LA BATALLA POR LA FRONTERA DE LÍBANO

La operación para aniquilar a los milicianos de Al Qaeda en el oeste de Siria

Ofensiva conjunta de Al Asad, Hizbulá y el Ejército libanés para aniquilar a Al Qaeda en el oeste de Siria. Hay más de 45.000 milicianos rebeldes en la zona

Foto: Miembros de la milicia Frente al Nusra, vinculada a Al Qaeda, posan para las cámaras en Karaj al-Hajez, Siria (Reuters).
Miembros de la milicia Frente al Nusra, vinculada a Al Qaeda, posan para las cámaras en Karaj al-Hajez, Siria (Reuters).

Siria. Montañas de Qalamoun. Una localidad estratégica fronteriza con Líbano que las fuerzas de Bachar Al Asad bombardean intensamente desde hace días en su intento por arrebatársela a las milicias rebeldes, tras los avances militares del régimen en Damasco y el norte del país. Y en esta cruenta batalla jugará un papel clave la ciudad de Yabroud, en la frontera sirio-libanesa.

La toma de Yabroud supone la acción final para que el régimen recupere esta cordillera montañosa. Una operación militar en la que participan conjuntamente el Ejército sirio, la milicia chií Hizbulá, el Partido de Dios, y las Fuerzas Armadas libanesas, que reforzarán la frontera para actuar como tapón. La ofensiva tiene un doble objetivo: por un lado, afianzar el territorio conquistado por el régimen de Al Asad; por otro, mucho más trascendental, acorralar en un callejón sin salida a los combatientes salafistas y rebeldes afines a Al Qaeda para aniquilarlos. Hay más de 45.000 en la zona.

El éxodo de los civiles

No hay más plazas para los refugiados sirios dentro de Arsal. Están llegando después de atravesar las montañas a pie, o por la carretera en camiones, motocicletas y coches”, explica un tanto alterado Ali al Hujeiry, alcalde de este municipio de Líbano, el único suní en todo el Valle de la Becá, bastión del grupo chií Hizbulá, el Partido de Dios. Esta localidad fronteriza con Siria ha visto como su población se triplicaba en los últimos tres años.

Se calcula que en la actualidad hay unos 45.000 rebeldes armados en la zona. Muchos de ellos pertenecen a grupos salafistas como Ahrar al- Sham, y Liwa al- Islam, o a milicias afiliadas a Al Qaeda como el Frente al Nusra y el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL), que cada vez tienen más presencia en el campo de batallaLa nula presencia del Ejército libanés en la propia frontera de Arsal y en sus alrededores ha provocado que esta ruta se convierta en la principal vía de suministros de armas para los rebeldes sirios y en punto de entrada para los combatientes yihadistas que llegan de todo el mundo para luchar contra las fuerzas de Al Asad.

“En el municipio de Arsal residen unos 40.000 libaneses y 70.000 refugiados. No tenemos más sitio”, insiste el alcalde ante las preguntas de El Confidencial. Hasta 58 campamentos temporales ilegales se han erigido alrededor de la ciudad. Y su número sigue creciendo. “Queremos que el Ejército libanés patrulle la frontera para proteger a nuestro pueblo. Arsal está con las fuerzas armadas libanesas”, recita Al Hujeiry, aunque su expresión no transmite mucho convencimiento.

Desde hace un mes, el Ejército libanés ha instalado un nuevo puesto de control en la vecina Laboue (chií) para detectar los posibles coches bomba que, según denuncia la milicia Hizbulá, provienen en su mayor parte de la ciudad siria de Yabroud, en la frontera. Sin embargo, lo que en realidad busca el Partido de Dios, dueño y señor del valle de la Becá, es controlar absolutamente y aislar a la población de Arsal.

En las dos últimas semanas, el Ejército sirio ha intensificado los bombardeos con desde + G5+1 e Iran s adas en otras localidades de la Bekaa o en Tr. No hay miones entre el G5+1 e Iran aviones MIG y helicópteros de combate en esta estratégica localidad de las montañas de Qalamoun, que atraviesa la autopista M-5, la vía que conecta Damasco con los bastiones mediterráneos del régimen de Al Asad (Tartus y Latakia). Los ataques aéreos han forzado la huida de entre 8.500 y 10.000 civiles sirios a Arsal, según datos de la municipalidad. “Hay unas 400 familias que siguen esperando para entrar en territorio libanés”, agrega el alcalde.

Cadáveres de milicianos islamistas abatidos por soldados en las montañas de Qalamoun (Reuters).
Cadáveres de milicianos islamistas abatidos por soldados en las montañas de Qalamoun (Reuters).

Aniquilar a los yihadistas

La batalla por las montañas de Qalamoun comenzó en el mes de noviembre. Gracias a la ofensiva, el régimen ha recuperado las localidades de Qara, Deir Atiya y Nabak. En las últimas semanas, Bachar al Asad ha reforzado sus tropas en Sahal y Yabroud. Sus soldados combaten codo con codo con los milicianos de Hizbulá y están bombardeando las localidades con barriles explosivos de TNT.

El Partido de Dios está movilizando a sus altos mandos militares para desplazarlos a las montañas de Qalamoun, para que se sumen a los 7.000 combatientes que el movimiento de resistencia armada libanés ya tiene sobre el terreno.

La misión tiene un doble objetivo: por un lado, afianzar el territorio conquistado por el régimen de Al Asad; por otro, mucho más trascendental, acorralar en un callejón sin salida a los combatientes salafistas y rebeldes afines a Al Qaeda para aniquilarlos“El día 12 de febrero, el régimen bombardeó durante dos horas y después hubo una tregua para que los civiles pudiéramos abandonar la ciudad. Yo llegué a Arsal con mi familia hace una semana, pero los que han llegado este lunes y martes aseguran que los aviones de combate estuvieron bombardeando con saña la carretera”, cuenta a El Confidencial Raid Ankur. Este combatiente rebelde suní, de 28 años, oculta su verdadera identidad para que le permitan seguir con su familia en uno de los campos de refugiados de Arsal. “En (la ciudad) de Yabroud ya sólo quedan combatientes; muchos combatientes”, asegura este rebelde oriundo de Bab Amr, en Homs. 

Antes de la ofensiva lanzada por el régimen de Al Asad en noviembre de 2013, no había más de 5.000 combatientes insurgentes en las montañas de Qalamoun. Sin embargo, poco a poco se han ido acumulando en la zona más milicianos rebeldes. Se calcula que en la actualidad hay unos 45.000 rebeldes armados. Muchos de ellos pertenecen a grupos salafistas como Ahrar al- Sham, y Liwa al- Islam, o a milicias afiliadas a Al Qaeda como el Frente al Nusra y el Estado Islámico de Irak y el Levante (ISIL), que cada vez tienen más presencia en el campo de batalla.

Operación tijera contra los islamistas

“El territorio entre Arsal y Qalamoun se ha convertido en una  plataforma para los ataques contra objetivos de Hizbulá en el Líbano”, explica a El Confidencial una fuente militar conocedora de los entresijos de la ofensiva. “Se trata de una operación tijera coordinada entre las fuerzas sirias e Hizbulá, que consistiría en ir empujando a los yihadistas hacia el otro lado de las montañas, en la ladera libanesa, donde serían atacados por los combatientes de Hizbulá”, detalla la fuente, antes de agregar que una tercera pieza del movimiento podría ser el propio Ejército libanés.

“Una participación directa de las Fuerzas Armadas libanesas en el conflicto sirio sería algo muy polémico, muy criticado. Pero no hay que descartar la posibilidad de un despliegue masivo de fuerzas militares en la línea divisoria para sellar la frontera e impedir la huida hacia Arsal de combatientes de Al Qaeda”, añade.   

Milicianos del Frente Al Nusra durante combates en Deir al-Zor, al este de Siria (Reuters).
Milicianos del Frente Al Nusra durante combates en Deir al-Zor, al este de Siria (Reuters).

Es necesario comprender que el área de Arsal es territorio prohibido para los guerrilleros de Hizbulá. Si el Partido de Dios atacara Arsal habría represalias y se desatarían enfrentamientos entre suníes y alauíes en el norte de Trípoli (un bastión salafista) o entre chiíes y suníes en Sidón, al sur del Líbano (zona también de mayoría suní).

Desde principios de año la situación de seguridad en la zona fronteriza se ha agravado. Sobre todo en el único puesto de control  del Ejército libanes en Arsal, ubicado en un área montañosa conocida como Wajad Meyed. En las últimas semanas se han formado nuevos asentamientos temporales, pero las ONG han dejado de trabajar allí con personal internacional y sólo se permite la entrada a los trabajadores locales por el aumento de elementos armados en los campamentos. En este árido paisaje, campan a sus anchas tipos de largas barbas con fusil en mano, que podrían poner en peligro la seguridad de las familias sirias que se han instalado allí.

Abu Mazem llegó con su familia hace apenas cinco días a Wajad Meyed. Quiere que su mujer y sus hijos sean admitidos en los campamentos dentro de Arsal. “La situación aquí no es segura y no hay letrinas ni tanques de agua ni ningún tipo de facilidades”, se queja. “Cada dos días o tres días hay un bombardeo muy cerca en las montañas, y temo que un día nos alcance a nosotros. Hemos recorrido 50 kilómetros para llegar hasta aquí y estar a salvo. Pero no nos sentimos a salvo”, expresa con desasosiego una refugiada cubierta por un velo, que ronda los 50 años.

Un conductor libanés concluye el relato de las amenazas omnipresente. Hace una semana “milicianos de Al Qaeda se acercaron al valle y amenazaron a los refugiados para que no dijeran nada sobre que había armas por allí”. 

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