EL CRIMEN DE SER GAY EN ÁFRICA

“La homosexualidad es una adicción. Y yo puedo curarla”

“La homosexualidad es una adicción"explica Male. En su centro en Uganda, este líder de la organización Arising for Christ organiza seminarios correctivos

Foto: Un ugandés demandante de asilo en EEUU durante una manifestación en Boston. (Reuters)
Un ugandés demandante de asilo en EEUU durante una manifestación en Boston. (Reuters)

Tras once años, el ugandés Emma Matovu asegura sentirse curado. “La homosexualidad es una adicción. Y, por tanto, puede ser sanada”, explica a El Confidencial el artífice de la terapia que ha logrado el milagro de sanarle, Solomon Male. En su centro ubicado en la capital de Uganda (Kampala), este líder de la organización ultraevangélica Arising for Christ realiza seminarios correctivos. Al contrario que otros pastores radicales, el discurso de Male es pragmático y directo. La retórica no tiene espacio en su misión salvadora. “He ayudado a decenas de personas a escapar de ese camino. Mi índice de éxito es absoluto”, asevera.

Superada ya la cincuentena, este líder comunitario habla con voz poderosa y directa. Y su pelo cano no es lo único que demuestra experiencia vital. En su alocución realiza continuas referencias a manuales y obras científicas, escogidas con gusto maniqueo. En su búsqueda de identidad (física y psicológica), Matovu terminó con los órganos sexuales destrozados (ahora enyesados y con un catéter) y los intestinos gravemente dañados. El pastor Male, entretanto, se muestra orgulloso del alivio que regaló a Matovu.

Una investigación realizada por el 'think-tank' Political Research Associates denuncia cómo grupos evangélicos de EEUU han emprendido en el continente africano una campaña encaminada a fomentar agresiones contra el colectivo homosexual

Los ataques en África contra el colectivo homosexual están a la orden del día. Recientemente, una investigación realizada por el think-tank Political Research Associates denunciaba cómo grupos evangélicos de Estados Unidos han emprendido en el continente africano una campaña encaminada a fomentar agresiones contra dicho colectivo. En este sentido, Kapya Kaoma, sacerdote autor de dicho informe, reconoce que estas organizaciones (entre ellas, el American Center for Law and Justice y Family Watch International) buscan fomentar la idea de que las relaciones entre personas del mismo sexo no son propias de la cultura africana, sino que han sido impuestas por Occidente.

“Nuestra sociedad debe ser protegida”, asegura en conversación telefónica con este diario Stephen Langa, de la Family Watch Uganda, una de las organizaciones bajo sospecha. “No podemos cambiar algo genético como es el color de la piel, pero sí estos comportamientos. La homosexualidad en África está siendo fomentada desde Occidente”, denuncia.

La lista de 100 homosexuales “a los que debemos colgar”

La polémica corre como la pólvora. Y con dramáticas consecuencias. A finales de diciembre, el Parlamento de Uganda aprobó un proyecto de ley que contempla penas de cadena perpetua a los homosexuales practicantes. Ahora, la pelota está en el tejado del presidente ugandés, Yoweri Museveni, quien debe decidir si sancionar o no la nueva ley. “Tenemos que proteger a nuestros hijos ante unos comportamientos que destruirán su futuro”, reconoce a El Confidencial el artífice del documento, el diputado David Bahati.

La defensa de los adultos ya es otra historia. En 2011, David Kato, un prominente defensor de los derechos de los homosexuales, fue golpeado hasta la muerte. Unos días antes, el semanario ugandés Rolling Stone (nada que ver con la publicación estadounidense) había publicado una lista de los 100 homosexuales a los que era “preciso colgar”. Y entre ellos se encontraba el propio Kato.

Una pareja arrestada por escándalo público tras casarse en Malaui (Reuters).
Una pareja arrestada por escándalo público tras casarse en Malaui (Reuters).

Para Bahati, miembro del gobernante National Resistance Movement (Movimiento de Resistencia Nacional), es necesario acabar con las organizaciones proderechos de los colectivos homosexuales. “Resulta clave finiquitar el apoyo económico que estas actividades tienen en nuestro país desde el extranjero”, destaca.

Ya a finales de 2009, Bahati planteó una propuesta similar para casos de “homosexualidad agravante” que buscaba, en esta ocasión, la pena capital. “Hay que combatir la incitación de estos comportamientos en Uganda”, añade el diputado.

La violación de hombres como arma de guerra

Mientras, en el país se multiplican las denuncias de violaciones “correctivas” (en ellas, turbas criminales –conocidas normalmente por las agredidas– convierten a la fuerza a lesbianas a la heterosexualidad). También por otro tema convertido en un tabú y que parece obviado por la realidad regional: las agresiones sexuales a hombres en los conflictos. En esta cuestión, la hombría marcial se alía con el silencio.

Es cierto, en el cruce de caminos fronterizo de Uganda y la República Democrática del Congo es habitual escuchar historias sobre las vejaciones sufridas por el sector femenino (según un estudio del American Journal of Public Health, al menos 1.100 mujeres eran agredidas sexualmente cada día en el Congo). Sin embargo, un halo de silencio se extiende sobre los crímenes cometidos contra los varones.

El Parlamento de Uganda ha aprobado un proyecto de ley que contempla penas de cadena perpetua a los homosexuales practicantes. Resulta clave finiquitar el apoyo económico que estas actividades tienen desde el extranjero, dice el diputado artífice de la iniciativa

Como destaca Chris Dolan, director de Refugee Law Project y considerado una de las máximas autoridades en la materia, la paradoja de la homofobia regional y el incipiente número de violaciones a hombres en conflicto es explicable en dos dimensiones. Por un lado, debido a que la violación es utilizada como arma de guerra: la sexualidad del perpetrador carece de importancia, es sólo una herramienta de humillación. Por el otro, por la desconexión con lo que realmente ocurre sobre el terreno. “La homofobia no acaba con los comportamientos sexuales. Tampoco con la violencia”, señala a este diario.

En los últimos tiempos, Dolan ha documentado, entre otras, las violaciones cometidas por el Ejército ugandés contra la población de etnia acholi tras la subida al poder del actual presidente, Yoweri Museveni, en 1986. Pese a ello, no existen todavía estadísticas fiables en la zona.

Por ejemplo, un informe del Journal of the American Medical Association (JAMA), estimaba que el 24% de los hombres de las regiones de Ituri, Kivu Norte y Sur (este del Congo) habían sido expuestos a algún tipo de violencia sexual (el tabú sobre estas prácticas impide una mayor precisión sobre el concepto de “algún tipo de violencia”). Mientras, en la vecina Uganda, Emma Matovu asegura sentirse curado.

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