso, con los 52 peniques aún en el monedero, y los tres anillos que ella siempre llevaba en la mano. Aún en ese momento, Helen no perdió la esperanza de verla algún día con vida.

De alguna manera, aquel día empezó su particular batalla, una batalla en la que ninguno de sus hermanos ha querido participar. Cada uno rehízo su vida como pudo por caminos separados. A la pesadilla de quedarse huérfanos se sumaron los abusos de todo tipo a los que fueron sometidos en los orfanatos. La mayoría encontraron en las drogas y el alcohol la válvula de escape para olvidar su niñez.

Uno de los más pequeños fue incluso acogido en las filas del IRA. La voz de Helen se quiebra al otro lado del teléfono cuando se pone el tema sobre la mesa. “Es bastante doloroso pensar que uno de tus hermanos participó en el mismo grupo que asesinó a tu madre, así que no quiero pensar en ello. No sé si es cierto o no, aunque aquí todos nos conocemos y todo se sabe”.

Cuando cumplió los 16 años, ella consiguió escapar de la casa de acogida donde estaba. Conoció al amor de su vida, Séamus. Juntos empezaron en 1995 una campaña para recuperar los cuerpos de los desaparecidos, víctimas cuyos restos nunca aparecieron. En 1999, se estableció formalmente una comisión. Hasta ahora han sido encontrados nueve, incluyendo el de su madre.

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